Actualizado el domingo 4/FEB/24

Interpretación del Apocalipsis

31 de diciembre de 1984

Última noche del año

Los signos de vuestro tiempo

“Hijos predilectos, pasad en dulce intimidad Conmigo, las últimas horas del año, que está por terminar.

¡Cuántos hijos míos pasan estos momentos en diversiones y algazara, y se emborrachan de vacío en medio de frivolidades y pasatiempos con frecuencia licenciosos y contrarios a la Ley del Señor!...

Yo, por el contrario, os invito a pasar estas horas en oración, en el recogimiento, en un silencio interior para que podáis entrar en un coloquio Conmigo, vuestra Madre Celeste.

Entonces, con la misma confianza de una madre con sus hijos, os revelo las preocupaciones, las ansias, las profundas heridas de mi Corazón Inmaculado, y al mismo tiempo, os ayudo a comprender y a interpretar los signos de vuestro tiempo.

Así podéis cooperar al designio de salvación, que el Señor tiene sobre vosotros, y que quiere realizar a través de los nuevos días que os esperan.

–Vosotros vivís bajo una urgente súplica, hecha por vuestra Madre Celeste, que os invita a caminar por la senda de la conversión y del retorno a Dios.

Hijos predilectos participad en mi preocupada ansiedad de Madre, al ver que no es acogido ni seguido, este mi llamamiento. Y, sin embargo, veo que vuestra única posibilidad de salvación está ligada solamente al retorno de la humanidad al Señor, en un fuerte compromiso de seguir su Ley.

Convertíos y caminad por la senda de la gracia de Dios y del amor.

Convertíos y construid días de serenidad y de paz.

Convertíos y secundad el designio de la divina Misericordia.

Con cuántos signos el Señor os manifiesta su querer de poner finalmente un justo freno a la propagación de la impiedad: males incurables que se propagan; violencia y odio que estallan; desgracias que se suceden; guerras y amenazas que se extienden.

Sabed leer las señales que Dios os manda a través de los acontecimientos que os suceden, y acoged sus serios avisos a cambiar de vida y a volver al camino que os conduce a Él.

–Vosotros vivís bajo una preocupada y constante súplica de la Madre Celeste a permanecer en la verdadera fe.

Y, sin embargo, veo angustiada, cómo los errores continúan difundiéndose, se enseñan y se divulgan, y de esta manera se hace cada vez mayor entre mis hijos, el peligro de perder el don precioso de la fe en Jesús, y en las verdades que Él os ha revelado.

Incluso entre mis hijos predilectos, ¡qué grande es el número de los que dudan, que ya no creen!

¡Si vierais con mis propios ojos qué extendida está esta epidemia espiritual, que ha herido a toda la Iglesia! La inmoviliza en su acción apostólica, la hiere y la lleva a la parálisis en su vitalidad, volviendo con frecuencia vacío e ineficaz incluso su esfuerzo de evangelización.

–Vosotros vivís bajo mi preocupación tan dolorosa al veros aún víctimas del pecado que se propaga; observando cómo por doquier, a través de los medios de comunicación social, se proponen a mis hijos experiencias de vida contrarias a cuanto os prescribe la ley santa de Dios.

Cada día se os nutre de pan envenenado del mal, y se os da de beber en la fuente contaminada de la impureza.

Se os propone el mal como un bien; el pecado como un valor; la trasgresión de la Ley de Dios como un modo de ejercitar vuestra autonomía y vuestra personal libertad.

De este modo se llega hasta perder la conciencia del pecado como un mal; y la injusticia, el odio y la impiedad cubren la tierra y la convierten en un inmenso erial privado de vida y amor.

El obstinado rechazo de Dios y de retornar a Él; la pérdida de la verdadera fe; la iniquidad que se propaga y lleva a la difusión del mal y el pecado: ¡He aquí los signos del perverso tiempo en que vivís!

Ved, no obstante, de cuántos modos intervengo para conduciros por el camino de la conversión, del bien y de la fe.

Con signos extraordinarios que realizo en todas las partes del mundo, con mis mensajes, con mis apariciones tan frecuentes, indico a todos que se aproxima el gran día del Señor.

