Actualizado el martes 30/DIC/25

Ejemplos de la protección del Escapulario del Carmen

Ejemplo 69.

 

El Padre Teófilo Raynaud, de la Compañía de Jesús, refiere un caso sucedido en su tiempo a la religiosa Sor María Martina, Superiora del Real Convento de los Mártires de París, y que él escuchó de sus mismos labios.

Bajando dicha religiosa muy de mañana, el día de la Purísima Concepción, a una pieza baja del convento, muy cerca de los sótanos y de la carbonera, a recoger unas cosas que le eran indispensables, hallóse de improviso acometida por dos alanos, que tenían para guardar la huerta del convento y que no la conocieron.

Acometiéndola con furia y rabia los dos animales, arrojáronla al suelo y a dentelladas la despojaron de casi toda la ropa. Gruñendo y dándole manotazos salvajes trataron de quitarle el Escapulario el Carmen, mas sin llegar a conseguirlo. Ella daba gritos y voces desesperadas, pero sin que llegase a ser percibida de ninguna de las hermanas, por hallarse el sitio muy apartado de los dormitorios y del coro donde debía hallarse entonces casi toda la Comunidad.

No desatendió María Santísima el desamparo y la tribulación en que se encontraba su sierva, y así quiso que el alano que estaba a punto de ahogarla soltase al punto su presa y corriendo uno y otro, dando fuertes y dolorosos aullidos, cual si estuviesen poseídos del demonio, fueron a retirarse en una acequia, donde perecieron ahogados.

Recobrada un tanto la religiosa, salió como pudo de la covacha, y aunque hubiese querido o pretendido ocultar a sus hijas el prodigios, no pudo hacerlo, y con lágrimas del más profundo y sincero agradecimiento, les rogó que la acompañasen al coro para entonar un Magníficat a la Santísima Virgen por el beneficio sin par que acababa de otorgarle esta dulcísima y amorosa Madre.

 

Ejemplo 70.

 

Refiere Daniel de la Virgen María (+1678), que, en Nápoles, hallándose de cacería el campesino Bartolomé Fayeta, descubrió una liebre entre unos matojos y siguiendo la pista, absorto y entusiasmado por darle alcance, perdió el buen hombre el sendero y cuando vino a darse cuenta no pudo ya retroceder, por estar el campo cubierto de nieve.

Anduvo así al azar y errabundo casi toda la tarde sin hallar medio ni rastro para salir al camino, y cuando más solícito andaba porque no se echara la noche encima, fue un oso quien lo hizo, y echándole sobre la nieve, le asió de la garganta para devorarle.

En la tribulación y congoja se encomendó en lo más íntimo de su corazón a María nuestra Madre del Carmen, cuyo Escapulario vestía con devoción.

En aquel momento, soltando aquella fiera sanguinaria la presa, echó a correr, dejándole tan sólo la memoria indeleble del susto y del peligro, confirmado con las señales de la presa que le hiciera en la garganta, pero sin causarle ningún daño ni lesión.

Puesto de hinojos el devoto y afortunado Bartolomé, dio rendidas gracias a María Santísima, su salvadora, y por precaución, ya que se iba haciendo noche cerrada, subió a un árbol, esperando la salida del sol, a fin de orientarse y de volver a casa lo antes posible.

Luego que hubo amanecido, halló el sendero sin grandes dificultades y a todo correr encaminóse a Nápoles, publicando por el camino a voz en cuello el prodigio que le dispensara la tarde antes María Santísima.

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