Actualizado el viernes 20/ABR/18

Quince minutos con María

No lo permitirás. 

María, Madre mía, sé que tú me amas muchísimo y no permitirás que sea tentado más allá de mis fuerzas. Tú me das la mano si caigo, y me ayudas a levantarme y me consuelas por la caída, y me ayudas a subir más alto. Por eso confío en que ni siquiera las caídas en el pecado me pueden alejar de ti, porque tengo confianza en que tú me ayudarás a subir más alto después de la humillación. Es como un niñito cuando comienza a caminar, que se cae y se golpea hasta que aprende, y la madre lo levanta cada vez y lo consuela y sana sus heridas. Solo te pido Madre mía, que tenga siempre la buena voluntad de levantarme de cada caída. ¡Que nunca me quede en el suelo! ¡Que nunca me quede en el pecado, sino que me arrepienta y vuelva a levantarme con tu ayuda! María, Madre mía, estoy feliz de que seas mi Madre, de tener una Mamá y tan buena en el Cielo, que también está en la tierra junto a mí en todo momento. ¡Te amo!


Así como todos los días debemos tener por lo menos unos quince minutos de oración personal con Jesús, de ser posible frente al Santísimo Sacramento; así también es necesario que empleemos por lo menos quince minutos de nuestro día a tratar con nuestra dulcísima Madre la Virgen, de ser posible frente a una de sus imágenes benditas.

Es por eso que hoy, 25 de marzo de 2009, comienzo a publicar estos sencillos textos que tratarán de ser una ayuda en la conversación que mantendremos con Nuestra Señora durante esos quince minutos diarios.

Con esta práctica nos acostumbraremos a hablar con María y con el paso del tiempo nuestro hablar con Ella se hará ininterrumpido.

¡Ojalá estos textos den sus frutos y que cada vez amemos más a nuestra Madre del Cielo!

¡Ave María Purísima!

¡Sin pecado concebida! 

 

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