Actualizado el lunes 25/JUN/18

Vivir católico

No desalentarnos. 

Ante tanta maldad que vemos en el mundo y en nuestra patria, corremos el riesgo de desalentarnos y bajar los brazos. Esto es justamente lo que busca el demonio, que es un vencido, porque aunque ahora sea el aparente vencedor de esta batalla entre Cielo e Infierno, en realidad el diablo es un gran vencido.

No nos preocupemos por el gran mal que hay en el mundo, porque todo eso desaparecerá en un abrir y cerrar de ojos, cuando la Virgen intervenga, poderosa, y aplaste con su pie virginal a la serpiente maldita.

Recordemos siempre que el mundo es de los malos y el Cielo es de los buenos. No es raro entonces que veamos que a los malvados se les dan todas las ayudas y el demonio les provee de todas sus necesidades materiales y no los molesta ni les causa enfermedades ni desgracias. Esto es así porque el diablo les perdona por el momento, pero en la eternidad desfogará su odio contra esas pobres almas.

Es necesario que todo el mal y todo el bien tengan su cumplimiento en la tierra, hasta que llegue el Juicio Final en que serán separados para siempre los malditos de los benditos, y quedará entonces solamente Cielo e Infierno. ¿En qué lugar de éstos queremos estar? Si elegimos el Cielo, somos inteligentes, y nos sobrevendrán pruebas en este mundo, ya que el demonio nos pondrá trabas y problemas para desanimarnos y hacernos caer en sus trampas. No tengamos miedo y, rosario en mano, avancemos por el camino de la vida, confiando en Dios y en la Virgen, sabiendo que Ellos solo permitirán en nuestra vida lo que sea un bien para nosotros.

Recordemos siempre que Dios puede, en un abrir y cerrar de ojos, hacer justicia. Por eso no nos dejemos llevar por la moda y los malvados, sino mantengámonos fieles, cumpliendo los Diez Mandamientos, y aguardando con paciencia la victoria de Dios y nuestra propia victoria en el Cielo.

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"El que no vive como piensa, termina pensando como vive"

Jesús dijo a sus discípulos: No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el reino de los cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero ésta no se derrumbó, porque estaba construida sobre roca. Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: ésta se derrumbó, y su ruina fue grande. (Mt 7, 21. 24-27)

Se acercó un hombre a Jesús y le preguntó: “Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?”. Jesús le dijo: “¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos”. “¿Cuáles?”, preguntó el hombre. Jesús le respondió: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mt 19, 16-19)

Esta sección es creada el 26 de enero de 2010, memoria de los Santos Timoteo y Tito, a quienes se la encomendamos. En ella iremos viendo todo lo que necesitamos saber para un vivir católico, es decir, para vivir en gracia de Dios hasta la muerte y salvarnos e ir al Cielo y evitar el Infierno.