Actualizado el martes 15/JUN/21

Ejemplos de la protección del Escapulario del Carmen

Ejemplo 87.

 

Un joven marinero, natural de Salamanca y domiciliado en la calle de Fontana número seis, fue el agraciado con la protección misericordiosa de la Virgen Santísima del Carmen, manifestada a través de su Santo Escapulario.

En 1948 se impuso el santo Escapulario en el Carmen de Abajo, de Salamanca. El P. Manuel Ibáñez, al imponérselo, le dijo:

-“Sé siempre muy devoto de la Santísima Virgen del Carmen. Ya sabes que es patrona especial de los marineros. Si te pasara algo, procura asirte con todo fervor a este áncora del Escapulario, e invoca con gran fe a nuestra Madre del Carmen, que Ella te salvará”.

Y así fue. A los cinco días ya estaba nuestro marino en aguas de Cádiz y a bordo del “Artabro”. La mar estaba revuelta y con fuerte marejada. Era, además, de noche y noche cerrada. El joven marinero tiene la desgracia de caer desde cubierta al agua, en uno de los fuertes vaivenes de la embarcación.

Lucha con denuedo contra el oleaje embravecido. Forcejea por hacerse ver u oír del resto de la dotación. Todo en vano. En medio de su angustioso y mortal peligro, sólo una cosa le infunde confianza en su salvación: el Escapulario que ha pocos días que lleva.

Aclama insistentemente a la Virgen y besa con encendida y esperanzada fe su Escapulario, que de vez en vez lleva el oleaje y el viento hasta sus labios. Lleva diez horas luchando con el mar.

Por fin, tras una lucha más que titánica contra los elementos, logra arribar a tierra, lanzado por una ola gigante, que él diría la impulsaba y dirigía la diestra de la Virgen Santísima para salvarle.

 

Ejemplo 88.

 

Daniel de la Virgen María (+1678), nos refiere que en el lugar llamado Roberto, a tres millas de Trento, el río Lenno creció tantísimo por efecto de las lluvias torrenciales, que venía desbordado y haciendo muchísimos estragos, que era una espantosa ruina para toda la comarca.

Viendo los vecinos ser insuficientes todos los medios naturales para conjurar tamaño peligro y precaverse de aquella inevitable ruina, acudieron al Señor, haciendo constantes rogativas, mas no por eso decrecían las aguas ni cesaba el  caudal del río de hacer cada vez más estragos; no acertando con el medio por el cual Dios Nuestro Señor deseaba darles la paz y el consuelo.

Mas he aquí que, acudiendo con reiteradas súplicas a la oración los religiosos del convento carmelita de Roberto, dignóse la Virgen inspirárselo.

El Prior de dicho convento, P. Jerónimo de Dóminis, tomó el Escapulario, lo bendijo solemnemente en la iglesia en presencia de todo el pueblo y, seguidamente, marchó en procesión con toda la comunidad a las márgenes del río.

Allí, seguido de una inmensa multitud de fieles, hizo una fervorosa oración a Dios y a su bendita Madre, pidiéndole se dignase manifestar en tan inminente peligro su valiosísima protección, ya que había dicho a su siervo San Simón “ser su bendito Escapulario señal de salud en los peligros”, y que por su virtud se sirviera refrenar las corrientes impetuosas de aquel río desbordado.

Dicho esto, con vivísima fe, arrojó al agua el bendito Escapulario. Y, ¡oh prodigio!, apenas tocó el agua el celestial vestido de María, notóse al punto que las enfrenó y las puso a raya, pues todos advirtieron con estupor y asombro que se fueron sensible y paulatinamente recogiendo y estrechando hasta quedar reducidas al cauce normal y natural del río.

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