PortadaActualizados el jueves 28/AGO/14

CATECISMO PARA NIÑOS

Las dos “gracias”. 

Para educar a los niños se necesitan tener las dos gracias, la gracia de Dios y la gracia natural. Es decir que si queremos que los niños se formen bien, debemos tratarlos con gracia, o sea, con amor, porque todo lo que se hace con amor es perdurable en el tiempo; y también debemos enseñar estando nosotros en gracia y amistad de Dios, porque no podremos transmitir las cosas de Dios, si no vivimos esas cosas.

María Santísima es el modelo de todo padre y catequista, porque en Ella ambas gracias estaban en grado perfecto, de modo que la Virgen es la gran Maestra de los niños. Aprendamos de Ella, entonces, cómo deben tratarse a los pequeños, y pidámosle a María que nos dé sus luces, naturales y sobrenaturales, para poder salir airosos en la educación de los niños.

El puente que hay que establecer con los niños, para que nos comprendan y asimilen lo que les enseñamos, es el “amor”, porque los pequeñuelos se dan cuenta de quiénes los aman, y quiénes no los aman. Y jamás aprenderán algo que les enseñe quien no los ama, o al menos no darán los frutos esperados.

 

 

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Aquí transcribo unas palabras del fallecido Obispo Manuel González, que nos hablan de la importancia del Catecismo para los niños:

"En estas horas de angustias ante la persecución del alma de los niños y de ansias porque conozcan y amen a Jesús, yo quisiera que por los Catequistas, Maestros y educadores cristianos y de modo singular por los padres y madres de familia se leyeran muy despacio y se meditaran estas líneas en las que he tratado de condensar lo que sobre este tema me ha enseñado mi experiencia de Catequista y de director de almas.

Jesús, que en el Evangelio es el Autor y el Maestro Soberano de palabra y de obra del Catecismo, en la Eucaristía además es el Modelo perfecto y la Fuerza para cumplirlo.

La misión educadora de los padres y maestros cristianos se reduce en realidad a poner a sus niños tan cerca de Jesús, que aprendan de Él, en el Evangelio y en el Sagrario, todo el Catecismo, no ya de memoria, sino de entendimiento, voluntad e imitación.

¡Ah! y que se hable en todas las formas a los niños de Jesús, que, con que sólo lo vean en una estampa o imagen, o en el Sagrario, ya sepan lo que les dice. Que los niños sepan a Jesús vivo: eso es todo.

El educador que consiga que sus niños desde que casi nacen, no sólo conozcan, sino que traten y quieran (según su modo), y se sepan a Jesús, serán los de verdad educadores y formadores cristianos, de vida, carácter y conciencia de cristianos.

Quizás tenga tan poco arraigo la instrucción que se da del Catecismo, aún por los buenos maestros porque se da más letra que espíritu, más lecciones de memoria que ejemplos vivos, más libro de Jesús que Jesús de libro.

Jesús debe tener tal atractivo y tan gran influencia sobre los niños, y deben sentir éstos tal inclinación hacia Él que en su Evangelio no manda jamás que vayan los niños a Él, ni que se los llevemos, sino que los dejemos ir, no los impidamos ir a Él.

Forma esto contraste con su conducta con la gente mayor, los cargados, los pecadores, los candidatos para apóstoles, etc., a los que manda: "Venite... veni... sequere me."

Sin duda el niño por su pureza e inocencia y, si está bautizado, por la Gracia que tiene, pone tan pocos obstáculos a  unirse con Jesús, que no hace falta mandato, sino que basta que no les impidan ir a ver, oír y tratar a Jesús, es decir, que, con que se vean, se ponen en inteligencia y en relación de cariño el Jesús del Evangelio y de la Eucaristía y el Jesús chiquito de la Gracia habitual del alma del niño. Éste, mejor que nadie, que aun el sabio y el teólogo, ve y gusta a Jesús plenum gratiae et veritatis, lleno de gracia y de verdad."

 

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