Actualizado el jueves 30/MAR/17

Interpretación del Apocalipsis

Denver (Colorado-U.S.A.) 23 de mayo de 1987

Las profundas heridas

“Soy vuestra Madre Inmaculada.

Soy la consoladora de los afligidos.

Cuántos sufrimientos encuentras, hijo, en este tu camino. Mientras por todas partes recibes una respuesta tan generosa a mi llamada, por parte de mis Sacerdotes y, sobre todo, por parte de tantos fieles, ves también por doquier las profundas heridas y los grandes dolores, que son los signos de los tiempos perversos que vivís.

Sufren aquellos que rechazan a Dios y caminan por la senda de una vida vacía y desesperada.

Sufren los pequeños que se abren a la vida en un mundo que se ha convertido en un inmenso desierto de amor.

Sufren los jóvenes a quienes se les proponen todas las experiencias del mal y a quienes se traiciona con una tan vasta difusión de la impureza y de la droga.

Sufren los adultos por la división que ha penetrado en las familias y por la tremenda plaga del divorcio.

Sufren los ancianos, que son abandonados a sí mismos y se sienten como un peso insoportable.

Los días del castigo que vivís están señalados por profundos sufrimientos.

No os desalentéis.

Entrad en el refugio de mi Corazón Inmaculado.

Dejaos conducir por mi Luz, que resplandecerá cada vez más, porque éstos son mis tiempos.

Yo soy el rocío sobre cada una de vuestras heridas.

Yo soy el consuelo de cada uno de vuestros dolores.

Yo soy vuestra tierna Madre que está junto a vosotros para conduciros al Señor de la salvación y de la alegría.” 

Comentario: 

Estamos en los tiempos de la purificación del mundo y de la Iglesia y por eso los sufrimientos aumentan para todos. Es el momento de que tomemos conciencia de ello y nos preparemos, con oración y penitencia, y sobre todo con gran entereza, a hacer frente a los tiempos que ya son malos, pero en los que María actuará mucho más, consolando a todos sus hijos maltratados por el demonio.

Es tiempo de que nos consagremos a María, si todavía no lo hemos hecho, porque así como el niño pequeño necesita siempre de su mamá, así también nosotros los hombres, los eternos niños, necesitamos de una Mamá, la Santísima Virgen, que nos guíe de la mano en estos tiempos tan malos y llenos de sufrimientos y dolores de todas clases, y sobre todo para que nos consuele y calme nuestros dolores.

Después de este sufrimiento vendrá la gran felicidad, pues ya el Señor ha anunciado en su Evangelio que estos tiempos que vivimos son semejantes a los que vive la mujer antes del parto, que son tiempos de angustia y aprieto. Pero cuando nace el niño y pasa el dolor, ya hay alegría porque ha nacido un hombre en el mundo.

Así también ahora es para la humanidad entera, que sufre dolores como de parto. Pero después de la prueba de dolor que pasemos, nacerá en el mundo una nueva era de felicidad donde Cristo reinará desde la Eucaristía.

Pensando en esta hermosa promesa, consagrémonos al Inmaculado Corazón de María para pasar a salvo esta gran prueba en la que ya estamos inmersos y que se irá intensificando, y así llegar a ver los cielos nuevos y la nueva tierra.

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)


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En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno. Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento". Yo, Daniel, miré y vi que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y otro en la orilla opuesta. Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: "¿Para cuándo será el fin de estos prodigios?". Yo oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él alzó su mano derecha, y su mano izquierda hacia el cielo y juró por aquel que vive eternamente: "Pasará un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se haya acabado de aplastar la fuerza del pueblo santo, se acabarán también todas estas cosas". Yo oí, pero no entendí. Entonces dije: "Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?". Él respondió: "Ve Daniel, porque estas palabras están ocultas y selladas hasta el tiempo final. Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán. A partir del momento en que será abolido el sacrificio perpetuo y será instalada la Abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. ¡Feliz el que sepa esperar y llegue a mil trescientos treinta y cinco días! En cuanto a ti, ve hacia el Fin: tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días". (Daniel 12, 1-13)

Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

Esta sección se crea el 2 de Abril de 2010, Viernes Santo, y día del Siervo de Dios Juan Pablo II, a quien se la encomendamos, junto con la interpretación correcta del Apocalipsis y todas las profecías que hablan sobre el Fin de los Tiempos.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que estemos escritos en el Libro de la Vida el Último Día.