Actualizado el martes 28/AGO/18

Conociendo a Jesucristo

Ir a conocer a Jesús. 

Jesús está glorioso en el Cielo, y allí no podemos ir todavía a charlar con Él y a conocerlo. Pero Jesús sí está realmente presente muy cerca de nuestras casas y allí sí podemos ir a conocer a Jesús y a conversar con Él. Porque Jesús está en cada sagrario en que hay hostias consagradas.

Vayamos entonces al sagrario de la iglesia más cercana a nuestra casa y hallaremos allí a Jesús en todo su esplendor, como está en el Cielo, con toda su gloria y poder, pero oculto en la humilde apariencia del pan.

No podemos decir que conocemos a Jesús si no tratamos con Él.

Entonces vayamos a visitar a Jesús que está en el sagrario. Porque aunque Jesús, como Dios, está en todas partes, también es cierto que como hombre está en el Cielo y en los sagrarios de la tierra.

Ya el Señor les dijo a los primeros discípulos que le preguntaron dónde vivía: “Vengan y lo verán”. Y así nos dice hoy Jesús a los que queremos conocerlo y queremos saber dónde mora el Señor: “Vengan y verán”.

Vayamos al sagrario y compartamos con Jesús al menos unos minutos, ojalá pueda ser por lo menos una media hora, o más tiempo si podemos, porque ese tiempo será tiempo de Paraíso, en el que Jesús nos irá transmitiendo su Espíritu y sus gracias a manos llenas, y nunca saldremos de su compañía de la misma forma que hemos llegado, sino que volveremos a nuestras casas, a nuestras ocupaciones, con el alma llena de gracias y de consuelos celestiales, y con mayor y más profundo conocimiento de Jesús.

¡Alabado sea Jesucristo!

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Hoy más que nunca es necesario conocer a Jesucristo, para amarlo más, ya que nadie puede amar lo que no conoce.

Esta sección creada el 1 de abril de 2010, Jueves Santo de la Cena del Señor, estará dedicada a dar a conocer a Jesucristo, Dios y hombre verdadero, y a hacerlo amar por muchos hombres y mujeres de buena voluntad.

Ojalá estos textos nos enciendan el amor a Jesucristo y, como el apóstol San Juan, reclinemos nuestra cabeza sobre el pecho de Jesús y así vivamos felices en esta tierra, hasta ir a gozar un día del Señor en el Cielo, para siempre.

Encomiendo esta sección a la Virgen Santísima, la que mejor conoció a Jesucristo; que Ella nos guíe en esta noble y necesaria, más aún, vital tarea de conocer al Señor.

¡Alabado y adorado sea Jesucristo!