Actualizado el jueves 7/MAR/19

De pecadores a santos

Tirar la primera piedra. 

Tenemos que ser misericordiosos con nuestros hermanos, sean quienes sean y hayan hecho lo que hayan hecho, porque Dios no quiere que juzguemos, sino que perdonemos a todos y que seamos indulgentes con todos.

¿Pensamos alguna vez que si ese delincuente o ese pecador que comete esos pecados, hubiera recibido las gracias, dones y talentos que hemos recibido nosotros, no sería mucho más santo que nosotros? Porque hay qua ver con los ojos de Dios, que conoce hasta el fondo de las conciencias y que escudriña el pasado, presente y futuro. Si no podemos ver las cosas desde el punto de vista de Dios, entonces mejor guardemos silencio.

A veces hace falta haber sido gran pecador para saber compadecer a los que caen, porque uno sabe por experiencia propia lo fácil que es caer en las tentaciones del demonio, y sabe tener compasión de los que caen por debilidad.

Es mejor ser demasiado indulgentes antes que ser duros de corazón, porque la dureza la aborrece Dios, y con ella se aleja a muchas almas del camino del bien.

Recordemos siempre que los que hoy son grandes pecadores, mañana pueden ser grandísimos santos, como hay de ello innumerables ejemplos en la historia del Cristianismo.

Usemos el método de los santos, que para ellos eran duros pero para los demás tenían sólo mansedumbre y dulzura.

Y cuidemos de no caer, porque nadie está seguro en este mundo, y sólo estaremos seguros cuando ya estemos en el Cielo. Pero hasta ese momento cualquiera puede caer de las más altas cumbres. Así que vigilancia, prudencia, oración y compasión con todos.

Si desea recibir estos textos en su correo electrónico, por favor
SUSCRÍBASE AQUÍ
 

Esta sección es creada el 22 de Julio de 2011, memoria de Santa María Magdalena, que según la Sagrada Tradición es la pecadora pública que lavó los pies a Jesús con sus lágrimas y los enjugó con sus cabellos, llorando por sus muchos pecados, y a quien Jesús perdonó mucho, porque mucho amó.

Dedicada a los que fuimos, somos o seremos pecadores, para que no desconfiemos de la Misericordia de Dios y tomemos impulso para alcanzar la santidad a la que Dios nos llama.