Evangelio del día.

Miércoles 24/MAY/17. 

Jn 16, 12-15. 

Luego comprenderemos. 

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: “Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes”. 

Reflexión: 

Aquí hay una importante enseñanza del Señor, y es la siguiente: iremos comprendiendo la Verdad en forma gradual, no todo de una vez.

Esto también le pasó Pedro cuando el Señor le quiso lavar los pies y Pedro no se quería dejar lavar. Entonces Jesús le dijo que ahora no comprendía esta acción, pero más adelante la comprendería.

Así también nos sucede a nosotros en nuestra vida. Hay veces que nos pasan cosas, y pareciera que esas cosas son terribles y hasta injustas. Pero dejemos pasar el tiempo, y comprobaremos que lo que nos pareció una desgracia, no lo era tanto, y hasta a veces se convierte en una de las mejores cosas que nos ha sucedido en la vida.

Por eso no juzguemos a nadie y mucho menos a Dios en su obrar. Solamente confiemos en Él. Recemos mucho y confiemos en Dios, que todo lo que nos suceda siempre será para un bien, aunque en el momento no lo entendamos así.

El Espíritu Santo es quien nos puede ayudar a comprender estas verdades y nos da sus luces para que penetremos en los designios de Dios y sigamos su Voluntad.

Cuando todo es un aparente fracaso, tal vez es el más grandioso triunfo, como sucedió en la crucifixión y muerte de Jesús, que fue un fracaso desde el punto de vista humano, pero ese hecho fue el mayor triunfo de Dios.

No juzguemos, entonces, por las apariencias, ni nos dejemos llevar por lo que ven nuestros ojos, porque hay realidades que no comprendemos en el momento, pero que con el paso del tiempo se nos esclarecen las cosas y alabamos a Dios porque ha permitido ciertos hechos en nuestras vidas y en el mundo.

Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de confiar ciegamente en Dios, como Ella confió, que a pesar de ver a su Hijo muerto en la cruz y de que parecía que todo había terminado, siguió esperando, siguió confiando, y obtuvo todo de Dios.

Jesús, María, os amo, salvad las almas.

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