lunes 20/ABR/26
Jn 6, 22-29.
Pan de Vida.
Después que Jesús alimentó a unos cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos. Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban en el lugar donde el Señor había multiplicado los panes, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo llegaste?”. Jesús les respondió: “Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello”. Ellos le preguntaron: “¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?”. Jesús les respondió: “La obra de Dios es que ustedes crean en Aquél que él ha enviado”.
Reflexión:
Debemos trabajar en esta vida no tanto por el pan material sino por el Pan eucarístico, que debe ser el centro de nuestra existencia, ya que en él está Jesús resucitado y glorioso presente con su verdadero Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Por eso cuando nos acerquemos al Sagrario de una iglesia tratemos de tomar conciencia de que Jesús está vivo en el Pan consagrado, igual como se le apareció a los apóstoles después de la Resurrección, y hablemos con Él que es nuestro mejor Amigo, o quedémonos en silencio contemplándolo y recibiendo las gracias que nos da a manos llenas. Todos los días deberíamos tener por lo menos unos quince minutos de trato personal con Jesús frente al Sagrario, ya que esto no se reemplaza con nada.
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de amar a Jesús Eucaristía como Ella lo amó, y que nos dé su Corazón Inmaculado y lo ponga en lugar de nuestro corazón lleno de pecados, para que Jesús venga con más gusto a nosotros en la Comunión.
Jesús, María, os amo, salvad las almas.
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