(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el sábado 31/DIC/16

Obras de Misericordia

Enterrar a los muertos. 

El cuerpo humano es sagrado, porque es templo del Espíritu Santo, y aunque la persona no esté en gracia de Dios, igual tiene un alma que fue creada por Dios y es como una partecita de Dios, por eso hay que tener respeto por el cuerpo de los difuntos y darle cristiana sepultura, porque ha sido habitado por un alma.

Recordemos que en el Antiguo Testamento, el padre de Tobías, tenía la piadosa costumbre de enterrar a los muertos, y Dios aceptó estas obras de misericordia y lo bendijo con la compañía del Arcángel Rafael.

Es que una obra de misericordia es como cuando se arroja una piedra al agua, que hace círculos concéntricos que llegan muy lejos. Así es también una buena obra, tiene influencias muy grandes en las almas y es origen de mucho bien para todos. Solo en el Cielo conoceremos hasta dónde llegó la influencia de una obra de misericordia que hemos hecho.

Y hay que enterrar a los muertos porque aunque el alma no estuviera en gracia, es decir, que Dios no habitara en ella por la gracia, siempre habrá habido un instante, el primero, cuando el alma fue infundida en el cuerpo, en que no tuvo pecado original, aunque luego en el instante el pecado la manchó, pero el cuerpo ya quedó santificado por Dios.

San Pablo lo dice claramente: Somos templos del Espíritu Santo.

Jesús, en Vos confío.


Dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

Recordemos que las obras de misericordia son las siguientes:

Espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos ajenos, orar a Dios por vivos y difuntos.

Corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los muertos.

Dijo también Jesús: "Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente".

La Misericordia divina es infinita, pero la podemos limitar con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta de misericordia con el prójimo.

¡Qué menos que un acto de misericordia hacia el prójimo cada día! Sea de obra, palabra o con la oración.

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