Actualizado el martes 14/FEB/17

Tema de hoy

Para ser felices, evitemos el pecado. 

Debemos confiarle a Dios el cuidado de nuestro buen nombre y de nuestros seres queridos, y cumplir los Mandamientos de Dios para merecer que Él nos cuide y proteja.

Porque, a decir verdad, del cumplimiento de los Diez Mandamientos nos vienen todos los bienes; en cambio del no cumplimiento de los mismos, nos vienen todos los males.

En el mundo hay tanto mal, porque es muy grande el pecado, que es el que atrae los males y castigos. Ya Jesús lo da a entender cuando en el Evangelio le dice al paralítico que acaba de curar: “Vete y no peques más, no sea que te suceda algo peor”.

A veces nos puede parecer que Dios es injusto, porque vemos que en este mundo los malos gozan de salud y de bienes, y los buenos deben padecer enfermedades y males. No siempre es así, pero ocurre frecuentemente. Pues bien, esto se entiende a la luz de la Vida eterna. Porque Dios es Justo, y cada hombre no es ni completamente bueno ni completamente malo. Entonces a los malos, que algo de bien hacen, Dios le premia ese bien aquí en la tierra pero los castigará en el otro mundo si mueren sin arrepentirse. Y a los buenos, lo poco mal que hacen se lo castiga aquí abajo, para que eviten lo más posible el Purgatorio y entren lo antes posible en el Cielo, después de muertos.

Así que no envidiemos a los que todo les va bien, porque no sabemos cómo terminará su vida y qué destino eterno le está reservado. Nosotros no juzguemos a nadie y compadezcámonos de todos, que eso es lo que quiere Jesús de nosotros, que seamos misericordiosos unos con otros a imitación del Padre eterno.

¡Ave María purísima!

¡Sin pecado concebida!

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