Actualizado el viernes 20/NOV/20

Ejemplos de la protección del Escapulario del Carmen

Ejemplo 63.

 

Relación hecha por Sebastián Marín Zapata, vecino de Manizales, de 65 años de edad, sobre un hecho prodigioso que en su favor hizo la Santísima Virgen del Carmen a fines del año 1950, librándole de la muerte.

Estando trabajando en el municipio de Manizales, cavando una zanja para la tubería del alcantarillado de la población, en una profundidad de seis metros, de improviso ocurrió un derrumbe de tierra y piedras, quedando sepultado en el alud. Aunque había una cuadrilla de trabajadores en el tajo, solamente tres estaban en la zanja, pero únicamente fue alcanzado por la tierra el declarante. La brecha tenía un metro y medio. La tierra le cubrió completamente, de manera que vinieron a caer sobre él varias toneladas de tierra.

Al sentirse sepultado, invocó a la Santísima Virgen del Carmen, cuyo Escapulario llevaba, y trató de hacer fuerza por ver si podía librarse de la tierra que tenía encima y salir del peligro; en ese forcejeo para tratar de salir, que duró muy poco, perdió el sentido y conocimiento.

Así, sepultado por los escombros del derrumbe, permaneció quince minutos. Según le dijeron a él, después de un cuarto de hora exacto, le descubrieron la cabeza. Entonces le quisieron dar agua, pero tenía la boca y las narices llenas de tierra. Los bomberos le llevaron a la Clínica de la Presentación, donde a la hora y treinta minutos recuperó el conocimiento.

Ante favor tan portentoso, Sebastián Marín no se cansa de dar gracias a la Santísima Virgen del Carmen y recomienda a todos sean muy devotos de la Celestial Señora, seguros de que siempre y en todas partes recibirán su protección maternal.

 

Ejemplo 64.

 

Refiere Fr. Gonzalo de los Mártires, C. D., que en Marbella, ciudad del Obispado de Málaga, una devota mujer se hallaba en trance de muerte por encontrarse en un penosísimo parto. Cuatro días hacía que la criatura, por creerla muerta y hallarse atravesada, la ponía en peligro inminente de vida. En tan críticas circunstancias llamaron los padres de la paciente al P. Gonzalo de los Mártires, para que la confesara y ayudase a bien morir.

Después de haberla confesado y antes de que le levasen el Santo Viático, rogóle al Padre la buena mujer le dejase por un rato su Escapulario, pues confiaba que, por la virtud que a él había vinculado la Santísima Virgen, la libraría de tan peligroso y angustioso trance.

Quitóse el P. Gonzalo su Escapulario, y, entregándolo a las matronas que asistían a la señora, retiróse a orar a otro aposento algo distante. Apenas había entregado el Escapulario a las matronas, pusiéronlo éstas sobre el vientre de la parturienta, y al punto se movió el feto en su interior, y dio a luz con toda felicidad un robusto niño, llenando de gozo y alegría a todos sus familiares, que corrieron presurosos a dar gracias a la Santísima Virgen en su templo, celebrando una fiesta solemne para agradecer tan fausto acontecimiento.

 

Ejemplo 65.

 

Benito de Abades y Juana, su esposa, virtuosos sicilianos, habiendo permanecido en casto matrimonio durante veintisiete años, sin el consuelo de tener sucesión, suplicaban fervorosamente a la Virgen Santísima les concediera el deseado fruto que tanto anhelaban, prometiendo a la celestial Señora que si les escuchaba benigna y les otorgaba un vástago varón, lo consagrarían a Ella entrándole en su Religión bendita del Carmen.

Condescendió María Santísima con sus fervorosos y perseverantes ruegos, y dióselo a entender en este prodigioso sueño:

Dormía Juana una noche y vio en su seno un infante hermosísimo, que tenía en su mano una antorcha resplandeciente, y lo mismo vio también en sueño Benito, naciendo a los nueve meses el niño Alberto, el cual, aceptando complacido el voto paterno, de siete años entró en el Carmelo, consagrando su pureza a la Santísima Virgen.

Fue antorcha refulgente que con las luces de su santidad iluminó al mundo y con su abrasado celo extirpó  innumerables vicios, llevando muchas almas a Dios.

Taumaturgo insigne de su época, obró incontables milagros, y aún los sigue obrando mediante el agua bendecida en su fiesta. Es San Alberto de Sicilia.

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