Actualizado el sábado 18/FEB/17

La infancia espiritual

Inocencia 

Adán y Eva en el Paraíso terrenal eran inocentes, pero quisieron conocer el mal, y perdieron la inocencia. El mal no hay que conocerlo, porque es como un veneno que baja al corazón y muerde y mata. Seamos inocentes para el mal y busquemos conocer solo el bien, lo bueno, lo santo. La Virgen debe ser nuestro modelo. Ella no conoció el mal, sino que vivió una vida superinocente, aunque supo que el mal existía, pero no se dejó invadir por él. También nosotros vivamos como los niños, ignorantes del mal, y viendo solo el bien en las criaturas. Disculpando todo y perdonando todo y a todos. ¿Que seremos llamados unos tontos por los demás? No importa. Lo importante es lo que piense Dios de nosotros, y eso basta. Porque el juicio del mundo, el juicio de los hombres, es menos que una pompa de gas pútrido que sube y que al explotar no deja nada sino solo mal olor. Pero si queremos conservar o recuperar la inocencia debemos poner los medios, evitando toda mala lectura, ver televisión, ir al cine, a los bailes. Alguno dirá que estas cosas no son malas. Puede ser, pero el hombre las está haciendo muy malas porque las usa para difundir la impureza y toda clase de maldad. Dios ama a los inocentes, a los puros, y se muestra a ellos, sólo a ellos.

Si desea recibir estos textos en su correo electrónico, por favor SUSCRÍBASE AQUÍ.
 

En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: "Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños." (Mt 11, 25)

En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: "¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?" Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: "Yo les aseguro: si no cambian y se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos." (Mt 18, 1-4)

Entonces le fueron presentados unos niños para que les impusiera las manos y orara; pero los discípulos les reprendían. Mas Jesús les dijo: "Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos." (Mt 19, 13-14)


Mensaje de la Virgen al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano:

24 de julio de 1974

Mi triunfo y el de mis hijos.

“Camina en la simplicidad. Yo te llevo de la mano y tú sígueme siempre. Déjate conducir por Mí; déjate alimentar por Mí, déjate mecer por Mí: como un niñito en mis brazos.

Puesto que Satanás hoy ha engañado a la mayor parte de la humanidad con la soberbia, con el espíritu de rebelión a Dios, ahora sólo con la humildad y con la pequeñez es posible encontrar y ver al Señor.

Causada por la rebelión contra Dios, por este orgullo que sólo proviene de Satanás, es la oleada de la negación de Dios, del ateísmo que amenaza verdaderamente con seducir a gran parte de la humanidad.

Este espíritu de soberbia y de rebelión ha contaminado también a una parte de mi Iglesia. Engañados y seducidos por Satanás, aun aquellos que deberían ser luz para los demás, ahora no son más que sombras que caminan en la obscuridad de la duda, de la incertidumbre, de la falta de fe.

Ya dudan de todo. ¡Pobres hijos míos, cuanto más ustedes busquen solos y con sus propias fuerzas la luz, tanto más caerán en la obscuridad!

Hoy es necesario volver a la simplicidad, a la humildad, a la confianza de los pequeños, para ver a Dios. Para lo cual Yo misma me estoy preparando este escuadrón: mis Sacerdotes, a quienes haré cada vez más pequeños para que puedan ser colmados de la luz y del amor de Dios.

Humildes, pequeños, abandonados y confiados, todos se dejarán conducir por Mí. Su débil voz tendrá un día el clamor de un huracán, y uniéndose al grito de victoria de los Ángeles, hará resonar en todo el mundo el potente grito: “¿Quién como Dios? ¿Quién como Dios?”

Será entonces la definitiva derrota de los soberbios y el triunfo mío y de mis pequeños hijos.”