INTRODUCCIÓN 

 

¿Por qué me ha escogido Dios?

¿Quién soy yo?  Soy menos que un granito de polvo frente al  universo, soy menos que una gotita invisible frente al océano, soy menos que un repugnante gusanillo que se arrastra en el fango de la tierra.

Soy un pobre sacerdote, entre tantos, el menos culto, el menos docto, el más desprovisto, un pobre sacerdote rico sólo en innumerables miserias de toda naturaleza.

¿Por qué me ha escogido Dios? Para que se entienda que yo no soy más que un pobre instrumento en Sus Manos, para que se entienda por todos que no soy más que una miserable pluma despuntada, mi misma caligrafía es símbolo de mi inconmensurable pobreza y nulidad.

¿Por qué me ha escogido Dios? Para confundir a los soberbios, hinchados de orgullo por su saber, que han llenado la Iglesia de errores y de herejías, envenenando a las almas. Sí, necedades, errores, herejías, sobre Dios, sobre la Iglesia, sobre la Santísima Virgen, sobre la Revelación. Dios es infinitamente sencillo y nos quiere sencillos y humildes.

“En verdad, en verdad os digo que si no os volvéis sencillos como estos pequeños, no entraréis en el reino de los cielos”.

Basta transformar las cosas simples en las cosas más complicadas, basta acuñar nuevos vocablos, nuevas palabras, para ostentar su saber y atraer sobre sí, de este modo, la atención de los otros. Estimo útil esta breve introducción, si no necesaria, para que se establezca, entre mí, instrumento, y los lectores a los que está dirigido este libro, ambos envueltos en un designio de amor de la Providencia Divina, un contacto espiritual que facilite la acción de la divina voluntad. 

                                                                                  don Ottavio Michelini 

 

PLAN DE LA OBRA

Confidencias de Jesús a un Sacerdote 

 

PARTE 1ª   TÚ SABES QUE YO TE AMO. 

PARTE 2ª    HIJITOS MÍOS, ¡ÁNIMO! 

PARTE 3ª   LÍBRANOS DEL MALIGNO. 

PARTE 4ª   NO SOY YO, HIJOS MÍOS, QUIEN HA QUERIDO ESTA HORA.

PARTE 5ª  LA MEDIDA ESTÁ COLMADA, EL VASO SE DERRAMA. 

PARTE 6ª  LA HUMANIDAD EN EL UMBRAL DE SU LIBERACIÓN.

 

TÚ SABES QUE YO TE AMO

 

Confidencias de Jesús a un sacerdote

 

Parte 1ª

 

5 de Mayo de 1975

 

LOS QUIERO VIVOS.

 

Hijo mío, no me conformo con la adhesión poco más que formal de muchos sacerdotes míos.

Hijo, quiero de mis sacerdotes una participación activa en mi Redención.

Quiero a mis sacerdotes conmigo sobre el Calvario; muchos se niegan a seguirme en mi dolorosa subida.

A mis sacerdotes los quiero orantes y operantes Conmigo en la Eucaristía. Algunos no creen ni siquiera en mi presencia en los altares, otros me abandonan y se olvidan de Mí, otros,  nuevos Judas, me traicionan.

¡Quiero a mis sacerdotes constructores de mi Reino en las almas, no devastadores de mi Reino!

Quiero de mis sacerdotes el amor, porque Yo los amo infinitamente desde la eternidad. Alma del amor es el sufrimiento: se ama en la medida en que se sufre. Pero hoy muchos huyen del sufrimiento, y por tanto, del amor.

Hijo, quiero a mis sacerdotes conscientes, responsables y conocedores de su papel en el Cuerpo Místico. Los quiero vivos, vibrantes de gracia, de fe, de amor y por tanto de sufrimientos.

¡Cuánto tiempo perdido, cuánto bien no realizado, cuántos obstáculos e impedimentos en mi Cuerpo Místico! Que despilfarro de lo sobrenatural... porque muchos, muchos no tienen como soporte sino sólo una escasa fe, esperanza y amor.

¡Pobres sacerdotes míos que caminan a tientas en la oscuridad! Los amo, quiero su conversión, hijo.

Por lo tanto ¿Te extraña entonces si te pido sufrir un poco y rezar por ellos?

 

Los quiero conscientes

 

—Jesús, hazme entender qué cosa quieres de nosotros, sacerdotes.

Ya te lo he dicho: os quiero conscientes de vuestra vocación. Yo os he escogido con especial predilección y amor.

Quiero a mis sacerdotes conscientes de su participación en mi Sacrificio, no simbólico sino real. Esto lleva consigo unión y fusión de su sufrimiento y el mío. No es formulismo exterior, sino estupenda y tremenda realidad: ¡la Santa Misa!

El sacerdote debe unirse a Mí en el ofrecimiento de Mí mismo al Padre. ¿Qué Misa es la del sacerdote carente de esta conciencia y convicción?

Piensa, hijo mío, ¡qué dignidad, grandeza y potencia he dado a mis sacerdotes! El poder de transubstanciar el pan y el vino en Mí mismo: en mi Cuerpo, en mi Sangre, en todo Yo mismo. En sus manos se repite cada día el prodigio de la Encarnación.

Los he constituido depositarios y dispensadores de los frutos divinos del Misterio de la Redención. Les he conferido el poder divino de perdonar o de retener los pecados de los hombres. Como a mi Padre putativo, los he constituido custodios míos sobre la tierra. Pero, para muchos, ¡qué diferencia  entre el amor con el que me custodiaba San José y su descuido de Mí en el Sagrario!

Hijo, a mis sacerdotes he confiado la tarea de anunciar mi palabra. Pero ¿en qué modo se lleva a efecto esta importante tarea del ministerio sacerdotal? Lo dice la esterilidad en general que acompaña a la predicación.

A mis sacerdotes les está confiada la tarea de combatir contra las oscuras fuerzas del Infierno, pero ¿quién se cuida de hacerlo, de echar a los demonios? Para hacer esto se necesita tender a la santidad; así también para curar a los enfermos se necesitan oraciones  mortificación.

Hijo mío, a mis sacerdotes los quiero santos porque deben santificar. No deben poner confianza, para su ministerio, en medios humanos como muchos lo hacen. No deben confiar en las criaturas sino en mi Corazón Misericordioso y en el Corazón Inmaculado de Mi Madre.

Los sacerdotes son verdaderos ministros míos pero, hecha excepción de pocos, no tienen conciencia de esta su posición.

Son mis embajadores, acreditados por Mí entre los hombres, las familias y los pueblos.

 

Van con el mundo

 

Los sacerdotes son realmente partícipes de mi eterno Sacerdocio. El sacerdote es protagonista, en el Cuerpo Místico, de grandes hechos y acontecimientos sobrenaturales.

Los sacerdotes deben ser hostias para darse e inmolarse por la salvación de los hermanos.

Es pecado gravísimo pensar en salvar las almas con los propios recursos humanos de inteligencia y de actividad. Toda actividad exterior del sacerdote que carece de fe,  amor, sufrimiento y oración, es nula, es vana.

El sacerdocio es un servicio. El que sirve se diferencia del servido, no se identifica con las personas servidas. El sacerdote debe diferenciarse de las almas a él confiadas, como el pastor se diferencia de su grey.

Si los sacerdotes vieran la grandeza de su dignidad, la sublime potencia sobrenatural de la que están revestidos (como veía estas cosas San Francisco de Asís)  tendrían para sí mismos y para sus hermanos sacerdotes un grande y devoto respeto.

Hijo, desgraciadamente algunos se buscan a sí mismos olvidándose de Mí. Otros muchos van con el mundo, aún sabiendo que el mundo no es de Dios sino de Satanás.

Algunos me traicionan, otros están demoliendo mi Reino en las almas, al sembrar errores y herejías. Otros están áridos por carencia de la savia vital del alma: el amor, cuya verdadera alma es el sufrimiento.

Debes por tanto, rezar y ofrecerte, con una correspondencia sensible a mis invitaciones, a la reparación, a la penitencia, a la oración para que todos mis sacerdotes se conviertan. Sí, se conviertan y cada uno tome su puesto en el Cuerpo Místico:  ad majorem Dei gloriam[1] y por la salvación de las almas.

 

Renovación real

 

-A mi pregunta de que qué quería dar a entender precisamente al decir: "Quiero a mis sacerdotes orantes y operantes Conmigo en la Eucaristía",  la respuesta ha sido ésta:

"¿Qué cosa he hecho y hago Yo en el sacrificio de la Cruz y de la Santa Misa? ¿Cómo he rezado al Padre?  “Padre, si es posible pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

No olvides (como muchos olvidan) que el sacrificio de la Santa Misa es la real renovación del sacrificio de la Cruz.

En el sacrificio de la Cruz está mi oración al Padre unida al anonadamiento de mi voluntad, aniquilamiento total. Está el ofrecimiento total de Mí mismo con un acto de infinito amor y de infinito sufrimiento; está la inmolación de Mí mismo por las almas.

El sacerdote que se une, y que Yo quiero unido a Mí en este sufrimiento, participa más que nunca en mi Sacerdocio. Nunca es tan sacerdote como cuando hace esto Conmigo.

 

Despilfarro de lo sobrenatural

 

¡Cuántas Santas Misas privadas de esta alma vital, de esta unión íntima y fecunda!

El Sacerdote atestigua su amor a Dios y al prójimo en el acto más importante de su jornada cuando, responsablemente en unión Conmigo, se anonada a sí mismo en la ofrenda eficaz de su voluntad al Padre y acepta inmolarse por las almas por las que Yo  incesantemente me inmolo.

O sea: el sacerdote en la Santa Misa debe darse realmente Conmigo al Padre para ser dado por el Padre a las almas.

Esto debe preceder a toda otra actividad del sacerdote, de lo contrario, es despilfarro de tiempo y de lo sobrenatural; de otro modo se vuelve estéril desde la raíz toda su actividad.

Hijo, si te hiciera ver cómo son celebradas muchas, muchas Santas Misas, te quedarías espantado hasta el punto de morir...

En este sentido te repito: quiero orantes y operantes a mis sacerdotes como Yo fui y soy; sólo así es como se hacen instrumentos, para sí y para los hermanos, de verdadera renovación espiritual.

¡Cuántas actividades inútiles, hijo mío, porque están privadas de su alma natural!

 

9 de Mayo de 1975

 

LA REDENCION SE COMPLETA

 

- He aquí, en síntesis, lo que Él me ha dicho: "Propter peccata veniunt adversa".[2]

La humanidad ha pecado en origen en Adán y Eva; luego los hombres han continuado pecando. Se necesitaba pagar y expiar;  pero la humanidad era impotente para expiar su deuda.

El Verbo se insertó en la humanidad con el Misterio de la Encarnación. Expía y da satisfacción por la Culpa y por las culpas de la humanidad. Su triunfo está constituido por el Misterio de la Cruz: “Cum exaltatus fuero a terra, omnia traham ad me ipsum"[3]

Salva, expía, da satisfacción y redime con un sufrimiento infinito. Su triunfo brota de los insultos, de los escupitajos, de la flagelación... De este modo glorifica al Padre y salva a las almas; reconcilia a la humanidad con la Divinidad y triunfa sobre sus enemigos visibles pero sobre todo, sobre sus enemigos invisibles: Satanás y sus secuaces.

De su Costado brota el Misterio de la Iglesia, su Cuerpo Místico del que Él es la Cabeza.

Es ley natural que el sufrimiento de un órgano se refleje y repercuta en los otros órganos del cuerpo. Así la Redención, iniciada con la Encarnación y consumada en la Cruz se completa en todos los miembros del Cuerpo Místico con el sufrimiento hasta el fin de los tiempos.

Nuestras acciones humanas nunca son solamente personales; sus consecuencias, sean buenas o malas no son  nunca sólo personales, sino que repercuten positiva o negativamente en todo el Cuerpo Místico, del que cada uno es miembro.

Por eso el cristiano nunca es tan cristiano como cuando sufre, culpable o inocente, adulto o pequeño; su sufrimiento, como el de Cristo, se vuelve patrimonio de todos, aunque conservando su valor personal.

El cristiano, se acerca tanto más a Cristo con su sufrimiento, cuanto más colabora en completar el Misterio de la Redención en la Iglesia. Ésta, como Cristo, de cuyo costado ha brotado, triunfa en el dolor, en la humillación y en la persecución.

 

 

Las injusticias espirituales

 

El no querer sufrir es falta de amor a Dios, es falta de justicia y de amor al prójimo y a los hermanos más necesitados de la Misericordia divina.

Se deploran las injusticias sociales, y justamente, pero no se deploran para nada las injusticias espirituales perpetradas en perjuicio de tantas almas que se pierden porque nos hemos negado a sufrir con Él por su salvación.

Terrible falta de sensibilidad cristiana que revela la tremenda crisis de fe; y con la fe está en crisis la esperanza y la caridad.

El no querer sufrir manifiesta la falta de justicia y de caridad hacia Dios y hacia los hermanos: de estas dos grandes virtudes que constituyen el soporte de toda la vida cristiana.

Los rebeldes al sufrimiento corren el grave riesgo de auto eliminarse del Cuerpo Místico, corren el peligro de agostarse como ramas secas e inútiles, es más, nocivas, buenas solo para el fuego. Falta en los cristianos la visión del gran valor de los bienes eternos, para los que han sido creados y redimidos.

El no querer sufrir es un gravísimo mal de la sociedad materialista que, desgraciadamente, ha contagiado clero, religiosos y religiosas.

En consecuencia, ella ha sofocado la verdadera y auténtica vida cristiana de fe, de esperanza y de amor; ella ha vuelto ciegas las almas, ha hecho insípida a la sal y ha apagado muchas lámparas que habrían debido difundir luz y que ya no lucen más.

 

15 de Julio de 1975

 

UNA COMUNIÓN PERFECTA

 

- He pedido al Señor que me hiciera conocer la participación de la Santísima Virgen en el Misterio de la Encarnación. Con gran bondad me ha respondido:

“La participación de mi Madre en mi Encarnación es Misterio grande y sublime”.

Mientras Ella me daba la vida corporal y me nutría y me criaba, antes del nacimiento y después del nacimiento, Yo le daba en medida cada vez mayor mi Vida divina. [4]

Por eso Yo soy como parte de Ella por la naturaleza humana, y Ella es como parte de Mí por la naturaleza Divina.

Naturaleza humana y naturaleza divina en Mí y en Ella, se funden de un modo único, particularísimo y misterioso, por el que todo lo que es mío es también suyo y todo lo que es suyo es también mío.”

De aquí queda claro y evidente que su participación en el Misterio de mi Encarnación la lleva a una comunión perfecta por lo que, pensamientos, afectos, alegrías y dolores es como si brotaran de una sola fuente.

La participación de Ella en mi sufrimiento infinito es misteriosamente tan intensa que no se puede comprender por la mente humana. Por esta misma razón se vuelve incomprensible a la mente humana su amor por Mí, Uno y Trino, y por todos los hombres.

Es incomprensible a la mente humana la grandeza de mi Madre en la prueba, en el dolor y su grandeza en la gloria.

Ella vive en Mí; Yo vivo en Ella. Así es ahora, así fue,  así será siempre.

 

25de Julio de 1975

 

UN HECHO EVIDENTE

 

-  Señor, ¿cuál es la participación de tu Madre en el Misterio Eucarístico?

"La misma que en el Misterio de la Encarnación.

Es de comunión perfecta, viviendo Ella de Mí y Yo de Ella: Ella de mi naturaleza divina, Yo de su naturaleza humana.

He dicho que vivimos en una comunión perfecta: donde estoy Yo, también está Ella.

Hijo, bastaría esto para volver más accesible a las almas la grandeza de mi Madre y vuestra.

Por medio suyo el injerto de Mí, Verbo eterno de Dios, en la naturaleza humana; por medio suyo se ha hecho realidad el Misterio de la salvación.

Es un Misterio en pleno desarrollo. Por medio de Ella, Satanás ha sido vencido y el hombre de buena voluntad, si quiere, puede salvarse”.

La comunión, que brota del Misterio de la Encarnación, continúa en el Misterio Eucarístico y continuará eternamente. Yo siempre viviré de su naturaleza humana y Ella siempre vivirá de mi naturaleza divina.

Esta comunión es un hecho evidente jamás repetible. No tiene comparación en la comunión  mía con las almas en gracia, aunque también esta última es una cosa que no se puede describir humanamente por su belleza sobrenatural.

 

Envueltos en la oscuridad

 

De las relaciones que intervienen entre Dios Uno y Trino y Mi Madre se derivan hechos sublimes, únicos e irrepetibles:

 -  su maternidad inseparable de su virginidad,

 -  su concepción inmaculada,

 -  su exención de la corrupción de la carne,

 -  su asunción y su realeza sobre todas las potestades del Cielo y de la tierra,

-  su poder sobre las mismas fuerzas del infierno que, al final, derrotará definitivamente.

Los hombres, en su presuntuoso simplismo, no ven la grandeza y el poder de mi Madre que es también su Madre. No han escuchado sus repetidas llamadas maternales.

Si los hombres se volvieran a Ella arrepentidos, si le rezaran, podrían evitar la avalancha que los amenaza y que ya está en movimiento.

Pero, embriagados de placeres y de bienes materiales, viven en cambio envueltos en la oscuridad como si Dios no existiera y como si tampoco existiera mi Madre.

Los hombres, e incluso muchos de mis ministros, no han comprendido, el amor sin medida de su Madre Celestial, porque no han profundizado.

Si lo hubieran comprendido y lo hubieran correspondido, cuántos males no se habrían evitado a los individuos y a los pueblos; ¡cómo habría sido de serena para todos su peregrinación por la tierra!

 

28 de Julio de 1975

 

CON EL CORDERO SE OFRECIÓ A SÍ MISMA

 

 — ¿Cuál es la participación de la Virgen María en el Misterio de la Cruz?

"La participación de mi Madre en el Misterio de la Cruz es un hecho único en la historia del género humano y también en la historia del Cielo.

iluminada

Mi Madre, solo Ella entre todas las mujeres, es verdadera Sacerdotisa. Ella, bien erudita en las Sagradas Escrituras, iluminada sobreabundantemente por el Espíritu Santo, aceptando la maternidad divina bien sabía lo que iba a ser de Ella.

Por lo demás, el viejo Simeón, sin términos medios le dijo: "y tú, oh mujer, tendrás el corazón traspasado... etc."

Mi Madre conservó en su corazón esta tremenda profecía, para Ella límpida y transparente, tanto que la misma profecía fue como hoja afilada que le traspasó el corazón durante toda su vida.

Mi Madre fue verdadera Sacerdotisa.

 

No en el sentido común, en el que lo son en cierto modo, los bautizados y los confirmados. Ni siquiera en el sentido ministerial, sino en modo diferente, y todavía más profundo, de quien ha recibido el Sacramento del Orden.

Mi Madre fue y es verdadera Sacerdotisa en cuanto que en la cima del Calvario ofreció al Padre la Víctima pura y santa, el Cordero de Dios, su Hijo y con el Cordero se ofreció a sí misma.

Ella es también víctima por los pecados.

Presente, consciente, copartícipe, no sufrió la acción, pero - con el Hijo suyo divino - fue verdadera protagonista del drama de la Redención en el que se centra la historia del género humano.

En este doble ofrecimiento, que se renueva en cada Misa, está la acción por la cual el Sacerdote es verdaderamente tal. Nunca en efecto el Sacerdote es tan Sacerdote como cuando, junto a Mí, me ofrece a Mí mismo y a sí mismo al Padre.

Por esto mi Madre es corredentora.

Para realizar este ofrecimiento mi Madre ha debido anonadarse enteramente a sí misma. La víctima se destruye, la víctima se consuma. Ella ha debido destruir su corazón de Madre santa y pura, la más santa entre todas las madres.

Ha debido sacrificar e inmolar todo sentimiento suyo, ha debido y querido repetir su “fiat” y, como Jesús y con Jesús ha dicho: “no se haga, oh Padre, mi voluntad sino la tuya”.

Sólo un amor indescriptible, incomprensible, un amor sin dimensiones humanas la ha hecho capaz de tan grande prodigio.

Mi Madre, como Sacerdotisa, ha testimoniado a Dios y a los hombres la más grande prueba de amor que consiste en sacrificar no la propia vida, sino la vida de Aquel a quien más se ama.

