Actualizado el jueves 13/SEP/18

Quince minutos con el Divino Niño Jesús

Jesús de mi alma.

Divino Niño Jesús de mi alma, tú eres mi Dios. ¡Sí! ¡Así de pequeñito como eres, sé que eres mi Dios y Señor! Por eso te adoro con todo mi ser, con toda mi alma, y quiero ser tu esclavo de amor, porque sé que amas mucho a tus criaturas, especialmente a los hombres, y a mí me rodeas desde el seno materno con tus cuidados y tu gran amor. Quiero estar a tu lado, de tu mano caminar por el camino que me has trazado desde toda eternidad por un milagro de tu amor y providencia hacia mí. Contigo no tengo miedo de cruzar por las más oscuras quebradas, pues no temo ningún mal, porque Tú eres mi Pastorcito que va a mi lado y me defiende de los peligros y de los lobos rapaces. Yo sé Pequeño Jesús que tú no me abandonarás nunca porque has dado tu vida por mí, y desde ese momento me has comprado con tu preciosa sangre, y no dejarás que perezca quien ha sido comprado a tan alto precio. Te pido que me ames cada vez más, que aumentes tu amor en mí, para que yo me encienda de amor hacia ti, cada día más, hasta que vaya al Cielo a estar contigo para siempre, dichoso a tu lado y con tu Madre Santísima. ¡Te amo, Pequeño Niño Jesús, amor mío!


Del Diario de Santa Faustina Kowalska: 

+ La Hora Santa. Durante esta hora procuraba meditar la Pasión del Señor. No obstante mi alma fue inundada de gozo y de repente vi al pequeño Niño Jesús.  Y su Majestad me penetró y dije: Jesús, Tú eres tan pequeño, pero yo sé que Tú eres mi Creador y Señor. Y Jesús me contestó: Lo soy y trato contigo como un niño para enseñarte la humildad y la sencillez. (Diario # 184) 

+ Jueves.  Al empezar la Hora Santa, quería sumergirme en la agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos. De repente oí en el alma la voz: Medita los misterios de la Encarnación. Y de pronto, delante de mi apareció el Niño Jesús de una belleza resplandeciente.  Me dijo cuánto agradaba a Dios la sencillez del alma. Aunque Mi grandeza es inconcebible, trato solamente con los pequeños, exijo de ti la infancia del espíritu. (Diario # 332) 

Ahora veo claramente cómo Dios obra por medio del confesor y cómo es fiel a sus promesas. Hace dos semanas el confesor me ordenó meditar sobre la infancia del espíritu. Al principio eso me resultaba algo difícil, sin embargo, el confesor sin hacer caso a mi dificultad, me ordenó continuar la meditación sobre la infancia del espíritu. En la práctica esta infancia debe manifestarse así: El niño no se ocupa del pasado ni del futuro, sino que aprovecha el momento presente. Deseo destacar esta infancia del espíritu en usted, hermana, y doy a eso mucha importancia. (Diario # 333) 

Veo cómo [el Señor Jesús] se inclina a los deseos del confesor, ya que en este período no se me aparece como maestro en la plenitud de fuerzas y de humanidad como adulto, sino que se me aparece como un niño pequeño. Este Dios infinito, se humilla hasta mí bajo la apariencia de un niñito pequeño. Pero la mirada de mi alma no se detiene en la superficie. Aunque tomas la apariencia de un niñito pequeño, yo veo en Ti al Inmortal, al Infinito Señor de los señores, adorado (141) día y noche por los espíritus puros, para el cual arden los corazones de los serafines con el fuego del amor purísimo. Oh Cristo, oh Jesús, deseo superarlos en el amor hacia Ti. Les pido el perdón, oh espíritus puros, por haber osado compararme con ustedes. Yo, un abismo de miseria, una vorágine de miseria, pero Tú, oh Dios, que eres un abismo inconcebible de misericordia, absórbeme como el ardor del sol absorbe una gota de rocío. Tu mirada amorosa allana todo abismo. Me siento sumamente feliz de la grandeza de Dios. Ver la grandeza de Dios, es para mi absolutamente suficiente para sentirme feliz por toda la eternidad. (Diario # 334) 

Una vez, al ver a Jesús bajo la apariencia de un niñito pequeño, pregunté: Jesús, ¿por qué ahora tratas conmigo tomando el aspecto de un niñito pequeño?  Después de todo, yo veo en Ti a Dios Infinito, al Creador y a mi Señor.  Jesús me contestó que hasta que yo no aprendiera la sencillez y la humildad, trataría conmigo como a un niño pequeño. (Diario # 335)

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