Actualizado el domingo 5/FEB/17

Signos de los tiempos

Falta de fe. 

Cuando Jesús habla sobre el fin de los tiempos hace la siguiente pregunta: “¿Cuando el Hijo del hombre vuelva, encontrará fe sobre la tierra?”. Con ello el Señor nos quiere prevenir que la fe, la verdadera fe, se irá perdiendo paulatinamente, y que solo quedará un resto fiel, unido a María y consagrado a su Corazón Inmaculado, que permanecerá fiel al Papa y a Cristo. En otra parte dice el Señor que el que persevere hasta el fin, se salvará.

Estas son cosas que debemos saber para ponernos en guardia y no dejarnos arrastrar por los falsos profetas que hoy abundan, los teólogos presuntuosos, sacerdotes y obispos que se oponen al Papa. Pero ya sabemos quién fue el primer Desobediente: Satanás, y los que desobedecen a la Iglesia, al papa, son hijos del diablo, aunque tengan cargos importantes en la Iglesia.

Es tiempo de que nos consagremos al Corazón Inmaculado de María, para formar así el ejército que vencerá al Anticristo cuando éste se manifieste. Y lo vencerá con el auxilio de María Santísima, que con su talón, aplastará la cabeza a la serpiente infernal.

La Virgen promete que el que se consagre a Ella no perderá la fe. Entonces no perdamos tiempos y consagrémonos lo antes posible a María y llevemos a esta consagración a todos nuestros seres queridos.

¡Ven Señor Jesús!


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Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)