Pero, qué dolor experimenta mi Corazón Inmaculado al ver que estas mis llamadas no son acogidas, con frecuencia son abiertamente rechazadas y combatidas, aun por aquellos que tienen la misión de ser los primeros en acogerlas.

Por esto hoy me revelo sólo a los pequeños, a los pobres, a los sencillos, a todos mis niños que me saben aún escuchar y seguir.

Jamás como ahora me es tan necesaria una gran fuerza de súplica y reparación.

Por esto me dirijo a vosotros, hijos predilectos, y os invito a pasar de rodillas, en continua oración Conmigo, las horas de esta última noche del año.” 

Comentario: 

Un día, Satanás se presentó ante el trono de Dios y pidió permiso para probar a la Iglesia y al mundo durante un siglo, afirmando que si se le concedía dicho tiempo, él los destruiría.

Fue la Santísima Virgen quien aceptó el desafío, y por eso a principios del siglo pasado, cuando se manifestó el demonio a través del marxismo, la Virgen se apareció en Fátima como la Mujer vestida de sol, que combate contra el enorme Dragón rojo, que es el ateísmo teórico y práctico.

Este tiempo en que vivimos está bajo el poder del Maligno, y Dios sólo le está dando tiempo, el mismo tiempo que le da a la humanidad para que vuelva a Dios.

Al final del período concedido al diablo, la Virgen aplastará nuevamente la cabeza de la serpiente infernal, y el demonio se sentirá humillado y vencido. Pero mientras tanto, los hijos de la Mujer, debemos sufrir sus ataques, pues el reinado del demonio está llegando a su punto más alto.

¿Qué hacer entonces?

Ante todo debemos convertirnos cada vez más a Dios, hacer penitencia, rezar más, rezar mucho, especialmente con el Santo Rosario, e invitar a todos los hombres a volver a Dios, sin tener vergüenza.

Porque hay un secreto, y así como los servidores de las Bodas de Caná no tenían ni la más mínima idea de lo que el Señor iba a realizar, es decir, de convertir el agua en vino; igualmente ellos obedecieron y tal vez pensaron por dentro que quienes les ordenaban esas cosas no estaban bien de la cabeza. Pero obedecieron y tuvieron la gracia de ser los primeros colaboradores de la potencia de Jesús, de Dios.

Así también hoy María nos invita y nos manda dulcemente a que extendamos sus angustiosos mensajes, que evangelicemos. Esto a veces nos parece una locura, porque en el mundo hostil en que vivimos, es lógico pensar que muchos se pueden volver contra nosotros. Pero lo que pasa es que no contamos con Dios. ¿Qué es lo que puede hacer el Señor una vez que el mensaje y los avisos del Cielo se hayan difundido por todo el mundo? No sabemos. Pero puede ser algo verdaderamente grandioso y jamás visto, que permita a la humanidad volver a Dios.

Entonces, como los servidores de Caná, hagamos nuestra parte, la de extender los mensajes de la Virgen y evangelizar, que el Milagro lo pondrá Dios.

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)


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En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno. Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento". Yo, Daniel, miré y vi que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y otro en la orilla opuesta. Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: "¿Para cuándo será el fin de estos prodigios?". Yo oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él alzó su mano derecha, y su mano izquierda hacia el cielo y juró por aquel que vive eternamente: "Pasará un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se haya acabado de aplastar la fuerza del pueblo santo, se acabarán también todas estas cosas". Yo oí, pero no entendí. Entonces dije: "Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?". Él respondió: "Ve Daniel, porque estas palabras están ocultas y selladas hasta el tiempo final. Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán. A partir del momento en que será abolido el sacrificio perpetuo y será instalada la Abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. ¡Feliz el que sepa esperar y llegue a mil trescientos treinta y cinco días! En cuanto a ti, ve hacia el Fin: tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días". (Daniel 12, 1-13)

Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

Esta sección se crea el 2 de Abril de 2010, Viernes Santo, y día del Siervo de Dios Juan Pablo II, a quien se la encomendamos, junto con la interpretación correcta del Apocalipsis y todas las profecías que hablan sobre el Fin de los Tiempos.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que estemos escritos en el Libro de la Vida el Último Día.