PortadaActualizados el viernes 5/DIC/14

CATECISMO PARA NIÑOS

Respetar a los niños. 

Los niños son pequeños hombrecitos y merecen todo el respeto de los adultos. ¡Ay de quienes se creen con derecho de aprovecharse de la inocencia y debilidad de los niños!

Cuando actuemos en nuestra vida cotidiana, miremos si a nuestro alrededor hay ojos de niños observándonos, entonces actuemos bien delante de ellos, porque quien descubre el mal a un niño, es como un demonio que pone piedras de tropiezo a la inocencia infantil.

Pero en realidad nosotros SIEMPRE deberíamos vivir y obrar como si fuéramos observados, no por niños, sino por el mismo Dios, porque ésa es la realidad. Y es bueno inculcarle a los pequeños en el catecismo que Dios ve todo, que Dios observa cada acción, cada pensamiento, para premiar lo bueno y castigar lo malo.

Si estas cosas se enseñaran en el catecismo, no habría tantos jóvenes perdidos, que pasan un semáforo en rojo o marchan a toda velocidad, creyendo que son dueños de su vida y que no tienen que dar cuentas a nadie. De nada sirven las cámaras de vigilancia puestas en las calles y en todos lados. Sino que hay que decir que Dios es quien los vigila, y sus premios y castigos ya los aplica en este mundo, y en el venidero será el resto. Esto debemos transmitirles a los niños desde pequeños, y hacer que sean apóstoles de sus compañeritos, enseñándoles también estas cosas.

 

 

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Aquí transcribo unas palabras del fallecido Obispo Manuel González, que nos hablan de la importancia del Catecismo para los niños:

"En estas horas de angustias ante la persecución del alma de los niños y de ansias porque conozcan y amen a Jesús, yo quisiera que por los Catequistas, Maestros y educadores cristianos y de modo singular por los padres y madres de familia se leyeran muy despacio y se meditaran estas líneas en las que he tratado de condensar lo que sobre este tema me ha enseñado mi experiencia de Catequista y de director de almas.

Jesús, que en el Evangelio es el Autor y el Maestro Soberano de palabra y de obra del Catecismo, en la Eucaristía además es el Modelo perfecto y la Fuerza para cumplirlo.

La misión educadora de los padres y maestros cristianos se reduce en realidad a poner a sus niños tan cerca de Jesús, que aprendan de Él, en el Evangelio y en el Sagrario, todo el Catecismo, no ya de memoria, sino de entendimiento, voluntad e imitación.

¡Ah! y que se hable en todas las formas a los niños de Jesús, que, con que sólo lo vean en una estampa o imagen, o en el Sagrario, ya sepan lo que les dice. Que los niños sepan a Jesús vivo: eso es todo.

El educador que consiga que sus niños desde que casi nacen, no sólo conozcan, sino que traten y quieran (según su modo), y se sepan a Jesús, serán los de verdad educadores y formadores cristianos, de vida, carácter y conciencia de cristianos.

Quizás tenga tan poco arraigo la instrucción que se da del Catecismo, aún por los buenos maestros porque se da más letra que espíritu, más lecciones de memoria que ejemplos vivos, más libro de Jesús que Jesús de libro.

Jesús debe tener tal atractivo y tan gran influencia sobre los niños, y deben sentir éstos tal inclinación hacia Él que en su Evangelio no manda jamás que vayan los niños a Él, ni que se los llevemos, sino que los dejemos ir, no los impidamos ir a Él.

Forma esto contraste con su conducta con la gente mayor, los cargados, los pecadores, los candidatos para apóstoles, etc., a los que manda: "Venite... veni... sequere me."

Sin duda el niño por su pureza e inocencia y, si está bautizado, por la Gracia que tiene, pone tan pocos obstáculos a  unirse con Jesús, que no hace falta mandato, sino que basta que no les impidan ir a ver, oír y tratar a Jesús, es decir, que, con que se vean, se ponen en inteligencia y en relación de cariño el Jesús del Evangelio y de la Eucaristía y el Jesús chiquito de la Gracia habitual del alma del niño. Éste, mejor que nadie, que aun el sabio y el teólogo, ve y gusta a Jesús plenum gratiae et veritatis, lleno de gracia y de verdad."

 

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