PortadaActualizado el martes 18/NOV/14

Interpretación del Apocalipsis

(Mensajes de la Santísima Virgen al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano)

Lourdes (Francia), 18 de septiembre de 1988

Cenáculo con Sacerdotes y fieles del M.S.M.

Un período de diez años

“Hoy venís de todas partes de Francia al pie de la roca sobre la que me aparecí como la Inmaculada Concepción, para hacer vuestro gran Cenáculo de oración y fraternidad y para renovar juntos el acto de consagración a mi Corazón Inmaculado.

Bendigo desde aquí a mi Movimiento; bendigo desde aquí a cada uno de vosotros; desde aquí bendigo a la Iglesia y a toda la humanidad.

Habéis entrado en mis tiempos.

En este día os pido me consagréis todo el tiempo que aún os separa del final de vuestro siglo.

Es un período de diez años.

Son diez años muy importantes. Son diez años decisivos.

Os pido que lo paséis Conmigo, porque entráis en el período final del segundo adviento, que os conduce al triunfo de mi Corazón Inmaculado con la gloriosa venida de mi hijo Jesús.

En este período de diez años, se cumplirá la plenitud del tiempo que os fue señalado por Mí, comenzando desde la Salette hasta mis últimas y actuales apariciones.

En este período de diez años, llegará a su culmen la purificación que desde hace ya muchos años estáis viviendo, y por esto los sufrimientos se harán mayores para todos.

En este período de diez años, se cumplirá el tiempo de la  gran tribulación, que os ha sido profetizada por la Sagrada Escritura, antes de la segunda venida de Jesús.

En este período de diez años, se manifestará el misterio de iniquidad, preparado por la difusión cada vez mayor de la gran apostasía.

En este período de diez años, se realizarán todos los secretos que he revelado a algunos de mis hijos, y se cumplirán todos los acontecimientos que os han sido predichos por Mí.

Por esto os pido hoy que me consagréis todo este período de tiempo, como si fuese un prolongado y continuado Año Mariano.

Abridme las puertas de vuestros corazones y dejadme actuar en vosotros.

Abridme las puertas de vuestras familias, de vuestras parroquias, de vuestras casas religiosas, y dejad que entre la Luz inmaculada de mi presencia.

Multiplicad vuestros Cenáculos de oración y vivid en la mayor confianza y en un filial abandono en Mí, sin dejaros prender por la vana curiosidad de saber lo que os aguarda.

El agua de la divina Misericordia os purifique de todo pecado y os convierta en nuevos brotes para la era de gracia y santidad que, en mi Corazón Inmaculado, preparo para vosotros cada día.

Os bendigo a todos desde este mi Santuario tan venerado.”

(Mensaje al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano) 

Comentario: 

La Santísima Virgen ha podido detener el brazo de la Justicia de Dios y ha obtenido Misericordia para el mundo. Pero este tiempo no lo debemos desaprovechar, sino usarlo para convertirnos más profundamente a Dios, porque por decirlo de alguna manera es como que ya estamos en rojo, la humanidad está llegando al límite más allá del cual no podrá pasar sin que sea vilipendiada la misma Justicia de Dios.

Pero no tengamos miedo, porque en los momentos difíciles que puedan venir, la Virgen y los Ángeles nos prestarán su auxilio, pues para esta hora han sido congregados los ejércitos celestiales para defendernos de los demonios que se han derramado sobre el mundo para perdición de las almas.

Justamente en la parábola de los talentos, se dice de un servidor que no aprovechó los talentos ni los hizo fructificar porque “tuvo miedo”, y mereció ser excluido del Reino de Dios.

Pensemos nosotros si no nos estamos dejando llevar también un poco por el miedo, y no nos animamos a lanzarnos a hacer apostolado en este tiempo de crucial importancia para el mundo y la Iglesia.

No tengamos miedo, porque quien lucha por Dios y por la salvación de las almas tiene la protección de Dios, de la Virgen y de todos los Ángeles y Santos, y no puede pasarle absolutamente nada que sea realmente malo.

Así que confiemos en Dios y en su Madre y ¡adelante en el apostolado!

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)


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En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno. Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento". Yo, Daniel, miré y vi que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y otro en la orilla opuesta. Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: "¿Para cuándo será el fin de estos prodigios?". Yo oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él alzó su mano derecha, y su mano izquierda hacia el cielo y juró por aquel que vive eternamente: "Pasará un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se haya acabado de aplastar la fuerza del pueblo santo, se acabarán también todas estas cosas". Yo oí, pero no entendí. Entonces dije: "Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?". Él respondió: "Ve Daniel, porque estas palabras están ocultas y selladas hasta el tiempo final. Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán. A partir del momento en que será abolido el sacrificio perpetuo y será instalada la Abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. ¡Feliz el que sepa esperar y llegue a mil trescientos treinta y cinco días! En cuanto a ti, ve hacia el Fin: tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días". (Daniel 12, 1-13)

Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

Esta sección se crea el 2 de Abril de 2010, Viernes Santo, y día del Siervo de Dios Juan Pablo II, a quien se la encomendamos, junto con la interpretación correcta del Apocalipsis y todas las profecías que hablan sobre el Fin de los Tiempos.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que estemos escritos en el Libro de la Vida el Último Día.

 

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