Actualizado el jueves 26/ABR/18

Ejemplos de la protección de la Medalla de San Benito

Ejemplo 15

 

En 1861, en la casa llamada San Benito, en Chambèry, una hermana sentía desde hacía tres meses fuertísimos dolores en las piernas, consecuencia de un golpe de aire y de un agotamiento extraordinario. No se decidía a revelar sus padecimientos y hasta entonces no había tomado ningún remedio. Se le ocurrió hacer una novena en honor a San Benito, empleando la medalla con el fin de alcanzar la protección del santo Patriarca. Durante la novena, aplicaba la medalla sucesivamente en una y otra pierna, invocando el socorro de San Benito; y en cada oportunidad sus dolores se calmaban. Al mismo tiempo, continuaba desempeñando en la casa el trabajo muy pesado que estaba a su cargo. Como con la primera novena sólo había conseguido alivios intermitentes, resolvió comenzar una segunda, que fue coronada con éxito, haciendo desaparecer totalmente la enfermedad. Esa misma hermana, en otra ocasión en que padecía una oftalmía, recurrió al medio que tan buen resultado le diera, y después de lavarse los ojos con agua en la que había sumergido la medalla, se le calmó la inflamación, y en poco tiempo recuperó la visión normal.

 

Ejemplo 16

 

En una localidad de Saboya, más o menos por la misma época (1860), una niña de seis años estaba atormentada con agudísimos dolores. Sus nervios se habían contraído a tal punto que no podía tocársela con la punta del dedo sin que sintiera dolores fuertísimos. En ese estado, ya no podía tolerar ningún tipo de comida o bebida. Agotada la ciencia de los médicos, los padres de la pequeña habían perdido totalmente la esperanza de conseguir su curación. Dos hermanas de la casa de San Benito, de Chambéry, fueron a visitar a la niña, para llevar algún consuelo a la madre. A la vuelta, se acordaron de la medalla de San Benito. Al instante le enviaron una, recomendando que la colocaran en el cuello de la niña, y que intentasen hacerle tragar algún líquido en que se hubiera sumergido la medalla. La madre de la niña cumplió fielmente la piadosa prescripción e inmediatamente la pequeña comenzó a sentirse notablemente aliviada. Al cabo de algunos días se levantaba perfectamente curada.

 

Ejemplo 17

 

Por la misma época (1860) y también por la misma región (localidad de Saboya), una mujer atacada de fiebre eruptiva después de un parto, y otra en peligro de muerte a causa de una hidropesía de pecho, se curaron empleando ese mismo método, o sea, tomando una bebida en la que se había sumergido una medalla de San Benito.

 

Ejemplo 18

 

En el condado de Westmoreland (Pennsylvania), en agosto de 1861, una de las hijas de una mujer católica, la Sra. X..., se vio atacada repentinamente por una violenta difteria. El mal que había comenzado al caer la noche, se fue agravando de hora en hora, y causaba cada vez mayor inquietud, sobre todo por lo difícil que resultaba encontrar un médico en las montañas de aquella región. El más cercano vivía a unas cuatro leguas de distancia. La madre de la niña confiaba mucho en la protección de San Benito, cuya medalla tenía. Se le ocurrió entonces sumergirla en un vaso de agua, para dársela a beber a la niña. Inmediatamente puso en práctica la religiosa inspiración. La niña tomó el agua santificada por el contacto con la medalla, y al amanecer del día siguiente se encontraba completamente fuera de peligro.

 

Ejemplo 19

 

En los primeros meses del año 1863, en Montigny-le-Roy, una mujer sufría un dolor de oídos que desde hacía largo tiempo la atormentaba cruelmente. A veces le salía por las orejas sangre coagulada y materias purulentas, lo que bien prueba el mal estado del oído. La pobre mujer se había vuelto incapaz de trabajar, a causa de la sordera contraída. Al recibir una medalla de San Benito, la colocó en la almohada y rezó un Padre Nuestro y un Ave María en honor del santo Patriarca. Un minuto después ya estaba curada por completo y oía perfectamente.