 

Tremenda sorpresa

 

Los hombres saben poco y reflexionan menos todavía sobre lo poco que saben.

Los hombres y muchos ministros míos y almas consagradas, no consideran que el Misterio de la Cruz se renueva incesantemente. Débilmente creen en la sublime realidad del Misterio de la Cruz, que se perpetúa en el Santo Sacrificio de la Misa.

Los sacerdotes no piensan que junto a Mí, que estoy presente en la Hostia consagrada, está mi Madre como en el Calvario, que ofrece al Padre, al mismo tiempo que a Mí, también a sí misma.

Piensa, hijo, qué tremenda sorpresa será un día para muchos de mis ministros el descubrir el hecho de haber sido sólo materialmente, Conmigo y con la Madre mía y suya, protagonistas de estos grandes misterios.

Reflexiona en cuántos frutos no logrados, en cuántas almas no santificadas por la ceguera culpable de muchos ministros míos.

Reflexiona en los sacrilegios continuos.

Mi Madre está y permanece en perfecta comunión Conmigo. En Ella se han cumplido grandes cosas. ¡Qué ejemplo es mi Madre para todos los sacerdotes!

Si mis sacerdotes se inspiraran en esta perfecta comunión que interviene entre Mí y mi Madre, lucharían cotidianamente por el aniquilamiento total del propio yo.

Ofreciéndose al Padre junto a Mí, siguiéndome en la Cruz en lugar de seguir al mundo, experimentarían que mi yugo es suave y ligero.  Verían el árbol de mi Iglesia, riquísimo de frutos.

Hijo, el mundo se está precipitando hacia la ruina como una terrible avalancha. Cuando una avalancha inicia su descenso, raramente se la advierte; su movimiento inicial es imperceptible, luego, poco a poco, crece y se hace arrollador.

Pues bien, la avalancha ha iniciado su marcha y los hombres ciegamente no advierten el desastre hacia el que se precipitan.

La alarma se ha dado, casi inútilmente. Poquísimos la han acogido; muchísimos la han ignorado.

Pero lo que más entristece mi Corazón Misericordioso y el Corazón Inmaculado de la Madre mía y vuestra, es el hecho de que demasiados sacerdotes hayan ignorado las múltiples llamadas venidas del Cielo. Tremenda responsabilidad...

¡Rezar, reparar, ofrecer!

Esto urge decir; esto urge hacer.

                       

29 de Julio de 1975

 

LA DIGNIDAD SACERDOTAL

 

"Hijo, el Sacerdote me pertenece,  todas las criaturas me pertenecen, todos los hombres me pertenecen, pero el sacerdote me pertenece en modo diferente y particular.

Tú, hijo mío:

— me perteneces por Creación,

— me perteneces por Redención,

— me perteneces por Vocación,

— me perteneces por Reconquista.

Así es verdaderamente.

Por lo tanto, eres mi propiedad, y como propiedad mía, tú realizas el fin de la Creación, el fin de la Redención y el fin de tu Vocación solamente de un modo: adecuándote escrupulosamente a mi voluntad.

Para esto te he llamado: no me has escogido tú a Mí, sino que Yo te he escogido a ti. Te he escogido para hacer de ti un ministro mío, es decir, para hacer de ti otro Yo mismo. No es un modo de decir, sino que es una gran realidad: Sacerdos alter Christus[5].

Sólo los santos han tenido la justa visión de la grandeza sacerdotal. Muchos ministros míos están muy lejos de vivir esta realidad divina: no tienen la visión luminosa del Misterio del que son parte.

Mis ministros deberían ser responsablemente conscientes de su dignidad sacerdotal, adecuando a ella día y noche toda aspiración y toda energía, toda fatiga y todo sufrimiento.

Así han hecho los sacerdotes santos y ¡todos los sacerdotes deben ser santos!

Para esto los he escogido para santificarse y luego santificar, para darse a Mí enteramente porque son míos, porque me pertenecen por tantos títulos y para que Yo pueda darlos, sin reservas, a los hermanos.

Pero, ¿qué hacen tantos ministros míos? Cuidan de sus intereses (muchas veces disimulados, pero siempre sus intereses) no de los míos que son los de las almas. Están sedientos y hambrientos de cosas mundanas.

He dicho que cuidan de sus intereses: mejor definirlos pseudo - intereses; el verdadero interés de ellos debe ser uno sólo: “Dios”. La gloria de Dios, la salvación de las almas; todo el resto no vale.

Por fuerza vagan desorientados en la niebla y en la oscuridad, que no se reconocen ya ni a sí mismos. No saben ya quiénes son, no saben a dónde van;  por fuerza resulta que ¡no hacen mella en las almas!

No, no se salvan almas en las playas donde impera Satanás compitiendo con los hijos de las tinieblas en la inmodestia, en la impureza, en el mal. No se salvan almas leyendo toda clase de libros, envenenando y contaminando espíritu y alma. No se salvan almas repudiando la fe. Se han hecho materialistas.

 

Espantosa inversión

 

Cuán lejos están estos ministros míos del Centro propulsor de la gracia que es mi Corazón misericordioso.

Cuánto sufrí por Judas, reacio a mi amor, cuanto sufrí por Judas, pero más que por la traición hecha con relación a mí,  por la ruina de su alma.

Cuánto sufrimiento por muchos sacerdotes míos que traicionan el mandato divino, pudriéndose a sí mismos y a tantas almas.

Hijo mío, un sacerdote no se salva solo ni se pierde solo. Obrando por la salvación de un sacerdote se obra por la salvación de otras muchas almas.

Que tremenda y espantosa inversión de una estupenda realidad divina:

— de Alter Christus, a lobo rapaz que dispersa el rebaño;

— de Ángel de luz, a ángel de las tinieblas.

— de Ministro embajador de Dios a traidor de la finalidad de la Creación, de la Redención y de su Vocación.

"Ya no os llamo siervos, sino amigos".

De amigo de Dios a colaborador de Satanás en el arrancar a mi Corazón Misericordioso las almas

¿No es este el mal más grande que un hombre, un ministro mío puede hacer?

 

Necesidad esencial

 

¿Por qué se llega a tanto?

Hijo mío, a medida que se nos aleja de la fuente de la luz, se nos adentra primero en la sombra, luego en la oscuridad; a medida que se nos aleja de la fuente del calor (amor)  penetra en el alma primero el frío y después el hielo,  la insensibilidad a toda llamada mía.

Es necesario unirse a Mí, hijo, siempre más íntima y profundamente como mi Madre fue y está unida a Mí en el ofrecimiento.

Por eso no te debe extrañar lo que con insistencia te pido. Un acto de fe, un acto de esperanza, un acto de amor y de abandono me recompensa por las ofensas, injurias y sacrilegios que continuamente se realizan.

Yo quiero atraer a Mí las almas, a las que amo, con la violencia y la potencia infinita de mi amor.

Yo quiero vincular y elevar a Mí a éstas almas: he aquí por qué les  pido a ellas darse a Mí enteramente en la realización de  mi voluntad, según el ejemplo de mi Madre y vuestra Madre.

Quiero que estas almas estén tendiendo hacia Mí día y noche, en una unión que debe transformarse en comunión perfecta.

Esto sucede cuando el amor por Mí es verdadero, grande y abrasador. Entonces el tender hacia Mí con actos de fe, de esperanza, de confianza y de ofrecimiento se volverá como una segunda naturaleza, algo preciso, una necesidad esencial, como lo es para el amante tender hacia el objeto amado. Entonces como no se puede vivir sin respirar, tampoco se podrá vivir sin Mí.

Hijo, esto pido: no te olvides de que Yo soy el Amor, el Amor eterno, increado, que desde siempre estoy inclinado hacia vosotros.

Tengo derecho de ser amado por vosotros, porque soy el Amor, porque por amor os he creado, por amor os he redimido, por amor os he escogido y por amor os he reconquistado.                

 

6 de Agosto de 1975

 

EL RECHAZO DE DIOS

 

— Hijo, levántate y escribe de rodillas:

“Dos hechos centran en sí toda la historia del género humano.

El primero es la Creación del hombre y su rechazo de Dios.

Este rechazo de Dios constituye una catástrofe espantosa de gravedad gigantesca cuyas consecuencias destructivas se perpetuarán en los siglos hasta el fin de los tiempos.

Los hombres instigados por las oscuras y misteriosas potencias del infierno, materialistas como son,  no tienen ya la percepción de esta enorme tragedia que ha desbaratado la naturaleza humana hiriéndola mortalmente, debilitándola y privándola de los dones maravillosos con los que fue creada.

Los hombres ya no tienen conciencia de la inmensa tragedia de la que son objeto y víctimas, y en la que están envueltos personal y socialmente.

Guerras y revoluciones, epidemias, inundaciones y terremotos, cataclismos, dolores, sufrimientos tienen ahí su origen y  ¿qué son las particulares y terrenas vicisitudes humanas frente a esta tragedia por la que la humanidad entera estaba eternamente perdida?

El otro acontecimiento, que también centra en él toda la historia del género humano es el Misterio de la Encarnación, Muerte y Resurrección del Verbo.

Obra de la Trinidad Divina, querida por la misma Trinidad como respuesta eficaz con miras a limitar y circunscribir la obra devastadora de Satanás y como contra - medida para el rescate de la humanidad y para liberarla de la tiranía del Maligno.

Sólo Dios podía realizar una obra de redención semejante.

La monstruosidad de esta generación perversa está en ignorar y querer ignorar el portentoso Misterio de salvación, a través del cual es también visible el Amor infinito de Dios por la humanidad.

¿Podía, hijo mío, dar un testimonio más grande para la salvación de los hombres que el provisto con mi Encarnación, Muerte y Resurrección?

¿Podía dar un testimonio más grande que la perpetuación del Misterio de la Cruz mediante el Sacrificio de la Santa Misa?

¿Puede haber un hecho comparable a éste en todas las historias de los pueblos de la tierra?

¿Pruebas para creer? ¡No las buscan! De ellas he dado tantas. ¿Milagros Eucarísticos? Pero ¡cuántos de ellos he realizado en tiempos remotos y en tiempos actuales!

Hijo mío, no quieren creer, tienen miedo de tener que creer.

 

Un conflicto gigantesco

 

El rechazo de Dios, que es Amor infinito, es un pecado de tal gravedad que, todas las demás cosas y acontecimientos humanos son una nada.

El vaso está lleno y rebosa, sólo mi paciencia y longanimidad, las oraciones de los buenos, la intercesión de mi Madre y las virtudes de los Santos, han retardado el curso de la divina Justicia.

Esta generación de materialistas no tiene ideas en relación con estos dos grandes hechos en los cuales se centra y se compendia toda la historia del género humano, o si las tiene, estas ideas son oscuras y discrepantes.

Los hombres de hoy no saben que están, como objeto y víctimas, en el centro de un conflicto gigantesco.

Todos los hombres están implicados en este choque tremendo entre luz y tinieblas, entre vida y muerte eterna, entre bien y mal, entre verdad y error, entre salvación y condenación.

Esta generación perversa ni siquiera se preocupa por conocer lo que Dios creador, el Verbo hecho Carne Salvador,  el Espíritu Santo Santificador hacen para sustraerla de la ruina y perdición eterna.

Los hombres materialistas han ignorado y continúan ignorando todas las intervenciones de mi Madre y vuestra Madre. Han ignorado mis intervenciones; se tiene miedo y vergüenza de hablar de ellas, incluso por mis ministros.

Los hombres de este siglo perverso rechazan las aguas cristalinas y puras de la verdad. En cambio aman quitarse la sed con las aguas podridas de la corrupción de la sensualidad, de los placeres perdiendo hasta la noción del bien y del mal, nociones que Yo he incrustado en la naturaleza humana.

Hijo mío, estoy disgustado y harto. ¿Hasta cuándo se abusará de mi paciencia?

He aquí por qué te pido actos de amor, de reparación; he aquí por qué te pido que reces. No dejes pasar ni una hora del día sin elevar tu alma a Mí con actos de fe, de esperanza y de amor, de arrepentimiento, de humildad y de reparación.

Me darás así un poco de gozo, no le niegues a tu Jesús este poco de alegría.

Ámame, hijo mío. Te bendigo y contigo bendigo a todas las personas queridas por las que  rezas".

 

21 de Agosto de 1975

 

FRECUENTES ACTOS DE AMOR

 

Hijo mío, te defines como “una gotita de agua turbia que cae hacia abajo”. No has sido tú quien ha dado esta definición, sino que Yo te la he sugerido para que tú puedas comprender mejor la realidad de la vida.

Dime, ¿Puede una pequeña gota de agua que cae ha­cia abajo, repentinamente, invertir su ruta para volver a subir hacia lo alto por sí sola? No, lo ves;  esto va contra las le­yes de la naturaleza.

Dime hijo, ¿Puede un alma debilitada por el pecado original y por sus pecados actuales, puede esta alma, repentinamente, del bajo al que tiende, volver a subir hacia lo alto únicamente con sus fuerzas? ¡Jamás! ¡Absolutamente jamás!

San Pablo ya te ha instruido en esta materia: sin mi ayuda ni siquiera puedes decir: “Jesús es hijo de Dios”.

Entonces, hijo, “mi gotita de agua turbia”, Yo quiero liberarte de todas las escorias y volverte más puro que un rubí. Sólo entonces Yo podré absorberte y podrás fundirte en Mí en Místicas Nupcias y for­mar Conmigo una sola cosa.

He aquí por qué Yo te pido que renuncies a los periódicos, a las revistas, a la televisión. He aquí por qué te he pedido con insistencia, frecuentes actos de amor y de renuncia, de arrepentimiento, de ofreci­miento

He aquí porque insisto en la fórmula: Creer, Esperar, Amar, Confiar, Orar, Callar, Acep­tar, Sufrir, Ofrecer, Adorar. Así los dones maravillosos que te he dado de fe, esperanza y caridad los concretas día a día, hora a hora, obrando tu santificación.

 

La virtud base

 

Hijo mío, cuando te llamas "gota de agua turbia que cae hacia abajo", tú dices una gran verdad que se transforma en humildad; y tú sabes que la humildad es el fundamento de todas las demás virtudes, es la virtud base que se opone al pecado base que es la soberbia.

El Espíritu Santo lo ha dicho "Superbia radix omnium malorum"[6]. Jamás un alma empapada de soberbia podrá agradarme. El aniquilamiento del propio yo, de la propia voluntad es la primera cosa que debe hacerse por quien seriamente quiera meter mano a su propia santificación.

¡Cuán lejos estamos de esta obra de saneamiento espiri­tual! Muchísimos males, también en la Iglesia, en mis ministros, en las almas consagradas y no consagradas, en­cuentran su origen en el orgullo. ¡Cuánta ceguera!

Te bendigo, hijo mío.  Ámame, búscame día y noche y siempre me encontrarás y tú bien sabes el porqué.

 

24 de Agosto de l975

 

CONSTRUYEN MATERIALMENTE

 

Hijo mío, escribe:

- sacerdote malo: equivalente a Demonio que lleva al­mas a la perdición, deicida y homicida;

-  sacerdote tibio: como un arbusto espinoso en tierra árida y estéril;

-  sacerdote bueno: equivale a un poco de bien;

-  sacerdote fervoroso: equivale a llama que ilumina, calienta y purifica;             

-  sacerdote santo: igual a muchas almas salvadas y santificadas.

 

Hijo, muchos sacerdotes se agitan, se mueven,  construyen materialmente. Si tantas energías se gastaran en la construcción de mi Reino en las almas, cuánto bien... en cambio, ¡cómo están de orgullosos con sus obras estos sacerdo­tes míos! En realidad son como la higuera de la que habla el Evangelio, hojas, hojas y ni siquiera un fruto.

Sabes que es absurdo pensar en santificar a otros sin santificarse. Reflexiona en todo lo que Yo hice para que mis Apóstoles fueran santos, en todo lo que hice y hago para que mis sacerdotes sean santos.

Una pizca de verdadera fe bastaría para evitar las terroríficas consecuencias de la aridez estéril del alma sa­cerdotal. La esterilidad es culpable por carencia respon­sable de fe, esperanza y caridad, o sea, de la vida divina.

 

Los quiero salvos

 

Has visto la multitud de almas paradas, más aún inmóviles, estancadas como las aguas de los pantanos por la carencia culpable de buenos confesores expertos.

Has visto el estancamiento de muchas almas consagradas por la carencia culpable de santos y hábiles directores espirituales. Muchas de estas almas, si hubieran sido bien guiadas habrían llegado a cimas altísimas de perfección.

¡Qué desolación, hijo mío, que desolación! Esas almas no han realizado la finalidad suprema de su vocación por la ciega incapacidad de aquellos a quienes llegan y son confiadas.

¿Por qué te hablo casi exclusivamente sobre los males que afligen a mi Iglesia? Porque el médico cura la parte enferma del cuerpo, no de la sana. Y ¿no soy Yo el Médico divino de las almas?

No he venido a curar a los sanos, sino a los enfermos, no he venido por los justos sino por los pecadores. Y ¿quién más necesitado que un sacerdote en crisis de vida interior?

Los quiero salvos a estos sacerdotes míos. Los amo infinitamente, quiero su conversión. He dicho conversión, porque de conversión se trata.

Hijo, está en juego su alma, la salvación o perdición eterna de su alma. Reza y repara. Es un deber de justicia y de caridad.

Ofréceme tus sufrimientos y ámame.

Te Bendigo.

 

25 de Agosto de 1975

 

DEBIERAN VIGILAR

 

¿Has leído las palabras del Evangelio de esta mañana que dirigí a Pedro? "Tú eres Pedro y sobre esta piedra Yo edificaré mi Iglesia y las puertas del Infierno no prevalecerán contra Ella".

En estas últimas palabras "las puertas de los Infiernos no prevalecerán" está claramente indicada la tremenda y gigantesca lucha, el choque continuo, el combate inevitable de las potencias del bien contra las oscuras y misteriosas potencias del mal.

Pero, si ya no se cree en Mí, Verbo eterno de Dios, ¿con qué valor se intenta predicar en mi nombre?

O si no creen, o dudan fuertemente incluso aquellos que han sido encargados de formar a mis futuros sacerdotes del mañana. ¿Qué se podrá pensar del mañana? ¿Podrá jamás un árbol malo dar frutos buenos?

Cuánto ofende a mi Corazón misericordioso la visión de la ruina espiritual que se realiza en los seminarios, en los conventos, en las familias religiosas. Pero ¿cómo evitar la justa ira de mi Padre?

Oh sí, hijo mío, el derrumbe está en curso y será tremendo su precipitarse arrollador.

Si en un ejército en guerra los oficiales, en lugar de vigilar y hacer de todo para descubrir los movimientos del enemigo, duermen y se entretienen en diversiones, la derrota es inevitable.

En mi Iglesia la batalla estalla en todos los frentes, los centinelas no todos están vigilantes. Aquellos que debieran vigilar, demasiado han dormido y demasiado duermen; no se hace uso de los grandes poderes dados a mis sacerdotes, y por desgracia muchos se encuentran en tal sopor que hacen dudar fuertemente de su despertar.

 

Satanás se señorea

 

No se cree, hijo, en la evidencia, porque se vive superficialmente. Bastaría meditar,  reflexionar un poco sobre lo que está sucediendo en la Iglesia y en el mundo, para llegar a la lógica conclusión de que todo lo que está sucediendo en el mundo no es fruto del tabú sino del Príncipe de las tinieblas y de sus secuaces.

No se ha dado importancia a mis múltiples intervenciones. No se han escuchado debidamente las sugerencias de mi Madre en sus numerosas intervenciones, para indicar a los cristianos, y a los sacerdotes en particular, el modo de contener, con oración y mortificación, la acción homicida de Satanás y sus secuaces.

No han valido las múltiples llamadas de mi Vicario, es más, se han hecho posteriormente materialistas, hablando hipócritamente de renovación.

No, hijo, la única renovación posible es una verdadera, sincera conversión.

Satanás con orgullosa arrogancia se señorea; y muchos de mis insensibles ministros no se dan cuenta o fingen no darse cuenta.

¿Hasta cuándo? ¿Aún por mucho tiempo? Reza, repara, ofréceme tus sufrimientos, ámame hijo.

