Actualizado el domingo 12/MAR/17

Evangelio explicado

Mt 3, 1-12.  

Predicación de Juan el Bautista. 

En aquel tiempo apareció Juan el Bautista, predicando en el desierto de Judea, y decía: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos está cerca.” Este es de quien habló el profeta Isaías cuando dijo: “Voz de uno que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.” Juan tenía un vestido de pelos de camello, y un cinto de piel alrededor de su cintura; su comida eran langostas  y miel silvestre. Entonces salía hacia él Jerusalén y toda la Judea y toda la región del Jordán, y se hacían bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados.

Mas viendo a muchos fariseos y saduceos venir a su bautismo, les dijo: “Raza de víboras, ¿quién os a enseñado a huir de la cólera que viene? Producid, pues, frutos propios del arrepentimiento. Y no creáis que podéis decir dentro de vosotros: “Tenemos por padre a Abrahán”; porque yo os digo: “Puede Dios de estas piedras hacer que nazcan hijos de Abrahán”. Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo, por mi parte, os bautizo con agua para el arrepentimiento; mas Aquel que viene después de mí es más poderoso que yo, y yo no soy digno de llevar sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. La pala de aventar está en su mano y va a limpiar su era: reunirá el trigo en el granero, y la paja la quemará en fuego que no se apaga.” 

Comentario: 

Juan el Bautista invita a la conversión y a producir buenos frutos, porque se acerca la hora de la justicia en que cada uno recibirá su merecido. Juan tenía palabras fuertes y representaba la justicia de Dios, en cambio el Mesías, Cristo, es más dulce en su hablar y representa y es la misma Misericordia de Dios. Son dos métodos distintos el de Juan y el de Jesús, es el vino viejo y el vino nuevo de que Jesús hablará en una parábola. A veces nosotros debemos usar uno u otro método dependiendo de las circunstancias, pero prefiriendo utilizar la bondad y el amor de Jesús en el hablar, ya que se cazan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre. Pero esta predicación de Juan era necesaria porque sus palabras duras preparaban los corazones y removían las piedras de los mismos para disponerlos a recibir la Buena Noticia. Dios también suele actuar así con las almas, las somete a duras y penosas pruebas, pero para después hacerlas muy misericordiosas y dulces, quitándoles todo resentimiento y haciéndolas aptas para el trabajo por el Reino de Dios. No impidamos la acción de Dios en nosotros y, aunque nos parezca que a veces nos trata duramente, sepamos que es por nuestro bien y que todo es un plan amorosísimo de la Providencia paterna de Dios sobre nosotros para hacernos buenos y santos, e instrumentos aptos para el apostolado y la evangelización.

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