Actualizado el jueves 16/FEB/17

Ser santos

Dios es Santo

Dios es Santo, y nosotros, que somos sus hijos adoptivos, también debemos ser santos como Él, ya que el dicho popular nos dice que de tal palo tal astilla.

Ser santo no es una cosa aburrida, sino que es la aventura más maravillosa del mundo, porque es una travesía que desemboca en dos destinos opuestos, o Cielo o Infierno, y nosotros somos los interesados de que el destino eterno sea el Cielo.

A veces vamos al cine a ver una película de aventuras. ¡Pero qué mayor aventura que la de vivir en este mundo! Tenemos la vida que Dios nos ha dado y debemos aprovecharla para salvarnos.

En esta vida hay que combatir contra enemigos jurados de Dios y nuestros, que tratan por todos los medios de alejarnos de la órbita de Dios, de alejarnos de la salvación. Son enemigos de un poder y una maldad casi infinita. ¿Y todavía buscamos la aventura? ¡Pero si estamos embarcados en la aventura más grandiosa que cualquier mente pudo haber soñado! Y nosotros, cada uno de nosotros, somos los protagonistas principales de nuestra propia aventura.

Ojalá, Dios quiera, que esta película de nuestra vida tenga un final feliz. Pero no debemos quedarnos solo con el deseo, sino que tenemos que poner todos los medios para lograr que así sea. Ya lo cantaron los Ángeles en Belén: “Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.

Pongamos entonces buena voluntad para ser santos como Santo es Dios, nuestro Padre amoroso e infinitamente misericordioso.

Si desea recibir estos textos en su correo electrónico, por favor
SUSCRÍBASE AQUÍ