Actualizado el
miércoles 25/ABR/12(Mensajes de la Santísima Virgen al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano)
Santuario de Castelmonte (Udine), 9 de noviembre de 1984
(Durante la concelebración, inmediatamente después del Evangelio)
Mis mensajes
“Hijos predilectos, habéis subido hoy una vez más aquí, a mi Santuario, a postraros delante de mi Imagen tan venerada, porque es signo de una particularísima presencia mía entre vosotros.
Habéis venido para impetrar mi protección sobre la Iglesia, sobre el mundo, sobre todo el Movimiento Sacerdotal Mariano, difundido por todas partes.
¡Cuánto agradezco la Santa Misa que celebráis en mi honor!
Con vosotros quiero que estén, espiritualmente presentes, todos los hijos predilectos de mi Movimiento de los cinco continentes, porque ya han llegado mis tiempos.
En estos años os he formado como Madre a través de mis Mensajes. Son muchas las palabras de Sabiduría, que he hecho descender de mi Corazón Inmaculado para formaros según mi designio.
Mis Mensajes trazan, ante todo, un camino sencillo, luminoso, que os he señalado y que debéis recorrer cada día, para vivir la consagración que me habéis hecho, para crecer en mi amor y en la vida Conmigo, para madurar cada vez más y prepararos a realizar el plan que os he trazado.
Si algunos de vosotros, después de haberse consagrado a Mí, se han detenido, ha sido porque no escuchan ya, ni meditan, ni viven mis mensajes.
¡Oh!, después de mi triunfo, éstos serán luz para toda la Iglesia; entonces se comprenderá todo lo que Yo he hecho en estos años por vosotros.
Meditad mis mensajes, vividlos.
Si vivís todo lo que os he indicado y recorréis el camino que os he trazado, caminaréis seguros por la senda de la consagración que me habéis hecho, y realizaréis el gran designio del triunfo de mi Corazón Inmaculado.
De lo contrario os detendrán las dudas, el desaliento, las dificultades, la oposición que encontráis. Os detendréis, y no estaréis prontos a cumplir lo que he dispuesto para vosotros, y que hoy es tan necesario para la salvación del mundo, y la renovación de la Iglesia, de la que soy Madre.
En estos Mensajes os revelo también mi designio en su silenciosa preparación, en su dolorosa actuación y en su victorioso cumplimiento.
Ya estáis a punto de llegar al término más doloroso y sangriento de la purificación, que se desarrollará en estos años, antes del gran triunfo de mi Corazón Inmaculado, con la venida del Reino glorioso de Jesús a vosotros.
Es un designio que abraza este siglo.
En 1917 lo anticipé en Fátima, casi como anuncio profético, en el momento en que parecía evidente la gran lucha entre la “Mujer vestida del Sol” y el “Dragón rojo”, que habría de durar durante todo el siglo, como soberbio desafío a Dios por parte de mi Adversario, en la certeza de que lograría destruir la Iglesia, y llevaría a toda la humanidad a un universal rechazo de Dios.
El Señor le ha concedido este espacio de tiempo, para que cuando termine el plazo, la soberbia del Dragón Rojo sea humillada y vencida por la humildad, por la pequeñez y por el poder de vuestra Madre Celeste, la Mujer vestida del Sol, que ahora reúne a todos sus hijitos en su ejército, ordenado para la batalla.
Ahora que llegáis a los años más dolorosos y sangrientos de esta terrible lucha, he intervenido personalmente para formarme mi ejército a través del Movimiento sacerdotal Mariano, que es obra Mía. Por esto he elegido como instrumento un hijo entre los más débiles, humanamente el más desprovisto, y lo he llevado a todas las partes del mundo para demostrar a todos que lo que está sucediendo, se debe sólo a una personal y extraordinaria intervención Mía.
Por consiguiente no temas, hijo, las dificultades que encuentras cuando te parece que algún instrumento elegido por Mí, engañado por Satanás, ya se niega a corresponder a mi designio.
Ten confianza en Mí: Yo sola soy la Capitana de mi ejército; Yo sola soy la Madre y Reina de mi Movimiento.
Utilizo los instrumentos que me responden; escojo a otros, cuando no me responden ya los que elegí.
Yo misma llevo adelante cada día esta Obra para la gran batalla que estamos combatiendo (...).”
Comentario:
Efectivamente el demonio pidió permiso a Dios para tentar a la Iglesia por el período de un siglo, diciendo que si se le concedía ese tiempo, la destruiría.
Entonces la Virgen ha aceptado el desafío que lanzó Satanás, y desde los primeros años del siglo XX ha comenzado la lucha decisiva entre la Mujer vestida de sol, que es la Virgen, y el Dragón rojo, que es el demonio, pero también el ateísmo marxista, el comunismo.
Esta lucha se va intensificando y cada día que pasa se comprometen más en ella cada uno de los respectivos ejércitos. Hasta que al culminar el período de tiempo (un siglo) concedido al demonio para perder a la humanidad, el Inmaculado Corazón de María triunfará.
Estamos en tiempos difíciles y en los umbrales de acontecimientos muy graves, y es por eso que tenemos que intensificar nuestra oración y vida de penitencia, para estar bien preparados al tremendo choque entre el Bien y el Mal.
Si seguimos los consejos de nuestra Celestial Capitana, la Santísima Virgen, y hacemos caso de sus numerosos mensajes que da por todo el mundo, entonces no debemos temer nada ni a nadie, sino que consagrados a su Corazón Inmaculado, participaremos de la victoria que Ella obtendrá al aplastarle nuevamente la cabeza a la serpiente infernal.
No nos dejemos arrastrar por el materialismo, que es el error que el Dragón rojo difunde por todas partes para atrapar a los incautos y hacerlos sus esclavos. Sigamos a María, estando siempre dispuestos a combatir con las armas de siempre: oración, sufrimiento, penitencia, amor, humildad, confianza y alegría, porque el triunfo ya sabemos que es de Dios y de su Madre, y nosotros triunfaremos con Ellos.
(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)
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En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno. Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento". Yo, Daniel, miré y vi que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y otro en la orilla opuesta. Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: "¿Para cuándo será el fin de estos prodigios?". Yo oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él alzó su mano derecha, y su mano izquierda hacia el cielo y juró por aquel que vive eternamente: "Pasará un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se haya acabado de aplastar la fuerza del pueblo santo, se acabarán también todas estas cosas". Yo oí, pero no entendí. Entonces dije: "Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?". Él respondió: "Ve Daniel, porque estas palabras están ocultas y selladas hasta el tiempo final. Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán. A partir del momento en que será abolido el sacrificio perpetuo y será instalada la Abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. ¡Feliz el que sepa esperar y llegue a mil trescientos treinta y cinco días! En cuanto a ti, ve hacia el Fin: tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días". (Daniel 12, 1-13)
Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. (II Pedro 3, 3-9)
Esta sección se crea el 2 de Abril de 2010, Viernes Santo, y día del Siervo de Dios Juan Pablo II, a quien se la encomendamos, junto con la interpretación correcta del Apocalipsis y todas las profecías que hablan sobre el Fin de los Tiempos.
Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que estemos escritos en el Libro de la Vida el Último Día.