 

Ejemplo 20

 

En el mismo año (1863), en Andabres (Hérault), la Srta. R. G. estaba amenazada por la aparición de un tumor canceroso en la cabeza, que se había manifestado dos años antes. Se le había formado una glándula dolorosa, resistente a todos los procesos curativos empleados. Una noche, antes de acostarse, la joven tuvo la idea de ponerse una medalla de San Benito en la cabeza, encomendándose al santo Patriarca. Se durmió profundamente y al día siguiente, al sacar la medalla, se dio cuenta de que la glándula había desaparecido totalmente.

 

Ejemplo 21

 

En Limoges, en 1864, en la casa de las Hermanas de San José, una postulante le mostró a una de las superioras el brazo, que denotaba la presencia de un cuerpo extraño. Sentía agudos dolores, lo que hacía presumir que fuera la aguja de una abeja; y de hecho, al mover el brazo, se comprobaba que no podía ser otro el objeto introducido. Mandaron llamar a un médico, esperando que con una incisión liberaría a la enferma. Pero, de repente, antes de la llegada del médico, la enfermera se acordó de la medalla de San Benito. La aplicó inmediatamente sobre el brazo enfermo, y después de rezar en común cinco Padre Nuestros y cinco Ave Marías, seguidas por la invocación a San Benito, la postulante preguntó: “¿Y si trato de hacer salir la aguja?” “Inténtelo”, respondió la enfermera. Los esfuerzos fueron completamente inútiles y sólo tuvieron como resultado aumentar el sufrimiento. Entonces dijo la enfermera: “Presione de un lado con la medalla”. La hermana obedeció; y apenas había presionado de un lado del brazo, la aguja apareció del otro, y así se consiguió extraerla fácilmente y sin dolor. Cuando el médico llegó, ya no tenía nada que hacer.

 

Ejemplo 22

 

En Montauban, en 1865, una señora enferma estaba en cama sin poder moverse desde hacía dos años y medio, y todo llevaba a creer que quedaría paralítica para el resto de la vida. Un día en que le habían llevado la Sagrada Comunión, una Hermana de la Caridad que estaba de visita, le colocó con dificultad la medalla de San Benito entre los dedos, y consiguió con grandes esfuerzos llevar la mano de la enferma al pecho, esperando que el  contacto con ese objeto sagrado pudiera producir algún efecto benéfico. De inmediato la enferma sintió una viva conmoción en todo su ser, comenzó a transpirar abundantemente, y dejó escapar de sus labios estas palabras: “Estoy curada”. Enseguida volvió el movimiento a sus miembros, se levantó con presteza, quitándose las frazadas que durante tanto tiempo la habían envuelto, y se vistió con la ropa que usaba antes de caer enferma. Al día siguiente se dirigió a la iglesia a fin de agradecer a Dios la cura repentina.

 

Ejemplo 23

 

En S..., en la diócesis de Mans, en 1868, una señora sufría dolores agudísimos, motivados por una neuralgia en la cabeza, causada por un diente en mal estado. Se habían intentado todos los remedios habituales sin que produjeran efecto alguno. La enferma recurrió entonces a la medalla de San Benito, y la conservó apoyada sobre la cara, pero sin sentir ningún alivio. Cerca de media hora más tarde, con la medalla siempre sobre el rostro, recibe la visita de un vecino y expresa, con voz entrecortada, cuán insoportables eran sus sufrimientos. La visita, compadecida, le sugiere que un poco de aguardiente, conservado en la boca, tal vez pudiera aliviar algo el dolor; y como no había aguardiente en la casa, manda una persona a buscarla a toda prisa, a la suya. No había llegado al umbral de la puerta cuando el dolor cesa súbitamente, y desde esa ocasión el dolor ya no retornó. San Benito, cuya medalla había sido empleada sólo después de los auxilios médicos, no permitió que un medio material reemplazase el empleo del glorioso emblema de su poder, y curó instantáneamente a la enferma.

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