Actualizado el martes 8/NOV/22

(Sección especialmente dedicada para el Grupo ALMAS APOSTÓLICAS)

Mensaje sobre el apostolado

VOLO TECUM

Exigir a un cojo que ande derecho, es menos absurdo que pretender ser santo sin Ti, oh Salvador mío (San Agustín).
¿Por qué mis resoluciones han quedado estériles, sino porque el Omnia possum no ha nacido del In eo qui me confortat? . Llego ya al punto, en cierto sentido, el más importante de mi oración: la SÚPLICA o el LENGUAJE DE LA ESPERANZA.
Nada puedo, oh Jesús mío, sin tu gracia. Por ningún título merezco esa gracia tuya. Pero sé que mis súplicas no te fatigan, antes determinan la medida de tu socorro y reflejan la sed que tengo de estar contigo, la desconfianza en mí y la confianza ilimitada, hasta loca, en tu Corazón. Como la Cananea me arrodillo a tus pies, oh Bondad infinita. Con su insistencia, toda esperanza y humildad, te pido no unas migajas, sino la verdadera participación en el festín de que has dicho: Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre.
La gracia me ha hecho miembro de tu Cuerpo místico, y así participo de tu Vida y méritos y oro por Ti, oh Jesús mío. ¡Padre Santo!, te suplico por la Sangre que grita misericordia. ¿Rechazarás mis plegarias? Elevo hasta Ti un grito de pordiosero, ¡oh riqueza inagotable! Exaudi me, quoniam inops et pauper sum ego . Revísteme de tu Fortaleza y glorifica tu Poder en mi debilidad. Tu Bondad, tus promesas, y méritos, oh Jesús, juntamente con mi misericordia y mi confianza, son los únicos títulos de mi demanda para obtener, por mi unión contigo, la guarda del corazón y la fortaleza en el día de hoy.
Si apareciera algún obstáculo o tentación, o algún sacrificio que debo imponer a mis facultades, el texto o pensamiento que guardo en mi memoria como Ramillete espiritual, me hará respirar el perfume de la oración, que ha envuelto a mis resoluciones, y otra vez en este momento lanzaré el grito de la Súplica eficaz. Este hábito, fruto de mi oración, será también su piedra de toque: A fructibus cognoscetis.

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Cuando llegare a VIVIR DE FE Y DE SED HABITUAL DE DIOS, el trabajo del Video quedará suprimido algunas veces; el Sitio y el Volo surgirán desde el principio de la oración que emplearé en producir afectos y ofrecimientos, en robustecer mis resoluciones y en suplicar ante Jesús directamente, o por medio de María Inmaculada, a los Ángeles y Santos, una unión más íntima y constante con la Voluntad divina.
El Santo Sacrificio me espera. Me he preparado con la Oración. Mi participación en el Calvario en nombre de la Iglesia y la comunión que haga, serán como la continuación . En la acción de gracias extenderé mis súplicas a los intereses de la Iglesia, a las almas que se me han encomendado, a los difuntos, a mis pobres, parientes, amigos, bienhechores, enemigos, etc.
El rezo de las distintas horas del Breviario en unión con la Iglesia por Ella y por mí, las jaculatorias frecuentes y encendidas, las comuniones espirituales, el examen particular, la visita al Santísimo, la lectura espiritual, el rosario, el examen general, etcétera, serán los jalones de mi camino, activarán mis fuerzas y conservarán el aliento que tomé a la mañana, para que ninguno de los actos que ejecutare en el día escape a la acción de Nuestro Señor. Gracias a este aliento, el RECURSO FRECUENTE en un principio, y más tarde HABITUAL a Jesús, ya directo, ya por medio de su Madre, hará que cese la contradicción existente entre la admiración que siento por su doctrina y mi vida de emancipación; entre mi piedad y mi conducta.

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Ahora reprimimos nuestro corazón que, en su deseo de ser útil a los hombres de obras, quisiera consagrar aquí una atención especial al EXAMEN PARTICULAR. Alargaríamos demasiado este volumen si realizáramos este pensamiento y, sin embargo, de la lectura de Casiano y de otros Padres de la Iglesia, como también de San Ignacio de Loyola, San Francisco de Sales y San Vicente de Paúl, resulta que los Exámenes particular y general son corolarios obligados de la Oración y tiene relación con la Guarda del corazón.
De acuerdo con su director, el alma está resuelta a vigilar, durante la oración más directamente, y después, en el transcurso del día, un defecto o una virtud, que son el manantial de otros defectos o de otras virtudes.
A veces, un carro es arrastrado por varias caballerías. El conductor las sigue a todas con los ojos. Pero en el centro del tiro va una a la cual el conductor atiende con cuidado especial, porque sabe que, si se detiene o apresura excesivamente, las otras se desvían.
El análisis que hacemos de nuestra alma por medio del examen particular, para ver si avanzamos, retrocedemos o estamos parados, en un punto bien determinado, no es otra cosa que un elemento de la guarda del corazón.

 (De "El alma de todo apostolado", Dom Chautard)

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