Actualizado el martes 5/MAR/19

Mensaje de confianza

Es fortalecida por la Fe

Vayamos más lejos en este estudio.

¿Qué fuerza soberana da firmeza a la esperanza, a punto de hacerla inquebrantable a los asaltos de la adversidad?... ¡La Fe!

El alma que confía retiene en la memoria las promesas del Padre celestial; las medita profundamente. Sabe que Dios no puede faltar a su palabra, y de allí una imperturbable seguridad. Si el peligro la amenaza, la envuelve, la domina incluso, ella conserva siempre la serenidad. A pesar de la inminencia del peligro, repite la palabra del Salmista: “El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es el defensor de mi vida. ¿Quién me hará temblar?”.

Entre la Fe y la confianza existen relaciones estrechas, lazos íntimos de parentesco. Empleando la expresión de un teólogo contemporáneo, se debe encontrar en la Fe “la causa y la raíz” de la confianza. Ahora bien, cuanto más penetra la raíz en la tierra, más savia nutritiva saca de ella; más vigoroso crecerá el tronco; más opulenta será la floración. Así, nuestra confianza se desarrolla en la medida en que profundizamos en nosotros la Fe.

Los Libros Sagrados reconocen la relación que une esas dos virtudes. ¿No son designadas por el mismo vocablo “fides”, una y otra, por la pluma de los escritores sagrados?

 (De "El Libro de la Confianza", P. Raymond de Thomas de Saint Laurent) 

Comentario: 

La Fe es una virtud sobrenatural dada por Dios al alma en el momento del bautismo. Pero la fe también es la respuesta libre del hombre a Dios.

Dios nos quiere aumentar la Fe, pero es necesario que nosotros pidamos ese aumento de Fe, como pidieron los apóstoles: “Señor, auméntanos la Fe”.

En lo que depende de nosotros, podemos aumentar la Fe especialmente con la oración, y preferentemente el Santo Rosario, ya que en él vamos meditando los misterios de la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús y de María, y así cada vez vamos aumentando en confianza, porque nuestra fe es cada vez más robusta.

¡Qué triste y desesperante es la vida del hombre sin fe! Él se precipita fácilmente en la desesperación, porque no cree que existe un Bueno, Dios, que vela por él y sobre el mundo, y que no dejará que le suceda nada que sea realmente malo, y que hará incluso milagros cuando fuere necesario.

Cuidemos nuestra fe no leyendo obras ateas y anticristianas, y menos pasando horas delante del televisor, que es una escuela de violencia, ateísmo y de todos los vicios. Porque si perdemos la fe, lo perdemos todo.

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