Actualizado el sábado 18/FEB/17

Diario vivir

No nos cansemos de ser buenos. 

Esta vida terrena es una lucha constante entre el Bien y el Mal, que no solo luchan externamente a nosotros, sino también dentro de nosotros. Porque todos tenemos inclinación a hacer el bien, pero también a realizar el mal, y toda nuestra vida es un constante combate para hacer el bien y evitar el mal.

El Cielo nos espera si sabemos perseverar en el bien y evitamos a toda costa el mal, porque ya lo dice el Señor que quien persevera hasta el fin se salvará.

Hoy cuesta mucho ser bueno porque por los medios de comunicación se ve a los malos que triunfan y la justicia no los alcanza. Es como una invitación que hace el demonio para decirnos que abandonemos la vida buena y honrada y nos entreguemos al mal, y así seremos triunfadores.

Pero este es un miserable triunfo terrenal, pero un fracaso eterno en el Infierno. Porque los que hacen el mal y triunfan, no son ayudados por Dios sino que es el Maligno el que los ayuda y los pone como ejemplo a la gente, y así los hace modelos de corrupción que arrastran a muchos detrás.

En cuanto a nosotros no nos desanimemos y sigamos practicando el bien, sigamos tratando de ser buenos a toda costa y contra todo y contra todos, porque el Cielo es para los buenos, y para los malos que se arrepienten de ser malos.

No nos engañemos. Los malvados no heredarán el Cielo y, aunque en este mundo triunfen y les salga todo bien, llegará un día en que se esfumarán sus triunfos y solo les llegará el horror y la desesperación en el Infierno.

Lo que hay que evitar cuidadosamente es el odio, porque quien odia no es de Dios sino del Maligno. Aprendamos de Jesús que no odió a nadie, ni siquiera a los que lo mataban tan cruelmente, ni a Judas a quien llamó “amigo” a pesar de que lo traicionaba. Porque el demonio eso es lo que quiere, hacernos odiar, así seremos sus presas y nos condenaremos con él para siempre.

Si no podemos perdonar porque todavía nos duele la ofensa, al menos no odiemos, jamás, porque caeríamos en manos del Maligno.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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"Porque aquel que se salva sabe, y el que no, no sabe nada."