Tú estás en mi Corazón misericordioso. Tú "la pequeña gota de agua" serás absorbido en el océano infinito de amor de mi Corazón, desgarrado por la salvación de todos.

Te bendigo.

 

26 de Agosto de 1975

 

AMIGOS Y CORREDENTORES

 

Te he dicho que todas las cosas me pertenecen: el mundo visible y el invisible.

Todo y todos me pertenecen, todo ha sido hecho por medio Mío y sin Mí nada de lo que existe ha sido hecho. Pero en modo muy particular, como ya te he manifestado, me pertenecen mis sacerdotes.

Los sacerdotes son mis corredentores; investidos de poderes misteriosos y sobrenaturales,  deben tener relaciones de gran intimidad Conmigo. Ya no os llamo siervos sino amigos.

Hijo mío, son pocos los sacerdotes que han comprendido el alcance de este don, de mi amistad real. Por tanto son pocos los sacerdotes conscientemente responsables de la necesaria e insustituible solidaridad de fe y de amor que debe producirse entre Mí, Maestro y Salvador, y ellos mis amigos y corredentores.

Son pocos los que han comprendido que entre Yo y ellos debe haber un intercambio recíproco de fuerzas y de energías. Yo me doy enteramente a ellos y ellos deberían darse exclusivamente a Mí.

Si falta este intercambio absolutamente esencial e insustituible entonces se tiene la muerte espiritual de mis ministros; y muerte quiere decir podredumbre que contagia y pierde a las almas. Muchos no parecen darse cuenta de las consecuencias que se derivan de ello.

Interrumpida la savia vital, mi ministro, de amigo mío y corredentor se convierte en aliado de Satanás, se vuelve como un demonio y hace las veces de demonio.

La insensibilidad de muchos ministros míos ante el escándalo del rechazo de Dios, ante el escándalo de la apostasía universalizada, la pasividad con la que asisten a la perdición de tantas almas, son, verdaderamente, heridas lacerantes para mi Corazón misericordioso.

Tú me dirás que muchos se mueven. Se agitan, ¡pero no se mueven en la dirección justa! Si al menos sintieran la necesidad de pedirme su conversión, que no niego a nadie de los que la piden con sentimiento de fe viva y de humildad sincera.

 

No me aman

 

Es bien cierto que no faltan sacerdotes santos, pero son pocos. Faltan expertos confesores y directores espirituales.

Hijo mío, podría hacerte comprender a fondo cuántas almas están apenas vivas, van tirando como plantas enfermas;  amarillean por falta de una iluminada dirección espiritual. Incluso en los conventos, entre las almas consagradas falta una válida dirección espiritual.

Hay almas que si estuvieran bien dirigidas, habrían llegado a los niveles más altos de la santidad.

Qui non diligit manet in morte[7]

Muchos sacerdotes míos están en la muerte porque no me aman, porque no han querido conocerme.

San Juan dice: "Vino a los suyos pero los suyos no lo recibieron". Pero que no me acojan mis predilectos en su corazón,  esto, hijo mío, es un pecado enorme.

Que se responda al amor con la frialdad y con la injusticia es una herida grande que incesantemente se provoca a mi Corazón misericordioso.

Fui rechazado cuando aún estaba en el seno materno. Continuo siendo arrojado fuera por mis ministros, escogidos con amor infinito.

Por dignidad y poder he puesto a mis sacerdotes por encima de las legiones angélicas.

Me he confiado a su arbitrio. Yo les he concedido el poder divino de perdonar los pecados, de transubstanciar el pan y el vino en mi Cuerpo, en mi Sangre, Alma y Divinidad.

¿Quién podría suponer que mi amor llegara a tanto?

Hijo mío, ámame mucho para reparar tan monstruosa ingratitud: dame todo tú mismo,  con  lo que tienes y lo que eres. Repara, hijo, repara por los innumerables Judas que diariamente me traicionan.

 

Acepta sufrir

 

Mis ministros vagan en la oscuridad ignorando culpablemente hacia lo que se dirigen.

No han acogido con responsabilidad consciente las numerosísimas intervenciones de mi Madre. Deberían, con inequívoca claridad, hacer de ello sabedores a los fieles. ¡Al contrario! Presunción, orgullo,  respeto humano, incredulidad los han cegado.

¡Qué hemorragia de almas consagradas!

¡Cuántos Judas habrá todavía!

Cuánta sangre, cuánta sangre será derramada... ¡Cuánto tiempo han tenido, a cuántos acontecimientos han asistido! La revolución española, la persecución en los países donde impera el comunismo, no han servido para nada, o de muy poco. La crisis de fe ha hecho materialistas a mis sacerdotes hasta tal punto que no pocos incluso han perdido el sentido cristiano de la vida.

¿Cómo pueden estos sacerdotes míos, a quienes quiero salvos a pesar de todo, adiestrar a las almas contra Satanás si ellos se han convertido en el hazmerreír de Satanás?

Han ignorado las repetidas llamadas de mi Vicario en la tierra. No aman a mi Vicario y ¿cómo podrán educar a las almas en el amor a mi Vicario, en mi amor?

Hijo ¡Qué desolación! Reza, repara, acepta sufrir por la salvación de estos ministros míos.

Te Bendigo, hijo mío. Ámame.

 

27 de Agosto de 1975

 

CALLAR Y OFRECER

 

Hijo mío, Yo te lo repito por segunda vez: procura convencerte de ello y no dudar.

Cuando rezas, cuando escribes lo que te digo, Satanás hace de todo, no sólo para distraerte y disuadirte de tu acción, sino para que te impacientes y, si lo consigue, ensoberbecerte. (...)

Satanás ha pecado por soberbia: en ella está y permanecerá eternamente. Se necesita vencerlo con la virtud opuesta: la humildad.

Si tú, esta tarde, en lugar de impacientarte, hubieras puesto en práctica con un acto de humildad el "callar, aceptar, sufrir y ofrecer",  habrías vencido a Satanás con la mortificación de tu “yo”.

El “yo” es orgullo y  Satanás, despechado y humillado, después de un poco hubiera soltado  su presa. En este caso tú eras la presa, porque él te miraba sirviéndose de "x"

He dicho “humillado” porque nada le molesta más que un acto de humildad. El bochorno de ser vencido por un hombre, inferior a él por naturaleza, lo exaspera y lo hiere.

¡Qué groseramente yerran los que (materializados y por tanto, ciegos, en nombre de la personalidad, es decir, del propio yo, basurero del orgullo, la vanidad y la presunción) favorecen e incrementan estas pasiones secundando a Satanás en su acción demoledora y devastadora del alma!

El Príncipe de la mentira hace creer que es fortaleza lo que en realidad es debilidad, debilidad lo que es fortaleza; de este modo muchas almas son impulsadas hacia su ruina.

Tú, hijo, puedes tocar con tu mano tu flojedad y ver la necedad de quien se deja prender tan fácilmente por el lazo. Sin embargo no faltan mis amonestaciones, no faltan mis ejemplos, ni los de mi Madre y vuestra Madre, los ejemplos de los Santos.

 

La virtud base

 

¿No os dije "aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón"? Cuesta más y se necesita más fuerza para mortificar el propio "yo", que para realizar cualquier otra empresa.

Satanás ha pecado de orgullo, por orgullo ha inducido al hombre a pecar; la victoria del hombre es derrotar a Satanás con la potente y eficaz arma de la humildad.

La humildad es la virtud  base, fundamental, sin la que no hay ningún progreso espiritual, sin ella es imposible la edificación del Reino de Dios en las almas.

Piensa, medita, reflexiona qué grande es esta virtud. Satanás teme a los humildes, porque por los humildes siempre es derrotado.

Hijo mío, tu Jesús, océano infinito de amor, está sediento de amor, pero los hombres, hechos pesados por la materia en la que están inmersos, son incapaces ya de verme y de entenderme, y por tanto mucho menos de amarme.

Ámame tú, hijo, quiéreme y ámame por los numerosísimos cristianos que no me aman, por tantos y tantos sacerdotes que no me aman, profesionales materializados de los valores de mi Redención.

Te Bendigo.

 

9 de Septiembre de 1975

 

EL AMOR Y EL ODIO

 

Hijo mío, si Yo soy el Amor que por naturaleza tiende a la unión, Satanás es odio, el odio nacido de la soberbia y que lleva a la desunión. Del amor brota la humildad, de la rebelión de Lucifer nace el odio.

La humanidad, desde su caída, conoce el amor de Dios que se vierte en ella; igualmente conoce el odio de Satanás: Caín fue el primer intoxicado por este odio,  la primera víctima.

El odio viene vomitado como fuente turbia sin descanso; ¡ay de los hombres que no sepan tener cuidado de esto!

Dios salva a los hombres de buena voluntad con el amor. Satanás los pierde con el odio y la división.

 

Dios transforma al hombre; de selvático lo hace humano, de humano lo hace cristiano es decir, hijo de Dios, elevándolo a su naturaleza divina "Consortes divinae naturae". [8]

También Satanás tiende a transformar al hombre en demonio de soberbia, odio y rebelión.

Frutos preciosos del amor de Dios son la fe, la esperanza y la caridad. De éstas derivan: el respeto de la libertad personal y social, el respeto por la justicia que une y hermana a los hombres y hace más serena y deseable la peregrinación terrena.

De la soberbia, del odio y de la división nacen las injusticias personales y sociales, la esclavitud, la explotación, la opresión que exaspera los ánimos de las personas y de los pueblos hasta la desesperación.

Frutos de la fe, de la esperanza y del amor son: la paz en las conciencias, en las familias, la paz  entre los pueblos. Son los justos, los santos y los buenos los que hacen civilizados a los hombres,  y ayudan al florecimiento del arte verdadero, del arte bueno, que no pervierte sino ayuda al hombre en su ascenso hacia la conquista del bien, de lo verdadero y de lo bello.

Frutos del orgullo, del odio, de la división son la violencia, las guerras, la degradación de la naturaleza humana, la corrupción en todos los sectores, la perversión del arte en pornografía y sensualidad.

 

En la más densa oscuridad

 

Todo esto, hijo mío, es evidente, es claro. Las experiencias cercanas y lejanas lo confirman, pero los hombres olvidan fácilmente. Es como si una cortina de densa niebla hubiera bajado sobre la humanidad, por lo que anda a tientas en la más densa oscuridad.

En esta oscuridad van a tientas también muchos sacerdotes míos; es fácil intuir con cuánto daño y peligro para la salvación de muchas almas.

Tú no puedes comprender y abarcar con la mente la inmensa mole de mal de la que sufre  mi Iglesia. Divisiones, rencores, incluso odio. Divisiones en las parroquias, divisiones y disensiones en las órdenes y en las congregaciones religiosas, en los conventos; rebeliones abiertas desgarran mi Cuerpo místico.

Un cenagoso torrente que desemboca del infierno sobre la tierra, en un hervidero rebosante de herejías, obscenidades, escándalos, violencias, injusticias privadas y públicas hace estragos también en las almas consagradas.

¡Oh, sí! Los hombres de hoy no son mejores que los hombres de antes del diluvio. Las ciudades de hoy no son mejores que Sodoma y Gomorra.

Para nada han servido las muchas llamadas, para nada han servido las múltiples intervenciones mías y de mi Madre. Para nada han servido los muchos castigos parciales.

Los hombres de este siglo han colmado la medida, han endurecido los corazones en la iniquidad, y el castigo total hubiera venido ya si no hubiera sido por la intervención de mi Madre y vuestra Madre, interponiéndose Ella entre vosotros y la Justicia divina.

Y si no hubiera sido por las almas víctimas, valerosas, generosas, heroicas, inmoladas como lámparas vivientes delante de mis altares...

Los habitantes de la corrupta Nínive creyeron y se arrepintieron ante las llamadas amenazadoras del profeta y así se salvaron. Pero los hombres de esta generación perversa, que rechaza a Dios, no saldrán ilesos de los castigos de la divina Justicia.

"Non Praevalebunt[9]

Sí, los justos verán que Dios es fiel a sus promesas; verán cómo mi Padre, en su Justicia  hará resplandecer su designio de amor para la salvación de la humanidad y de mi Iglesia.

Te bendigo hijo mío, ámame y ofréceme tus sufrimientos. Recuerda que mi Corazón misericordioso es inagotable en sus riquezas y arde en deseos de poderlas dar.

 

11 de Septiembre de 1975

 

SE PONEN EL MONO

 

Vuelvo, hijo, sobre un razonamiento que ya te he hecho, pero sobre el que es necesario parar frecuentemente vuestra mente para pensar y meditar, para después pensar y meditar de nuevo.  Quiero referirme a la renovación del santo Sacrificio de la Cruz continuado perpetuamente en la Santa Misa.

Tú sabes cómo son de pocos los sacerdotes que se acercan al Altar para realizar la Acción tres veces santa con el debido espíritu de fe y de gracia.

No hablamos de aquellos que profanan sacrílegamente mi Cuerpo y mi Sangre, y que no son pocos. Hablamos otra vez de los que se preparan para vestirse las vestiduras sagradas con la desenvoltura y con la mentalidad de los obreros que, antes de comenzar su trabajo manual se ponen el mono charlando de esto y de aquello.

Sin ningún pensamiento de recogimiento, proceden a la celebración del Rito Sagrado, mientras su mente discurre por las cosas más extrañas. Llegan a la Consagración, bien lejos de darse cuenta de que en ese momento en sus manos se repite el prodigio de los prodigios: se realiza la Encarnación, de Mí, Verbo de Dios.

 

"Et Verbum caro factum est"[10]. No se dan cuenta que en sus manos, en ese momento, provocan la intervención simultánea de la Santísima Trinidad.

Mi Madre, con su fiat provocó la intervención simultánea

 - del Padre que creó en Ella el alma humana de Mí, Verbo,

 - de Mí, Verbo que me uní al alma creada por el Padre.

 - del Espíritu Santo, causa eficiente de mi virginal concepción en el seno purísimo de María.

Desde ese momento fui verdadero Dios y verdadero hombre.

Entre las manos del sacerdote celebrante, en el momento de la Consagración se renueva realmente el Misterio de la Encarnación. Muy pocos de mis sacerdotes piensan en esto.

Quitada esta fe, esta convicción vivida, resulta evidente el porqué el sacerdote celebrante realiza la más santa entre todas las acciones, como el obrero realiza su trabajo cotidiano. El sacerdote se vuelve un obrero, eso es todo.

En su cara no vislumbrarás un sólo signo de compunción y de recogimiento. Así, con la misma indiferencia repugnante se continúa hasta el fin,  hasta la Comunión, obligándome a Mí, Víctima, a soportar el atroz sufrimiento de la Cruz.

 

El amor rechazado

 

Hijo mío, ¡hiere más agudamente a mi Corazón misericordioso, la actitud apática de mis sacerdotes que la rabiosa ofensa de los sacerdotes míos que habitualmente me tratan así!...

Es el Amor que choca contra una barrera de frialdad, de indiferencia. Es el Amor rechazado a pesar de todas las gracias dadas gratuitamente y de ningún modo debidas...

No desciendo en particular para decirte todas las faltas de delicadeza y licencias que se toman en relación Conmigo y que bien se cuidarían de tomárselas con  tantas otras personas del mundo así llamadas importantes.  Sólo Conmigo todo es lícito...

Me ven y me miran como un vago y lejano recuerdo histórico, ignorando culpablemente la Realidad  viva de la que ellos tienen parte tan importante.

Aunque teóricamente admitieran que el santo Sacrificio de la Misa es el mismo Sacrificio de la Cruz, en la práctica lo niegan con un comportamiento que revela la ausencia de la fe, de la esperanza y del amor.

Hijo ¡Qué océano infinito de miserias, de profanaciones, de traiciones, de oscuridad espiritual!

¡Oh, si todos mis sacerdotes estuvieran animados por una fe viva, por un amor ardiente cuando me tienen entre las manos ¡cuántos ríos de gracia podrían arrancar de mi Corazón misericordioso, aun para ellos y para las almas que ellos deben apacentar!

¿Por qué muchos sacerdotes míos están tan lejos y obstinados, están tan reacios  a mis repetidas invitaciones a la conversión?

Orgullo, presunción, vanidad, impureza. ¡Cuántos se pierden, ellos, los corredentores!

¡Qué tormento tan atroz su infierno!  Eran los dispensadores y depositarios de los frutos de mi Redención.

Ellos, los amigos predilectos, no me han querido conocer, su obra en mi Cuerpo místico ha quedado estéril por haber apagado la fe en su corazón, por haberse negado a seguirme en el camino de la cruz, por haber roto la unidad de mi Cuerpo místico.

 

Movido por el amor

 

Hijo, tú estás avisado por la insistencia con la que regreso a estos penosos asuntos.

Es urgente poner a la propia luz una situación en alto grado dolorosa, para que cuando el desmoronamiento inicie su acción destructora,  cuando se conozca la acción rigurosa de la Justicia de mi Padre, se sepa con claridad que no faltaron avisos, intervenciones y llamadas, por muchos no escuchados, para evitar a la cristiandad los indescriptibles males que la esperan.

Todavía es necesario que se sepa, especialmente por los buenos, que el Padre, en el rigor de su Justicia, siempre está movido por el amor porque Dios es Amor. Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva.

Al no haber acogido los hombres, y también muchos de mis sacerdotes, las reiteradas invitaciones a la conversión, no habiendo sacado provecho de los castigos parciales, permitidos y queridos para llamarlos a la realidad, estallará  sobre ellos la ira divina.

Han borrado a Dios de su Corazón.

En su necedad dicen que Dios no existe, y Dios borrará de la faz de la tierra los frutos de su locura y de su orgullo

Hijo mío, reza y haz rezar; el desmoronamiento está ya en marcha.

 

16 de Septiembre de 1975

 

EL DON DEL BAUTISMO

 

- Señor, ¿Cuál es la participación de nosotros, sacerdotes, en el Misterio de la Encarnación?

Hijo, ya te he respondido indirectamente a esta pregunta en nuestros anteriores coloquios.

Todos los cristianos han sido regenerados por la Gracia, todos han sido hechos hijos de Dios. Este es un hecho tan grande y tan sublime que es necesario darle un relieve adecuado.

Mira, hijo mío: en este siglo materialista vuestra generación infiel da más importancia a lo exterior que al hecho sobrenatural del Bautismo, el cual graba de una manera sustancial el alma del niño para el tiempo y para la eternidad.

Por consiguiente, no es considerado sino en una mínima parte el Don, no debido, sino dado con divina generosidad al bautizado.

A este marco pagano que circunda al Bautismo se han adaptado mis sacerdotes con desenvuelta superficialidad; quiero decir que no ha habido reacción a este paganismo que, como densa sombra, esconde a los ojos de los fieles el precioso don de Dios.

Las imperantes costumbres paganas de vida ofuscan las más bellas Realidades divinas.

La gracia conferida al bautizado transforma y transfigura el alma del que recibe este Sacramento, hecho posible por el Misterio de la Encarnación. Por consiguiente, todo bautizado participa en el Misterio de la Encarnación.

Esta participación debe, o debería intensificarse con el desarrollo y el incremento de mi Vida divina mediante la colaboración requerida y necesaria de una educación cristiana por parte de los padres y de quienes hacen sus veces.

Esta educación debe ser iniciada desde los primeros meses. Desgraciadamente ya casi no se acostumbra; nada se ve en el niño de este pueblo pagano fuera de la naturaleza humana.

Ha faltado y falta por parte de mis sacerdotes la solícita vigilancia sobre este punto central de la vida cristiana.

Los cristianos participan todos en el Misterio de la Encarnación (por consiguiente, en mayor medida los sacerdotes) con la firme adhesión a la fe en este gran misterio.

Si Yo, Verbo de Dios, me he encarnado para poder comunicar  a los hombres mi Vida Divina, para levantarlos, ayudarlos y encaminarlos a la vida eterna, los hombres, razonablemente, deberían aceptar con alegría todas las consecuencias derivadas de este gran Misterio, viviendo con fidelidad en su vida cotidiana.

Hijo, tú mismo puedes considerar cómo el paganismo ha alejado a mis fieles, y con ellos a muchos sacerdotes míos de la Realidad divina, reduciendo todo a los más o menos fastuosos ritos paganizantes.

 

Coherentes con el bautismo

 

Y ahora respondo directamente a tu pregunta, aunque la respuesta la puedes encontrar en un coloquio anterior.

