PortadaActualizado el miércoles 17/SEP/14

Interpretación del Apocalipsis

(Mensajes de la Santísima Virgen al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano)

Viena (Austria), 31 de agosto de 1988

Ejercicios Espirituales, en forma de Cenáculo, con los Sacerdotes
del M.S.M. de Austria, Alemania, Yugoslavia y Hungría

Con los ojos alzados a María

“Hijos predilectos. ¡Cómo consuela a mi Corazón dolorido el veros aquí a todos juntos para celebrar una semana de continuo Cenáculo!

Siempre me uno a vuestra oración, que hacéis Conmigo y por medio de Mí.

Participo con gozo en vuestra fraternidad y construyo entre vosotros un mayor amor, os ayudo a comprenderos, a caminar más unidos por la difícil senda de vuestro tiempo.

Acojo con alegría el acto de consagración a mi Corazón Inmaculado, que cada día renováis durante la Concelebración de la Santa Misa.

Os obtengo con sobreabundancia el don del Espíritu Santo, que se os comunica por el Padre y el Hijo, por la potente intercesión de vuestra Madre Celeste.

Habéis entrado en mis tiempos.

Habéis sido llamados a ser mis apóstoles en estos últimos tiempos.

El Año Mariano, que en este mes se acaba de concluir oficialmente, ha sido querido por Mí como el inicio de un período de tiempo, en el cual vuestra Madre Celeste actuará, de manera cada vez más fuerte, en los corazones, en las almas y en la vida de sus hijos, para realizar el triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.

Comienza ahora el tiempo de vivir con los ojos alzados a María, como os ha dicho mi papa Juan Pablo II.

Con los ojos alzados a María: así sois iluminados por la luz virginal de mi fe, que os conduce a acoger con humildad la Palabra de Dios, a custodiarla con amor, a vivirla con coherencia, a predicarla con fidelidad.

Os ilumino el camino que debéis recorrer para permanecer siempre en la verdadera fe y para convertiros vosotros mismos en valientes testigos de fe.

Cuántos errores se difunden en vuestros Países, con frecuencia causados por la actitud de soberbia por parte de muchos teólogos, que no aceptan ya el Magisterio de la Iglesia.

Así, muchos hijos míos se alejan cada día de la verdadera fe y caen en las profundas tinieblas de la apostasía.

Sed hoy vosotros firmes testigos de fe, aceptando con docilidad cuanto el Papa y el auténtico Magisterio de la Iglesia enseñan aún, predicando todas las verdades de la fe católica, especialmente las que ya no se anuncian.

Os convertís entonces en luz para muchos hermanos vuestros, que caminan en las más densas tinieblas.

Con los ojos alzados a María: así sois iluminados por la luz virginal de mi pureza y santidad.

Cuántos viven envueltos en la oscuridad del pecado, del mal, de la impureza, de la soberbia, de la blasfemia, de la idolatría y de la impiedad.

Debéis seguirme por el camino de la santidad, que se alcanza con un firme compromiso de combatir el pecado, en todas sus sutiles manifestaciones, de vivir en gracia de Dios, en el amor, en la pureza, en la caridad, en el ejercicio de todas las virtudes.

Contribuís, entonces, a curar la gran llaga del materialismo, que ha traído a vuestros Países la enfermedad de la inmoralidad, de la exasperada búsqueda de los placeres, del bienestar, del egoísmo desenfrenado, de la avaricia, de la insensibilidad a las exigencias de los pequeños, de los pobres y de los más marginados.

Con los ojos alzados a María: así sois iluminados por la luz virginal de mi oración y de mi amor materno.

Multiplicad vuestros Cenáculos de oración.

Recitad siempre el santo Rosario.

Difundid en vuestros Países los Cenáculos familiares como remedio a los grandes males que amenazan a vuestras familias con la división, el divorcio, la legitimación del aborto y de todos los medios para impedir la vida.

