PortadaActualizado el miércoles 25/ABR/12

(Sección especialmente dedicada para los Apóstoles del Rosario)

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Mensaje sobre el Santo Rosario

Perdonar para ser oídos. 

“Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Nuestros pecados –dicen San Agustín y Tertuliano– son deudas que contraemos con Dios, y su justicia exige el pago hasta el último céntimo. ¡Y todos tenemos estas tristes deudas! Pero, no obstante nuestras numerosas culpas, acerquémonos a Él confiadamente y digámosle con verdadero arrepentimiento: Padre nuestro que estás en los cielos, perdona los pecados de nuestro corazón y nuestra boca, los pecados de acción y omisión, que nos hacen infinitamente culpables a los ojos de tu justicia. Porque, como hijos de un Padre tan clemente y misericordioso, perdonamos, por obediencia y caridad, a cuantos nos han ofendido.

 (El Secreto Admirable del Santísimo Rosario, San Luis M. Grignion de Montfort) 

Comentario:  

Si queremos ser oídos por Dios en la oración, en el rezo del Santo Rosario, es necesario que perdonemos de corazón a los que nos han ofendido.

Ya desde el comienzo de la oración tenemos que pedir perdón a Dios, y perdonar a todos en lo interior, porque una oración hecha con odio, resentimiento y rencor, no tiene valor para el Cielo.

Si no perdonamos de corazón, entonces sucederá una de estas dos cosas: o dejaremos de rezar el Rosario, porque cada vez que lo rezamos será como una interpelación para nosotros; o bien al final perdonaremos debido a la constancia del rezar cada día el Rosario.

Ojalá suceda esta última instancia, ya que si dejamos la oración, muy pronto estaremos en manos de Satanás, que intensificará nuestros odios y rencores, nos agriará el carácter, nos hará ser cada vez más hoscos y renegados, y quién sabe si al final no terminaremos condenándonos en el abismo infernal. Porque como bien ha dicho San Alfonso María de Ligorio: “El que reza se salva y el que no reza se condena”.

Arranquemos de raíz las hierbas del odio y el rencor, antes de que éstas se conviertan en plantas enormes que casi no se pueden derribar.

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