PortadaActualizado el domingo 27/JUL/14

Interpretación del Apocalipsis

(Mensajes de la Santísima Virgen al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano)

Marienfried (Alemania), 13 de mayo de 1988

Aniversario de la 1ª aparición de Fátima

Éstos son los tiempos

“Hijos predilectos, vivid en mi paz.

Hoy recordáis mi primera aparición, acontecida en la pobre Cova de Iria, en Fátima.

Descendí del Cielo como Reina y Madre vuestra.

Me manifesté a vosotros en el esplendor de mi luz inmaculada.

Me aparecí como la Mujer vestida del Sol, que tiene la misión de formar su ejército para los momentos decisivos de la batalla.

Éstos son los tiempos de mi gran Luz.

Éstos son los tiempos de la oración y de la penitencia.

Os invito también hoy a orar especialmente por la conversión de los pobres pecadores, de los ateos y de los alejados.

Rezad siempre el Santo Rosario.

Ofreced oraciones y sacrificios por la salvación de las almas, porque, os repito, también hoy, que muchos van al infierno porque no hay quien ore y se sacrifique por ellos.

Éstos son los tiempos de la Conversión y del retorno al Señor.

Como Madre, os tomo de la mano y os conduzco por el camino del bien, del amor y de la santidad.

Os obtengo la gracia del arrepentimiento para que podáis vivir alejados del pecado, del mal y del egoísmo.

Cada día se hace mayor el número de mis hijos que renuncian al pecado para caminar por la senda de la Gracia de Dios.

Que se observe y practique cada vez más la Ley del Señor.

Y entonces, muchos de vuestros hermanos os seguirán por la vía del retorno al Señor y de la salvación.

Éstos son los tiempos de mi paz.

Doy el don de mi paz a los hijos que me escuchan y se consagran a mi Corazón Inmaculado.

Os conduzco a vivir en la paz del corazón y del alma.

Os hago permanecer en la serenidad, incluso en medio de las mayores perturbaciones.

Experimentáis mi materna presencia, sobre todo en los momentos de peligro y de la prueba.

Os marco con mi sello para que podáis difundir por doquier la luz de la fe, de la santidad y del amor en estos días de densa oscuridad.

Éstos son los tiempos de la gran misericordia.

El Corazón de Jesús está a punto de derramar los torrentes de su Amor divino y misericordioso. Ha llegado para el mundo la hora de la gran misericordia. Descenderá como rocío sobre cada  herida; abrirá los corazones más endurecidos; purificará las almas inmersas en el pecado; conducirá a los pecadores a la conversión y concederá a todos la gracia de una completa renovación.

En este día del Año Mariano, a Mí consagrado, os invito a que todos os dejéis penetrar de mi luz inmaculada, para que os podáis convertir, vosotros mismos, en mis rayos, que iluminan la tierra, sumergida en las más profundas tinieblas, con el sol de la pureza y del amor.” 

Comentario: 

¡Cuánta falta nos hacía este mensaje de María, porque por todas partes se habla de catástrofes, de castigos y desgracias! Pero la Virgen nos quiere consolar diciéndonos que éstos son sus tiempos, los tiempos de María. Y quien quiera aprovecharlos, basta que se consagre al Inmaculado Corazón de la Virgen, y entonces vivirá en paz aún en medio de los desórdenes de todo tipo que hay en el mundo.

No es éste el fin del mundo, sino el fin de los tiempos, y por una gran purificación, la humanidad pasará de las tinieblas a la luz admirable del Reino de Dios en la tierra.

No tengamos miedo porque el Cielo nos protege, y si rezamos el Rosario todos los días, tenemos como una coraza espiritual que nos defiende del Maligno y de las desgracias de todo tipo.

Hay un dicho popular que dice que “cuando más oscura está la noche, es porque viene aclarando”. Y efectivamente la noche ha caído sobre el mundo y parece que día a día se hace más oscura. Entonces tenemos derecho a esperar una pronta alborada, un cercano amanecer que disipará todas las sombras de la noche y, como dijeron algunos Santos, habrá un sol muy luminoso en la tierra.

Pero para pasar esta prueba que ya está a las puertas y que, en cierta manera, se puede decir que ya ha comenzado y que estamos viviendo casi en pleno, es necesario que nos convirtamos de nuestra vida de pecado, porque el Reino de Dios está más cerca que nunca, y para entrar en él debemos estar limpios de pecado.

Aprovechemos el tiempo previo a los grandes acontecimientos que ya están sobreviniendo al mundo, para que podamos pasar a salvo a la otra orilla, y que el Señor, cuando se manifieste misericordiosamente, nos encuentre bien dispuestos y esperándolo, con las lámparas encendidas.

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)


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En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno. Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento". Yo, Daniel, miré y vi que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y otro en la orilla opuesta. Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: "¿Para cuándo será el fin de estos prodigios?". Yo oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él alzó su mano derecha, y su mano izquierda hacia el cielo y juró por aquel que vive eternamente: "Pasará un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se haya acabado de aplastar la fuerza del pueblo santo, se acabarán también todas estas cosas". Yo oí, pero no entendí. Entonces dije: "Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?". Él respondió: "Ve Daniel, porque estas palabras están ocultas y selladas hasta el tiempo final. Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán. A partir del momento en que será abolido el sacrificio perpetuo y será instalada la Abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. ¡Feliz el que sepa esperar y llegue a mil trescientos treinta y cinco días! En cuanto a ti, ve hacia el Fin: tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días". (Daniel 12, 1-13)

Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

Esta sección se crea el 2 de Abril de 2010, Viernes Santo, y día del Siervo de Dios Juan Pablo II, a quien se la encomendamos, junto con la interpretación correcta del Apocalipsis y todas las profecías que hablan sobre el Fin de los Tiempos.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que estemos escritos en el Libro de la Vida el Último Día.

 

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