Vuestra oración se oriente siempre a Jesús en la Eucaristía. Sea una oración de perenne adoración, de reparación, de alabanza y de acción de gracias a Jesús Eucarístico.

Vuelva a florecer, por todas partes, el amor y la adoración a Jesús presente en la Eucaristía. La venida del Reino glorioso de Cristo, coincidirá con el triunfo del Reino Eucarístico de Jesús.

Amad a Jesús, imitadlo, caminad por la senda del desprecio del mundo y de vosotros mismos.

La Luz de Cristo sea la única que os ilumine, bajo la mirada de mis ojos maternos y misericordiosos en el momento que vivís de la gran tribulación.

Mi luz, como aurora que surge, se difunde desde el Oriente, y se hace cada vez más intensa hasta iluminar a todo el mundo.

Salid de este Cenáculo con la luz de Cristo y de vuestra Madre Inmaculada e id a iluminar la tierra en estos días de profunda oscuridad.

Con Austria y Alemania, desde aquí bendigo a todos los países vecinos, que están aún bajo el yugo de una gran esclavitud, y hoy os anuncio que está ya cercano el momento de su liberación.” 

Comentario: 

Cuando el niño se siente en peligro enseguida busca a la mamá, busca mirarla y llamarla en su auxilio. Así también nosotros los hombres de esta generación, ante los inminentes peligros de todo tipo que nos amenazan, debemos buscar a nuestra Madre del Cielo, a la Santísima Virgen María y elevar nuestra mirada hacia Ella, que en estos tiempos es la Mujer vestida de Sol del Apocalipsis, que combate contra el demonio.

Aprovechemos este tiempo de relativa calma todavía, para unirnos más estrechamente a María, para que cuando llegue el momento de la gran prueba para el mundo y para todos, sepamos buscar el auxilio en la Virgen.

Somos como los pollitos que, al ver venir al gavilán, acuden presurosos bajo las alas de la gallina. Así también nosotros, al ver tantos males en el mundo y en nuestras vidas, causados por el demonio, tenemos que correr espiritualmente al refugio que Dios nos ha preparado: el Corazón Inmaculado de María. ¿Y cómo lo hacemos? Consagrándonos a la Virgen. Tratando de vivir fielmente la consagración, recordando que le hemos entregado todo, nuestro pasado, nuestro presente y el futuro, también los bienes materiales y espirituales y le hemos dado también nuestros seres queridos para que Ella disponga de todo según su beneplácito, que será en bien nuestro.

Porque no sabemos que nos depara el futuro, y es por eso que quizás María quiera llevarse a algunos antes de que los tiempos se tornen difíciles. Estemos preparados para las posibles separaciones, y aceptemos todo lo que María vaya disponiendo en nuestras vidas y en las vidas de quienes amamos. Nosotros sólo confiemos ciegamente en María, que sabe lo que hace, y que busca nuestro bien y el bien de los que amamos.

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)


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En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno. Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento". Yo, Daniel, miré y vi que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y otro en la orilla opuesta. Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: "¿Para cuándo será el fin de estos prodigios?". Yo oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él alzó su mano derecha, y su mano izquierda hacia el cielo y juró por aquel que vive eternamente: "Pasará un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se haya acabado de aplastar la fuerza del pueblo santo, se acabarán también todas estas cosas". Yo oí, pero no entendí. Entonces dije: "Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?". Él respondió: "Ve Daniel, porque estas palabras están ocultas y selladas hasta el tiempo final. Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán. A partir del momento en que será abolido el sacrificio perpetuo y será instalada la Abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. ¡Feliz el que sepa esperar y llegue a mil trescientos treinta y cinco días! En cuanto a ti, ve hacia el Fin: tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días". (Daniel 12, 1-13)

Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

Esta sección se crea el 2 de Abril de 2010, Viernes Santo, y día del Siervo de Dios Juan Pablo II, a quien se la encomendamos, junto con la interpretación correcta del Apocalipsis y todas las profecías que hablan sobre el Fin de los Tiempos.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que estemos escritos en el Libro de la Vida el Último Día.

 

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