Vosotros, sacerdotes, no sois simples cristianos; Yo os he escogido para ser mis Ministros sobre la tierra. Os he escogido para ser el objeto de mi predilección y de mi amor.

Yo os he sacado del mundo, aunque dejándoos en el mundo, para que vosotros seáis instrumentos, colaboradores y corredentores en la realización del Misterio de la Salvación.

Yo os he revestido de una dignidad y potencia de la que no tenéis plena conciencia, y de la que bien poco os servís para la eficacia de vuestro ministerio.

Vosotros deberíais, con mayor rigor, ser firmísimamente coherentes con vuestro Bautismo, con vuestra Confirmación, con vuestro y mi Sacerdocio.

Como fue para mi Madre, que pronunciando su “fiat”, fue causa de un prodigio tan grande que cielo y tierra no pueden contener (cuyas consecuencias han cambiado la suerte de toda la humanidad, en el tiempo y en la eternidad) así es para vosotros, sacerdotes, que pronunciáis las palabras de la Consagración.

Debéis creer que Yo, Verbo de Dios, me hago Carne y Sangre, Alma y Divinidad en vuestras manos.

Como mi Madre, en el momento en el que dio su libre, consciente y responsable consentimiento,  provocó la intervención simultánea de Mi, Uno y Trino, así vosotros en la Consagración provocáis la simultánea intervención de la Trinidad divina, estando presente también la Madre mía y vuestra.

 

Creer firmemente

 

Hijo, si un sacerdote está penetrado y compenetrado por esta fe, si un sacerdote cree firmemente en esta Realidad divina, testimonio del Amor infinito de Dios, este sacerdote se transforma; su vida se vuelve maravillosamente fecunda.

En el Misterio de la Encarnación (que por obra suya, Dios renueva en sus manos, no sin alguna causa consagradas), él encuentra la fuente inagotable de los dones de mi Corazón misericordioso. Ninguna potencia adversa los podrá resistir, porque Yo estoy en él y él en Mí.

Hijo mío, hemos visto juntos otro aspecto de la sordidez que esta generación incrédula manifiesta. Ámame, tiende a Mí día y noche, recompénsame con tu amor y con tu fe de la frialdad de tantos ministros míos, a los que amo mucho y que quiero salvos.

Te Bendigo; contigo bendigo a las personas queridas. Recuerda que mi Bendición es  paraguas de protección y escudo de defensa.

 

17 de Septiembre de 1975

 

SOMBRAS DE MI CUERPO MISTICO

 

Hijo, todos los miembros de un cuerpo tienden armoniosamente a un único fin; la conservación y el crecimiento del mismo cuerpo.

Así en mi Cuerpo Místico, todos los miembros deberían tender razonablemente al supremo bien del Cuerpo Místico, que es la salvación de todos los miembros de los que esta formado.

El hecho de que estos miembros sean libres e inteligentes, capaces de discernir y de querer el bien o el mal, constituye una razón más para que todos tiendan al bien común. Sin embargo no es así.

Seducidos y engañados muchos miembros, rompiendo la armonía del Cuerpo del que forman parte, persiguen el mal tenazmente, dañando no sólo a sí mismos, sino a todos los otros miembros del cuerpo.

Si además, estos miembros son sacerdotes, ellos destruyen la armoniosa cohesión con un daño incalculable para sí mismos y para  comunidad cristiana entera.

En mi Iglesia todos los sacerdotes deben tender esforzadamente al bien común de todas las almas; para esto han sido llamados, sin ninguna excepción.

No hay en Mi Iglesia distinción de fines: la finalidad es una sola para todos los miembros, de modo muy particular para mis sacerdotes: salvar almas, salvar almas, salvar almas.

El último sacerdote, (último en la forma vuestra de decir, porque podría ser el primero, como el Santo Cura de Ars, último y primero), digo el último sacerdote que gasta su vida en el ofrecimiento de sí mismo en el Santo Sacrificio de la Misa en comunión Conmigo delante de mi Padre, es hasta más grande que muchos dignatarios que no siempre lo hacen.

En mi Cuerpo Místico hay muchos miembros terriblemente enfermos de presunción, de soberbia, de lujuria.

En mi Cuerpo Místico hay muchos sacerdotes obreros, más preocupados por el lucro que por la salvación de las almas.

Hay muchos sacerdotes orgullosos de su "saber hacer”, es decir de su astucia. Olvidando que a menudo, aunque no siempre, el arte del saber hacer es el arte del mentir: esta es la perfidia o la astucia de Satanás.

Vuestro lenguaje sea simple y sincero: si es sí, sí; si es no, no: la verdad es caridad.

 

No sus palabras

 

En Mi Iglesia hay sacerdotes que se predican a sí mismos. En el rebuscamiento del lenguaje, en la elegancia del decir, y con otros cien recursos, buscan llamar la atención de los oyentes para hacerlos converger sobre sí.

Es verdad que mi palabra es por sí misma eficaz, ¡pero mi Palabra, no su palabra!. Mi Palabra, antes de ser anunciada ha de ser leída, meditada y absorbida; después dada con humildad y simplicidad.

En mi Cuerpo Místico hay focos de infección, hay llagas purulentas.

En los seminarios hay gente infectada que contamina a aquellos que deben ser mis ministros del mañana ¿quién puede valorar el mal?

Si en una clínica o en una comunidad se manifiesta una enfermedad contagiosa, se recurre a los remedios con gran solicitud, con informaciones y aislamientos, con medidas enérgicas y repentinas. En mi Cuerpo Místico se manifiestan males mucho más graves, y hay aquiescencia como si nada estuviera pasando. Miedos y temores injustificados, se dice.

¡No es amor, no es caridad el permitir difundirse los males que llevan a las almas a la perdición!

Hay abuso exagerado de la Misericordia de Dios como, si con la Misericordia, no coexistiese la Justicia...

Quién está investido de responsabilidad, actuando con rectitud, no debe preocuparse por las consecuencias cuando necesita tomar medidas para cortar el mal en curso.

Hijo, ¿qué decir luego de tantos sacerdotes míos, del modo del todo irresponsable con el que llevan a cabo una tarea delicadísima, como es la de la enseñanza religiosa en las escuelas?

De acuerdo que no faltan sacerdotes bien formados y conscientes, que cumplen sus deberes de la mejor manera. Pero junto a los buenos, ¡cuántos superficiales, inconscientes, incluso corruptos! Han hecho y hacen un mal inmenso, en lugar del bien, a los jóvenes, tan necesitados de ser ayudados moral y espiritualmente.

La comprensión para estos sacerdotes míos no debe justificar licencia.

 

Un hábito apropiado

 

De lo alto han sido impartidas disposiciones con relación al hábito sacerdotal. Mis sacerdotes, viviendo en el mundo han sido segregados del mundo.

Quiero a mis sacerdotes distintos de los laicos, no sólo por un tenor de vida espiritual más perfecta, sino también exteriormente deben distinguirse con su hábito propio.

¡Cuántos escándalos, cuántos abusos y cuántas ocasiones más de pecado y cuántos pecados más!

¡Qué inadmisible condescendencia por parte de los que tienen el poder de legislar! Y junto con el poder, tienen también el deber de hacer respetar sus leyes.  ¿Porqué no se hace?

Lo sé: las molestias no serían pocas. Pero Yo no he prometido jamás a nadie una vida fácil, cómoda, exenta de disgustos.

Quizá teman reacciones contraproducentes. No, el relajamiento provoca  un mayor relajamiento.

Funcionarios estatales, de empresas, de entes militares visten su uniforme. Muchos sacerdotes míos se avergüenzan, contraviniendo las disposiciones, compitiendo en coquetería con los mundanos.

¿Cómo, hijo, puedo no dolerme amorosamente? Quien no es fiel en lo poco, tampoco lo es en lo mucho.

¿Qué decir, luego, del modo en que se administran mis Sacramentos por tantos de mis sacerdotes?  Se va al confesionario en mangas de camisa, y no siempre con la camisa, sin estola.

Si se debe hacer una visita a una familia de respeto, se ponen la chaqueta, pero la casa de Dios es mucho más que cualquier familia de respeto.

También está prescrito vestido talar para el ejercicio del propio ministerio: asistencia a los enfermos, enseñanza en las escuelas, visitas a los hospitales, celebración de la Santa Misa, administración de los Sacramentos. ¿Quién se pone ahora el vestido talar para todo esto?

Esto, hijo mío, es indisciplina que roza en la anarquía.

¿Que decirte de tantos sacerdotes míos que no tienen tiempo de rezar, atosigados  como están en tantas actividades inútiles, aunque aparentemente santas?

Actividades inútiles porque les falta su alma, porque les falta mi presencia. Donde Yo no estoy no hay fecundidad espiritual.

Pero cuántos sacerdotes tienen tiempo para ir a ver películas inmorales y pornográficas, con el pretexto de que se necesita conocer para juzgar. Esta justificación es satánica.

Los santos sacerdotes, que jamás se permitirían tales inmoralidades, no serían hábiles para orientar y aconsejar a las almas...

 

El deber de la obediencia

 

Aquí tienes hasta qué punto hemos llegado.

Pero lo hay peor todavía. Yo, hijo mío, he constituido la Iglesia jerárquica, y no se diga que los tiempos han cambiado y que por eso es necesario cambiar todo.

En mi Iglesia hay puntos firmes que no pueden variar con el mudar de los tiempos. Jamás podrá ser cambiado el principio de autoridad, el deber de la obediencia.

Podrá ser cambiado el modo de ejercer la autoridad, pero no podrá ser anulada la autoridad.

¡No se confunda jamás la paternidad requerida en las altas esferas con la debilidad! La paternidad no excluye sino, al contrario, exige la firmeza.

Hijo mío, ¿porqué he querido sacar a la luz una parte de los muchos males que afligen a mi Iglesia? Lo he hecho para poner a mis sacerdotes frente a sus responsabilidades. Quiero su regreso para una vida verdaderamente santa.

Quiero su conversión porque los amo. Sepan que su conducta a veces es causa de escándalos y de ruina para muchas almas.

¡No es justo que se abuse del amor de Dios, confiando en su misericordia e ignorando casi enteramente su justicia!

Hijo, te he dicho repetidamente que el alud está ya en curso. Sólo el regreso sincero a la oración y a la penitencia de todos mis sacerdotes y de los cristianos podría aplacar la Ira del Padre y detener las justas y lógicas consecuencias de su justicia, siempre movida por el Amor.

He querido decirte esto porque quiero hacer de mi "pequeña gota de agua que cae hacia abajo" un instrumento para el plan de mi Providencia.

Te bendigo, oh hijo. Quiéreme mucho; reza, repara y recompénsame con tu amor de tanto mal que arrecia en mi Iglesia.

 

También mucho bien

 

Es bien cierto que en mi Iglesia hay también mucho bien, ¡Ay si no fuera así! Pero Yo no he venido por los justos; ellos no tienen necesidad. He venido por los pecadores; ¡a éstos quiero, a éstos debo salvar!

Por eso he dado el toque en alguna de las muchas llagas y heridas, causa de la perdición de almas.

Se dice que no se va al infierno. O se niega el infierno o se apela a la Misericordia de Dios que no puede mandar a ninguno al infierno.

No por estas herejías y errores deja de existir el Infierno. No por esto muchos impenitentes, también sacerdotes, evitan el Infierno...

                                  

18 de Septiembre de 1975

 

ESTOY EN MEDIO DE VOSOTROS

 

Hijo, en mis precedentes coloquios no han faltado alusiones a mi presencia en medio de vosotros. Hoy pretendo reclamar aún tu atención sobre esta Realidad divina, de la que podrán sacar inestimables dones en orden a la vida sea espiritual y eterna, sea material y terrena.

Yo, Jesús, Verbo Eterno de Dios, engendrado por el Padre desde siempre, en la plenitud de los tiempos hecho Carne en el seno virginal de mi Santísima Madre y Madre misericordiosa vuestra, estoy gloriosamente presente a la derecha del Padre en la gloria del Paraíso.

Estoy realmente presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en todas las Hostias consagradas del mundo; estoy  y estaré en medio de vosotros hasta la consumación de los siglos, hasta el fin de los tiempos.

¿Cómo es que por muchos nunca se busca el porqué de esta presencia  mía en medio de los hombres?

¿Por qué he querido permanecer en medio de vosotros, conociendo bien desde siempre qué trato me estaría reservado por los hombres? Odios, ofensas, injurias, frialdades, aunque no faltan, y no faltarán jamás almas generosas que me recompensan del mal de los impíos.

El porqué de mi presencia en el mundo tiene una sola respuesta, hijo mío: el Amor.

 

Mi palabra

 

¿Cómo ejerzo Yo mi presencia en mi Cuerpo Místico?

Primero con el don de mi palabra.

Yo he confiado a la Iglesia el patrimonio, el depósito espiritual de mi Palabra que es palabra de vida y de verdad: he tutelado este tesoro con la asistencia del Espíritu Santo.

Yo soy la Verdad, el Camino que mi Iglesia puede indicar con seguridad a todas las almas sin sombra de equivocación.

Los atentados contra Mí, Palabra de Dios, en el curso de los siglos han sido continuos y feroces. Herejes, pseudo - maestros y mentirosos instigados sin tregua por el Maligno, han hecho de todo para borrar de la faz de la tierra a Mí, Camino, Verdad, Vida, a Mí, Palabra de Dios. Pero inútilmente.

Este siglo en fin, materialista, no desperdicia medio ninguno, ninguna tentativa para destruirme: sectas, partidos ateos, corrientes envenenadas de filosofías perversas y demoledoras de todos los más sublimes valores espirituales, valores de verdadera civilización.

Pero ¿es posible que los hombres sean tan cortos de memoria para no recordar ya  la trágica historia de este siglo, que es vuestra historia?

Lo que es extremadamente penoso es el hecho de que muchos de mis sacerdotes, antes que confiarse humildemente al Magisterio infalible de Mi Iglesia, erigiéndose con presunción en maestros, se han  coaligado con los enemigos de la verdad,  se han vuelto responsables de la difusión de no pocas herejías con gran daño para las almas

¿Porqué tantos sacerdotes míos se hacen promotores con Satanás de tanto daño para las almas? La soberbia ciega, sí verdaderamente ciega.

 

Mi Vicario

 

Yo estoy en medio de vosotros, hijo, en la persona de mi Vicario.

A él se le ha dado toda potestad para apacentar a los corderos y a las ovejas. Quien le ama, me ama a Mí, quien no le escucha, no me escucha a Mí, quien le combate me combate a Mí, quien le desprecia me desprecia a Mí.

Él sube a su Calvario día a día, pero muchos no se dan cuenta. Derrama lágrimas por los hijos que se vuelven lobos rapaces y hacen estragos de su grey. Como a Mí, se le hace objeto de escarnio, de odio y de guerra.

Él está al timón de mi navecilla en esta triste hora en la que el mar está fuertemente agitado y el sordo hervir del oleaje es presagio de próxima y salvaje tempestad.

Hijo mío, hace falta estar cercanos a mi Vicario, al dulce Cristo en la tierra, es necesario sostenerlo con la oración y con la ofrenda de los propios sufrimientos. Es necesario amarlo y hacerlo amar.

Todo lo que en bien o en mal se le hace a él, se me hace a Mí. Es necesario defenderlo de las insinuaciones satánicas, tan frecuentes, de sus enemigos.

Yo estoy en él, estoy presente en mi Iglesia en su persona.

 

La Eucaristía

 

Hijo, estoy además presente en la Iglesia en el misterio del Amor y de la Fe, quiero decir en el Misterio de la Eucaristía.

Estoy verdaderamente presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.

Esta presencia mía,  si fuera creída, sentida y vivida en toda la sublime maravillosa realidad divina, por todos mis sacerdotes, se transformaría en tal fermento de purificación y vida sobrenatural, que se podría transformar aun  por sólo mis sacerdotes, el rostro de la Iglesia y  arrancar de mi Corazón misericordioso gracias y hasta milagros insospechados.

pero por desgracia no son muchos los que creen firmemente.

La mayoría cree débilmente; no faltan los que en realidad no creen en mi presencia eucarística.

Con razón mi Vicario en la tierra ha hablado repetidamente de crisis de fe, causa y origen de innumerables males.

 

Donde hay sufrimiento

 

Hay una cuarta forma de presencia mía en la tierra: estoy realmente presente en mis santos.

Santos son aquellos que viven de mi Vida divina. Estoy realmente presente en mis Santos que más tenazmente persiguen las más audaces conquistas de todas las virtudes cristianas.

Estoy realmente presente en los que sufren; donde hay sufrimiento ahí estoy Yo.

En fin estoy presente en las almas víctimas, en ellas encuentro mis complacencias, mis alegrías, ellas me recompensan abundantemente por las ofensas, insultos, blasfemias y sacrilegios de los que no me aman.

Ellas forman las delicias de mi Padre; las almas víctimas son las que han mitigado, detenido la ira de mi Padre por tantas iniquidades de esta generación perversa, que en lugar de apagar su sed en la fuente del Agua viva y pura, se afana en apagarla en las pútridas y enfangadas aguas de los pantanos llenos de miasmas.

Hijo mío, ámame mucho, sólo a Mí, con tu amor, con tú fe,  con tu ofrecimiento.

Te bendigo y contigo bendigo a las personas por quienes rezas diariamente.

 

19 de Septiembre de 1975

 

BASTARÍA UNA MIRADA

 

Hijo, ¿Para qué sirven gloria, estima, riqueza y salud, prosperidad, ingenio y cultura si luego al final se pierde el alma?

Estas palabras fueron motivo para muchas almas de buena voluntad, de una radical regeneración espiritual o conversión.

Una seria y ponderada reflexión a esta invitación mía, puede llevar a las almas a la conquista de virtudes heroicas, a lograr la perfección y santidad.

Una seria meditación sobre esta advertencia  mía ha llevado y puede llevar a muchas almas a descubrir aquella perla preciosa de la que Yo hablo en la parábola, por la que bien vale la pena cortar netamente con el pecado, a través de un resuelto desapego de los falaces  bienes y afectos de este mundo. Y seguirme en el camino del Calvario, a cambio de una inmarcesible corona de gloria eterna en la Casa de mi Padre...

Hijo, el alma en pecado es como la piedra que, de lo alto, en virtud de la ley natural de la gravedad, se precipita hacia el fondo, aumentando en su caída de peso y de velocidad.

El alma en pecado se precipita hacia el fondo, aumentando en su caída el peso de sus culpas, de sus pasiones. ¿Qué ley natural puede detener e invertir una piedra cayendo de lo alto hacia abajo? ¿Qué ley natural puede invertir la bajada hacia abajo en ascenso hacia lo alto?

Ninguna ley natural puede hacer este milagro. Solamente una ley de orden superior lo podría hacer.

Sólo Yo soy la ley sobrenatural, esto es la Fuerza divina que puede detener al pecador en su ruinosa bajada hacia el precipicio e invertir su rumbo de descenso en  subida, hacia lo alto, hacia la Vida.

Esto es lo que más ardientemente deseo hacer con todos los pecadores, pero en particular con mis sacerdotes arrollados por el maligno, por la concupiscencia del espíritu y de los sentidos.

Bastaría una mirada suya hacia Mí crucificado, una invocación suya a mi Corazón misericordioso, y que según el ejemplo de Pedro, me dijeran:  “¡Sálvame, Señor, porque me ahogo entre las olas!”

¡Oh, hijo mío, cómo sería solícito en alargarles mi mano, para traerlos  a salvo!

 

Yo amo a las almas

 

¿Te das cuenta de la trágica situación de muchos sacerdotes míos que están caminando a grandes pasos hacia la condenación eterna de su alma? ¿Puede haber sobre la tierra tragedia más grande,  más horrible que ésta?

¿Puede haber engaño más diabólico que el que se ha difundido en nuestros tiempos, por pseudo - maestros afirmando que el Infierno no existe y que la Misericordia divina no podría permitir jamás la condenación eterna de un alma? Estos propaladores de herejías y errores quisieran anulada la Justicia divina, mientras deberían saber que en Mí, Misericordia y Justicia son indivisibles, porque en Mí son la misma única cosa.

Hijo mío, Yo soy la luz que ha venido a este mundo. La luz resplandece en las tinieblas, pero las tinieblas no la han acogido.

