Actualizado el viernes 7/SEP/18

Mensaje espiritual 

Astucias del demonio. 

Cuando se construye una casa hay que guardar un orden en su construcción. Primero se ponen los cimientos, luego las paredes, el techo y las puertas y ventanas. Y si queremos tirarla abajo, debemos respetar también un orden inverso, es decir, comenzar por destruir las puertas y ventanas, techo, paredes y por fin los cimientos.

Lo mismo sucede con nuestra vida espiritual cuando vamos construyendo el edificio de la virtud en nuestras almas.

Y cuando el demonio quiere destruir, no va a presentarnos una tentación muy grave, que haga que nos escandalicemos y horroricemos de cometer ese pecado, sino que nos tentará con algo más pequeño, es decir que el demonio querrá comenzar por la destrucción de las cosas menos importantes, de las puertas y ventanas, los pecados leves; para más adelante seguir con su obra demoledora, hasta llegar a las paredes y los cimientos, los pecados mortales.

Por eso debemos estar atentos y no dejarnos llevar por las astucias diabólicas, que nos quiere hacer creer que los pecados leves no hacen ningún daño y podemos cometerlos sin muchas preocupaciones. Recordemos que ya lo dice el Señor en el Evangelio, que el que sea fiel en lo poco, también lo será en lo mucho; y en cambio el que es deshonesto en lo poco, también lo será en lo mucho. También dice la Escritura que el que desprecia lo pequeño, poco a poco se precipitará. Es decir que el que no da importancia a los pecados leves, con el tiempo caerá en pecados graves.

Así que atención porque en la vida espiritual no hay nada pequeño, sino que tenemos que ser santos en todo, a todas horas, en todos los lugares y completamente, sin descanso, sin perezas, sin retrocesos; confiando en Dios y en su gracia, y poniendo de nuestra parte la buena voluntad. Hasta el momento de nuestra muerte deberemos luchar, ya que como dice Job, es milicia la vida del hombre sobre la tierra.

Recordemos también que en la vida espiritual uno nunca se queda en un mismo lugar, sino que, o adelanta, o retrocede. Y tampoco podemos andar por dos caminos opuestos, el de la virtud, que lleva al Cielo; y el del pecado, que lleva al Infierno. No podemos estar con Cristo y con el demonio, no hay términos medios, o se está con uno o con el otro.

Entonces tengamos presentes todas estas cosas y seamos sobrios, vigilemos y oremos para no dar lugar al demonio a que destruya nuestra vida de gracia, nuestra vida espiritual.

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