Actualizado el martes 18/SEP/18

Vivir el Evangelio

Tener fe. 

El Señor en el Evangelio ha insistido mucho sobre la necesidad de tener fe, y ha prometido que para quien tiene fe no hay imposibles. Por eso si queremos vivir el Evangelio, debemos tener fe, una fe firme que lo obtiene todo de Dios.

Dios sigue haciendo milagros, pero si éstos son más raros que en tiempos de Jesús, no es porque el poder de Dios haya venido a menos, sino porque la fe se ha apagado o es débil en muchos corazones.

La fe sirve para todo, pues cuando uno tiene fe, lo tiene todo solucionado, ya que la fe es esa agua viva que brota del pecho de Jesús y cuando uno la bebe ya no vuelve a tener sed, porque todas las respuestas nos las da la fe, y quien tiene fe vive tranquilo, seguro en los brazos del Padre celestial.

No es casualidad que el demonio en estos tiempos trate, especial y encarnizadamente, de apagar la fe en muchas almas por medio del ateísmo teórico y práctico, pues él sabe muy bien que apagada la fe, tiene vía libre para sus maldades y nadie se le opondrá.

Es tiempo de que reflexionemos y volvamos a tener una fe firme y operante, haciendo buenas obras, porque la fe sin obras está muerta.

Dios quiere actuar en el mundo, en nuestras vidas y en las vidas de nuestros seres queridos, pero para hacerlo necesita que alguien crea, por sí mismo y por los demás, como sucedía con los milagros relatados en el Evangelio, que el Señor hacía el milagro a veces por la fe del enfermo, pero otras veces por la fe de quienes pedían por el enfermo.

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Todos los males individuales, familiares, nacionales y mundiales, vienen de no practicar lo que dice el Santo Evangelio.

Ya lo dice Jesús mismo, que el hombre que escucha sus palabras pero no las practica, se parece a uno que edificó su casa sobre arena, y que al soplar los vientos, desbordarse los ríos y embestir contra la casa, ésta se desmorona y queda una gran ruina.

Pues así sucederá con aquel que oiga o lea el Evangelio, pero que no se esfuerce en practicarlo. Se encontrará que al final de su vida, su casa, es decir, su alma, estará en ruinas. Y ya sabemos para qué son buenas las ruinas, para demolerlas del todo porque no sirven para nada. Y así será para nuestra alma, que será desechada para siempre en el Infierno.

Obrar de acuerdo al Evangelio, es lo que nos hará felices en el Cielo y ya desde esta vida, porque no hay nadie que sea más feliz que aquél a quien su conciencia no le reprocha nada.

Y por otro lado, quien no actúe de acuerdo al Evangelio, será infeliz para siempre en el Infierno, y su infelicidad ya comenzará desde esta vida terrena.

Por eso en esta sección, creada el 11 de Septiembre de 2011, iremos exponiendo las enseñanzas del Evangelio y el modo de llevarlas a la práctica en nuestra vida cotidiana, para hacerlas carne en nosotros y así edificar la casa sobre roca.