Actualizado el viernes 17/MAR/17

Signos de los tiempos

La gran apostasía. 

Ya nos pone en guardia el Apóstol que antes de que venga el anticristo debe darse la gran apostasía, es decir, la pérdida de la fe de innumerables almas. Pues bien, estamos ya en esta gran apostasía pues el Dragón rojo, que es ateísmo marxista, ha logrado cosechar muchísimas víctimas con el ateísmo teórico y práctico, y ya dentro de la misma Iglesia no se cree en muchos sectores, incluso pastores, y se deja al rebaño que marche por sendas de perdición.

¿Qué debemos hacer los que todavía no hemos perdido la fe? Pues debemos cuidarla de todo ataque porque en estos tiempos es duramente probada nuestra fe, la fe de los que permanecen fieles a Jesús y cumplen sus mandamientos. Tenemos que consagrarnos urgentemente al Inmaculado Corazón de María, ya que Ella nos promete cuidarnos de perder la fe, e incluso ser luces para hacer volver a los que se han alejado de la casa del Padre.

Pero no tengamos miedo, puesto que el triunfo será solo de Cristo y de María, y si bien ahora tenemos que sufrir la Gran Tribulación, al final n os esperan los nuevos cielos y la nueva tierra, en que la humanidad volverá a ser un paraíso terrenal, en que Dios será amado y servido por todos.

Tengamos confianza en María y una gran esperanza. Estemos alegres en medio de las pruebas, sabiendo que la victoria es del Bien sobre el Mal, que por el momento parece estar triunfando.

¡Ven Señor Jesús!


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Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)