Yo amo a las almas. Quiero la salvación de las almas; para esto he venido, pero tengo necesidad de vosotros, de vuestra colaboración.

Vosotros sois mis miembros, y todos los miembros tienden al mismo único fin.

Yo tengo necesidad de vosotros, para que se cumpla en su plenitud el Misterio de la salvación.

Según mi ejemplo, según el ejemplo de mi Madre Santísima, de los mártires, de los santos, debéis abrazar generosamente vuestra cruz y seguirme. Si la cruz os parece pesada, vosotros sabéis que Yo estoy en vosotros para aliviar el peso.

Hijo, te he dicho y te lo repito: éste es un deber de justicia y de caridad; nadie se puede sustraer de él, mucho menos mis ministros.

No temas, estoy Yo para conducirte. Ve hacia adelante, no retrocedas y no te preocupes. Han rechazado mi Evangelio, han distorsionado mi verdad, no han creído a las almas víctimas, a las que he hablado. En sus palabras he puesto el sello de mi gracia; han resistido a todo.

He dictado a María Valtorta, alma víctima, una obra maravillosa. Yo soy el autor de esta obra. Tú mismo te has dado cuenta de las rabiosas reacciones de Satanás.[11]

Tú has comprobado la resistencia que muchos sacerdotes oponen a esta obra que si fuera, no digo leída, sino estudiada y meditada llevaría un bien grandísimo a muchas almas. Ella es fuente de seria y sólida cultura.

Pero frente a esta obra, a la que está reservado un gran éxito en la Iglesia renovada, se prefiere la basura de tantas revistas y de libros de presuntuosos teólogos.

Te bendigo como siempre. Ámame mucho.

 

22 de Septiembre de 1975

 

LA COMUNION DE LOS SANTOS

 

Hijo,  te he dicho repetidamente que Yo soy el Amor; donde hay amor estoy Yo.

Yo Soy el Amor Infinito, Eterno, Increado, venido a la tierra a reconciliar y por consiguiente reunir con Dios a la humanidad arrancada del odio.

El amor por su naturaleza tiende a la unión, como el odio por su naturaleza tiende a la división.

Nosotros somos Tres, pero el Amor Infinito nos une íntimamente en Uno solo, en una sola naturaleza, esencia y voluntad.

El amor me ha llevado a Mí, Verbo eterno de Dios hecho carne, a inmolarme a fin de que se diese a todo hombre la posibilidad de unirse en Mí a Dios, y formar Conmigo una sola cosa, como Yo soy una sola cosa con mi Padre que me ha enviado.

Hijo, desde hace más de cien años el Materialismo como sombra oscura y densa, envuelve buena parte de la humanidad.

Él ha ofuscado también en mi Cuerpo Místico, esto en el alma de muchos fieles y sacerdotes, el dogma de la Comunión de los Santos que es una realidad espiritual grandiosa, viva, verdadera y operante en  Cielo y tierra.

No hay términos aptos para explicar su grandeza, potencia y actuación vibrante de amor y de vida.  No hay palabras en vuestro lenguaje, aptas para hacer comprender el invisible, misterioso intercambio que encuentra su centro en mi Corazón misericordioso.

Pocas son las almas que han comprendido, y pocos son también los sacerdotes que, además de creer abstractamente, viven activamente en esta Comunión con los bienaventurados comprensores[12] del Paraíso, con las almas en espera en el Purgatorio y con los hermanos militantes en la tierra.

La muerte, contrariamente a los prejuicios con respecto a ella, no pone fin a la actividad de las almas. La muerte que, con palabra más precisa deberíais llamar "tránsito", es un pasar del tiempo a la eternidad, que no es poner fin a la actividad del alma, sea en el bien, sea en el mal.

 

La familia de Dios

 

En cualquier familia ordenada en el amor, cada miembro que la constituye, concurre al bien común en un intercambio de bienes dados y recibidos en una comunión armoniosa.

En un grado con mucho superior, así es en la gran Familia de todos los hijos de Dios: militantes en la tierra, en espera en el Purgatorio y bienaventurados en el Paraíso.

Por tanto es necesario, con el fin de volver cada vez más rica de frutos divinos la fe en esta Realidad divina y humana, brotada de mi Inmolación en la Cruz,  tener sobre ella  ideas precisas.

Se debe:

1)  Creer firmemente en el dogma de la Comunión de los Santos.

2)  Cuando se habla de la familia de los hijos de Dios, los sacerdotes deben dejar bien claro que a esta familia pertenecen los peregrinos en la tierra, las almas en espera en el Purgatorio y los justos del Paraíso, esto es los santos.

3)  Los sacerdotes (muchos de los cuales ponen el acento casi exclusivamente en las cuestiones sociales en favor de los hermanos militantes, deplorando con razón las injusticias perpetradas) olvidan casi siempre las injusticias más graves hechas en perjuicio de los hermanos que están en el Purgatorio.

Para tal gravísima omisión se necesita o no creer en el Purgatorio o no creer en el tremendo sufrimiento al que las almas purgantes están sometidas.

La necesidad de ayuda de las almas en espera es bastante más  grande que la de la criatura humana que más sufre en la tierra.

El deber en fin de caridad y de justicia hacia las almas en pena es mas acuciante para vosotros en cuanto que , no raras veces, hay allí almas purgantes que su­fren por culpa de vuestros malos ejemplos, porque habéis sido cómplices con ellas en el mal o en cualquier forma ocasión de pecado.

Si la fe no es operante, no es fe.

 

La vida continúa

 

Hijo mío, se necesita hacer entender con claridad que la vida continúa después de la tumba.

Todos aquellos que os han precedido en el signo de la fe, sea que estén en el Pur­gatorio o ya en el Paraíso, todavía os aman con amor mas puro, más vivo y más grande.

Están animados por un gran deseo de ayudaros a superar las duras pruebas de la vida para que alcancéis, como ellos ya han alcanzado, el gran punto de llegada, el fin de la vida misma.

Ellos conocen ya muy bien todos los peligros que acechan a vuestras almas.

Pero su ayuda con respecto a vosotros, está condicionada en buena medi­da por vuestra fe y vuestra libre voluntad para acercaros a ellos con la oración y con la confianza en su eficacísimo patrocinio ante Dios y la Virgen Santísima.

Si los sacerdotes y los fieles están animados de vivísima fe, conscientes de los inagotables recursos de gra­cias, de ayudas y de dones que pueden obtener de este Dog­ma de la Comunión de los Santos, verán centuplicado su poder sobre las fuerzas del Mal.

Yo he dotado a mi gran Familia de riqueza y po­tencia insondable y la robustezco con la fuerza invenci­ble de un Amor infinito y eterno.

 

Recursos inutilizados

 

Mis sacerdotes instruyen a los fieles con palabras sim­ples y claras, diciendo que vuestros hermanos que han cum­plido ya en la tierra el periplo de su vida tempo­ral, no están divididos de nosotros, no están lejanos de vosotros.

Decid también que no están inertes y pasivos a vuestro respecto sino que, en un nuevo estado de vida más perfecta que la vuestra, os están cercanos, os aman. Ellos toman parte, en medida de la perfección alcan­zada, en todas las vicisitudes de Mi Cuerpo Místico.

Os repito que ellos no pueden descartar vuestra libertad pero, si son solicitados por vuestra fe y por vues­tras invocaciones, os están y estarán cada vez más cercanos en la lucha contra el Maligno.

Os miran, os siguen e inter­vienen en la medida determinada por vuestra fe y por vuestra libre voluntad.

Hijo mío, ¡qué inmensos tesoros ha predispuesto mi Padre para vosotros!

¡Cuán inmensos recursos inutili­zados!

¡Cuántas posibilidades de bien dejadas caer en el va­cío!

Se afirma creer, pero no hay más que un mínimo de co­herencia con la fe en la que se dice creer.

Te bendigo. ¡Ámame!

 

Domingo 23 de Septiembre de 1975

 

REVISAR DESDE NUEVAS BASES VUESTRA VIDA

 

Todo comandante de estado mayor, periódicamente reúne en torno a su mesa de trabajo a sus ayudantes.

Con ellos, mira, revisa y estudia los planes elaborados pa­ra la defensa y según la necesidad, también para el ataque contra los que se consideran enemigos. Estos planes son actualizados y reelaborados continuamente según el variar de las situaciones de los pueblos.

Ahora bien, hijo, y con mayor cuidado deberían hacer otro tanto aque­llos que, en Mi Iglesia y en mis iglesias, tienen el deber preciso e irrenunciable de preparar el malparado ejército de mis soldados (todos los confirmados son mis soldados) a la defensa de los ataques de sus enemigos espirituales: el demonio, el mundo, y las pasiones. ¡Y prepararlos no sólo para la defensa sino también para el ataque!

La batalla que mis soldados deben combatir es la más importante, la más necesaria, la más urgente de todas las  guerras que se combaten en el mundo. La más necesaria porque del éxito de esta batalla de­pende la vida o la muerte eterna.

La más urgente porque las fuerzas bien organizadas y bien dirigidas del Mal quie­ren el predominio sobre las fuerzas del Bien y el prevalecer de éste sería determinante para el futuro de la Iglesia y del mundo.

La más importante, si no quieren sucumbir en el tiempo y en la eternidad.

Hijo, en un precedente coloquio, te he hablado con claridad de la gigantesca lucha que desde la creación del hombre, está en acto en el mundo.

Los cristianos, influen­ciados y sugestionados, parece hayan perdido el senti­do de su existencia, abatidos por la crisis de fe, originada por la antisocial oleada materialista. Mal guiados, no bien adiestrados, son espantosamente arrastrados por las fuerzas adversas del mal.

Urge poner la segur[13] a la raíz y tener el valor de mirar a la cara la realidad si no se quiere ser sumergidos.

 

Remedios espirituales

 

— Señor, a mí me parece que hay tantas iniciati­vas y actividades en acción en tu Iglesia, precisamen­te para contener el mal.

Hijo mío, no faltan actividades e iniciativas, es­tudios y encuentros; hasta demasiados hay de eso. Pero te he dicho que urge poner la segur a la raíz, lo que quiere decir tener el valor de buscar las causas verdaderas de esta derrota del mundo cristiano de hoy.

El Concilio ha indicado estas causas, pero poquísimos las han tomado en serio. La mayoría con diabólica insen­satez, han tomado el apunte para generar confusión y anarquía en Mi Cuerpo Místico, entre mis soldados, entre mis fieles.

Los remedios para eliminar las causas de tantos ma­les espirituales no pueden ser sino espirituales.

Es obvio, los remedios os los he indicado con los luminosos ejemplos de mi vida, pasión y muerte.

El primer remedio, fundamental y seguro es una auténtica conversión.

Ninguno debe maravillarse, ni los fieles ni mucho menos los sacerdotes.

Comiencen mis sacerdotes a exami­narse sobre su vida interior ¡cuánto encontrarán que deben rehacer!

Rehacerse a sí mismos para rehacer a los demás, santificarse a sí mismos para santificar a los demás; menos lecturas inútiles y nocivas, menos televisión, menos espectáculos; más meditación y oración, más devoción a mi Ma­dre y Madre vuestra también, más vida eucarística.

Hijo, por muchos de mis sacerdotes soy tratado como un objeto, ni más ni menos que un objeto cualquiera. Sin embargo Yo, Jesús Verbo Eterno de Dios, Dios como el Padre mío, estoy realmente presente en el Misterio del Amor, en el Misterio de la Fe.

 

Saneamiento interior

 

Si mis sacerdotes tiene el valor de poner la mano en el arado para dar inicio a este saneamiento interior, Yo estaré con ellos, Yo los ayudaré, los asistiré, los consolaré a fin de que no fallen en sus santos propósitos y grande será también ayuda, la asistencia  de mi Madre.

Desde aquí hijo mío, — dilo a tus hermanos sacerdotes — desde aquí se necesita iniciar la gran reforma para purificar y sobrenaturalizar mi Iglesia en buena parte pagani­zada.

Para esto deberían mis sacerdotes encontrarse, pa­ra elaborar en hermandad de intentos, los planes de defensa personal y social de mi Iglesia.

No teman: Yo estaré en medio de ellos. Entonces sí que les haré conocer mis ca­minos y mis pensamientos. En estos mis caminos los guiaré.

Dilo hijo mío, sin miedo, sin temor; arroja tu pequeña semilla y reza para que no caiga en terreno árido sino en terreno fértil y fecundo.

Te bendigo. Ámame mucho.

 

25 de Septiembre de 1975

 

SOMBRAS QUE ENVUELVEN  MI IGLESIA

 

No es nuevo el asunto del que te hablaré.  Ya otras veces te he señalado las sombras que envuelven a Mi Iglesia.

 Te he dicho sombras, esto quiere decir que son varias pero todas tienen una única causa: "grandes crisis de fe".

La fe no es un producto del hombre, sino es un gran don de Dios; es un fruto precioso de mi Redención que brota de mi Corazón abierto y misericordioso.

Yo soy la vida de los hombres pero la vida es luz que resplandece en las tinieblas y que las tinieblas no han acogido.

La vida, hablo de mi Vida divina, se la puede acrecentar, desarrollar;  se la puede apagar o debilitar a tal punto de privarla de toda fuerza y energía.

Mi Cuerpo Místico está en crisis, está envuelto de sombras oscuras, como la tierra cuando en el cielo se desencadena el temporal. Mi Iglesia está en crisis porque sus miembro están sofocando en la mordaza del materialismo, la Vida divina, la vida interior de la fe y con la fe, la esperanza y la caridad.

Te he hablado de lámparas apagadas, de lámparas que se apagan: son las almas de muchos sacerdotes míos y de muchísimos fieles en los cuales ya no late, ya no vibra la vida divina de la Gracia.

¿Para qué sirve una luz apagada? ¿Y un cadáver? Se lo entierra para evitar que de él se desprendan miasmas peligrosos e infecciones mortales.

Cada cristiano y, con mayor razón, cada sacerdote deben ser lámparas encendidas en el mundo envuelto en las tinieblas, para irradiar luz, para dar testimonio de Mí, Verbo de Dios hecho Carne, Luz del mundo.

 

Coherencia y fidelidad

 

Para hacer esto, hace vivir la propia fe con coherencia y fidelidad.

En los últimos años muchas veces mi Vicario ha elevado con fuerza su voz iluminada. Sacerdotes y cristia­nos en gran numero no han prestado oído a sus palabras, no rara vez hechas objeto de befa e irrisión.

¿Cómo, hijo mío, no estar profundamente apenado por tanta insensata e impenitente conducta?

El materialismo, que desde hace decenios y decenios se desfoga, alimentado por Satanás, ha contaminado a la humanidad; él está apagando cada vez en más almas el don incomparable de la fe, de la esperanza, de la caridad, de la vida interior y de la Gracia divina, sin la cual ninguno puede salvarse.

Hay sí, en mi Cuerpo Místico, brotes vigoro­sos.  Conocidos u ocultos a los ojos de muchos, serán los gérmenes fecundísimos de mi Iglesia renacida, regene­rada y purificada en este actual desierto, porque tal se puede delinear hoy a mi Iglesia, donde abundan matorrales, cañas, espinas y ramas secas, volviendo el camino tan difícil a los buenos.

Pero cuando el incen­dio, que ya bajo las cenizas  incuba, se inflame abrasará toda cosa, los nume­rosos retoños de vida recubrirán entonces el terreno purificado de los frutos de la locura humana, del orgullo, de la impureza y de toda otra abominación.

La tierra, como jardín exuberante y fecundo, dará asilo a los hombres vueltos juiciosos y sabios, reconciliados con Dios en Mí y entre ellos, y en el Amor vivirán en paz.

 

El sentido de la vida

 

Cuánto quisiera que sacerdotes y fieles, liberados del peso que los oprime y sofoca, reconquistaran el sentido de la vida, convirtiéndose a Mí, a la luz, a la verdadera vida regresando a la casa de mi Padre que los espera y los ama, no obstante su perversión.

Para esto, hijo, te hablo para que tu lleves a mis sacerdotes a conocer las amarguras de mi Corazón misericordioso y la angustia de mi Padre que ve a sus hijos, arrancados de su amor, caminar hacia la ruina y la muerte. Pobres almas, redimidas por Mí, ebrias y cegadas van dando tum­bos en la oscuridad.

Ignoran que la vida terrena, don de Dios Creador, está en orden a la vida eterna, ignoran que ella es breve y fugaz, que dura cuanto dura la hierba y la flor del campo que la hoz siega,  se agosta y se seca.

¡Pobres hijos míos! Orgullo, vanidad y presunción los han envuelto en la oscuridad tanto que ya ni siquiera se reconocen.

Nada debe descuidarse, hijo, para obtenerles a ellos la gracia de una verdadera conversión porque, una vez más te lo digo, se trata para muchos de conversión.

Se necesita rezar y suplicar oraciones: ofrecer tribulaciones y contrariedades. Los sufrimientos sembrados en la vida de todos, si son aceptados con fe y ofreci­dos con generosidad son verdaderamente fermentos de gracia y de misericordia.

Pero el tiempo a disposición no es mucho. ¡Ay de no aprovecharlo!

Te Bendigo a ti y a las personas unidas a ti en la fe y en el amor fraterno.

Ámame mucho. Tu sabes que Yo te amo.

 

2 9 de Septiembre de 1975

 

ESENCIAL Y URGENTE REVISIÓN

 

Hijo, todo comandante de estado mayor reúne periódica­mente en torno a su mesa de trabajo a sus ayudan­tes. Con ellos revisa los diferentes planes de defensa y también de ataque; se da quehacer para que sus planes estén siempre bien estudiados, preparados según el sucederse las relacione de los varios pueblos circunvecinos, para que estén listos para toda coyuntura.

Así hacen los hombres que tienen responsabilidades sociales.

También en mi Iglesia y en mis Iglesias se debería haber hecho otro tanto con el mismo diligente y solícito esmero.

En mi Iglesia hay un inmenso ejército de confirma­dos que debe ser adiestrado para la lucha contra los enemi­gos del alma: los demonios, las pasiones y el mundo.

Toca a la Jerarquía, al los varios estados mayores de las Iglesias locales, organizar y conducir esta gigantesca batalla que se combate desde la creación del hombre y continuará sin in­terrupciones hasta el fin de los tiempos.

Ya he dicho que los hombres, ya sea tomados particular o socialmente, son objeto y víctima de esta lucha contra las oscuras y tenebrosas po­tencias infernales, para las que toda insidia y seducción son buenas con tal  que se pierdan las almas.

Ya no se presta fe a esto por parte de muchos. Al no creer, no se valoran las fuerzas ni las posibilidades del Enemigo por lo que resulta imposible conducir una guerra bien organizada, si de ella no están convencidos ni sobre el plano individual ni sobre el plano social.

 Es laudable la diligencia con el que algunos estados mayores preparan sus planes, convencidos de estar cumpliendo un deber.  Es deplorable por el contrario la inercia de parte de estados mayores de otras Iglesias locales, que no saben ni preparar ni ejecutar sus planes de defensa ni de ataque contra todas las fuerzas del Mal.

 

Hasta demasiadas cosas

 

Se hacen sí muchas cosas: a veces hasta demasiadas cosas, que sirven bien poco para el fin, que es el de desbaratar las fuerzas del Maligno.

Los enemigos de la Iglesia, del bien y de la verdad se han hecho atrevidos y prepotentes; avanzan cada vez más y se hacen cada vez más insolentes, llegando a subvertir las leyes divinas y naturales ¿Por qué, hijo mío?

Muchas responsabilidades pesan sobre mi Iglesia por los muchos males que la afligen, a la base de los cuales está la crisis de fe, la crisis de vida interior.

No raramente se ha llegado a ser cómplices de los enemigos de Dios y de la Iglesia. Debilidad, morboso amor al prestigio, falta de unidad, verdadera y propia anarquía.  Ha sido des­figurada la fisonomía de los hijos de Dios y de los minis­tros de Dios.

¡Es tiempo de despertar! Es tiempo de poner la segur a la raíz. Quiero decir que es tiempo de responder a mi insistente invitación a una verdadera conversión, antes que sea demasiado tarde.

Es tiempo de que los dife­rentes estados mayores de mis Iglesias cesen de perder tiempo en cosas o iniciativas inútiles. Tienen el yerro de no ir a las raíces de los males.

