Portada(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el lunes 14/MAY/12

Obras de Misericordia

Obtener misericordia. 

Todos somos más o menos pecadores, y todos necesitamos de la misericordia de Dios. Y Jesús nos ha revelado un secreto en el Evangelio, que quien sea misericordioso con los demás, también obtendrá misericordia de Dios.

¿Y qué esperamos para comenzar a hacer obras de misericordia, ya sean corporales o espirituales? ¿Acaso estamos tan seguros de nuestra salvación eterna? ¿Algún ángel nos ha revelado que estamos confirmados en gracia? ¡No! Simplemente estamos estancados y presumiendo que nos salvaremos con seguridad por el solo hecho que nosotros somos nosotros.

No nos engañemos, porque el Señor quiere obras hechas con amor, porque nos ha creado para que demos frutos, y siendo compasivos y misericordiosos con los hermanos, merezcamos la Vida eterna.

No hace falta salir a los barrios pobres para practicar la misericordia, sino que a nuestro alrededor siempre hay alguien necesitado de nuestro auxilio, socorro, consejo, limosna, palabra de aliento.

Seamos buenos de verdad, como bueno es Dios. Es decir que cuando el Señor en el Evangelio nos ha dicho que seamos perfectos como perfecto es el Padre eterno, nos ha querido decir que seamos buenos como Bueno es Dios Padre, con lo cual nos ha dicho que no hay techo ni límite para ser buenos, siempre hay posibilidad de ser más buenos de lo que somos actualmente. Así que derramemos amor a manos llenas que el premio es grande.

Jesús, en Vos confío.


Dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

Recordemos que las obras de misericordia son las siguientes:

Espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos ajenos, orar a Dios por vivos y difuntos.

Corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los muertos.

Dijo también Jesús: "Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente".

La Misericordia divina es infinita, pero la podemos limitar con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta de misericordia con el prójimo.

¡Qué menos que un acto de misericordia hacia el prójimo cada día! Sea de obra, palabra o con la oración.

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