Actualizado el domingo 26/AGO/18

Quince minutos con María

Más alto se sube. 

Madre mía, sé que más alto se sube en el Cielo, cuanto más se ha sufrido en la tierra. Yo por un lado quisiera subir muy alto en el Cielo para estar muy cerca tuyo y de Dios, pero por otro lado tengo miedo al sufrimiento. ¿Quién me ayudará? Solo tú puedes darme el valor para aceptar mis sufrimientos y ofrecerte mi vida para que dispongas de ella según tus deseos. Madre mía, Jesús te ha dado a mí y sé que es el mayor don que me podía hacer el Señor. Ayúdame a ser santo, a llegar al puesto que me está esperando en el Cielo desde toda eternidad. Yo solo soy menos que nada, pero contigo tengo valor para enfrentar al mismo Infierno. María, ten misericordia de mí y cúbreme con tu manto; quédate siempre a mi lado y que tu presencia sea sensible para que no me sienta solo y deprimido en este mundo que cada vez se llena más de odio y de egoísmo. Pero teniéndote a ti, soy feliz. Te amo Madre querida, y espero que me ayudarás a llevar bien mi cruz para ganarme el Cielo que Dios me tiene preparado.


Así como todos los días debemos tener por lo menos unos quince minutos de oración personal con Jesús, de ser posible frente al Santísimo Sacramento; así también es necesario que empleemos por lo menos quince minutos de nuestro día a tratar con nuestra dulcísima Madre la Virgen, de ser posible frente a una de sus imágenes benditas.

Es por eso que hoy, 25 de marzo de 2009, comienzo a publicar estos sencillos textos que tratarán de ser una ayuda en la conversación que mantendremos con Nuestra Señora durante esos quince minutos diarios.

Con esta práctica nos acostumbraremos a hablar con María y con el paso del tiempo nuestro hablar con Ella se hará ininterrumpido.

¡Ojalá estos textos den sus frutos y que cada vez amemos más a nuestra Madre del Cielo!

¡Ave María Purísima!

¡Sin pecado concebida! 

 

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