Actualizado el jueves 16/FEB/17

Las Glorias de María (fragmento)

San Alfonso María de Ligorio

3. AMOR DE MARÍA AL PRÓJIMO

 

1. María, socorro de la Humanidad

 

El amor a Dios y al prójimo se contienen en el mismo precepto. “Este mandato hemos recibido del Señor: que quien ame a Dios ame también a su hermano” (1Jn 4, 21). La razón es, como dice santo Tomás, porque quien ama a Dios ama todas las cosas que son amadas por Dios. Santa Catalina de Siena le decía un día a Dios: Señor, tú quieres que yo ame al prójimo, y yo no sé amarte más que a ti. Y Dios al punto le respondió: El que me ama, ama todas las cosas amadas por mí. Mas como no hubo ni habrá quien haya amado a Dios como María, así no ha existido ni existirá quien ame al prójimo más que María. El P. Cornelio a Lápide, comentando el pasaje que dice: “Se ha hecho el rey Salomón un palanquín de madera en el Líbano” (Ct 3, 9), dice que éste fue el seno de María, en el que habitando el Verbo encarnado llenó a la Madre de caridad para que ayudase a quien a ella acude.

María, viviendo en la tierra, estuvo tan llena de caridad que socorría las necesidades sin que se lo pidiesen, como hizo precisamente en las bodas de Caná cuando pidió al Hijo el milagro del vino exponiéndole la aflicción de aquella familia. “No tienen vino” (Jn 2, 3). ¡Qué prisa se daba cuando se trataba de socorrer al prójimo! Cuando fue para cumplir oficios de caridad a casa de Isabel, “se dirigió a la montaña rápidamente” (Lc 1, 39).

 

2. María nos amó en la tierra y ahora en la gloria su amor se amplía

 

No pudo demostrar de forma más grandiosa su caridad que ofreciendo a su Hijo por nuestra salvación. Así dice san Buenaventura: De tal manera amó María al mundo que le entregó a su Hijo primogénito. Le dice san Anselmo: ¡Oh bendita entre las mujeres que vences a los ángeles en pureza y superas a los santos en compasión! Y ahora que estás en el cielo, dice san Buenaventura, este amor de María no nos falta de ninguna manera, sino que se ha acrecentado porque ahora ve mejor las miserias de los hombres. Por lo que escribe el santo: Muy grande fue la misericordia de María hacia los necesitados cuando estaba en el mundo, pero mucho mayor es ahora que reina en el cielo. Dijo el ángel a santa Brígida que no hay quien pida gracias y no las reciba por la caridad de la Virgen. ¡Pobres si María no rogara por nosotros! Dijo Jesús a esa santa: Si no intervinieran las preces de mi Madre, no habría esperanza de misericordia.

“Bienaventurado el hombre que me escucha velando ante mi puerta cada día, guardando las jambas de mi entrada” (Pr 8, 34). Bienaventurado, dice María, el que escucha mis enseñanzas y observa mi caridad para usarla después con los otros por imitarme. Dice san Gregorio Nacianceno que no hay nada mejor para conquistar el afecto de María que el tener caridad con nuestro prójimo. Por lo cual, como exhorta Dios: “Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso” (Lc 4, 36), así ahora pareciera que María dice a todos sus hijos: “Sed misericordiosos como vuestra Madre es misericordiosa”. Y ciertamente que conforme a la caridad que tengamos con nuestro prójimo, Dios y María la tendrán con nosotros. “Dad y se os dará. Con la misma medida que midáis, se os medirá a vosotros” (Lc 6, 38). Decía san Metodio: “Dale al pobre y recibe el paraíso”. Porque, escribe el apóstol, la caridad con el prójimo nos hace felices en esta vida y en la otra: “La piedad es provechosa para todo, pues tiene la promesa de la vida para la presente y de la futura” (1Tm 4, 8). San Juan Crisóstomo, comentando aquellas palabras: “Quien se compadece del pobre da prestado al Señor” (Pr 19, 17), dice que quien socorre a los necesitados hace que Dios se le convierta en deudor: Si has prestado a Dios lo has convertido en tu deudor.

Madre de misericordia, tú que estás llena de caridad para con todos, no te olvides de mis miserias. Tú ya lo sabes. Encomiéndame al Dios que nada te niega. Obtenme la gracia de poderte imitar en el santo amor, tanto para con Dios como para con el prójimo. Amén.

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