PortadaActualizados el lunes 9/MAR/15

CATECISMO PARA NIÑOS

Llevarlos al Sagrario. 

Hay que llevar a los niños, desde muy pequeños, al sagrario de la iglesia donde está Jesús Sacramentado, para que los niños ya conozcan enseguida que Jesús está allí. Entonces, cuando vayan creciendo, será para ellos lo más natural del mundo ir a hacer visitas a Jesús.

Los niños son más inocentes que los adultos y entienden mejor las cosas de Dios, porque para ellos, los milagros que hace continuamente Dios, son obras maravillosas a sus ojitos pequeños y sin maldad. En cambio los adultos tenemos que hacer pasar todo por el filtro de la razón, e incluso queremos entender los misterios de Dios.

Los misterios de Dios serán siempre eso, “misterios”, porque no podemos, con nuestra pobre cabecita humana, entenderlos. Entonces en esto los niños nos aventajan, porque ellos creen sin dudar y por eso son los preferidos de Dios.

También Eva era inocente como los niños, pero quiso probar y saber lo que no convenía probar ni saber, y entonces perdió su inocencia, perdió su infancia espiritual.

No escandalicemos jamás a los niños, porque ello tiene un gran castigo en el otro mundo, y a veces también en este mundo, pues Dios ama con predilección a estos ángeles terrenales que Él ha puesto en el mundo para que los hombres, viéndolos, seamos un poco más buenos.

 

 

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Aquí transcribo unas palabras del fallecido Obispo Manuel González, que nos hablan de la importancia del Catecismo para los niños:

"En estas horas de angustias ante la persecución del alma de los niños y de ansias porque conozcan y amen a Jesús, yo quisiera que por los Catequistas, Maestros y educadores cristianos y de modo singular por los padres y madres de familia se leyeran muy despacio y se meditaran estas líneas en las que he tratado de condensar lo que sobre este tema me ha enseñado mi experiencia de Catequista y de director de almas.

Jesús, que en el Evangelio es el Autor y el Maestro Soberano de palabra y de obra del Catecismo, en la Eucaristía además es el Modelo perfecto y la Fuerza para cumplirlo.

La misión educadora de los padres y maestros cristianos se reduce en realidad a poner a sus niños tan cerca de Jesús, que aprendan de Él, en el Evangelio y en el Sagrario, todo el Catecismo, no ya de memoria, sino de entendimiento, voluntad e imitación.

¡Ah! y que se hable en todas las formas a los niños de Jesús, que, con que sólo lo vean en una estampa o imagen, o en el Sagrario, ya sepan lo que les dice. Que los niños sepan a Jesús vivo: eso es todo.

El educador que consiga que sus niños desde que casi nacen, no sólo conozcan, sino que traten y quieran (según su modo), y se sepan a Jesús, serán los de verdad educadores y formadores cristianos, de vida, carácter y conciencia de cristianos.

Quizás tenga tan poco arraigo la instrucción que se da del Catecismo, aún por los buenos maestros porque se da más letra que espíritu, más lecciones de memoria que ejemplos vivos, más libro de Jesús que Jesús de libro.

Jesús debe tener tal atractivo y tan gran influencia sobre los niños, y deben sentir éstos tal inclinación hacia Él que en su Evangelio no manda jamás que vayan los niños a Él, ni que se los llevemos, sino que los dejemos ir, no los impidamos ir a Él.

Forma esto contraste con su conducta con la gente mayor, los cargados, los pecadores, los candidatos para apóstoles, etc., a los que manda: "Venite... veni... sequere me."

Sin duda el niño por su pureza e inocencia y, si está bautizado, por la Gracia que tiene, pone tan pocos obstáculos a  unirse con Jesús, que no hace falta mandato, sino que basta que no les impidan ir a ver, oír y tratar a Jesús, es decir, que, con que se vean, se ponen en inteligencia y en relación de cariño el Jesús del Evangelio y de la Eucaristía y el Jesús chiquito de la Gracia habitual del alma del niño. Éste, mejor que nadie, que aun el sabio y el teólogo, ve y gusta a Jesús plenum gratiae et veritatis, lleno de gracia y de verdad."

 

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