Actualizados el viernes 5/AGO/22

CATECISMO PARA NIÑOS

Dios está en los niños. 

Si el Señor nos ha dicho en su Evangelio que no quedaría sin recompensa quien diera un vaso de agua fresca a quien tuviera sed, y que todo lo que hacemos al prójimo se lo hacemos a Él mismo, entonces debemos saber que especialmente Dios, Jesús, está en los niños, porque el niño es la imagen más perfecta de la divinidad. No es por casualidad que el demonio y el mundo moderno se ensañen tanto con los pequeños, puesto que en el niño está el más fiel retrato de Dios.

Dios quiso hacerse Niño para que todos los hombres comprendiéramos la gran dignidad de los niños. Su inocencia trae una brisa fresca sobre este mundo envuelto en la impureza y la lujuria.

Si lo que hacemos a nuestro prójimo se lo hacemos al mismo Cristo, lo que hacemos a un niño se lo hacemos doblemente a Jesús, porque los pequeñuelos son los predilectos del Señor, y Él está celoso de ellos, y debemos temer los más grandes castigos cuando dañamos a los pequeños.

Hay castigos especiales en el Infierno para quienes atormentaron a los niños, que de sólo verlos quedaríamos aterrorizados, y son para toda la eternidad.

Quien se ensaña contra un niño es el más cobarde y malvado sobre la tierra, y es semejante a un demonio y hace las veces de tal.

 

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Aquí transcribo unas palabras del fallecido Obispo Manuel González, que nos hablan de la importancia del Catecismo para los niños:

"En estas horas de angustias ante la persecución del alma de los niños y de ansias porque conozcan y amen a Jesús, yo quisiera que por los Catequistas, Maestros y educadores cristianos y de modo singular por los padres y madres de familia se leyeran muy despacio y se meditaran estas líneas en las que he tratado de condensar lo que sobre este tema me ha enseñado mi experiencia de Catequista y de director de almas.

Jesús, que en el Evangelio es el Autor y el Maestro Soberano de palabra y de obra del Catecismo, en la Eucaristía además es el Modelo perfecto y la Fuerza para cumplirlo.

La misión educadora de los padres y maestros cristianos se reduce en realidad a poner a sus niños tan cerca de Jesús, que aprendan de Él, en el Evangelio y en el Sagrario, todo el Catecismo, no ya de memoria, sino de entendimiento, voluntad e imitación.

¡Ah! y que se hable en todas las formas a los niños de Jesús, que, con que sólo lo vean en una estampa o imagen, o en el Sagrario, ya sepan lo que les dice. Que los niños sepan a Jesús vivo: eso es todo.

El educador que consiga que sus niños desde que casi nacen, no sólo conozcan, sino que traten y quieran (según su modo), y se sepan a Jesús, serán los de verdad educadores y formadores cristianos, de vida, carácter y conciencia de cristianos.

Quizás tenga tan poco arraigo la instrucción que se da del Catecismo, aún por los buenos maestros porque se da más letra que espíritu, más lecciones de memoria que ejemplos vivos, más libro de Jesús que Jesús de libro.

Jesús debe tener tal atractivo y tan gran influencia sobre los niños, y deben sentir éstos tal inclinación hacia Él que en su Evangelio no manda jamás que vayan los niños a Él, ni que se los llevemos, sino que los dejemos ir, no los impidamos ir a Él.

Forma esto contraste con su conducta con la gente mayor, los cargados, los pecadores, los candidatos para apóstoles, etc., a los que manda: "Venite... veni... sequere me."

Sin duda el niño por su pureza e inocencia y, si está bautizado, por la Gracia que tiene, pone tan pocos obstáculos a  unirse con Jesús, que no hace falta mandato, sino que basta que no les impidan ir a ver, oír y tratar a Jesús, es decir, que, con que se vean, se ponen en inteligencia y en relación de cariño el Jesús del Evangelio y de la Eucaristía y el Jesús chiquito de la Gracia habitual del alma del niño. Éste, mejor que nadie, que aun el sabio y el teólogo, ve y gusta a Jesús plenum gratiae et veritatis, lleno de gracia y de verdad."