 

Examen de conciencia

 

La gravedad de la situación impone un plan válido para todos, para llevarse a la práctica por todos al vértice y a la base, con obligado examen de conciencia que lleve a las siguientes conclusiones:

—¿Estamos convencidos de la necesidad de revisar seriamente la concepción sobre la que está basada nuestra vida? ¿Es vida integralmente cristiana? ¿O en parte pagana? ¿O del todo pagana?

— ¿Estamos dispuestos a elaborar un nuevo plan de vida interior? ¿Un nuevo modo de vivir nuestra fe, la espe­ranza, la caridad, la vida de gracia?

—¿Estamos dispuestos a hacer lo que hacen tantos hombres con laborioso empeño, para adiestrarnos contra las fuerzas del Mal con una verdadera cruzada de oración y de penitencia?

—¿Estamos dispuestos a hacer callar los tumultos que se levantan en torno a nosotros (y son tantos) para escuchar en el silencio y en el recogimiento las invitaciones que nos vienen de lo Alto, para ayudarnos a conjurar los peligros que nos dominan?

—¿Estamos dispuestos a retornar a una devoción viva, sincera, a la Madre de Jesús y Madre nuestra?  ¿A acoger su llamada a la mortificación y a la penitencia?

—¿Estamos dispuestos a un regreso sincero y vivo a Jesús Eucaristía?

Si mis sacerdotes, tan ocupados en tantas actividades, quieren ser objetivos, deben admitir que no obstante su febril trabajo, no ofrecen ya, salvo excepciones, motivos de credibilidad.

¿Se han seca­do quizá las fuentes de la Gracia? ¡No! Mi Corazón misericordioso está siempre abierto.

En sí mismos  deben volver a buscar las causas.  Se necesita poner la segur a la raíz; quiero decir que urge que cambiéis la ruta primero vosotros sacerdotes, si queréis que el grueso del ejército os siga.

Para esto sí que vale la pena de encontrarse y en una leal y sincera fraternidad elaborar un nuevo plan de reforma espiritual. ¿No es esto al fin lo que os pide el Concilio?

Vida de gracia, unidad y obediencia, fin de la anar­quía, lucha contra el demonio y contra el mal sin descender a  compro­misos, son los grandes temas que verdaderamen­te hay que profundizar, en el vértice y en la base.

¿Qué se espera todavía para hacerlo?

Miedo, vergüenza, respeto humano, apego a una vida cómoda... ¡Convertíos, convertíos! No os dé miedo ni os escandalice esta invitación.

 Yo y Mi Madre, que tanto os amamos, estaremos a vuestro lado.  Se trata de la salva­ción de vuestra alma y de aquellas que se os han confiado.

Hijo, te bendigo;  ámame.

 

30 de Septiembre de 1975

 

MI PASION CONTINUA

 

Qué alejados de la verdad están aquellos, y no son pocos, que piensan y contemplan el Misterio de mi Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección corno un acontecimiento tan lejano que se pierde al fondo de los siglos.

Qué alejados están todavía de la verdad los otros que piensan en Mí, quizá sí, glorioso en el Paraíso pero olvidado o desinteresado de las cosas de los hombres y de los acontecimientos humanos. Éstas son las distorsiones de una fe tenue, enferma y contagiada por la ignorancia.

Un cristiano no puede ignorar mi presencia, además de en el Paraíso, también en la tierra. Los cristianos no pueden ignorar que estoy y estaré en la tierra hasta la consumación de los tiempos.

Ningún hecho o acontecimiento de las personas o de los pueblos, por grande o pequeño que sea, puede ser extraño a mi Corazón misericordioso.

¡No sería Dios, si esto no fuera así!

Los cristianos no deben ignorar que, si físicamente no puedo ya sufrir, en cambio moralmente estoy atrozmente apenado por la frialdad e ingratitud, por las ofensas, las traiciones y las horribles blasfemias con las que continuamente soy ultrajado.

Los Judas se han multiplicado fuera de medida. El amor no es correspondido, y a menudo recompensado con hostilidades e insultos de todo género, y sufrimiento que los hombres en la dureza de su corazón no pueden comprender.

Qué alejados están de la realidad aquellos que tienen una visión tan nebulosa del Misterio de la Salvación. Misterio en acto, es el Misterio de la Cruz, que continúo en la crudeza atroz aunque en modo incruento.

Mi Sangre es derramada en verdad continuamente por la remisión de vuestros pecados; mi Cuerpo es verdaderamente dado en alimento para nutrir vuestras almas. Soy verdaderamente la Víctima ofrecida al Padre y en Mí, Víctima divina, Humanidad y Divinidad se en­cuentran y se reconcilian en un amor infinito.

 

Allí está Dios omnipotente

 

Hijo mío, ¡si por lo menos mis sacerdotes tuvieran la firme y sólida convicción de que Yo, Hijo de Dios, verda­dero Dios y verdadero hombre, punto de encuentro de la humanidad pecadora con mi Padre celestial, estoy siem­pre con vosotros, en medio de vosotros día y noche en es­tado de víctima!

Si por lo menos estuvieran convencidos, cuando me encierran entre aquellas pequeñas cuatro paredes, que allí está Dios Omnipotente, Creador del Cielo y de la tierra, Redentor y Salvador, podrían tener por lo menos un latido de amor por Mí, pero para estas consideraciones no hay lu­gar en el ánimo.

Han abandonado mis caminos, mis senderos y no tienen tiempo de buscarme en mi humilde morada. Una fe viva, verdadera, vivida hora tras hora en una ofrenda continua, haría inflamar un incendio purificador en toda Mi Iglesia; sería capaz de aplacar la divina Justicia y detener la hemorragia de almas encaminadas a la per­dición eterna.

¡Qué tremenda responsabilidad para mis sacerdotes, que tienen posibilidad y medios eficaces para colaborar Conmigo para la salvación de las almas, pero no se sirven de ello!

 

Confianza en el medico

 

—¿Qué hacer, Señor, para que nosotros sa­cerdotes podamos entrar nuevamente en nosotros mismos? ¿Para que podamos salir de la oscuridad que nos envuelve, para des­pertarnos del letargo en el que hemos caído? ¿Para que podamos sacudirnos y salir de la crisis que nos ha afectado?

Se necesita que con gran humildad os convenzáis del mal que sufrís. Ningún enfermo, si no tiene clara conciencia de su mal, puede sentir la necesidad de cu­rarse.

Ningún enfermo si no tiene plena confianza en el médico que lo cura, se da prisa de curarse.

Nin­guno de mis muchos sacerdotes afectados por crisis de fe, si no se convence de su mal, sentirá la necesidad de cu­rarse espiritualmente.

Ninguno de mis sacerdotes afecta­dos por crisis de vida interior, si no tiene confianza en Mí, presente en mi Vicario, encontrará la fuerza para recuperarse.

Yo he hablado, por medio de Mi Vicario, abundante­mente acerca de la infección que aflige al clero de este siglo materialista.

He indicado con claridad las causas y los remedios de esta infección. Pero ¿quién ha tomado en serio mis palabras?

Aun prescindiendo de esto, que es tan importante, ¿no soy Yo el Camino, la Verdad y la Vida?

 ¿No he dicho claramente: "quien quiera venir en pos de Mí tome su cruz y niéguese a sí mismo?” ¿No es ésta una clarísima indicación para todos y para mis sacerdotes en particular?

Aquí, hijo mío, está la clave y la solución de todos los problemas originados por la crisis de fe. Mortificación interior y mortificación exterior.

Esto contrasta con la vida que se lleva y se quiere llevar: cine, televisión, automóvil sin a veces justificación pastoral alguna que lo excuse, dinamismo febril pero improductivo, poca disponibilidad y propensión para la oración.

De aquí el paso a la rebelión interior y exterior es breve.  En­tonces, en una verdadera y propia anarquía los últimos resplando­res de fe se apagan en un tenor de vida enteramente condicionado por la civilización pagana de este si­glo.

Poned la segur a la raíz sin tergiversar, podan­do lo que debe ser podado, después en mi Corazón Misericordioso encontrareis todos los remedios para remontar el sendero arduo, sí, pero no impracticable de la virtud.

Te bendigo hijo, Ámame mucho.

 

30 de Septiembre de 1975

 

EL LLANTO NO ES SIGNO DE DEBILIDAD

 

Hijo mío, Yo he llorado y no  una sola vez como alguno cree. He llorado contemplando desde lo alto la Ciudad, objeto de mi gran amor. Mis lágrimas eran el rebosar al exterior de un dolor que mi Corazón no podía ya contener.

 He llorado pues no por debilidad, sino porque veía las lla­gas de la Ciudad predilecta, la destrucción y la suerte señalada por la Justicia divina.

Qué necios son los que piensan poder burlarse de Dios con terca obstinación, o bien otros que piensan poder continuar en sus pecados, confiando en la Miseri­cordia divina.

Olvidan como ya te he dicho, que en Dios, mise­ricordia y justicia son inseparables porque son una cosa sola.

Hijo, no sólo una vez lloré sobre la Ciudad amada y pre­dilecta, pero he llorado otras veces por la ruina de las almas, tan amadas y que por ellas no he vacilado en inmolarme como víctima de expiación y reconciliación en el Calvario y en los altares.

He llorado por Judas, como ya sabes, no tanto por la traición perpetrada a mi respecto, sino por la pérdida de su espíritu soberbio, lujurio­so e impenitente.

Judas ha resistido a mi amor y a todo im­pulso de mi gracia. Habría bastado un acto simple de arre­pentimiento y Yo, con alegría, lo habría salvado.

Esto lo deben de considerar bien los centuplicados Judas de estos tiempos, y deben considerarlo también los numerosísimos hijos míos que se obstinan en rechazarme.

No es debilidad pues, mi llanto, sino el rebosante dolor de mi Corazón herido mor­talmente por la ruina de tantas almas,  no pocas de ellas consagradas a Mí.

 

Ha llorado también la Madre

 

Ha llorado también mi Madre, la mas fuerte y valerosa entre todas las madres de la humanidad. Ha derramado lágrimas amargas en tiempos lejanos y cercanos, ante la casi total insensibilidad de muchos sacerdotes y fieles.

Ella conoce bien la grave crisis que sufre mi Iglesia y el mundo entero, sordos a todo reclamo de mi Corazón misericordioso, envueltos en una pavorosa oscu­ridad que es preludio de la inminente tempestad.

No rían los hijos del pecado, no rían los hijos de las tinieblas: ¡la espada de la divina Justicia pende sobre su cabeza!

Hijo, ¿qué más podía hacer por mi querida y tiernamente amada Ciudad? Entonces dije: "¡Jerusalén, Jerusalén, tu que ma­tas a los profetas y lapidas a los que te son enviados, ¡Cuán­tas veces quise reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus pollitos bajo sus alas y vosotros no habéis querido! Os será abandonada vuestra casa desierta y de ti no queda­rá piedra sobre piedra".

 

Arroja la semilla

 

¿Acaso hoy mi Iglesia, mis Iglesias, las ciuda­des y las naciones, son mejores que Jerusalén?

Pero ¿qué cosa podía hacer que no haya hecho para sal­varos?

Jerusalén me rechazó. Jerusalén me condenó; no faltaron los buenos que sí acogieron mis palabras, como tampoco faltan hoy.

Ciudades y pueblos sumergidos en un nauseabundo paganismo, me rechazan renovando así la inicua condena.

Hijo mío: el curso de la divina Justicia será inexorable e irresistible.

Transmite este mensaje mío a tus hermanos, sin preo­cuparte de las reacciones que de ello puedan venir.

Como buen sembrador arroja la semilla, de la cual aunque únicamente un solo granito cayera en buen terreno, no habrá  sido inútil tu trabajo y tus sufrimientos.

Habrás hecho un buen servicio a tus hermanos y dado a Mí un poco de alegría entre tantas amarguras que me son dadas.

Te bendigo hijo mío, ámame mucho.

 

1 de octubre de 1975

 

ME DOY CONTINUAMENTE

 

— Señor, he dado en visión tu mensaje de la participación de la Santísima Virgen en el Misterio de la Cruz” [14] a algunas personas. Han encontrado dificultad en creer en él se ha dicho con relación a la presencia de Ma­ría Santísima en el Sacrificio de la Santa Misa en el ofre­cimiento que Ella, unida a Ti, hace de Sí misma al Padre.

Esto te dice, hijo mío, que los buenos aún no han intuido nada o casi nada de la esencia del Cristianismo. Podrás también comprender qué cosa sabrán aquellos que a ti te pueden parecer menos buenos. . .

En mis precedentes mensajes se ha afirmado muchas veces que Yo soy El Amor y que en el Mandamiento del Amor está toda la ley y los profetas. Pero la naturaleza del amor comporta en su manifestación el dar y el darse.

Yo, Dios he da­do todo a vosotros y me he dado, todo Yo mismo a vosotros. Yo Dios he dado a vosotros la Vida, Yo Dios he dado a vosotros la Redención.

 Yo os he dado el universo, Yo os he dado la tierra, esta maravillosa casa en que habitáis (y que estáis desfigurando) y eso que es la casa del exilio.

Aire, luz, sol, calor, frío, mares y ríos, montes y fértiles llanuras, plantas, frutas y flores, animales y peces de todo género y especie; son todos dones de mi amor.

Pero Yo no soy sólo el amor sino el Amor eterno, infinito, increado. No bastaba haberos dado todo, toda la obra de mi creación sino que he querido darme a Mí mismo: Yo, El Creador, el Señor de todos y de todo, El Dios Omnipotente, omnipresente y omnisciente.

Me doy continuamente a vosotros en el Misterio de la Cruz real­mente perpetuado, incesantemente consumado y renovado en el Misterio de la Santa Misa.

 

Vive de Mí

 

El amor por su naturaleza tiende a la unión por ley sobrenatural y natural. Yo Dios Omnipotente puedo todas las cosas, puedo saciar mi sed ardiente de amor dándome enteramente a vosotros para ser con vosotros una sola cosa como Uno soy con el Padre y el Espíritu Santo. Somos Tres en Uno exactamente por esta ley del amor.

Después de Mí, la Criatura cuyo amor es sin límite, es Mi Madre, obra maestra de la Santísima Trinidad. Ella, asociada a Mí en el Misterio de la Encarnación y en el Misterio de la Cruz no podía dejar de estar asociada a Mí en el Misterio de la Santa Misa que es el mismo Mis­terio de la Cruz aunque incruento.

Hijo, si el amor me ha llevado a unirme a vosotros en el Misterio Eucarístico, con mayor razón me lleva a unir­me a Mi Madre en una comunión perfecta, única en toda la historia de la humanidad. Confirmo que Ella vive de Mí, de mi Naturaleza divina como Yo vivo de Ella, de su naturaleza humana.

Por tanto, es lógico que donde estoy Yo Ella tam­bién esté; es más, es por necesidad de la naturaleza del amor.

Mi Madre no solamente aceptó el sacrificio de la Cruz consumado en aquel momento histórico sino que ha aceptado también el Sacrificio de la Cruz en su extensión en el tiempo.

No habría sido perfecto su amor si no hubiese sido así: por tanto es verdaderamente real su presencia en la Santa Misa como en el Calvario; es verdaderamente real el ofre­cimiento de Sí misma al Padre conjuntamente Conmigo, con mi ofrecimiento.

Es verdaderamente real su “fiat” en el Calvario como en el Altar para la remisión de vuestros pecados: si no fuera así, no sería corredentora.

Corredentora fue, es y será Conmigo en su perfecta comunión,  como Yo estaré en comunión con vosotros en la eternidad: ahora unidos mediante el Misterio de la fe para quien en ello cree y de ello vive, en la eternidad en una comunión perfecta en la recíproca e intercambiable donación mía y vuestra en la gloria del Paraíso.

 

Tome su cruz

 

¿Por qué, hijo mío, muchos cristianos y también muchos sacerdotes no quieren profundizar, creer y vivir estas sublimes realidades divinas?

Están demasiado distraídos para hacerlo, están demasiado afanados en sus pequeñas y transitorias vicisitudes coti­dianas.  Si se ocuparan de estas realidades, ¡qué gran­des resplandores de luz penetrarían las' tinieblas que en­vuelven almas, familias,  pueblos, la misma Iglesia mía!

¡Qué lluvia de gracias haría brotar de mi Co­razón abierto! ¡Cuántas almas serían arrancadas del infierno y cuánta alegría darían a Mi Corazón Misericordioso tan atrozmente acongojado!

Si los así llamados buenos no consiguen a entender nada o casi nada del móvil de su creación y de su redención, si muchos de mis mismos sacerdotes consideran baratijas de poca cuantía los prodigios de mi amor, (bien lejos por eso de vivirlos ellos, mis ministros, los administradores de los frutos de mi redención), si las almas consagradas, religiosos y religiosas frecuentemente vi­ven una piedad superficial, formalista por la concepción materialista de la vida, con todo esto puedes entender e imaginar el estado de salud espiritual de Mi Cuerpo Mís­tico.

Yo he venido a traer el fuego a la tierra;  es nece­sario que este fuego arda en las almas.  Pero no hay alternativas para esto: uno es el camino para todos, en particular para las almas consagradas. Quién quie­ra venir en pos de Mí tome su Cruz y niéguese a sí mis­mo.  A nadie he prometido el paraíso en la tierra.

Es ne­cesario convencerse que la vida terrena es una prueba; la prueba sólo se la puede superar viniendo en pos de  Mí. Hijo, quién obstinadamente se cierra a mi Amor, se despertará al rigor de la divina Justicia.

 

Teresa del Niño Jesús

 

Hoy se celebra la fiesta de una pequeña y grande al­ma: Teresa del Niño Jesús. En esta alma se deberían ins­pirar los sacerdotes y todas las almas consagradas.

¿Cuál es el secreto de su rápido y vertiginoso ascenso hacia las altas cimas de la santidad, de la perfección?

Su humilde, simple, perseverante y sensibilísima correspondencia a ca­da impulso de mi Gracia.

En la base está la humildad:

"Te agradezco Padre porque has ocultado estas cosas  a los grandes y sabios de la tierra y las has revelado a los humildes a los senci­llos . . ." "si no os hacéis iguales a los pequeños no entra­réis en el Reino de los Cielos.

Teresa por su humildad y por su generosidad, mere­ció llegar a ser la depositaria de los secretos de Mi Cora­zón Misericordioso; ella trazó un nuevo camino a todas las almas consagradas.

Transitando este sendero quemó etapas y en breve llegó a la cima de la Santa Montaña.

Yerran aquellos que la consideran como una frágil mojigata, indicada para almas débiles. Teresa fue heroicamente fuerte y generosa en su amor por Mí, hasta tanto de no conceder nada ni a sí misma ni, mucho menos, al mundo ni a Satanás.

Desgraciadamente no son muchas las almas de las que se pueda decir otro tanto. Hijo mío, te bendigo. Ámame mucho.

 

5 de Octubre de 1975

 

EL TERCER CAMINO

 

Hijo, ¡cuántas veces no he pedido la conversión de muchos sacerdotes míos arrastrados por una visión errada de la vida sacerdotal! Pero principio de toda conversión es la humildad.

La soberbia es un muro infranqueable que se erige entre el alma y Dios; se necesita abajarse para poder después elevarse hasta Dios.

La soberbia tiene lejos de Mí a muchos sacerdotes y cosecha entre ellos muchas víctimas para el Infierno. Aunque la opinión de bastantes no concuerde con esta mi afir­mación, la realidad irrefutable es ésta.

Se ha dicho que son dos los caminos que llevan a la salvación: la inocencia y la penitencia.

Pero Yo te digo que hay otro, un tercero más breve y no menos se­guro que los dos primeros, y es el del Amor.

El camino de la inocencia está frecuentado por la muchedumbre de angelitos humanos: son los niñitos sor­prendidos por la muerte antes de que la culpa los haya tocado.

Con ellos hay también otras almas que la humildad y correspondencia perseverante y generosa a los impulsos de mi gracia, han conservado y preservado de cualquier contagio del mal llegando, al término de su camino terreno, con todo el esplendor y el candor inmaculado de la nieve.

En el Paraíso todas estas almas forman un coro celestial que cantan hosannas a Dios tres veces Santo.

