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Actualizado el domingo 1/NOV/15

Mensaje de Misericordia

Regla de oro. 

El Señor, en su Evangelio, nos ha dado una regla de oro, que si la cumplimos, seremos felices en el tiempo y en la eternidad: “No hagas a los demás lo que no quisieras que hagan contigo. Y haz a los demás lo que quisieras que los demás hagan por ti”.

Esto es misericordia, porque el no hacer mal a nadie está bien, pero hay que ir más allá, hay que hacer el bien a todos, pues para salvarse hay que tener fe y también buenas obras.

Si pensáramos en esta regla de oro que nos da Jesús, cuando tratamos con nuestros prójimos, ¡cuánto bien nos vendría y cuánto bien haríamos a todos!

Tengamos esta regla de oro presente a nuestro entendimiento y, sobre todo, nuestra voluntad dispuesta a cumplirla constantemente, porque así de fácil es la religión católica. No es menester saber mucho para agradar a Dios, sino más bien se trata de amar mucho, haciendo el bien a todos y a ninguno el mal, y haciendo por los demás lo que nos gustaría que hicieran con nosotros si estuviéramos pasando por una situación similar.

Es lo que promete el Señor para quien sea misericordioso: que obtendrá Misericordia, de Dios y de sus prójimos.

Si el mundo fuera misericordioso, ¡qué bendición sería para la Tierra! Los hombres viviríamos pendientes unos de los otros, tratando de competir para ver quién es mejor y mayor servidor de los hermanos. Pero en el mundo reina Satanás, y por eso hay dureza, egoísmo y maldad en los hombres envenenados por el Maligno.

Al menos nosotros, que nos decimos católicos y seguidores de Cristo, practiquemos la misericordia siempre, y tendremos una veta de consuelo en lo profundo de nuestra alma, y luego, en la eternidad, el Cielo bendito.

Jesús, en Vos confío.


Difunda este Mensaje de Misericordia, ya que Jesús ha prometido que:

“A las almas que propaguen la devoción a mi Misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa protege a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez sino Salvador misericordioso”.

“Las almas que adoren mi Misericordia y propaguen la devoción a ella invitando a otras almas a confiar en mi Misericordia, no experimentarán terror en la hora de la muerte. Mi Misericordia les dará amparo en este último combate”.

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