PortadaActualizado el domingo 20/JUL/14

Evangelio explicado

Mt 11, 29. 

La mansedumbre. 

Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas. 

Comentario: 

A veces estamos inquietos y malhumorados porque no sabemos ser mansos, estamos irritados y nerviosos, odiamos o guardamos rencor, y entonces es lógico que no tengamos paz.

Si aprendemos a ser mansos como el Señor, la vida se nos hará feliz, porque los mansos heredarán la Tierra, y conquistarán el Cielo, pero antes se conquistarán a sí mismos, que es lo más difícil de lograr, porque uno fácilmente se enoja y encoleriza.

Tratemos de no enojarnos nunca más, por nada, por ningún motivo. Que es difícil, todos lo sabemos; pero en ello va nuestra paz espiritual, y quizás la paz de toda una familia, de una ciudad o hasta del mundo entero.

Así como por una obra de misericordia el Señor socorre a quien necesita, así también al sofocar un momento de rabia y enojo, quizás evitemos algún asesinato lejano, o una pelea cercana.

No creamos que lo que hace cada uno de nosotros quede en un plano personal, sino que sea bueno o malo lo que hacemos, todo tiene su peso y todo influye en el acontecer de nuestra vida y las vidas de muchos, porque el pecado es causa de todos los males, de cualquier clase. Y si pecamos enojándonos y siendo iracundos, entonces atraemos la desgracia sobre nosotros y los nuestros.

El Señor sabe esto, sabe los secretos resortes de la ira, y nos manda a imitarlo en la humildad y la mansedumbre, porque ser mansos nos conviene, en primer lugar, a nosotros mismos.

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