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Actualizado el viernes 10/JUL/15

Mensaje de Misericordia

Odiar al pecado, no al pecador. 

El Señor nos manda odiar al pecado, no al pecador. Y a veces nos sucede que amamos al pecador, pero también amamos su pecado, ya sea por respeto humano o por vergüenza que nos da el tratar de corregirlo con caridad. Y otras veces odiamos el pecado y también al pecador. Ambos errores están mal, y hay que amar al pecador, y condenar sólo su pecado. En esto consiste el ser misericordiosos que nos enseña Jesús, en tener compasión con todos, sabiendo disculpar las faltas en los demás, porque si nosotros no caemos en graves pecados, y peores aún que los que vemos cometer a los demás, no es tanto por mérito nuestro sino más bien por la ayuda de Dios, que no nos deja de su mano. Si Dios no nos asistiera, seríamos los pecadores más dignos del Infierno. Y esto nos debe hacer sobre todo humildes, para saber compadecernos de quienes caen, porque para juzgar está Dios, y a nosotros nos toca perdonar a todos, odiando sólo el pecado, el mal.

Y recordemos aquella promesa solemne del Señor, que si somos misericordiosos, también recibiremos misericordia. Y como nadie puede salvarse en justicia, y todos necesitamos de la Misericordia de Dios y la de nuestros hermanos, entonces no pongamos límites a prodigar nuestra misericordia hacia todos. Es un buen negocio, digno del Cielo y de llevarlo a cabo por nuestro propio bien, temporal y eterno.

Jesús, en Vos confío.


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“A las almas que propaguen la devoción a mi Misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa protege a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez sino Salvador misericordioso”.

“Las almas que adoren mi Misericordia y propaguen la devoción a ella invitando a otras almas a confiar en mi Misericordia, no experimentarán terror en la hora de la muerte. Mi Misericordia les dará amparo en este último combate”.

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