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lunes 14/MAY/12En el Regina caeli del domingo 6 de mayo el Papa anuncia su presencia en el Encuentro mundial de las familias en Milán
Queridos hermanos y hermanas:
El Evangelio de hoy, quinto domingo del tiempo pascual, comienza con la imagen
de la viña. "Jesús dijo a sus discípulos: "Yo soy la verdadera vid, y mi Padre
es el labrador"" (Jn 15, 1). A menudo, en la Biblia, a Israel se le compara con
la viña fecunda cuando es fiel a Dios; pero, si se aleja de él, se vuelve
estéril, incapaz de producir el "vino que alegra el corazón del hombre", como
canta el Salmo 104 (v. 15). La verdadera viña de Dios, la vid verdadera, es
Jesús, quien con su sacrificio de amor nos da la salvación, nos abre el camino
para ser parte de esta viña. Y como Cristo permanece en el amor de Dios Padre,
así los discípulos, sabiamente podados por la palabra del Maestro (cf. Jn 15,
2-4), si están profundamente unidos a él, se convierten en sarmientos fecundos
que producen una cosecha abundante. San Francisco de Sales escribe: "La rama
unida y articulada al tronco da fruto no por su propia virtud, sino en virtud de
la cepa: nosotros estamos unidos por la caridad a nuestro Redentor, como los
miembros a la cabeza; por eso las buenas obras, tomando de él su valor, merecen
la vida eterna" (Trattato dell'amore di Dio, XI, 6, Roma 2011, 601).
En el día de nuestro Bautismo, la Iglesia nos injerta como sarmientos en el
Misterio pascual de Jesús, en su propia Persona. De esta raíz recibimos la
preciosa savia para participar en la vida divina. Como discípulos, también
nosotros, con la ayuda de los pastores de la Iglesia, crecemos en la viña del
Señor unidos por su amor. "Si el fruto que debemos producir es el amor, una
condición previa es precisamente este "permanecer", que tiene que ver
profundamente con esa fe que no se aparta del Señor" (Jesús de Nazaret, Madrid
2007, p. 310). Es indispensable permanecer siempre unidos a Jesús, depender de
él, porque sin él no podemos hacer nada (cf. Jn 15, 5). En una carta escrita a
Juan el Profeta, que vivió en el desierto de Gaza en el siglo V, un creyente
hace la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible conjugar la libertad del hombre y
el no poder hacer nada sin Dios? Y el monje responde: Si el hombre inclina su
corazón hacia el bien y pide ayuda de Dios, recibe la fuerza necesaria para
llevar a cabo su obra. Por eso la libertad humana y el poder de Dios van juntos.
Esto es posible porque el bien viene del Señor, pero se realiza gracias a sus
fieles (cf. Ep 763: SC 468, París 2002, 206). El verdadero "permanecer" en
Cristo garantiza la eficacia de la oración, como dice el beato cisterciense
Guerrico d'Igny: "Oh Señor Jesús..., sin ti no podemos hacer nada, porque tú
eres el verdadero jardinero, creador, cultivador y custodio de tu jardín, que
plantas con tu palabra, riegas con tu espíritu y haces crecer con tu fuerza" (Sermo
ad excitandam devotionem in psalmodia: SC 202, 1973, 522).
Queridos amigos, cada uno de nosotros es como un sarmiento, que sólo vive si
hace crecer cada día con la oración, con la participación en los sacramentos y
con la caridad, su unión con el Señor. Y quien ama a Jesús, la vid verdadera,
produce frutos de fe para una abundante cosecha espiritual. Supliquemos a la
Madre de Dios que permanezcamos firmemente injertados en Jesús y que toda
nuestra acción tenga en él su principio y su realización.
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Palabras de la Santísima Virgen al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano:
"Vendrá pronto un tiempo en el que sólo el que esté con el Papa logrará permanecer en la fe de mi Hijo y salvarse de la gran apostasía que se habrá esparcido por doquier". (1 de noviembre de 1973)
"Hoy, cuando la oscuridad desciende sobre todas las cosas y el error se propaga cada vez más en la Iglesia, debéis orientar a todos a la fuente de la que Jesús hace brotar sus palabras de verdad: el Evangelio confiado a la Iglesia jerárquica, a saber, al Papa y a los Obispos a Él unidos.
No a cada Sacerdote aisladamente, no a cada Obispo aisladamente; sino sólo a los Sacerdotes y a los Obispos unidos con el Papa.
Hoy hiere mucho y aflige a mi Corazón de Madre de la Iglesia el escándalo, aún de los Obispos, que no obedecen al Vicario de mi Hijo y arrastran a un gran número de mis pobres hijos por el camino del error.
Por eso hoy debéis proclamar a todos con vuestra palabra que Jesús sólo a Pedro ha constituido fundamento de su Iglesia y custodio infalible de la Verdad.
