Actualizado el domingo 27/MAY/18

Reflexionando con la Biblia

La Caída. 

Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comida y una delicia para los ojos, y que el árbol era apetecible para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido (que estaba) con ella, y él comió también. Efectivamente se les abrieron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; por lo cual cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales. (Génesis 3, 6-7) 

Reflexión: 

El demonio siempre usa la misma técnica, porque está congelado en el mal y no puede cambiar su modo de actuar, y siempre nos sugiere que lo que Dios manda es injusto y que Dios quiere nuestro mal, y que prohíbe lo que es un bien para nosotros. Pero debemos saber que lo que Dios prohíbe a los hombres es POR EL BIEN DE LOS HOMBRES. Si Dios ha dado los Diez Mandamientos, no es para hacernos la vida difícil, sino porque cumplirlos nos lleva a la felicidad en la tierra y en el Cielo. Pero el demonio sigue silbando en la sociedad actual, diciendo que los Mandamientos son inútiles y que hay que violarlos para ser “libres”. En realidad lo que se logra al quebrantar los Mandamientos es hacerse esclavos del demonio, que sabe mucho más que nosotros y tiene un odio casi infinito a los seres humanos. El mal no hay que conocerlo. Hay que ser sabios en el bien, pero el mal es mejor no conocerlo, y eso era lo que pretendía Dios, que el hombre desconociera el mal, porque su conocimiento es inútil y nocivo, ya que solo Dios lo puede conocer sin ser afectado. La tentación es linda, por eso es tentación; hay que saber rechazarla. Otro dato que hay que tener en cuenta es que Dios no les quitó los dones que había dado a los hombres, sino que esos dones ellos los perdieron por el pecado, como bien claramente lo nota el texto cuando dice que se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Más adelante dirá que tuvieron miedo. Es porque por el pecado perdieron muchos dones que habían recibido, como la impasibilidad, la paz, la Gracia.

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