Actualizado el viernes 20/JUL/18

Vivir el Evangelio

Transferencia. 

En la tierra se acostumbra a hacer transferencias de dinero entre distintos bancos, entre diferentes personas. Y es muy interesante el sistema, basta saber el CBU del destinatario, para poder transferirle vía Internet, el dinero que uno desea.

Pero debemos recordar que lo que vamos ahorrando en este mundo, no podremos transferirlo al Cielo después de nuestra muerte. Dios no tiene, por decirlo así, un CBU al que podamos remitir el dinero, y el ataúd no tiene bolsillos.

Pero hay una forma de llevar nuestro dinero al Cielo, toda nuestra fortuna al Paraíso, y es haciendo buenas obras.

Efectivamente si queremos ser ricos en el Cielo, tenemos que empobrecernos un poco en la tierra, es decir, hacer obras de caridad y misericordia, sabiendo que lo que damos a un pobre y a un necesitado, lo estamos transfiriendo al Cielo, porque la buena obra nos adquiere un tesoro en el más allá, que nos estará esperando para que lo disfrutemos por los siglos de los siglos.

Entonces no seamos avaros. Ahorremos, sí, pero demos también generosamente según nuestras posibilidades, porque esa es la única manera de llevar nuestro tesoro al Cielo.

Esto es lo que nos enseña el Señor en el Evangelio, ya que Él nos dice que, además de que no se puede ser esclavo de Dios y del Dinero, también nos dice que no acumulemos tesoros en la tierra, donde hay ladrones que roban y polilla que carcome, sino que atesoremos en el Cielo, con buenas obras y haciendo el bien, ya que allí arriba no hay ladrones que roben ni polilla o herrumbre que corroan.

Si hacemos así, estaremos un poco más desapegados de los bienes terrenos, con las alas más abiertas para volar libremente al Cielo cuando el Señor nos llame, y seremos más felices ya en este mundo, porque no creamos que nuestras riquezas menguarán, puesto que Dios es generoso y sabrá darnos siempre lo necesario y hasta mucho, para que podamos seguir siendo generosos a manos llenas.

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Todos los males individuales, familiares, nacionales y mundiales, vienen de no practicar lo que dice el Santo Evangelio.

Ya lo dice Jesús mismo, que el hombre que escucha sus palabras pero no las practica, se parece a uno que edificó su casa sobre arena, y que al soplar los vientos, desbordarse los ríos y embestir contra la casa, ésta se desmorona y queda una gran ruina.

Pues así sucederá con aquel que oiga o lea el Evangelio, pero que no se esfuerce en practicarlo. Se encontrará que al final de su vida, su casa, es decir, su alma, estará en ruinas. Y ya sabemos para qué son buenas las ruinas, para demolerlas del todo porque no sirven para nada. Y así será para nuestra alma, que será desechada para siempre en el Infierno.

Obrar de acuerdo al Evangelio, es lo que nos hará felices en el Cielo y ya desde esta vida, porque no hay nadie que sea más feliz que aquél a quien su conciencia no le reprocha nada.

Y por otro lado, quien no actúe de acuerdo al Evangelio, será infeliz para siempre en el Infierno, y su infelicidad ya comenzará desde esta vida terrena.

Por eso en esta sección, creada el 11 de Septiembre de 2011, iremos exponiendo las enseñanzas del Evangelio y el modo de llevarlas a la práctica en nuestra vida cotidiana, para hacerlas carne en nosotros y así edificar la casa sobre roca.