Actualizado el viernes 7/SEP/18

Ejemplos de la protección del Escapulario del Carmen

Ejemplo 4

 

Durante unas misiones, tocado por la gracia divina, cierto joven dejó su vida desordenada y recibió el Escapulario. Tiempo después recayó en las malas costumbres y de malo se volvió peor. A pesar de eso, conservó el santo Escapulario.

La Virgen Santísima, siempre Madre, permitió que sufriera una grave enfermedad. Durante ésta, el joven se vio en sueños delante del justísimo tribunal de Dios, que lo condenó a la eterna desgracia, debido a sus perfidias y mala vida.

En vano el desgraciado alegó al Sumo Juez que llevaba el Escapulario de su Madre Santísima.

–¿Y dónde están las costumbres que corresponden a ese Escapulario?– le preguntó el Creador.

Entonces, sin saber qué responder, el desdichado se volvió a Nuestra Señora.

–Yo no puedo deshacer lo que ya hizo mi Hijo– le respondió.

–¡Pero, Señora –exclamó el joven– Seré otro!

–¿Me lo prometes?

–Sí.

–Pues entonces, vive.

En ese momento el enfermo despertó, aterrado con lo que había visto y oído e hizo votos de llevar más seriamente el Escapulario de María de allí en adelante. En efecto, sanó y entró en la Orden de los Premostratenses. Después de una vida edificante, entregó su alma a Dios. Así lo narran las crónicas de la Orden.

 

Ejemplo 5

 

Francisco Javier Zaldúa fue presidente de Colombia y eminente jurisconsulto a mediados del siglo XIX. Pero se había destacado por sus sentimientos anti–católicos, incluso había ayudado a expulsar a los jesuitas de su país.

Ahora bien, tenía un hijo que, terminados sus estudios en el colegio americano de Roma, se ordenó sacerdote. Muy devoto de la Virgen Santísima, incesantemente le rogaba por la conversión de su padre.

Finalmente éste fue alcanzado por su última enfermedad. El hijo se le aproximó y le preguntó:

–Querido padre, se agotaron todos los remedios físicos para curarte. ¿Me permites experimentar uno espiritual?

–¿Cuál?– preguntó Zaldúa.

–Imponerte el Escapulario del Carmen.

Para sorpresa y alegría del hijo, el ex–presidente alargó el cuello para recibir el Escapulario, preguntando:

–¿Qué obligaciones contraeré?

–La de confesarte.

–Lo pensaré– respondió el enfermo.

Cuando el hijo le daba tiempo para reflexionar, el moribundo dijo:

–Deseo confesarme. Llama un sacerdote.

Éste, que ya estaba avisado, confesó a Zaldúa quien no contento con declarar sus pecados, agregó en voz alta que moría en la fe de la Santa Iglesia Católica.

Leer más sobre el Escapulario