Hoy el que no está con el Papa no logrará permanecer en la Verdad.
Las seducciones del Maligno han llegado a ser tan insidiosas y peligrosas, que logran engañar a cualquiera.
Pueden caer incluso los buenos.
Pueden caer también los maestros y sabios.
Pueden caer los Sacerdotes y hasta los Obispos.
No caerán jamás los que estén siempre con el Papa.
He ahí por qué quiero hacer de vosotros un ejército ordenado, atento, obediente y dócil también a los deseos de este mi primer hijo predilecto, del Vicario de mi Hijo Jesús". (7 de agosto de 1976)
"Soy vuestra Capitana. Por eso vosotros, hijos míos predilectos, debéis escuchar mi Voz, volveos dóciles a mis enseñanzas; sobre todo, debéis estar prontos y obedientes a mis órdenes.
Quiero hacer de vosotros hijos que quieran y que sepan obedecer siempre.
La obediencia y la docilidad: he aquí la divisa con la que quiero revestiros.
Mis órdenes las daré a través de la voz de aquél a quien mi Hijo puso para regir su Iglesia: el Papa con la Jerarquía a Él unida.
¡Cuán herido y dolorido se siente hoy mi Corazón de Madre al ver que Sacerdotes y hasta Obispos no obedecen ya las órdenes del Vicario de mi Hijo Jesús!
Todo reino en sí dividido está destinado a la derrota y la ruina.
Estos pobres hijos míos que no obedecen, que se rebelan, son ya víctimas de la forma más sutil e insidiosa de la soberbia y caminan hacia la muerte.
¡De qué manera Satanás, mi adversario desde el principio, logra ya engañaros y seduciros!
Os hace sentiros custodios de la tradición y defensores de la fe, mientras vosotros mismos sois los primeros a quienes hace naufragar en la fe y os lleva inadvertidamente al error.
Os insinúa el que el Papa traiciona la Verdad y así Satanás destruye el fundamento sobre el que la Iglesia se sostiene y por el que la Verdad se mantiene íntegra a través de los siglos.
Os hace incluso pensar que Yo misma no comparto su modo de actuar, y, así, en mi nombre, se propagan críticas acerbas contra la persona y la obra del Santo Padre.
Sacerdotes, hijos de mi maternal predilección: sed prudentes, estad atentos, vivid iluminados, porque las tinieblas están invadiéndolo todo.
¿Cómo la Madre puede criticar públicamente las decisiones del Santo Padre, cuando Él Solo tiene la gracia especial para el ejercicio de este excelso ministerio?
Fui silencio a la Voz de mi Hijo; fui silencio a la Voz de los Apóstoles. Soy ahora amoroso silencio a la Voz del Papa: para que ésta se propague cada vez más, para que sea por todos escuchada, para que sea siempre acogida por las almas.
Por eso estoy siempre cerca de la persona de este mi primer hijo predilecto, del Vicario de mi Hijo Jesús.
Con mi silencio le ayudo a hablar.
Con mi silencio doy fuerza a su misma palabra.
¡Volved, volved, hijos míos Sacerdotes, al amor, a la obediencia, a la comunión con el Papa!
Sólo así podréis pertenecer a mi ejército del que soy Reina y Capitana.
Sólo así podréis escuchar mis órdenes, que Yo daré con la misma voz del Papa.
Sólo así podréis combatir Conmigo para la victoria segura; de lo contrario, vais ya por el camino de la derrota.
Si vosotros, hijos predilectos, os consagráis a mi Corazón Inmaculado y os entregáis completamente a Mí, Yo os recubriré con mi misma luz y seréis siempre iluminados.
Os revestiré con mi misma docilidad interior y seréis siempre obedientes; os haré así instrumentos aptos para mi batalla y veréis al final mi real victoria.” (22 de agosto de 1976).
"La interior división se manifiesta también en el modo con que se tiende a dejar solo, casi en el abandono, al mismo Vicario de Jesús, al Papa, que es el hijo particularmente amado e iluminado por Mí.
Mi Corazón de Madre es herido cuando ve cómo frecuentemente el silencio y el vacío de mis hijos rodean la palabra y la acción del Santo Padre, mientras es atacado y obstaculizado cada vez más por sus adversarios.
A causa de esta división interior su mismo ministerio no está lo suficientemente sostenido y propagado por toda la Iglesia, que Jesús ha querido unida en torno al Sucesor de Pedro.
Mi Corazón maternal sufre cuando ve que incluso algunos Pastores rehúsan dejarse guiar por su palabra luminosa y segura.
El primer modo de separarse del Papa es el de la rebelión abierta. Pero hay también otro modo más encubierto y más peligroso. Es proclamarse exteriormente unidos a Él, pero disintiendo interiormente de Él, dejando caer en el vacío su magisterio y haciendo, en la práctica, lo contrario de cuanto Él indica". (11 de febrero de 1979)
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