(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el lunes 27/FEB/17

Obras de Misericordia

Enseñar al que no sabe. 

Se debe enseñar el bien y lo bueno a quien no lo sabe, porque la Sagrada Escritura promete que quien enseñe la justicia a las gentes, brillará como las estrellas del cielo.

En cambio hay que cuidarse de enseñar el mal, porque esta no sería una obra de misericordia sino de maldad. Y esto hoy se hace especialmente con los niños y con los jóvenes, que ya desde la más tierna infancia se les enseña el camino del pecado, en las mismas escuelas y jardines de infantes adonde asisten. ¿Qué castigo les está reservado a los que escandalizan a los pequeños y a los jóvenes? No es expresable en términos humanos.

Entonces debemos enseñar el bien a todos, sin humillar y con humildad, porque lo que hemos recibido de capacidad intelectual o los conocimientos que hemos adquirido por voluntad de Dios no son nuestros sino que Dios nos los ha confiado para que los usemos para el bien de todos.

Incluso no hace falta enseñar religión o las cosas de fe para cumplir con esta obra de misericordia, sino que todo el que enseña con espíritu de caridad al hermano que está en la ignorancia, cumple con esta obra tan necesaria de instrucción.

Y recordemos que nadie ama lo que no conoce, por eso si enseñamos la doctrina católica, haremos que muchos la amen y amen a Dios sobre todas las cosas. Así que enseñar el catecismo es obra de misericordia excelente, tal vez la mejor.

Jesús, en Vos confío.


Dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

Recordemos que las obras de misericordia son las siguientes:

Espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos ajenos, orar a Dios por vivos y difuntos.

Corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los muertos.

Dijo también Jesús: "Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente".

La Misericordia divina es infinita, pero la podemos limitar con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta de misericordia con el prójimo.

¡Qué menos que un acto de misericordia hacia el prójimo cada día! Sea de obra, palabra o con la oración.

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