Actualizado el jueves 24/SEP/15

Comentario a Las Glorias de María

Ventajas de alabar a María. 

Se lee en las revelaciones de santa Brígida que, acostumbrando el obispo B. Emigdio a comenzar sus predicaciones con alabanzas a María, se le apareció la Virgen a la santa y le dijo: Hazle saber a ese prelado que comienza sus predicaciones alabándome, que yo quiero ser para él una madre, tendrá una santa muerte y yo presentaré su alma al Señor. Y, en efecto, aquel santo murió rezando y con una paz celestial. A otro religioso dominico, que terminaba sus predicaciones hablando de María, se le apareció en la hora de la muerte, lo defendió del demonio, lo reconfortó y llevó consigo su alma al paraíso. El piadoso Tomás de Kempis presentaba a María recomendando a su Hijo a quienes pregonan sus alabanzas, y diciendo así: “Hijo, apiádate del alma de quien te amó a ti y a mí me alabó”.

(de Las Glorias de María, de San Alfonso María de Ligorio)  

Comentario: 

Vemos las ventajas que tiene el alabar a María, pues Ella no se olvida de quien habló bien de Ella, y lo defiende contra todas las adversidades, la más peligrosa quizás: la última batalla en el final de la vida.

El Cielo nos quiere confiar un secreto, que pocos lo saben, y menos aún lo practican, que es alabar a María, siempre que podamos, hacerle un elogio en público. Esto nos acarreará un sinnúmero de favores celestiales, y hasta materiales cuando ello no se oponga a nuestro bien y nuestra salvación eterna.

Hablemos de María, porque el hablar de Ella es purificar los ambientes donde se la ensalza, ya que María es Pureza, y en este mundo corrompido es necesario traer del Cielo un poco de pureza, y hablando de la Virgen lo practicamos.

María es la enemiga personal de Satanás, y por ello quien es devoto de la Virgen, la invoca y la ensalza, muy pronto se verá libre de las tentaciones más graves, e incluso podrá conservar más fácilmente su pureza, porque esta Virgen hará que la vida espiritual y de virtud, sea más llevadera y será dulce practicar los mandamientos de Dios.

Hablemos de María, y amémosla. Pero como nadie puede amar lo que no conoce, entonces primero conozcámosla para amarla, y amémosla para conocerla.

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