Actualizados el miércoles 22/FEB/17

CATECISMO PARA NIÑOS

Hablemos de Dios a los niños. 

“No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”, respondió el Señor al demonio en el desierto, afirmando con ello que el hombre no es solo cuerpo, sino que también tiene un alma y una inteligencia que debe alimentar con la gracia y con la Verdad.

Entonces es bueno que tratemos de que a nuestros hijos no les falte nada de lo material. Pero muchos padres se quedan solo en esto y no se ocupan y preocupan por el alma de sus criaturas, cumpliendo así muy deficientemente su función de guías hacia el Cielo, hacia la santidad.

Los niños tienen hambre de verdad, y lo comprobamos especialmente cuando llega la edad de los porqués. Tenemos que aprovechar este tiempo para explicarles una y mil veces la bondad de Dios, el amor que les tiene y todas las cosas que conocemos y que recordamos del catecismo.

Es bueno que los padres se formen mejor para poder guiar a sus hijos en el camino de la fe. Pero no hace falta ser eruditos en catecismo, sino más bien en amar mucho a Dios, frecuentar los sacramentos y hacer visitas a Jesús en el Sagrario, ya que así tendremos un conocimiento más experimental de Dios, que es lo que hace más falta que el conocimiento teórico.

Hay que poner mucho amor al transmitir la verdad a nuestros hijos, y esto no nos costará porque verdaderamente los amamos.

 

 

Si usted quiere recibir estos apuntes de CATECISMO PARA NIÑOS por correo electrónico, por favor suscríbase a APUNTES DE CATECISMO:
SUSCRÍBASE AQUÍ

Aquí transcribo unas palabras del fallecido Obispo Manuel González, que nos hablan de la importancia del Catecismo para los niños:

"En estas horas de angustias ante la persecución del alma de los niños y de ansias porque conozcan y amen a Jesús, yo quisiera que por los Catequistas, Maestros y educadores cristianos y de modo singular por los padres y madres de familia se leyeran muy despacio y se meditaran estas líneas en las que he tratado de condensar lo que sobre este tema me ha enseñado mi experiencia de Catequista y de director de almas.

Jesús, que en el Evangelio es el Autor y el Maestro Soberano de palabra y de obra del Catecismo, en la Eucaristía además es el Modelo perfecto y la Fuerza para cumplirlo.

La misión educadora de los padres y maestros cristianos se reduce en realidad a poner a sus niños tan cerca de Jesús, que aprendan de Él, en el Evangelio y en el Sagrario, todo el Catecismo, no ya de memoria, sino de entendimiento, voluntad e imitación.

¡Ah! y que se hable en todas las formas a los niños de Jesús, que, con que sólo lo vean en una estampa o imagen, o en el Sagrario, ya sepan lo que les dice. Que los niños sepan a Jesús vivo: eso es todo.

El educador que consiga que sus niños desde que casi nacen, no sólo conozcan, sino que traten y quieran (según su modo), y se sepan a Jesús, serán los de verdad educadores y formadores cristianos, de vida, carácter y conciencia de cristianos.

Quizás tenga tan poco arraigo la instrucción que se da del Catecismo, aún por los buenos maestros porque se da más letra que espíritu, más lecciones de memoria que ejemplos vivos, más libro de Jesús que Jesús de libro.

Jesús debe tener tal atractivo y tan gran influencia sobre los niños, y deben sentir éstos tal inclinación hacia Él que en su Evangelio no manda jamás que vayan los niños a Él, ni que se los llevemos, sino que los dejemos ir, no los impidamos ir a Él.

Forma esto contraste con su conducta con la gente mayor, los cargados, los pecadores, los candidatos para apóstoles, etc., a los que manda: "Venite... veni... sequere me."

Sin duda el niño por su pureza e inocencia y, si está bautizado, por la Gracia que tiene, pone tan pocos obstáculos a  unirse con Jesús, que no hace falta mandato, sino que basta que no les impidan ir a ver, oír y tratar a Jesús, es decir, que, con que se vean, se ponen en inteligencia y en relación de cariño el Jesús del Evangelio y de la Eucaristía y el Jesús chiquito de la Gracia habitual del alma del niño. Éste, mejor que nadie, que aun el sabio y el teólogo, ve y gusta a Jesús plenum gratiae et veritatis, lleno de gracia y de verdad."