PortadaActualizados el miércoles 8/OCT/14

CATECISMO PARA NIÑOS

Dar amor a los niños. 

Los hombres estamos hechos para amar, para dar y, sobre todo, para recibir amor. Por eso quien quiere enseñar a los niños el catecismo, o educarlos en la vida, tendrá que darles amor sobre todo. Si no, ¿en dónde buscamos las causas de drogadicción y suicidio de los adolescentes? Principalmente en la falta de amor que han padecido, de amor verdadero, que inculca la fe y la virtud.

Los niños son muy observadores, y si ven que el padre y la madre están separados, y cada uno quiere hacer su vida y “desentenderse” del niño, eso lo ve el niño. ¡Y qué triste deberá ponerse el corazón de estos pequeños! ¡Pero más triste se pondrá el Corazón de Jesús! Y es por eso que el Señor nos pide como una limosna para que formemos como una red de amor. Ya que hay tantas redes sociales, que para poco sirven, salvo para fomentar la crítica, el chisme y la envidia; hagamos más bien una red humana de salvamento a los niños de este mundo, los que están vivos y los que vienen en camino y los que han sido suprimidos por diversas causas. Y no se trata tanto de actuar, como de rezar, porque es la oración lo que salvará a los niños y al mundo.

 

 

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Aquí transcribo unas palabras del fallecido Obispo Manuel González, que nos hablan de la importancia del Catecismo para los niños:

"En estas horas de angustias ante la persecución del alma de los niños y de ansias porque conozcan y amen a Jesús, yo quisiera que por los Catequistas, Maestros y educadores cristianos y de modo singular por los padres y madres de familia se leyeran muy despacio y se meditaran estas líneas en las que he tratado de condensar lo que sobre este tema me ha enseñado mi experiencia de Catequista y de director de almas.

Jesús, que en el Evangelio es el Autor y el Maestro Soberano de palabra y de obra del Catecismo, en la Eucaristía además es el Modelo perfecto y la Fuerza para cumplirlo.

La misión educadora de los padres y maestros cristianos se reduce en realidad a poner a sus niños tan cerca de Jesús, que aprendan de Él, en el Evangelio y en el Sagrario, todo el Catecismo, no ya de memoria, sino de entendimiento, voluntad e imitación.

¡Ah! y que se hable en todas las formas a los niños de Jesús, que, con que sólo lo vean en una estampa o imagen, o en el Sagrario, ya sepan lo que les dice. Que los niños sepan a Jesús vivo: eso es todo.

El educador que consiga que sus niños desde que casi nacen, no sólo conozcan, sino que traten y quieran (según su modo), y se sepan a Jesús, serán los de verdad educadores y formadores cristianos, de vida, carácter y conciencia de cristianos.

Quizás tenga tan poco arraigo la instrucción que se da del Catecismo, aún por los buenos maestros porque se da más letra que espíritu, más lecciones de memoria que ejemplos vivos, más libro de Jesús que Jesús de libro.

Jesús debe tener tal atractivo y tan gran influencia sobre los niños, y deben sentir éstos tal inclinación hacia Él que en su Evangelio no manda jamás que vayan los niños a Él, ni que se los llevemos, sino que los dejemos ir, no los impidamos ir a Él.

Forma esto contraste con su conducta con la gente mayor, los cargados, los pecadores, los candidatos para apóstoles, etc., a los que manda: "Venite... veni... sequere me."

Sin duda el niño por su pureza e inocencia y, si está bautizado, por la Gracia que tiene, pone tan pocos obstáculos a  unirse con Jesús, que no hace falta mandato, sino que basta que no les impidan ir a ver, oír y tratar a Jesús, es decir, que, con que se vean, se ponen en inteligencia y en relación de cariño el Jesús del Evangelio y de la Eucaristía y el Jesús chiquito de la Gracia habitual del alma del niño. Éste, mejor que nadie, que aun el sabio y el teólogo, ve y gusta a Jesús plenum gratiae et veritatis, lleno de gracia y de verdad."

 

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