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lunes 23/ABR/12La nueva Arca
La Virgen en todas sus apariciones nos ha pedido que nos consagremos a su Corazón Inmaculado porque así estaremos resguardados de todo lo que debe suceder en el mundo. Nos acercamos al fin de los tiempos y al Reino de Dios que se establecerá en la tierra. Pero este Reino no vendrá sin una gran lucha entre el Bien y el Mal, pues Satanás, que domina hoy en el mundo, no soltará fácilmente su presa, y causará grandes calamidades en el mundo, antes de ser derrotado por María Santísima, que aplastará al demonio con su pie virginal. En estos tiempos el Corazón de María es similar al Arca de Noé, a la cual entraban todos los que querían salvarse del diluvio. Ahora también la nueva Arca es el Corazón de María, donde por medio de la consagración, debemos entrar todos los que queremos pasar a salvo los difíciles momentos que ya estamos viviendo y que se avecinan. Consagrados a la Virgen no debemos temer ningún mal porque Ella nos protegerá y nos dará ánimo, fuerza y coraje para ser fieles a Dios y esperar con alegría el glorioso Reino de Cristo que se establecerá en el mundo. Reino de paz, de justicia y de amor; el Reino que pedimos que venga a nosotros en el Padrenuestro.
¡Ven Señor Jesús!
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Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. (II Pedro 3, 3-9)
(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)