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jueves 10/MAY/12CATECISMO PARA NIÑOS
Los niños preguntan.
Vaya que si los niños preguntan, ¡y qué preguntas que hacen! Por eso los catequistas debemos formarnos muy bien, y preguntar lo que no sabemos, porque gracias a Dios en la Iglesia Católica hay respuestas para todas las cuestiones, ya que la doctrina está tan avanzada que nunca en la Iglesia hubo tanta claridad como en estos tiempos. Y a pesar de ello, nunca hubo tanto errores y falsas doctrinas.
Los catequistas tenemos a la mano un caudal de verdades que no declinan con el tiempo y que son y serán siempre así. Y por eso no debemos quedarnos en la ignorancia ni sin saber qué responder a los pequeños, porque hay abundancia de respuestas para todas las cuestiones trascendentales del hombre, para todas las preguntas que se hacen no sólo los pequeños, sino también los grandes.
Es necesaria la formación, y no sólo la formación intelectual, sino que hay que acompañarla con la caridad, y mejor todavía si el catequista ha pasado algún sufrimiento o prueba, porque así comprenderá mejor a los demás, y será más misericordioso con todos, y enseñará no sólo en teoría, sino que habrá practicado lo que enseña.
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Aquí transcribo unas palabras del fallecido Obispo Manuel González, que nos hablan de la importancia del Catecismo para los niños:
"En estas horas de angustias ante la persecución del alma de los niños y de ansias porque conozcan y amen a Jesús, yo quisiera que por los Catequistas, Maestros y educadores cristianos y de modo singular por los padres y madres de familia se leyeran muy despacio y se meditaran estas líneas en las que he tratado de condensar lo que sobre este tema me ha enseñado mi experiencia de Catequista y de director de almas.
Jesús, que en el Evangelio es el Autor y el Maestro Soberano de palabra y de obra del Catecismo, en la Eucaristía además es el Modelo perfecto y la Fuerza para cumplirlo.
La misión educadora de los padres y maestros cristianos se reduce en realidad a poner a sus niños tan cerca de Jesús, que aprendan de Él, en el Evangelio y en el Sagrario, todo el Catecismo, no ya de memoria, sino de entendimiento, voluntad e imitación.
¡Ah! y que se hable en todas las formas a los niños de Jesús, que, con que sólo lo vean en una estampa o imagen, o en el Sagrario, ya sepan lo que les dice. Que los niños sepan a Jesús vivo: eso es todo.
El educador que consiga que sus niños desde que casi nacen, no sólo conozcan, sino que traten y quieran (según su modo), y se sepan a Jesús, serán los de verdad educadores y formadores cristianos, de vida, carácter y conciencia de cristianos.
Quizás tenga tan poco arraigo la instrucción que se da del Catecismo, aún por los buenos maestros porque se da más letra que espíritu, más lecciones de memoria que ejemplos vivos, más libro de Jesús que Jesús de libro.
Jesús debe tener tal atractivo y tan gran influencia sobre los niños, y deben sentir éstos tal inclinación hacia Él que en su Evangelio no manda jamás que vayan los niños a Él, ni que se los llevemos, sino que los dejemos ir, no los impidamos ir a Él.
Forma esto contraste con su conducta con la gente mayor, los cargados, los pecadores, los candidatos para apóstoles, etc., a los que manda: "Venite... veni... sequere me."
Sin duda el niño por su pureza e inocencia y, si está bautizado, por la Gracia que tiene, pone tan pocos obstáculos a unirse con Jesús, que no hace falta mandato, sino que basta que no les impidan ir a ver, oír y tratar a Jesús, es decir, que, con que se vean, se ponen en inteligencia y en relación de cariño el Jesús del Evangelio y de la Eucaristía y el Jesús chiquito de la Gracia habitual del alma del niño. Éste, mejor que nadie, que aun el sabio y el teólogo, ve y gusta a Jesús plenum gratiae et veritatis, lleno de gracia y de verdad."