PortadaActualizado el sábado 4/JUN/16

Evangelio explicado

Mt 2, 1-12.  

Adoración de los magos. 

Cuando hubo nacido Jesús en Betlehem de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos del Oriente llegaron a Jerusalén, y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo”. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó y con él toda Jerusalén. Y convocando a todos los principales sacerdotes y a los escribas del pueblo, se informó de ellos dónde debía nacer el Cristo. Ellos le dijeron: “En Betlehem de Judea, porque así está escrito por el profeta: Y tú Betlehem del país de Judá, no eres de ninguna manera la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti saldrá el caudillo que apacentará a Israel mi pueblo”. Entonces Herodes llamó en secreto a los magos y se informó exactamente de ellos acerca del tiempo en que la estrella había aparecido. Después los envió a Betlehem diciéndoles: “Id y buscad cuidadosamente al niño; y cuando lo hayáis encontrado, hacédmelo saber, para que vaya yo también a adorarlo”. Con estas palabras del rey, se pusieron en marcha, y he aquí que la estrella, que habían visto en el Oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella experimentaron un gozo muy grande. Entraron en la casa y vieron al niño con María su madre. Entonces, prosternándose, lo adoraron; luego abrieron sus tesoros y le ofrecieron sus dones: oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran a Herodes, regresaron a su país por otro camino. 

Comentario: 

Los magos sabían que el Mesías era Dios, porque bien dice el texto que lo adoraron, y como dones le ofrecieron oro, incienso y mirra. Oro, como a rey que es; incienso, por ser Él Dios, y mirra, porque sabían que como hombre tendría que sufrir para salvar a la humanidad. La verdad que es asombroso cómo estos magos de Oriente, sin revelación de las Sagradas Escrituras, conocen todas estas cosas, y sobre todo llegan a ser muy fieles y a adorar al Divino Infante en su propio lugar de nacimiento, mientras que el propio pueblo del Mesías no se entera, sino salvo algunos pastores. Es que Dios se revela a los humildes y sencillos, y a los que tienen buena voluntad, pues el que lo busca con sincero corazón, lo halla, porque Dios se deja encontrar a los que sinceramente lo buscan. Esto nos debe servir a nosotros, que muchas veces nos consideramos insignificantes en este mundo, donde los grandes llevan la voz cantante y nosotros sólo somos un número más. Pero para Dios esto no es así. Para Él somos importantes. Él nos ama infinitamente, y cuanto más pequeños y pobres e indefensos somos, tanto más Él se inclina sobre nuestra nada y nos engrandece. Porque la misma Virgen canta en su Magníficat que el Señor colma de bienes a los hambrientos y despide a los ricos con las manos vacías. Y cuáles son estos ricos, solo los que tienen dinero. No son también los que están ricos de conocimientos pero que no son los de Dios. En cambio el que se siente vacío y sin nada, a ese el Señor lo elige para hacerlo rico a sus ojos. Tenemos muchas cosas que aprender de estos magos, y una de ellas es la gran perseverancia. Perseveremos y alcanzaremos el Cielo.

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