PortadaActualizados el viernes 23/OCT/15

CATECISMO PARA NIÑOS

Poner límites. 

Si dejamos a los niños que hagan lo que quieran y no les ponemos límites, estamos fomentando el capricho y haciendo que cuando crezcan los pequeños, tengan serias dificultades, porque en la vida hay que saber renunciar a muchas cosas y es necesario el espíritu de sacrificio en todo, incluso en el matrimonio y en formar una familia.

También debemos cuidar que los niños no sean golosos, porque la droga es un pecado de gula, y quien desde pequeño tuvo todos los gustos, y fue goloso, de grande puede caer también en el vicio de la droga, porque nunca supo dominarse y renunciar a un gusto.

Nadie dice que la tarea de los padres sea fácil, pero ¡qué importante es! ¡Qué importante que ellos no deleguen su misión a otros!

Hay que tratar todo lo posible, que los niños estén con la madre y con el padre, pero especialmente con la madre.

Hoy las mujeres creen haber conquistado mucho al salir a trabajar afuera y dejar a los niños bajo el cuidado de una niñera. Pero más allá de que habrá algún caso en que esto sea necesario, por el sustento; también hay que darse cuenta de que ésta es una trampa del Maligno, que sabe las ventajas que trae aparejadas el que la mujer se quede en el hogar cumpliendo su rol de madre y ama de casa.

Estas cosas que el mundo moderno no quiere oír, y que algunas personas, quizás “feministas” se quieran desgarrar las vestiduras al oírlas, son una gran verdad que hay que decir, aunque a muchos no les guste, porque el mundo se quiebra en ruinas porque la familia está en desmembrada, y en ella la mujer, que es la reina del hogar, está volcada hacia afuera, y los hijos vagan de una parte a otra, sin contención ni amor.

 

 

Si usted quiere recibir estos apuntes de CATECISMO PARA NIÑOS por correo electrónico, por favor suscríbase a APUNTES DE CATECISMO:
SUSCRÍBASE AQUÍ

Aquí transcribo unas palabras del fallecido Obispo Manuel González, que nos hablan de la importancia del Catecismo para los niños:

"En estas horas de angustias ante la persecución del alma de los niños y de ansias porque conozcan y amen a Jesús, yo quisiera que por los Catequistas, Maestros y educadores cristianos y de modo singular por los padres y madres de familia se leyeran muy despacio y se meditaran estas líneas en las que he tratado de condensar lo que sobre este tema me ha enseñado mi experiencia de Catequista y de director de almas.

Jesús, que en el Evangelio es el Autor y el Maestro Soberano de palabra y de obra del Catecismo, en la Eucaristía además es el Modelo perfecto y la Fuerza para cumplirlo.

La misión educadora de los padres y maestros cristianos se reduce en realidad a poner a sus niños tan cerca de Jesús, que aprendan de Él, en el Evangelio y en el Sagrario, todo el Catecismo, no ya de memoria, sino de entendimiento, voluntad e imitación.

¡Ah! y que se hable en todas las formas a los niños de Jesús, que, con que sólo lo vean en una estampa o imagen, o en el Sagrario, ya sepan lo que les dice. Que los niños sepan a Jesús vivo: eso es todo.

El educador que consiga que sus niños desde que casi nacen, no sólo conozcan, sino que traten y quieran (según su modo), y se sepan a Jesús, serán los de verdad educadores y formadores cristianos, de vida, carácter y conciencia de cristianos.

Quizás tenga tan poco arraigo la instrucción que se da del Catecismo, aún por los buenos maestros porque se da más letra que espíritu, más lecciones de memoria que ejemplos vivos, más libro de Jesús que Jesús de libro.

Jesús debe tener tal atractivo y tan gran influencia sobre los niños, y deben sentir éstos tal inclinación hacia Él que en su Evangelio no manda jamás que vayan los niños a Él, ni que se los llevemos, sino que los dejemos ir, no los impidamos ir a Él.

Forma esto contraste con su conducta con la gente mayor, los cargados, los pecadores, los candidatos para apóstoles, etc., a los que manda: "Venite... veni... sequere me."

Sin duda el niño por su pureza e inocencia y, si está bautizado, por la Gracia que tiene, pone tan pocos obstáculos a  unirse con Jesús, que no hace falta mandato, sino que basta que no les impidan ir a ver, oír y tratar a Jesús, es decir, que, con que se vean, se ponen en inteligencia y en relación de cariño el Jesús del Evangelio y de la Eucaristía y el Jesús chiquito de la Gracia habitual del alma del niño. Éste, mejor que nadie, que aun el sabio y el teólogo, ve y gusta a Jesús plenum gratiae et veritatis, lleno de gracia y de verdad."