PortadaActualizado el lunes 23/ABR/12

Vivir el Evangelio

La casa sobre roca. 

Jesús nos enseña con una parábola cómo quien vive el Evangelio estará seguro en medio de las pruebas de la vida, y en cambio quien no lo vive, aunque pase algunos momentos tranquilos, cuando llegue la tempestad, el infortunio y la desgracia, terminará perdiéndolo todo, incluso su alma.

Por eso es de capital importancia que tratemos de comenzar a practicar lo que oímos del Evangelio, ya que de ello depende nuestro futuro en la tierra y en el más allá.

En el camino de todo hombre hay una prueba que espera el momento oportuno para manifestarse, lo que Jesús llamó “su hora”. No sabemos cuál será ese momento para nosotros, cuál será nuestra “hora”,y por eso tenemos que vivir siempre preparados, cimentados en la Palabra de Dios escuchada y practicada, vivida con buena voluntad.

Y no hace falta saber muchas cosas ni conocerse el Evangelio de memoria, sino más bien tratar de vivir aquello que conocemos, puesto que si lo sabemos pero no lo vivimos, será para nosotros motivo de condena más que de salvación.

En la vida puede llegar el momento en que lo perdamos todo. Pero si practicamos las verdades del Evangelio, entonces estaremos firmes aún en medio del vendaval, y saldremos victoriosos de todas las pruebas que nos pongan el demonio y sus satélites.

No tomemos la Palabra de Dios como algo pesado, sino más bien como ala, como guía que nos enseña a caminar por el camino del bien que lleva al Paraíso.

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Todos los males individuales, familiares, nacionales y mundiales, vienen de no practicar lo que dice el Santo Evangelio.

Ya lo dice Jesús mismo, que el hombre que escucha sus palabras pero no las practica, se parece a uno que edificó su casa sobre arena, y que al soplar los vientos, desbordarse los ríos y embestir contra la casa, ésta se desmorona y queda una gran ruina.

Pues así sucederá con aquel que oiga o lea el Evangelio, pero que no se esfuerce en practicarlo. Se encontrará que al final de su vida, su casa, es decir, su alma, estará en ruinas. Y ya sabemos para qué son buenas las ruinas, para demolerlas del todo porque no sirven para nada. Y así será para nuestra alma, que será desechada para siempre en el Infierno.

Obrar de acuerdo al Evangelio, es lo que nos hará felices en el Cielo y ya desde esta vida, porque no hay nadie que sea más feliz que aquél a quien su conciencia no le reprocha nada.

Y por otro lado, quien no actúe de acuerdo al Evangelio, será infeliz para siempre en el Infierno, y su infelicidad ya comenzará desde esta vida terrena.

Por eso en esta sección, creada el 11 de Septiembre de 2011, iremos exponiendo las enseñanzas del Evangelio y el modo de llevarlas a la práctica en nuestra vida cotidiana, para hacerlas carne en nosotros y así edificar la casa sobre roca.