Actualizado el jueves 23/FEB/17

Ejemplos de la protección del Escapulario del Carmen

Ejemplo 72.

 

Este prodigio ocurrió el 27 de julio de 1949 en Angostura, población del Departamento de Antioquía, en Colombia.

Así escribía “El Obrero Católico de Medellín”, el día 6 de agosto:

Varias de las hijas de D. Ricardo Zea Y Dª Rosa Gómez tomaban un baño en el río Dolores. Una inusitada corriente del río hizo que las jóvenes bañistas se vieran en grandes apuros para salir rápidamente del agua, pues cuando menos lo pensaban, la corriente las envolvía peligrosamente. Por fortuna, todas pudieron salir a tiempo, excepto Lilliam Zea Gómez, de quince años de edad, cuyo cuerpo fue arrastrado por la impetuosa corriente del río sin que fuera posible el rescatarlo en la tarde de aquel infausto día.

Al amanecer del día siguiente, alentados de nuevo por un rayo de esperanza determinaron volver al lugar del siniestro, llevando consigo blancas sábanas para envolver el cuerpo de la desaparecida joven.

Entonces fue cuando empezaron a secar el río, a fin de poder bucear con éxito.

Cuando el agua empezaba a desalojarse de la cascada, ante la mirada atónita de todos los presentes, Lilliam saltó de entre las rocas al charco, después de veintitrés horas. Tenía encima el Santo Escapulario de la Virgen del Carmen, y contó que cuando las olas la arrastraron, ella se aferró a su escapulario, que jamás se quitó para bañarse, y poco a poco la corriente la fue llevando hasta la catarata.

Allí pasó la noche, esperando que el agua mermara para salir.

“¡Viva la Virgen del Carmen!”, gritaron enardecidos y frenéticos de entusiasmo todos los circunstantes.

 

Ejemplo 73.

 

Por el año 1898, había en El Havre cierto joven, de quince años, llamado José, hijo del capitán de un buque mercante.

En él embarcó nuestro joven, lleno de santa confianza.

El temerario jovenzuelo, haciendo imprudente alarde de su valor, fue arrancado por una ola gigante de la proa del buque al abismo del mar.

Tan sólo un marinero escuchó gritar débilmente a pocos metros de él, y conociendo por la voz que el caído era el hijo del capitán, se lanzó en compañía de otro marinero en la chalupa del barco a fin de socorrer al infortunado joven, que no sabía nadar.

Viendo que los marineros acudían presurosos a socorrerle, el joven, manteniéndose con notable prodigio sobre las aguas y mostrándoles con una mano el Santo escapulario, gritaba que la Santísima Virgen le había salvado.

Lograron por fin recogerle y, conducido a hombros de uno de los marineros al navío, echóse en brazos de su padre, que lloraba de emoción, diciéndole en presencia de todos que la Virgen del Carmen le había salvado, pues al caer, mientras luchaba con las olas embravecidas, oyó una voz dulcísima que le decía:

“Toma en tus manos el Escapulario y no perecerás”.

Sintió en el mismo instante que una mano le asía, y, sosteniéndole suavemente, le impedía irse al fondo del abismo.

Luego que se restableció la calma y se apaciguaron los ánimos, hizo que todos, postrados de hinojos en la cubierta del buque, rezaran una Salve a la Virgen.

 

Ejemplo 74.

 

Desde la villa de Iznalloz escribía, el día 6 de enero de 1929 la señorita María Martín a la revista “El Santo Escapulario”:

“Venerado Padre en Jesucristo: Desearía diese usted publicidad a estas líneas para gloria de nuestra Santísima Madre del Carmen, cuyo Escapulario visto. Hallándome –el verano pasado- en el balneario de Almería, una tarde me solté de la maroma que se pone para los que no sabemos nadar, a cuyo tiempo vino una ola gigante, que me sumergió a grandes profundidades y me arrastró largo trecho.

Yo, que no sé nadar, viéndome en tan gran apuro, invoqué el amparo y la protección de la Santísima Virgen del Carmen, cuyo Escapulario llevaba, y al punto otra ola, como movida o impulsada por la mano de la Virgen Santísima, me puso a salvo junto a mis familiares.

Al punto que salí del agua me puse de hinojos para rendir ferviente acción de gracias a nuestra Madre del Carmen”.

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