Actualizado el viernes 5/AGO/22

Formación católica

Confusión.

Cuando el demonio no puede hacer caer en pecado, al menos trata de sembrar la confusión y la turbación en el alma.

Al diablo le gusta mezclar todo, y mezcla lo bueno y lo malo, pero de ello sale un manjar que no se puede comer, pues sucede como cuando hacemos una torta y le ponemos buenos ingredientes, pero también agregamos un tanto de cianuro. Por más que esa torta tenga cosas buenas, ya no se puede comer.

Así también el diablo a veces entra con la nuestra y se sale con la suya. Y con cosas buenas mezcla las malas y nos engaña miserablemente, si no estamos atentos.

Uno de estos funestos errores que el demonio ha conseguido sembrar en la humanidad, no excluidos hombres de iglesia, es el error de la REENCARNACIÓN, haciendo creer a los hombres que hay otras vidas luego de ésta.

De este modo el diablo logra apagar el temor a la muerte y a considerar esta vida terrena como la única, con la consiguiente prudencia y cautela de vivirla bien, sabiendo que de ello dependerá nuestro destino eterno.

Las cosas que siempre propone el diablo son bastante absurdas, pues quien tiene un poco nomás de perspicacia, las descubre enseguida. Lo que sucede es que el corazón humano quiere seguir en sus cosas, que no se lo moleste en su pecado, y entonces el Señor permite que a estos tales el diablo los seduzca con sus errores.

Hay una sola vida en este mundo, y luego viene la muerte y el juicio particular, en donde se decide nuestro destino: Cielo o Infierno.

Ni por broma hablemos de la reencarnación, porque es un error diabólico escondido en una apariencia inofensiva.

 

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Necesidad de la formación

No basta con llevar una intensa vida interior. Si deseamos que nuestra vida espiritual no degenere en "sensiblería", se requiere una seria formación en el campo de la doctrina. Cristo es Vida pero también es Verdad y Camino. Si unimos la "vida espiritual", la "verdad doctrinal" y el "obrar moral", seremos sin duda fieles y enteros discípulos de Cristo.

Todos los cristianos, sobre todo los que anhelan ser militantes, tienen la grave obligación de conocer lo mejor posible las verdades de la Fe. No se puede amar lo que se desconoce. En este sentido exhortaba San Gregorio Magno: "Aprende a conocer el corazón de Dios en las palabras de Dios, para que con más ardor aspires a las cosas eternas." Debemos frecuentar las Sagradas Escrituras, los escritos de los Padres de la Iglesia, los documentos del Magisterio eclesiástico, las obras de los doctores de la Iglesia (especialmente Santo Tomás de Aquino), los libros de los santos y grandes maestros de la moral, el dogma y la espiritualidad. Sólo acudiendo a estos faros seguros de la fe no caeremos en las modernas celadas de los falsos profetas que promueven el cambio en la fe, la duda o el agnosticismo.