Actualizado el martes 23/OCT/18

Conociendo a Jesucristo

Jesús, el Abandonado. 

Jesús es el Gran Abandonado, porque fue abandonado por sus discípulos durante su vida pública y también en su Pasión y, como Él mismo lo reconoció desde la cruz, también fue abandonado por su Padre celestial.

Pero lo más grave es que Jesús sigue siendo abandonado, especialmente en el Sacramento del Amor, en la Eucaristía Jesús está solo y abandonado, porque los hombres tienen tiempo para todo, menos para ir un momento a los pies del tabernáculo a hacer compañía a Jesús Sacramentado.

Es el destino de Jesús, ser el Gran Abandonado. Pero esto es un gran don de la Providencia, porque quien descubre esta verdad de que Jesús es el Abandonado, si tiene buen corazón, tratará de que deje de serlo, y empeñará todas sus fuerzas y energías para que Jesús esté contento y en compañía, ya que a Jesús lo deleita estar en cercanía con los hombres, es lo que más quiere Él.

Cuando un hombre ama a una mujer, no ve la hora de estar el mayor tiempo con ella, compartiendo todo y respirando el mismo aire. Pues bien, Jesús es como ese Hombre que se ha enamorado de nuestras almas y quiere pasar el mayor tiempo con ellas y busca mil modos de hacerlo, aunque muchas veces encuentra desprecio y hasta odio.

¡Pobre Jesús! Es bueno que conozcamos entonces esta característica de Jesús: el abandono, para consolar con nuestra presencia amorosa tanta frialdad y olvido de las almas.

¡Alabado sea Jesucristo!

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Hoy más que nunca es necesario conocer a Jesucristo, para amarlo más, ya que nadie puede amar lo que no conoce.

Esta sección creada el 1 de abril de 2010, Jueves Santo de la Cena del Señor, estará dedicada a dar a conocer a Jesucristo, Dios y hombre verdadero, y a hacerlo amar por muchos hombres y mujeres de buena voluntad.

Ojalá estos textos nos enciendan el amor a Jesucristo y, como el apóstol San Juan, reclinemos nuestra cabeza sobre el pecho de Jesús y así vivamos felices en esta tierra, hasta ir a gozar un día del Señor en el Cielo, para siempre.

Encomiendo esta sección a la Virgen Santísima, la que mejor conoció a Jesucristo; que Ella nos guíe en esta noble y necesaria, más aún, vital tarea de conocer al Señor.

¡Alabado y adorado sea Jesucristo!