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Devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Actualizado el sábado 13/DIC/14

No podemos tener miedo. 

7 DE AGOSTO DE 1922

 

Después de comulgar, Sor Josefa le pide a Jesús que le dé tanta confianza en Su Corazón como pena por sus faltas.  Poco después el Señor le concede una visión simbólica muy significativa.  Sor Josefa escribe:

          “Serían las nueve y media, sin saber dónde estaba, tenía delante de mi vista un sitio oscuro, cubierto de niebla.  Era como un patio o jardín no muy grande y se notaba un olor a humedad, muy malo; muchas hierbas y espinas, altas como varas de rosal pero sin hojas.  Después vino un poco de claridad como de sol.  Vi muy bien aquel desorden de espinas y yerbas que estaban como llenas de agua sucia y eso era lo que producía el mal olor.  Después desapareció.  No comprendía qué podía ser esto, y me fui a la capilla.

          De pronto, Jesús se presenta a Sor Josefa, muy hermoso,  y le dice:

          “Amada Mía, ¡Miseria de Mi Corazón…!  Yo soy el sol que te da a conocer tu miseria.  Cuanto más grande la veas, más debe aumentar hacia Mí tu ternura y amor; no temas.  El fuego de Mi Corazón consume tus miserias.  Tu corazón es una tierra viciada que no puede producir fruto bueno.  Pero Yo soy el Jardinero que cultivará esa partecita de tierra.  Enviaré un rayo de sol que la purifique, y Mi mano sembrará…  Sigue siendo pequeñita, muy pequeña…  Yo soy bastante grande, soy tu Dios, soy tu Esposo, tú eres la miseria de Mi Corazón”. 

Comentario: 

Después de estas palabras del Sagrado Corazón de Jesús a Sor Josefa, ya no podemos tener miedo de que Dios no nos ame, porque si somos pecadores y tenemos muchas miserias, somos los preferidos de Jesús, que viene a consumir, con su Misericordia, con su rayo de luz, toda nuestra fealdad.

Cuanto más nos miremos a nosotros mismos y nos veamos feos y miserables, tanto más debemos amar a Jesús y demostrarle ternura, porque Él nos ama así como somos, y si bien quiere hacernos estrellas de su Cielo, a nosotros nos sirve, y mucho, considerarnos miserables, porque en verdad lo somos, ya que ante Dios cualquier hombre es nada.

Que cuando cometamos un pecado no nos avergoncemos ni alejemos de Dios, sino todo lo contrario, corramos a Él y pidámosle perdón amorosamente, diciéndole: “Señor, ves que nada bueno puede salir de mí, que nada bueno puedo hacer sin Ti” Y entonces el Sagrado Corazón de Jesús, que es un horno ardiente de amor, nos abrasará y caldeará en su Misericordia, y saldremos limpios como nunca antes lo habíamos estado, porque el amor borra muchos pecados, y a quien mucho ama, mucho se le perdona; y si ama del todo, absolutamente TODO se le perdona.

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

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