Actualizado el
domingo 22/ABR/12Vivir como resucitados.
En el bautismo hemos muerto con Cristo y resucitado a una vida nueva. Por eso debemos tomar conciencia de que tenemos que vivir ya como resucitados, como hombres nuevos, porque en nosotros Cristo ha vencido a la muerte.
Efectivamente si Cristo no hubiera venido a salvarnos, todos los hombres estaríamos destinados al Infierno. Pero el Verbo de hizo carne para morir por nosotros y resucitando venció a la Muerte y nos abrió las puertas del Cielo. Ahora tenemos esperanza de ir al Cielo, y por eso debemos vivir siempre contentos, siempre alegres, porque a pesar de las cruces y tristezas de esta vida, sabemos que todo lo de aquí abajo pasará, y que nos espera la felicidad sin fin y sin medida, si somos fieles a Dios.
El Cielo hay que empezarlo a vivir aquí en la tierra, y para ello el Señor nos ha dejado la Iglesia y los sacramentos, para que recibiéndolos, empecemos a vivir el Paraíso en este mundo.
¡Qué bueno es Dios, que da todo lo necesario a quien quiere salvarse y vivir feliz!
Y entonces ya estaremos siempre alegres, porque tendremos en el fondo del alma la alegría de sabernos salvados por Dios, y a pesar de todo lo malo que nos pueda suceder en esta vida, sabemos que todo pasará y que todo, al final, se arreglará, y seremos felices por toda la eternidad.
Imaginemos una persona que está a punto de morir por una enfermedad grave, y de pronto se cura. Estará muy feliz de haberse salvado de ese trance, y estará tan contenta, que todo lo que le suceda en adelante, lo tomará como una nada, debido a la alegría que tiene de estar vivo y de haberse salvado de la muerte.
Nosotros también debemos estar felices porque gracias a Jesús nos hemos salvado de caer para siempre en el Infierno. Y entonces, todo lo que nos pase en este mundo, debemos tomarlo como una nada, porque la alegría de la salvación nos debe embargar.
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"El que no vive como piensa, termina pensando como vive"
Jesús dijo a sus discípulos: No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el reino de los cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero ésta no se derrumbó, porque estaba construida sobre roca. Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: ésta se derrumbó, y su ruina fue grande. (Mt 7, 21. 24-27)
Se acercó un hombre a Jesús y le preguntó: “Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?”. Jesús le dijo: “¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos”. “¿Cuáles?”, preguntó el hombre. Jesús le respondió: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mt 19, 16-19)
Esta sección es creada el 26 de enero de 2010, memoria de los Santos Timoteo y Tito, a quienes se la encomendamos. En ella iremos viendo todo lo que necesitamos saber para un vivir católico, es decir, para vivir en gracia de Dios hasta la muerte y salvarnos e ir al Cielo y evitar el Infierno.