Evangelio del día

viernes 20/FEB/26 

Mt 9, 14-15. 

Viernes después del Miércoles de Ceniza. 

Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan Bautista y le dijeron: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos mucho mientras que tus discípulos no ayunan?”. Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán”. 

Reflexión: 

Hay un tiempo para cada cosa. Ahora estamos en tiempo de Cuaresma en que hay que ayunar, rezar mucho, convertirnos, porque este tiempo es especial para esto. Es un reflejo de lo que fueron los cuarenta días pasados por Jesús en el desierto, orando y ayunando, para prepararse a la Misión. Nosotros, vivimos la cuaresma para prepararnos a la Pascua, recordando que toda nuestra vida es como una cuaresma en la que nos preparamos para la Pascua eterna, es decir, para el paso de esta vida a la eternidad. Y este tiempo es tiempo de ayuno, que es la oración del cuerpo. No quiere decir que debemos estar tristes, pero sí meditar en las verdades eternas y lo caduco de la vida, y, además, en la vida sacrificada del Salvador y en su Pasión. Recordemos que en este tiempo se reciben gracias muy especiales, así que aprovechémoslo bien.

Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de vivir con mucha piedad y amor esta cuaresma, para que obtengamos el mayor número de gracias de parte de Dios.

Jesús, María, os amo, salvad las almas.

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