Actualizado el lunes 6/FEB/17

Quince minutos con María

De tu mano. 

María, Madre mía, estoy contento de caminar tomado de tu mano, porque así todo se me hace más fácil y voy seguro por el camino de mi vida en la tierra, sabiendo que tú siempre estás a mi lado y que no me sueltas de la mano, aunque a veces me sienta como abandonado por ti. Solo es como un juego de tu amor que quiere que te busque para, al encontrarte nuevamente, te abrace y me una más a ti. A veces tengo miedo, Madre, porque no sé qué me espera en el futuro. Pero después pienso que tú también estarás en ese futuro y que me consolarás si debo pasar por alguna enfermedad o prueba, y sé que tu mano cariñosa y dulce enjugará mi llanto o aliviará mi dolor. ¡Qué suerte Madre que te tengo conmigo! Jesús también te tuvo al pie de su Cruz y se consoló viéndote y teniéndote cercana. Yo, con mayor razón, puedo esperar que tú estarás siempre conmigo, y especialmente en el momento de la prueba y de la angustia. Te amo, Madre querida.


Así como todos los días debemos tener por lo menos unos quince minutos de oración personal con Jesús, de ser posible frente al Santísimo Sacramento; así también es necesario que empleemos por lo menos quince minutos de nuestro día a tratar con nuestra dulcísima Madre la Virgen, de ser posible frente a una de sus imágenes benditas.

Es por eso que hoy, 25 de marzo de 2009, comienzo a publicar estos sencillos textos que tratarán de ser una ayuda en la conversación que mantendremos con Nuestra Señora durante esos quince minutos diarios.

Con esta práctica nos acostumbraremos a hablar con María y con el paso del tiempo nuestro hablar con Ella se hará ininterrumpido.

¡Ojalá estos textos den sus frutos y que cada vez amemos más a nuestra Madre del Cielo!

¡Ave María Purísima!

¡Sin pecado concebida! 

 

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