PortadaActualizado el jueves 5/MAY/16

Interpretación del Apocalipsis

8 de diciembre de 1975

Fiesta de la Inmaculada

Yo seré la vencedora.

“¡Yo soy la Inmaculada Concepción!

Del Cielo he venido, hijos, y en Lourdes os he recordado esta verdad, que la Iglesia hacía poco había definido oficialmente.

Por privilegio soy inmune de cualquier pecado, incluso del pecado original, que cada uno de vosotros contrae en el momento de su concepción.

He sido preservada del pecado porque, en esta humilde criatura, la Trinidad Santísima ha querido reflejar íntegramente su luminoso designio. Fui preservada del pecado, y colmada de gracia, por ser elegida para ser Madre del Verbo de Dios y destinada a daros a mi Hijo Jesús. Y mi Hijo Jesús me ha dado a cada uno de vosotros como verdadera Madre vuestra.

Por eso mi misión maternal para con vosotros es la de revestiros de mi misma pureza inmaculada. Quiero sobre todo curaros del mal que tanto os ensucia: el pecado.

Hijos míos predilectos, Sacerdotes consagrados a mi Corazón Inmaculado: He sido desde el principio anunciada como enemiga, antagonista, y vencedora de Satanás, padre y primer artífice de todo pecado.

Mi misión es la de combatir y vencer a Satanás, de aplastarle la cabeza con mi talón.

He vencido al principio cuando la Trinidad me anunció como señal de segura victoria, en el momento en el que toda la Humanidad había caído bajo la esclavitud del pecado:

“Pondré enemistades entre ti y la Mujer; entre tu descendencia y la Suya. Ella te aplastará la cabeza mientras tú pones asechanzas a su talón.”

He vencido cuando, con mi “sí”, el Verbo se hizo carne en mi purísimo seno, y cuando en el calvario mi Hijo Jesús se inmoló sobre el altar de la Cruz.

En Él, el Redentor de todos, se ha consumado mi victoria completa.

He continuado esta batalla mía en los largos años del camino terrenal de la Iglesia: sus mayores victorias se deben a una especial acción mía, de Madre.

Pero cuando, en el siglo pasado, mi Adversario quiso lanzar su guante de desafío e iniciar una lucha que, a través del error del ateísmo, habría de seducir y engañar a la Humanidad entera, desde el Cielo me he mostrado sobre la tierra como Inmaculada para confortaros, pues, ante todo, mi misión es la de combatir y vencer al Maligno.

Y en este siglo, cuando el ateísmo se ha organizado como fuerza destinada a la conquista del mundo entero y a la total destrucción de mi Iglesia, me he mostrado de nuevo desde el Cielo para deciros que no temáis, porque en esta terrible lucha Yo seré la vencedora: “¡Al final mi Corazón Inmaculado triunfará!”

Vosotros, pobres hijos míos, sois los más golpeados en esta lucha que se libra sobre todo entre Yo y mi Adversario, la antigua serpiente, Satanás, el seductor y el artífice de todo mal.

Por eso, antes aún de anunciaros la batalla, como Madre os he invitado a buscaros un refugio seguro. Refugiaos en Mí; entregaos completamente a mi Corazón Inmaculado.

Mi Corazón Inmaculado: comprended ahora, hijos, por qué éste es el mayor don que el Padre celestial os ofrece.

Mi Corazón Inmaculado: es vuestro más seguro refugio y el medio de salvación que en estos momentos Dios da a la Iglesia y a la Humanidad.

Especial intervención de mi Corazón Inmaculado es la Obra que estoy haciendo en mi Iglesia para llamar a refugiarse en Mí a todos los Sacerdotes, mis hijos predilectos.

¿Veis cómo Satanás ha penetrado ya en el interior de la Iglesia? ¿Cómo engaña, corrompe y arrastra a tantos pobres hijos míos Sacerdotes?

Ésta es, pues, la hora en que también Yo personalmente intervengo.

Os he llamado a la confianza, al completo abandono y a consagraros todos a mi Corazón Inmaculado. Os he revelado mi plan, os he dicho cuáles son las armas elegidas por Mí para esta batalla.

Ahora, hijos, os confirmo que Yo sola seré la vencedora.

Esta victoria mía ya ha comenzado y pronto resplandecerá sobre toda la Iglesia y sobre toda la humanidad renovada, cuando Satanás una vez más será aplastado por la fuerza de mi pie virginal.”

(Mensaje de la Virgen al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)


Si desea recibir estos mensajes sobre la interpretación del Apocalipsis, en su correo electrónico, por favor:
SUSCRÍBASE AQUÍ

 

 

En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno. Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento". Yo, Daniel, miré y vi que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y otro en la orilla opuesta. Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: "¿Para cuándo será el fin de estos prodigios?". Yo oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él alzó su mano derecha, y su mano izquierda hacia el cielo y juró por aquel que vive eternamente: "Pasará un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se haya acabado de aplastar la fuerza del pueblo santo, se acabarán también todas estas cosas". Yo oí, pero no entendí. Entonces dije: "Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?". Él respondió: "Ve Daniel, porque estas palabras están ocultas y selladas hasta el tiempo final. Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán. A partir del momento en que será abolido el sacrificio perpetuo y será instalada la Abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. ¡Feliz el que sepa esperar y llegue a mil trescientos treinta y cinco días! En cuanto a ti, ve hacia el Fin: tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días". (Daniel 12, 1-13)

Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

Esta sección se crea el 2 de Abril de 2010, Viernes Santo, y día del Siervo de Dios Juan Pablo II, a quien se la encomendamos, junto con la interpretación correcta del Apocalipsis y todas las profecías que hablan sobre el Fin de los Tiempos.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que estemos escritos en el Libro de la Vida el Último Día.