Actualizado el jueves 7/MAR/19

Conociendo a Jesucristo

Jesús es la Luz del mundo. 

El mundo sin el sol no puede vivir ni un momento. Los hombres sin Jesús tampoco pueden sobrevivir espiritualmente.

Esto es lo que no entiende la humanidad de hoy, que busca doctrinas y “salvadores” que le den la felicidad, pero no miran para donde tienen que mirar, porque el demonio bien se cuida de que los hombres descubran ese tesoro que es el Evangelio, en el cual está Jesucristo, Luz del mundo.

En el Evangelio está la luz necesaria para iluminar miles de mundos, porque en él hay solución para cada problema humano. Cada uno de sus ejemplos y hechos del Señor, son enseñanza que iluminan las mentes y los corazones de los hombres.

Pero muchos hoy quieren seguir viviendo en tinieblas, y prefieren las doctrinas falsas y los falsos profetas, a la enseñanza de la Verdad.

Si se pudiera comparar a Dios con algo de la naturaleza, pues Dios es incomparable, se podría decir que Dios es luz. Es la comparación más aproximada que nos da la naturaleza. Y Jesucristo, que es Dios verdadero, es también Luz. Por eso el gran milagro de Cristo no fue la transfiguración en el Monte Tabor, ya que allí mostró lo que Él era realmente: Luz; sino que el gran milagro del Señor es haber ocultado su luz durante toda su vida terrena, el haber escondido su divinidad en un cuerpo mortal.

Pidamos a Jesús que un rayo de luz de su divino Corazón llegue hasta el fondo de nuestra alma, y de nuestra mente, para caminar seguros y no andar en las tinieblas del error.

¡Alabado sea Jesucristo!

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Hoy más que nunca es necesario conocer a Jesucristo, para amarlo más, ya que nadie puede amar lo que no conoce.

Esta sección creada el 1 de abril de 2010, Jueves Santo de la Cena del Señor, estará dedicada a dar a conocer a Jesucristo, Dios y hombre verdadero, y a hacerlo amar por muchos hombres y mujeres de buena voluntad.

Ojalá estos textos nos enciendan el amor a Jesucristo y, como el apóstol San Juan, reclinemos nuestra cabeza sobre el pecho de Jesús y así vivamos felices en esta tierra, hasta ir a gozar un día del Señor en el Cielo, para siempre.

Encomiendo esta sección a la Virgen Santísima, la que mejor conoció a Jesucristo; que Ella nos guíe en esta noble y necesaria, más aún, vital tarea de conocer al Señor.

¡Alabado y adorado sea Jesucristo!