Está después el segundo camino de la penitencia, necesaria para todos aquellos que desgraciadamente, en medida di­ferente han pasado por la dura y amarga experiencia del pecado: "Si no hacéis penitencia no entraréis en el Reino de los Cielos".

Muchísimos son los pecadores, pero no todos entran al camino de la penitencia. El porqué de esto vosotros no lo sabéis y no lo entendéis porque solo Dios escruta los abis­mos insondables del corazón humano.

Ninguna criatura humana, ni aún la más extraviada es totalmente negativa, en todos los hombres en propor­ción diversa hay siempre el bien y el mal. La gracia suficiente para salvarse, Yo, Dios la doy a todos.

No todos sin embargo la saben acoger, no todos la  saben apreciar como un tesoro.

Pero hay otras razones para que esto suceda así y mis sacerdotes no las pueden ignorar sin traicionar su vocación.

 ¿No son los sacerdotes mis corredentores? ¿Ignoran este punto funda­mental de la vida sacerdotal? ¿Han olvidado quizá mi in­finito sufrimiento por las almas? ¿No saben ya posar su mirada en Mí Crucificado? ¿No saben tal vez que si no me siguen en el camino de la Cruz, es decir de penitencia in­terior y exterior anulan su fecundidad espiritual?

 ¿No piensan muchos sacerdotes en el bien que ha faltado a tan­tas almas perdidas? ¿No piensan que para ellos es un deber de justicia y de caridad obrar santamente para salvar al­mas?

No tienen tiempo para arrodillarse ante Mí Crucifi­cado para hacer un serio examen de conciencia, para escu­char mi voz... si lo hicieran ¡cuánta luz en sus almas!

Recientemente te he hablado de la Comunión de los Santos, otra realidad sublime, otra fuente de gracia y de gracias para quien cree en ella y de ella vive.

Los frutos de Mi Redención pasan y deben circular en todo Mi Cuerpo Místico, es decir, la Iglesia triunfante, purgante y militante. Pero pasan en medida y proporción de la cual sabéis y os queréis valer.

 

El Camino del Amor

 

Ahora falta decirte unas palabras sobre el tercer camino, el más breve y corto para el Paraíso que ha sido escogido por tantas almas privilegiadas: es el camino del amor.

No es que haya sido abierto a las almas sólo en estos últimos tiempos. Siempre ha existido, igual que los otros dos.

María Magdalena escogió este camino y después de ella muchas otras almas. Pero en estos últimos tiempos ha sido redescubierto. Fue preferido y transitado por muchas almas y entre éstas Teresita del Niño Jesús.

Yo, hijo mío, me he inmolado a fin de que vosotros fuerais una cosa sola entre vosotros y Conmigo,  como Yo lo soy con el Padre y el Espirita Santo.

El amor tiene dos dimensiones, la vertical que tiende hacia Dios y la ho­rizontal que tiende hacia el prójimo. Así es en Mí, así debe ser en vosotros.

Este amor debe estar por encima de todos los problemas de vuestra vida y si no fuera así no estaríais en el camino correcto. El amor une, el amor robustece.

Padre, Hijo y Espíritu Santo son Tres en Uno, el amor equivale por tanto a unidad, a unión.

El amor que une al alma a Dios y a los hermanos es fuego que purifica y que hace arder las escorias de la fragilidad humana. Mi espíritu es espíritu de amor que calienta, que ilumina y que vivifica: disuelve las sombras de la debilidad humana que se posan en el alma.

Pero el amor es también fuerza y po­tencia, como el hierro, fundido con el cemento; esas dos na­turalezas se funden y se transforman en un único e irrom­pible bloque contra el que en vano choca la fuerza

de quien lo quisiera despedazar.

Así, amor divino y humano fundidos juntos unen las almas a  Dios y entre sí para formar un único bloque tan compacto que inútilmente  chocan contra él las fuerzas del Mal.

Hijo, esfuérzate en figurarte Mí Cuerpo Místico como debería de ser: un poderoso bloque formado por todos sus miembros unidos a la Cabeza, al que ninguna fuerza terrestre o infernal pudieran causarle ni un rasguño.

La Iglesia purificada y regenerada del futuro siglo será este cuerpo granítico al que ninguno podrá romper, es más, ni hacerle ni un rasguño.  Los caminos de Dios y los planes de Dios son muy di­ferentes de vuestros planes y de vuestros caminos.

 

Hacer callar los egoísmos

 

Insisto en la necesidad de echar mano a la segur[15].

Las diferentes iglesias locales si quieren aprovechar con sabiduría los signos de los tiempos deben revisar to­do y reorganizarse en las dos dimensiones del amor.

Es tiempo de hacer callar los egoísmos, las ambiciones, y las envidias, los celos; es tiempo de salir de las nubes que os envuelven, de sacudir el polvo de las mantas.

Es tiempo de desembarazarse del pesadísimo fardo del materialismo, sea ello marxista o capitalista: tanto uno como otro son venenosos y mortíferos. Es tiempo para muchos sacerdotes míos contagiados por este veneno del materialismo, de reflexionar y convertirse si no quieren perecer.

Los caminos entonces, para llegar a Dios, para reali­zar la finalidad de la Creación y de la Redención, y para mis sacerdotes y para mis almas consagradas en general, también el fin de su Vocación, son tres; los tres son válidos y óp­timos porque en los tres está siempre presente el elemento esencial: el amor, si bien con colores y matices diferen­tes.

Hijo mío, hazlo saber a todos mis sacerdotes que no hay más tiempo que perder.

Para los buenos es un deber impuesto por la caridad rezar y ofrecer por los más tibios y por los más alejados.

Ellos se debaten entre las insidias y las seducciones de un mundo que no es mío sino de Satanás, y los remordimientos de su conciencia, la cual, aún encallecida, se rebela porque está oprimida por un peso que no quisiera llevar.

Te bendigo, ámame mucho.

 

7 de Octubre de 1975

 

SATANAS, EL MALIGNO

 

Hijo mío, cuando Yo entro en un alma vibra la fe, arde el amor y la esperanza es viva.

Pero cuando en un alma está adormecida la Vida divina, entonces hay quien es corroí­do por la envidia, los celos y el odio y con malas artes bus­ca y encuentra el modo de arrojar agua sobre el fuego del amor.

Si el amor se puede comparar con un brasero ardiente, tú sabes el efecto que produce el agua arrojada sobre él: apaga el fuego, atenúa el calor, levanta una columna de denso vapor, y no deja más que carbones negros.

Esto le sucede en el alma ardiente de amor cuando está bajo la acción de Satanás, si  no se sabe salvaguardar de la pérfida ac­ción de él.

Del amor y del fuego que le arde en el corazón, del calor y de la luz no queda ya nada. Una nube de humo envuelve al alma, carbones negros, porque negra se ha vuelto el alma bajo la acción del pecado.

Hoy, hijo son pocas las almas que tienen conciencia de las peligrosas astucias y artes del Maligno porque en él ya nadie cree y de él (excepción hecha de pocos), nadie se preocupa de defenderse. Así el Maligno puede co­sechar numerosas víctimas incluso entre mis sacerdotes.

La ignorancia de quien no cree, las lagunas de la fe, la falta de entrenamiento en la lucha, la inexperiencia y el abandono total de los medios de defensa, señala a favor del enemigo numerosísimas victorias.

¡Pobres almas inexpertas y no solo de simples fieles sino también de muchos ministros míos! Estos por el carác­ter impreso en sus almas, por la potencia con la cual han sido dotados, por la autoridad que los reviste, deberían con­ducir las tropas de militantes a espléndidas y fulgurantes victorias contra Satanás y sus tenebrosas legiones diabóli­cas.

¿Qué hacer para defenderse?

Creer en la existencia del Enemigo. Si muchos militantes y con ellos no pocos sacerdotes no creen en él no pueden combatirlo.

Conocer la potencia y la fuerza del Enemigo y conocer también la propia fuerza y la propia potencia.

Conocer sus métodos de lucha, sus astucias sus seducciones. Al mismo tiempo ser cons­cientes de los propios medios de lucha y querer usarlos.

Es claro que si uno ignora la emboscada que el enemigo le ha tendido, no puede guardarse de ella, no puede  defenderse. Al contrario si uno tiene conocimiento de ello, prudentemente toma sus precauciones y no solo se prepara a la defensa, sino se predispone a atacar.

 

El más grande enemigo

 

Hoy, hijo, la casi totalidad de los cristianos igno­ra a su más grande enemigo: Satanás y sus diabólicas le­giones.

Ignoran al que quiere su ruina eterna: ignoran la inmensidad del mal que Satanás les hace; en cuya comparación, las más grandes y graves desventuras hu­manas son una nada.

Ignoran que se trata de la única cosa importante en la vida: la salvación de la propia alma.

Ante a esta trágica situación está la indiferencia, a veces la incredulidad de muchos sacerdotes míos. Está la inconsciencia de muchos otros que no se cuidan de su principal deber que es el de instruir a los fieles, de poner los al corriente del peligro de esta tremenda lucha que se combate desde los albores de la humanidad.

No se preocupan de educar  a los fieles en el uso eficaz de los medios de defensa, numerosos y a dispo­sición en Mi Iglesia. Tienen vergüenza hasta de solo hablar de ello, temen ser considerados como retrógradas; como ves se trata de verdadero y propio respeto humano.

Pero tú sabes, hijo mío,  que si en el ejército un oficial deserta de su puesto de respon­sabilidad es marcado con el título de traidor y la justicia humana lo persigue.

¿Qué decir entonces de lo que está ocurriendo en Mi Iglesia? ¿No es quizá la más trágica y terrible traición tendida a las almas, el dejarlas a expensas del Enemigo que quiere su perdición?

Mi Vicario en la tierra, Pablo VI, no hace mucho tiempo ha dicho que en la Iglesia se están verificando hechos y acontecimientos que no se pueden humanamente explicar, sino con la intervención del Demonio.

Hijo, te he hablado de sombras que apagan el esplen­dor de Mi Iglesia: todo esto es más que una sombra.

Si hoy el Enemigo está más arrogante que nunca y do­mina sobre las personas, sobre las familias, sobre los pue­blos, y sobre los gobiernos, en todas partes, ¡es natural!  Tiene el campo libre y casi sin oposición.

Cierto que para com­batir a Satanás se necesita querer ser santos; para vencer­lo eficazmente se necesitan penitencias, mortificaciones, oraciones. Pero ¿no es todo esto mi precepto para todos y en particular pa­ra mis consagrados?

¿Porqué no se hacen los exorcismos privadamente? Para esto no se necesitan particulares autorizaciones.

¡No, muchos sacerdotes míos no conocen su propia identidad! No saben quiénes son, no saben con qué potencia tan formidable han sido dotados. De esta ignorancia son culpables y responsables.

Son exactamente igual que los oficiales de un ejército que desertan de sus puestos de responsabilidad,  ha­ciéndose culpables del caos que de ahí se sigue.

 

Se necesita decirlo a los Sacerdotes

 

Qué motivo de rubor  y de vergüenza el saber que buenos laicos, do­tados de exquisita sensibilidad de fe y de ardiente amor por las almas, sobrepasan con mucho la indiferencia de mu­chos de mis ministros los cuales no tienen tiempo para es­tas cosas.

No lo consideran importante; para otras co­sas sí que encuentran el tiempo.

No hay tiempo para defender la propia alma y las almas de quienes un día deberán responder delante de Dios al que nada escapa, delante de Dios que pedirá cuenta aún de una palabra ociosa. Serán esas mismas almas traicionadas las que severamente acusarán por el bien no realizado, por las derrotas que sufrieron, por el mal que realizaron debido a que, quien debía guiarlas en el camino de la salvación las abandonó en manos del ene­migo.

Reafirmo con insistencia la activa presencia de los Demonios en la Iglesia, en las comunidades religiosas, en los Conventos y en las rectorías, en la sociedad, en los gobier­nos y en los partidos, en los pueblos.

Donde hay modo de disminuir la fe, de perder una inocencia, de cometer un delito, de perpetuar una injusticia, de predisponer a una disputa, de crear divisiones, de suscitar violencias o guerras civiles y revoluciones, Satanás está presente.

El frente de acción de Satanás y sus secuaces es tan amplio como amplia es la tierra.

La resistencia que bien conducida podría ser eficacísima, es mínima y totalmente desproporcionada en relación con las fuerzas del Enemigo.

No se impute a Dios la responsabilidad de una situa­ción verdaderamente trágica cuyos responsables sois  solamente vosotros.

Estas tremendas realidades envuelven a todos: el reino de las Tinieblas oscurece hoy al Reino de la Luz

 

Salvar el alma

 

El reino de la mentira parece prevalecer sobre el rei­no de la verdad y de la justicia;  pero será ya por poco tiempo.  Proveerá la divina Justicia a limpiar a la tierra, a la humanidad contagiada e infestada por el Maligno.

Se ocupará mi Madre Santísima en aplastar de nuevo la cabeza de Satanás; pero no creáis que El con sus legio­nes, con los innumerables aliados encontrados en el mundo, renuncie a su reino sin reacciones y convulsiones tremendas.

Todo esto os lo digo con el fin de que os convirtáis, os preparéis y consigáis predisponer vuestro ánimo a la oración y a la penitencia.

Las cosas de la tierra pasan; no pa­san mis Palabras. Una sola cosa es importante: salvar el alma.

Te Bendigo hijo mío y contigo bendigo a las personas por las que oras.

 

8 de Octubre de 1975

 

RIGOR DE LA DIVINA JUSTICIA

 

Muchos no llegan a convencerse de la eventualidad de un grande futuro castigo. Muchos lo dudan: otros muchos lo niegan terminantemente y afirman que un gran castigo debe considerarse contrario a la divina Misericordia.

Tam­poco mis Apóstoles quisieron aceptar la idea de mi Pasión y Muerte; no quisieron aceptar mis palabras. La presunción impedía a mis Apóstoles el ver claro, esto es, los privaba del don de sabiduría.

Hoy para muchos se repite otra vez la misma cosa.

Yo, Verbo de Dios hecho carne, Dios como el Padre y el Espíritu Santo, he sido la Víctima por excelencia del rigor de la Justicia divina.

El Amor por la humanidad perdida determinó por parte de la Santísima Trinidad el Misterio de la Encarnación, Pasión y Muerte mía. Por la boca de la Sabiduría ha sido dicho: "Propter peccata veniunt adversa"[16].

El pecado es una deuda personal y social que el hombre como individuo y la colectividad contraen con Dios. Dios puede siempre pedir una satisfacción parcial y digo parcial porque ni el hombre como individuo ni la sociedad pueden extinguir totalmente la deuda. Por esto ha provisto Dios con el Misterio de mi Encarnación, Pasión y Muerte.

 

La misma  e indivisible cosa

 

A los que con tanta seguridad afirman que no se necesita hablar de castigos, sino sólo y siempre de la Mise­ricordia divina, Yo les respondo enérgicamente afirmando que Misericordia y Justicia en Dios son la misma e indivi­sible cosa.

Yo respondo que impunemente “Deus non irridetur”[17].

Yo respondo que cuando la iniquidad supera el nivel de flotación, como vosotros decís, entonces la Justicia divina perseguirá sus inescrutables fines.

He dicho y repito que las ciudades de esta generación incrédula e impía, son peores que Sodoma y Gomorra; he dicho que la corrupción ha entrado por todas partes, que el mal se difunde por la tierra con la violencia de un torrente que desborda.

Ni siquiera mi Iglesia ha quedado inmune.

Mu­chos de mis sacerdotes se han contaminado. El rechazo de Dios jamás ha estado tan universalizado.

 

La copa rebosa

 

¡Pobres sacerdotes míos, qué miopes están que igno­ran y no ven ni comprenden como Dios aún en su ira es movido como siempre por un designio de Misericordia!

Pero ¿Porqué tantos sacerdotes míos no piensan en mi te­rrible agonía en el Getsemaní? ¿Porqué no piensan que en mi sudor de sangre, en el abandono de Mi Padre, pesaba todo el rigor de la divina Justicia sobre Mí, su Hijo Unigénito? Es porque me había echado encima todos los pecados de los hombres...

También esta Justicia era siempre fruto de un designio de Infinita Misericordia.

No serán la incredulidad y la necedad las que deten­gan el Brazo de Dios para no castigar a la humanidad or­gullosa y soberbia. Mi Madre lo ha podido hacer. Los sufrimientos de los buenos y de los inocentes, el heroico ofrecimiento de las almas víctimas, han podido mitigar y aplazar el ya decretado castigo.

Pero ahora la copa rebosa. La medida está colmada hasta lo inverosímil, el de­rrumbe está en marcha, aunque la ceguera impide a los hombres ver el preludio de la inmensa catástrofe.

Mientras tanto la Misericordia divina, que muchos de mis sacerdotes no saben conciliar con la Justicia, ha puesto en movimiento los numerosos fermentos para una Iglesia purificada y regenerada sobre nuevas estructuras y también para una humanidad rehecha y liberada de todas las locuras del orgullo humano. Misericordia y Justicia, en paso a la par, seguirán su curso.

Hijo, dilo: urge predisponer los ánimos a la oración, a la penitencia y a la conversión.

¡Tened confianza! Dios, aun en su justicia, es siempre Amor, y toda su acción es movida por el Amor.

Te bendigo: ámame mucho. Compénsame con tu amor las ingratitudes y las ofensas.

 

12 de Octubre de 1975

 

LA VÍA  DE  SENTIDO ÚNICO

 

Hijo, varias veces te he señalado la "vía de sentido único". Uso este término en boga en las caóticas y corrup­tas ciudades modernas.

Una carretera nace siempre en un determinado punto, se desliza por llanuras y montañas entre dos orillas que determi­nan su anchura y termina en otro punto, la meta final. Pues bien, hijo mío la vida de todo hombre es como una carretera, tiene su punto de partida y su meta final, cada hombre tiene su camino que recorrer señalado desde la eternidad.

Pero el hombre, entre todas las criaturas de la tierra es la única criatura libre e inteligente, capaz de distinguir el bien del mal y de quererlo o rechazarlo; por esto el hombre es tan grande que se asemeja a Dios.

Todas las demás criaturas vivientes en la tierra, a diferencia del hombre, están obligadas por su misma naturaleza a un recorrido fijo. No  les es dado salirse y tomar caminos diferentes del que les ha asignado su Creador.

El hombre, criatura maravillosa por su inteligencia y voluntad,  es libre para aceptar o bien rechazar el camino que le ha trazado Dios su Creador  para facilitarle el logro y la llegada a su meta final: la salvación eterna de su alma.

Es extraño y también monstruoso que el hombre abuse de un don que lo realza por en­cima de cualquier otro ser viviente sobre la tierra, negándose a recorrer el camino de su exilio terreno para encaminarse por sen­deros oscuros y tortuosos que lo llevan a la ruina y a la perdición eterna.

Es extraño si no se tuviese conciencia de su caída y de las seducciones e insidias con las que Satanás, príncipe de la mentira lo seduce y lo rodea.

Satanás por otra parte puede sí, debilitar la libertad del hombre, pe­ro no la puede destruir... a menos que el mismo hombre lo ayude.

En cualquier caso, no es justificable la desviación del hombre, porque Yo, Verbo de Dios hecho carne he remediado su debilidad ofreciéndole los pre­ciosos frutos de Mi Redención, siempre que él quie­ra beneficiarse de ellos.

Pero si, sobre el rastro de Satanás rechaza a Dios, el hombre se con­dena.

 

Mi camino

 

Hoy los hombres me han abandonado a Mí, camino, verdad y vida, camino derecho y seguro para enfilar la senda trazada por Satanás, la mona de Dios.

Si no se convierten no se salvarán, no obstante las necedades de los sembradores de cizaña en mi viña que se han multiplicado como langostas haciendo estragos en las al­mas con sus herejías.

Son demonios encarnados, corroídos por la vanidad y la soberbia; sus escritos no son menos da­ñosos que los libros pornográficos y están presentes en to­das partes: en los seminarios, en los conventos, en las escue­las. Su veneno es mortífero y cosechan víctimas especial­mente entre los jóvenes.

El camino de cada hombre se inicia en el seno mater­no y el punto de llegada es la muerte corporal que deter­mina el Juicio sin apelación, después del cual el hombre inicia la vida eterna feliz o infeliz según que ha usado o abusado de su libertad.

