Actualizado el domingo 31/JUL/16

Interpretación del Apocalipsis

31 de diciembre de 1975

Última noche del año

El don que Yo doy a la Iglesia.

“Pasa las últimas horas de este año en mi Corazón Inmaculado en oración.

Se cierra un año que ha sido de gracia y de misericordia: este año santo de 1975.

Muchos hijos míos han acogido la invitación del Vicario de Cristo; han venido de todas partes del mundo a recibir el gran perdón.

Otros hijos míos han pasado este año en la más completa indiferencia, sumergidos sólo en sus intereses terrenos.

Muchísimos otros no han escuchado esta invitación; al contrario, han cerrado conscientemente sus almas a la gran misericordia de mi Hijo Jesús.

Entre éstos, por desgracia, ha habido también Sacerdotes.

Esto es la señal de la verdad de cuanto repetidas veces te he hecho sentir en tu corazón.

Satanás está tramando en mi Iglesia de manera cada vez más manifiesta. Se le han asociado ya muchos hijos míos Sacerdotes, engañándoles con el falso espejismo que el marxismo propone a todos: el interés exclusivo por los pobres; un cristianismo empeñado sólo en la construcción de una más justa sociedad humana; una Iglesia que se querría más evangélica y, en consecuencia, sustraída a la institución jerárquica.

Esta verdadera división en mi Iglesia, esta verdadera apostasía, por parte de muchos hijos míos Sacerdotes, se acentuará, hasta convertirse en una violenta y abierta rebelión.

Por eso, hijo mío amadísimo, en este año he completado ya mi Obra. Como te había predicho hace un año, mi Movimiento se ha propagado por doquier y ha florecido en una maravillosa primavera para toda la Iglesia. Mi Obra se ha extendido por todo el mundo; ahora ya el ejército de mis Sacerdotes está dispuesto.

Continuaré aún mi acción de Madre, que cada día será más evidente y fuerte, para el triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.

Pasa, por tanto, las últimas horas de este año en oración. Une tu oración a la de todos mis hijos predilectos. En todas partes del mundo, sentirán en estas horas mi invitación a recogerse Conmigo en oración, a estrecharse todos en mi Corazón Inmaculado.

Todo lo que os espera, hijos míos amadísimos, es ya solamente vuestro completo sacrificio para la salvación del mundo y la purificación de la tierra.

El tiempo que el Padre dispone todavía para vosotros es muy precioso: no lo malgastéis. Vivid Conmigo cada momento, en mi Corazón Inmaculado.

No miréis al futuro; vivid sólo el presente que la Madre os prepara.

El mal, que va siempre en aumento y parece sumergirlo todo, no os turbe ni os desaliente. Pronto Yo misma recogeré todo el bien que se encuentra en todas las partes del mundo y lo depositaré en mi Corazón para ofrecerlo a la Justicia de Dios.

Comenzad Conmigo el nuevo año, hijos míos predilectos. Vosotros sois mi trama; el designio de amor de vuestra Madre; el don que hago a la Iglesia para que sea consolada en la pasión y en la aparente muerte que le espera, antes de su maravillosa renovación con el triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.”

(Mensaje de la Virgen al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)


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En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno. Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento". Yo, Daniel, miré y vi que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y otro en la orilla opuesta. Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: "¿Para cuándo será el fin de estos prodigios?". Yo oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él alzó su mano derecha, y su mano izquierda hacia el cielo y juró por aquel que vive eternamente: "Pasará un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se haya acabado de aplastar la fuerza del pueblo santo, se acabarán también todas estas cosas". Yo oí, pero no entendí. Entonces dije: "Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?". Él respondió: "Ve Daniel, porque estas palabras están ocultas y selladas hasta el tiempo final. Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán. A partir del momento en que será abolido el sacrificio perpetuo y será instalada la Abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. ¡Feliz el que sepa esperar y llegue a mil trescientos treinta y cinco días! En cuanto a ti, ve hacia el Fin: tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días". (Daniel 12, 1-13)

Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

Esta sección se crea el 2 de Abril de 2010, Viernes Santo, y día del Siervo de Dios Juan Pablo II, a quien se la encomendamos, junto con la interpretación correcta del Apocalipsis y todas las profecías que hablan sobre el Fin de los Tiempos.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que estemos escritos en el Libro de la Vida el Último Día.