Actualizado el martes 14/FEB/17

Milagro Eucarístico

EL MOTÍN DE LA TRUCHA 

Año 1168 Zamora España 

Las rivalidades entre la clase noble y plebeya habían llegado en el año 1168 a tal extremo dentro de los muros de Zamora, que bastaba cualquier pequeño incidente para producir el más tremendo conflicto.

En efecto: había comprado una trucha y abonado su importe el hijo de un zapatero, cuando llegó al puesto de venta el mayordomo de un caballero Regidor, el cual pretendió llevársela en el mismo ajuste y trato conforme al privilegio de preferencia en favor de la nobleza, promoviéndose con este motivo un altercado violentísimo en el que tomó parte todo el pueblo, unos en favor del mayordomo del caballero, y otros, en más crecido número, en favor del honrado menestral, resultando de la razones alegadas por ambas partes, el llevarse este último la codiciada trucha, dejando corrido y avergonzado al mayordomo.

Sabedor de lo ocurrido el noble regidor don Gómez Álvarez de Vizcaya y los demás nobles caballeros, se reunieron en el templo de Nuestra Señora de la Misericordia, hoy Santa María la Nueva, y en tempestuosa sesión profirieron amenazas terribles, asegurando un ejemplar escarmiento, mientras los ministros de justicia prendían a gran número de honrados vecinos, más o menos culpables, a juicio de los nobles, del alboroto promovido.

Exasperada la multitud con tales medidas, se dirigió al templo citado, conducida por un vecino llamado Benito, de oficio pelletero, y sitiada en forma la iglesia y cerradas con la rapidez del rayo sus puertas, se amontonó sobre ellas y sobre los tejados inmensa cantidad de leña y se la prendió fuego, pereciendo abrasados por llamas cuantos dentro se hallaban.

Y entonces fue cuando el Dios de paz y amor, oculto bajo los accidentes eucarísticos, quiso hacer ostentación de su gloria para contener tantos desafueros y sosegar las desbordadas iras de aquel pueblo enfurecido, y rompiendo la Custodia o Sagrario donde estaba encerrada, salió, elevándose en los aires y por medio de las llamas, la sacratísima Hostia y Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, a vista de todos los circunstantes, y atravesando la pared de la capilla o nave, aun no invadida por el fuego, fue a refugiarse en la Casa o Beaterio apellidado de las Dueñas.

Consternado el pueblo ante la magnitud de su crimen y la manifestación del poder de Dios, no menos temeroso del inmediato castigo que le amenazaba, determinó abandonar la ciudad con sus mujeres e hijos en número de más de siete mil almas, acampando en las afueras y más tarde en un campo lindante con la frontera de Portugal, y enviaron desde allí mensajes al rey de León, Don Fernando II, en demanda de perdón, que les fue otorgado con la condición precisa de reedificar, a sus expensas, el indicado templo y obtener del Papa la absolución de las censuras en que habían incurrido. Lo hicieron así en cuanto regresaron a sus hogares, y Alejandro III, que a la sazón ocupaba la Silla Pontificia, les otorgó benignamente la absolución pedida.

La abertura del muro, por donde se verificó la salida de la santa Forma, se conserva todavía resguardada por una reja, y alumbrada de continuo por un farol, que recuerda al pueblo fiel el asombroso suceso de que fueron testigos sus antepasados.

El preciado tesoro de la Forma consagrada ha llevado siempre consigo la Comunidad del Beaterio, hoy Religiosas Dominicas de las Dueñas, extramuros de Zamora, conservándose incorruptas las tres partes en que se dividió la Hostia, como lo testifica el señor obispo don Tomás Belestá, y Camberes en el año 1881, las cuales están depositadas en una caja de filigrana de gran mérito artístico, que a la vez se encuentra encerrada en un bellísimo copón. 

(D. Casimiro Erroe Irigoyen, Pbro. Memorias sobre las santas e incorruptas Formas que se conservan en el Monasterio de Santa María la Real de las Dueñas extramuros de Zamora. Presentada en el Congreso Eucarístico Nacional de Valencia. Año 1893).


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