PortadaActualizado el miércoles 11/FEB/15

Interpretación del Apocalipsis

Dongo (como), 12 de noviembre de 1988

San Josafat, mártir

Seréis perseguidos

“Hijos predilectos, porque ésta es vuestra hora, estáis llamados a sufrir cada vez más.

Jesús os invita a seguirlo por la senda del Calvario.

Veo qué grande es la Cruz que hoy debéis llevar y estoy al lado de cada uno de vosotros con mi ternura de Madre.

–No permitáis que el desconsuelo se apodere de vosotros.

Con frecuencia mi Adversario os hiere, sirviéndose de personas buenas, a quienes vosotros de muchas maneras habéis beneficiado. A veces hasta se sirve de vuestros mismos hermanos.

Han llegado los tiempos, que Yo misma os predije, en que los Sacerdotes que me veneran, me escuchan y me siguen, son mofados, vilipendiados y combatidos por otros Sacerdotes que, no obstante, son también hijos de mi materna predilección.

Se os llama, pues, a entrar en el huerto de Getsemaní, con vuestro hermano Jesús, que quiere revivir en vosotros las dolorosas horas de su interior agonía.

Saboread también vosotros la amargura de su cáliz, y repetid junto a Él con filial abandono: “Padre, hágase tu Voluntad, no la mía”.

Preparaos a experimentar el indecible sufrimiento de ser abandonados por los más fieles, escarnecidos por los hermanos, marginados por los Superiores, combatidos por los amigos, perseguidos por los que se han comprometido con el mundo y se han asociado al ejército secreto de la Masonería.

–No permitáis que se apodere de vosotros el desaliento.

Estos son los tiempos de la valentía y del testimonio.

Vuestra voz debe proclamar, de manera cada vez más fuerte, la Palabra del Evangelio y todas las verdades de la fe católica.

Debéis desenmascarar cualquier error, superar las solapadas insidias, rechazar toda componenda con el espíritu del mundo, dar a todos el ejemplo de vuestra fidelidad a Cristo y a su Iglesia.

Han llegado los tiempos en que Jesús Crucificado debe ser amado y glorificado por vosotros.

Llevadlo siempre con vosotros y mostradlo a todos como el solo Salvador y Redentor.

También para vuestra perversa generación no hay otra posibilidad de salvación si no es en Jesucristo, y Éste, Crucificado.

–No permitáis que se apodere de vosotros el miedo.

Ha llegado el tiempo de vuestra inmolación.

Seréis perseguidos.

Aun los que os obstaculizan, los que os calumnian, los que os desprecian, los que os marginan, los que os persiguen creerán que hacen algo agradable al Padre Celeste e incluso a Mí, vuestra Madre Inmaculada.

Esto forma parte del tiempo tenebroso en que vivís. Porque ahora entráis en la fase más dolorosa y tenebrosa de la purificación y pronto la Iglesia será sacudida por una terrible persecución, nueva, como hasta ahora nunca la ha conocido.

Vivid en la oración.

Vivid en la confianza.

Vivid la hora preciosa de vuestra sacerdotal inmolación Conmigo, vuestra tierna Madre, que os he recogido a todos en el jardín de mi Corazón Inmaculado, para ofreceros al Padre Celeste como víctimas agradables a Él para la salvación del mundo.”

 (Mensaje al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano) 

Comentario: 

Palabras claras de la Santísima Virgen que no dejan lugar a dudas de que ha llegado para la Iglesia el tiempo de la persecución.

Ya Jesús lo dice en el Evangelio que incluso aquellos que persigan a los buenos creerán estar haciendo algo bueno para Dios, pero es porque no conocen, en definitiva, que Dios es amor, y que toda maldad y violencia empleada en mal de los hombres, no viene de Dios sino de otra fuente muy distinta.

Esto forma parte del tiempo tenebroso en que vivimos, en que hasta los mismos doctores y sabios pueden caer -y de hecho caen- en el error, arrastrando en pos de sí a tantísimas almas.

Han llegado los tiempos en que, como dice el dicho popular, hay que poner toda la carne en el asador, es decir, hay que echar mano de todos los recursos que el Cielo ha provisto para estos tiempos, porque si bien la Iglesia saldrá triunfante, es también cierto que si esos tiempos no se abreviaran, no se salvaría ninguno, ni siquiera los mismos elegidos de Dios, como lo dice el mismo Señor en el Evangelio.

Un arma muy agresiva que usa el demonio contra nosotros, es el desaliento, el desánimo. No prestemos oídos a sus artimañas, porque el triunfo es y será de Dios, y si bien ahora el mal parece triunfante, es como dice el Apocalipsis de aquella Bestia: “que era pero que ya no es, y que surgirá del Abismo, pero que va a su perdición”.

Aprovechemos la Comunión sacramental, y volvamos al primitivo fervor si lo hemos perdido. No dejemos pasar ni siquiera un día sin ir a Misa y comulgar, porque allí está nuestra fuerza para resistir a todas las asechanzas del Maligno y vivir bien estos tiempos apocalípticos.

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)


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En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno. Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento". Yo, Daniel, miré y vi que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y otro en la orilla opuesta. Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: "¿Para cuándo será el fin de estos prodigios?". Yo oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él alzó su mano derecha, y su mano izquierda hacia el cielo y juró por aquel que vive eternamente: "Pasará un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se haya acabado de aplastar la fuerza del pueblo santo, se acabarán también todas estas cosas". Yo oí, pero no entendí. Entonces dije: "Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?". Él respondió: "Ve Daniel, porque estas palabras están ocultas y selladas hasta el tiempo final. Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán. A partir del momento en que será abolido el sacrificio perpetuo y será instalada la Abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. ¡Feliz el que sepa esperar y llegue a mil trescientos treinta y cinco días! En cuanto a ti, ve hacia el Fin: tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días". (Daniel 12, 1-13)

Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

Esta sección se crea el 2 de Abril de 2010, Viernes Santo, y día del Siervo de Dios Juan Pablo II, a quien se la encomendamos, junto con la interpretación correcta del Apocalipsis y todas las profecías que hablan sobre el Fin de los Tiempos.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que estemos escritos en el Libro de la Vida el Último Día.

 

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