Yo, Verbo eterno de Dios, engendrado desde siempre por el Padre, encarnado en la plenitud de los tiempos en el seno purísimo de la Madre Mía y vuestra, estoy glorio­samente presente a la derecha del Padre y estoy siempre en medio de vosotros en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en el misterio de la Fe y del Amor.

He querido yo también recorrer mi vía de sentido único en la tierra, como todos los demás hombres.

El punto de partida fue mi  concepción virgi­nal en el seno de Mi Madre; mi punto de lle­gada: la cruz y por tanto la muerte corporal.

Yo, el Camino, he completado mi recorrido en la tierra para vosotros, para que cada uno de vosotros siguiéndome fuese auxiliado en su camino, y no tuviera dudas, incertidum­bres ni desviaciones peligrosas.

Mi vía de sentido único (lo que quiere decir que no admite desviaciones ni retornos) bue­na y segura para todo hombre de buena voluntad, inicia con un acto de infinita humildad.

 

Infinita humildad

 

La Encarnación de Mí, Hijo de Dios, ha sido un acto de infinita humildad, para que fuera sabido por todos los hombres que la humildad es la virtud base, el fundamento seguro y esencial para toda virtud.

Bastaría que tantos pseudo ‑ teólogos meditaran un po­quito en esta realidad divina: he nacido en una gruta utilizada como establo, fría y húmeda, he iniciado mi camino en el mundo en la más absoluta pobreza.

¿Qué piensan de esto los así dichos mis seguidores, los favore­cedores de la civilización de consumo? ¿Qué piensan de ello mis sacerdotes?

Qué piensan de todo esto algunos presuntuosos teólo­gos que aman escribir libros venenosos, con sofismas y com­plicados razonamientos, olvidando la divina simplicidad de mi Evangelio. Yo soy Dios infinitamente simple y amo la simplicidad.

Estos teólogos, que aman los apartamentos y viviendas cómodas y bien caldeadas, no piensan que su Salvador ha nacido en un establo sin nada de lo que tienen todos los hombres.

 ¿No ven el estridente contraste con mi vida, de la vida de ellos y de los cristianos de hoy, ávidos de riquezas y co­modidades, que a nada quieren renunciar, ni siquiera a las cosas ilícitas?

Hay egoístas indiferentes, despreciadores de Dios, sor­dos a todo reclamo de mi Vicario, prontos a contestar sus palabras, porque no sufren ninguna turbación suscitada por la Verdad.

¿No se dan cuenta estos sacerdotes míos, y no todos de la base, del fango que continuamente están arrojando a mi Iglesia? Han olvidado las palabras de mi apóstol Pablo: “En verdad, la ira de Dios se manifiesta desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que sofocan la verdad con la injusticia; en efecto, lo que se puede conocer de Dios está en ellos manifiesto..."

Yo, Verbo de Dios hecho carne, claramente se lo he manifestado con el camino que he trazado en la tierra, con la humildad, pobreza y obediencia, con el sufrimiento más atroz, con el amor a Mi Padre y a los hermanos.

Lean todos, cristianos, sacerdotes y obispos, lean bien mis palabras transmitidas a todos vosotros por medio de Pablo en la Carta a los Romanos: "Por cuanto conociendo a Dios no le dieron gloria”  (1, 16 -25).

 

Soberbia y presunción

 

¿Son acaso mejores los cristianos de hoy que los pa­ganos de hace veinte siglos?

¿Se puede pretender que los cristianos de hoy se salven de la Ira divina si han abandonado el camino para perderse en los oscuros y tortuosos senderos de las pasiones más torpes? Quieren sofocar mi verdad y enterrarla bajo el abismo de su soberbia y de su presunción.

¿No es esto lo que están haciendo los falsos profetas propagadores de un neo ‑ protestantismo peor que el primero, enmascarados en una nauseabunda hipocresía?

Han escogido otras vías, otras sendas que no son mi vía, que no son mi camino.

Frecuentemente apelan a mi Misericordia. Ha sido hasta ahora tiempo de Misericordia pero la hora de la Justicia está a punto de sonar. Terrible será el Padre mío y vuestro en su Justicia.

Quisieran en su pavorosa ceguera que Yo renegase de mi vida, renegase de mi misma identidad de verdadero Dios y  verdadero Hombre.

Hijo, una vez más te pido que grites fuertemente la invitación dirigida a todos para una verdadera conversión.

No temas por las reacciones que vas a suscitar. Yo los quiero a todos salvos pero si su obstinación en la soberbia no termina, serán dispersados como cascarilla al viento.

Si no quieren abrir sus ojos a la luz que Yo, luz del mundo he traído, tendrán entonces como fruto las tinieblas en el tiempo y en la eternidad.

Te bendigo y Conmigo te bendice la Madre mía y tuya.

 

14 de Octubre de 1975

 

AMOR Y VERDAD ME IMPELEN

 

Escribe hijo mío lo que voy a decirte:

Yo, Jesús Verbo de Dios, nada hago y nada digo si no soy movido por el amor. Yo nutro un infinito amor para mis sacerdotes y con mayor razón para aquellos que de Mí, de Mi sacerdocio han tenido la plenitud.

Pero el amor no puede impedirme decir la verdad porque soy Amor y soy Verdad.

Amor y Verdad me empujan, me impelen a hablar con el fin de que se conozca la infinita amargura que la hora presente, tan grave y llena de oscuras nubes que envuelven a toda Mi Iglesia, hace llegar a Mi Corazón Misericordioso.

Me he dirigido a los sacerdotes; ahora llega el momento de dirigirme con reverencia pero también con claridad y firmeza a los Sucesores de Mis Apóstoles.

Entre los Obispos de Mi Iglesia los hay verdadera­mente buenos y santos por los cuales nutro amor y benevo­lencia, otros en cambio tienen extrema necesidad de revisar y re ‑ examinar (porque es grande su responsabilidad) su pastoral.

Urge que lo hagan pronto y seriamente con gran hu­mildad a la luz de mi Evangelio, a la luz del resplandeciente camino trazado por Mí para todos los hombres, pero primero entre todos para que aquellos que debían ser Maestros, Pastores y Guías seguros de los hombres.

Mi camino en la tierra tuvo su inicio en el seno de Mi Madre y vuestra también, en el momento que Ella pronunció su “fiat”. Su inicio fue y es Misterio de infinita bondad: un Dios que se hace Carne.

Mi comparecencia en el mundo está señalada por una extrema pobreza. Mi camino en la tierra tuvo inicio en una gruta empleada como establo, fría y húmeda, en la más absoluta pobreza, y la pobreza fue la compañera de toda mi vida humana. Trabajo, oración, obediencia - "usque ad mortem"[18] - fueron el recorrido de mi camino.

Yo soy el Camino para todos los hombres de todos los tiempos, no puedo cambiar. No puedo cambiar aunque cambien las condiciones, los usos y las cos­tumbres de los pueblos.

 

El deber de preceder

 

Los Obispos como primeros tienen el grandísimo deber de preceder en est vía a sus sacerdotes y a los cristianos, si es que quieren ser seguidos por los mis­mos.

Por esto quiero que este mensaje llegue a todos los Obispos porque entre ellos no faltan aquellos que tienen urgente necesidad de reexaminar con humildad y reformar sin dilaciones su pastoral.

Hijo, es suficiente una comparación entre mi vida en la tierra (con todos los ejemplos con que he sellado mi transcurso terrestre) y su forma de vida. Se verá con clari­dad cuán necesario sea, y para no pocos obispos, echar mano a la segur[19] y golpear inexorablemente, con firmeza y valor.

No es un misterio el de obispos contestatarios, hasta de purpurados rebeldes a las directivas de Mi Vicario en la tierra.

No han valorado el escándalo dado y el mal cometido. Una cosa es discutir con la debida reserva y otra muy diferente una pública toma de posición contra Mi Vicario que tiene todo el  sabor de la abierta desobediencia.

¿En qué cosa se ha inspirado el comportamiento de estos Obispos? Ciertamente no en mi ejemplo. Yo, Dios, he obedecido a criaturas humanas y a Mi Padre Celes­tial hasta la muerte. Pero ellos...

Hijo mío no faltan obispos más o menos responsables de la crisis que aflige a la Iglesia por su inexplicable e injustificable debilidad. Su debili­dad no ha servido ciertamente para detener la evasión de miles de consagrados.

La bondad y la paternidad no se confunden con la debilidad que es causa, en parte, del relajamiento en que se encuentran tantos sa­cerdotes.

La bondad, la paternidad y el amor no se confunden con la licencia, causa de tantos males y escándalos de los que se hacen cómplices, incluso si involuntarios, no pocos Pastores de almas,.

¿Puede un Obispo tolerar que en su seminario ha­ya herejes, sí herejes, a los que se confía la tarea más delicada, la de forjar las almas de los sacerdotes del mañana?

¿No saben los obispos que la verdad es amor, y Yo soy Verdad y Amor, mientras la herejía y el error vienen de otra fuente bien diferente?

 

Humildad y pobreza

 

Hijo, dilo aun también a los obispos que los he pedido a ellos seguirme en la vía de la cruz, recuérdales que he iniciado mi camino en la tierra con infinita Hu­mildad y Pobreza.

Fui en la tierra el Pobre entre los pobres. ¿Se pue­de decir esto de no pocos obispos?

Otro grande peligro para los obispos es la presunción. Ni siquiera a mi Vicario le ha sido dada la impecabilidad.

A mi Vicario le ha sido dada la infalibilidad como maestro de las gentes, en cuanto depositario de la doc­trina mía. Pero los obispos como individuos no son infalibles, solamente en unión con mi Vicario usufructúan y participan en ese don de Él. Esto lo han olvidado algunos obispos y aún algunos purpurados dando gran sufrimiento a mi Cuerpo Místico.

Mi camino está sellado por el sufrimiento.

Aquella cruz que llevan al pecho si no la llevan sobre su espalda se convierte en una hipocresía.

Mi camino, he dicho, está sellado con la pobreza. ¿Con qué valor puede un obispo dormir tranquilamente en su residencia cómoda, algunas veces lujosa, sabiendo que entre sus sacerdotes a algunos les falta lo indispensable?

¡Hijo, si se vieran todas las injusticias! ¡Cuántas heridas en mi Cuerpo Místico!

En el contexto de este mensaje (que cosechará reac­ciones no indiferentes y que será rechazado por aquellos que no han tenido el valor de una humilde confrontación con mi camino sim­ple y luminoso) Yo he dicho y lo confirmo que en Mi Iglesia hay buenos y santos obispos para los cuales va toda la benevolencia y el amor de Mi Corazón misericordioso.

¡Pero esto no basta! Yo a los sucesores de mis Apóstoles los quiero a todos buenos, es mas, los quiero a todos Santos con una santidad fuerte, heroica, generosa y valiente.  Si no es así ¿Cómo hacen para defender a su grey de lobos rapaces?

El obispo es un porta –  estandarte: a todos debe preceder.

¿Cómo podría quedarme callado en relación con la gra­vísima omisión por parte de muchos pastores con relación a este terri­ble problema?

En efecto a ninguno se le puede escapar, ni siquiera a los simples cristianos, tanto menos a los sacerdotes y menos aún a los obispos, la pavorosa devastación obrada por Satanás y por todas las potencias del mal para introducirse, contagiar, infestar y dominar las almas de los redimidos.

Satanás, encarnándose en el materialismo homicida, no solo ha ofuscado la fe, sino que la ha sofocado y destruido en cientos de millones de almas en el mundo cristiano y en el no cristiano.

Ahora se sepa por todos que para vencer en es­ta batalla no sirven para nada las iniciativas de carácter exterior, sino aquellas indicadas por Mí con las pala­bras y con el ejemplo.

 

La lucha contra Satanás

 

En este momento, hijo mío, repito para los obispos lo que ya te he dicho para los sacerdotes: ¡qué desperdicio de tiempo y de medios, reuniones, encuentros y discusiones que, en muchos casos, se convierten en medios de enfrentamientos, choques y divisiones!

Uno se reúne muchas veces para comer y para discutir, muy pocas veces para rezar.  Satanás y a las potencias del mal se combaten y se vencen con la oración y con la penitencia.

¡A esto van las llamadas de mi Ma­dre! Reiteradas llamadas que han caído en el va­cío por una excesiva,  exasperada prudencia, que degeneró en grave imprudencia. Con mayor atención y solicitud y con menores prejuicios y temores se habrían afrontado estas intervenciones mías y de mi Madre.

Regreso a la grave omisión imputable a los obispos y junto con ellos también a muchísimos sacerdotes al no haber tomado medidas adecuadas y convenientes, organiza­das con fe y sabiduría, para detener y aun anular las fuerzas del Mal.

No se ha hecho frente al problema central, funda­mental: la lucha contra las fuerzas del Mal. En otras palabras: Satanás con sus legiones, el que ha tenido buen juego, porque se ha encontrado ante un adversario espiritual­mente desarmado.

No son muchos los que hacen penitencia, los que re­zan como se debe rezar.

Mortificación interior y exterior, penitencia... ¿pero quién adiestra hoy a los soldados, los confirmados míos para la lu­cha?

¿Si no se tiene ni siquiera el valor de decir que el Ene­migo existe, que el Enemigo es la más tremenda realidad, que al Enemigo hay que combatirlo con determinadas armas, por ejemplo el Rosario?... El Rosario hoy tan perseguido, es un arma formidable.

Gravísima omisión por parte de los obispos y de los sacerdotes el no haber proveído oportunamente a sustituir con nuevas formas, pero oro tanto eficaces, las cofradías del Santísimo Sacramento, del Rosario, las Pías uniones y otras instituciones válidas en tiempos pasados para delimitar la acción demoledora de Satanás en las almas.

¿A qué se espera todavía para colmar esta gravísima laguna con Grupos de oración y con otras iniciativas que no dejaré de sugerir, si me lo piden, por ejemplo los "Ami­gos del Santísimo Sacramento"?

A Satanás se le combate sólo con las armas usadas por Mí y transmitidas a mis Apóstoles.

 

Actualización espiritual

 

¿Qué comandante de estado mayor en sus planes de defensa y de ataque no incluye un plan de actualización permanente de sus armas?

En mi Iglesia, esto no ha sucedido. Yo hablo aquí de armas espirituales.

No hay tiempo que perder. Urge proveer, formar, incitar en todas las parroquias Grupos de oración.

No se pierdan los pastores de almas en discusiones y consultas inútiles. Llamen en torno a sí a sus sacerdotes y con ellos se tomen adecuadas providencias.

Repito que es urgente hacer esto. Lo repito cualquier cosa que piensen aquellos que, cegados por su necedad, no creen ya en la justicia de Dios.

Te Bendigo hijo. No te preocupes: arroja tu semilla y ofrece tu sufrimiento, para que al menos en parte pueda caer en terreno fértil.

 

15 de Octubre de 1975

 

CRISIS DE FE

 

Sois muchos a preguntarme por qué suceden cier­tas cosas en el mundo, y sobre todo en Mi Iglesia. Yo, Jesús, os  doy la respuesta.

Ya os la ha dado muchas veces Mi Vicario. Leed sus discursos de estos últimos años y constataréis con qué claridad el Papa ha respondido a esta pregunta. Pero muchos continúan preguntándolo.

La repuesta de mi Vicario es la respuesta mía: pero vosotros estáis aún en la negrura. Por esto intervengo Yo per­sonalmente con este mensaje.

 El que os lo transmite es un simple instrumento que yo he escogido para esta misión. El mal del que sufre la iglesia y el mundo es uno solo: ¡crisis de fe!

¿Qué quiere decir crisis de fe? Quiere decir crisis de esperanza, crisis de amor; quiere decir crisis de sabiduría y de prudencia, de fortaleza, de justicia y de templanza; cri­sis de obediencia, de pureza, de paciencia, de piedad y de mansedumbre.

 Quiere decir crisis de hambre y sed de Dios, quiere decir crisis de arrepentimiento, de humildad, de mortificación. Estos son los males de los que sufre la Iglesia en esta su Semana de Pasión. la Semana de Pasión precede a la Semana Santa.

Todos estos males vosotros los podéis sintetizar en la crisis de fe, de esperanza y de caridad: se puede simplificar aún en dos palabras: crisis de vida interior, y más aún en una sola palabra: crisis de Gracia.

 

Crisis de gracia

 

La gracia es la participación de mi Vida divina al alma. La Gracia es el alma del alma. Yo, Jesús, soy uno con el Padre y el Espíritu Santo; somos tres personas en Uno.

Ahora bien, hijos míos, vosotros habéis sido creados a imagen y semejanza de Dios. Una es vuestra alma, pero tres son las facultades: inteligen­cia, memoria y voluntad.

No tanto por esto es por lo que os asemejáis a Mí, sino sobre todo por la vida sobrenatu­ral, esto es, por la gracia.

El hombre era creado en gracia. Yo, Verbo de Dios, he venido al mundo para daros nuevamente la vida perdida mediante Mi Pasión, Muerte y Resurrección.

Como Yo, Dios, soy el Ser infinitamente simple, así voso­tros hechos a mi imagen sois simples en vuestra alma.

Vuestra alma no es de varios, sino de un solo compartimento en el cual está la Fe, la Esperanza, el Amor.

Como en Mí, en quien Amor, Misericordia, Verdad, Justicia, Sabidu­ría y cualquier otro atributo son un solo ser, son Dios.

Si en el hombre está en crisis la Fe, están en crisis la esperanza, la prudencia, la justicia, la fortaleza, la piedad, la templanza, el amor de Dios, el temor de Dios. La falta de todo esto en el alma humana (que después quiere decir ausencia de Dios) ha provocado la tremenda crisis de la que sufre la humanidad entera.

El materialismo, encarnación de Satanás, es la ausencia de Dios en el alma humana. Pero Dios es Amor, Luz y Justicia, es Esperanza y Sabiduría, es Fortaleza, es Piedad y Templanza y cualquier otra virtud y perfección.

 

La Mona de Dios

 

Jamás, hijos míos, una crisis de fe tan universalizada ha atormentado a la humanidad. Satanás, mona de Dios, ha provocado con vuestra complicidad esta pavorosa oscuridad en las almas.

Os he hablado de Semana de Pasión y os he dicho que la Semana de Pasión precede a la Semana Santa. Lo que sucedió en la Semana Santa todos lo sabéis.

Esto, hijos, os lo he dicho para que dispongáis vuestro ánimo y os preparéis con una vida de arrepentimiento. Y todos tenéis motivos para arrepentiros. Os lo he dicho para que podáis prepararos espiri­tualmente a fin de que, en el momento de la dura prueba, Yo pueda encontraros con la antorcha encendida.

¡Ay de aquellos que no tengan su antorcha encendida, ay de ellos porque no se arrepentirán! Perecerán. Aun siendo Yo Amor infinito e inmutable, os digo que el tiempo de la Misericordia está para ceder al tiempo de la Justicia.

Para vuestro consuelo os quiero recordar mis pala­bras: "Cuando sea levantado de la tierra atraeré a todos a Mí".

Mi gran triunfo es en la Cruz. Con la Cruz he ven­cido al mundo, con la Cruz triunfan las almas predilectas, con la Cruz triunfará la Iglesia.

La Cruz la derrotará y mi Madre aplastará de nuevo la cabeza a la Ser­piente.

Yo, Jesús el Salvador, seré de nuevo la Luz, que ahora está apagada y sofocada en muchas almas incluso de mis sa­cerdotes.

Yo seré de nuevo la luz del mundo.

Preguntaos, hijos míos, por qué no tenéis vocaciones. ¿No os lo habéis preguntado? Es por la crisis de fe.

Donde la Iglesia está en cruz Conmi­go, las vocaciones no faltan. Reflexionad, hijos. No os faltan los motivos  para ello y no olvidéis que Yo he iniciado mi camino en la tierra con un acto de infinita humildad. Sin humildad no hay conversión.

Te Bendigo.

 

18 de Octubre de 1975

 

URGE  OBRAR  PRONTO

 

— Querido Jesús, si me quieres hablar háblame. Ayú­dame a escuchar tu voz y procura cumplir en mí tus deseos.

Sí hijo, soy Yo, Jesús Verbo Eterno de Dios, en­gendrado desde siempre por el Padre, en la plenitud de los tiempos hecho carne en el seno Purísimo de la Madre mía y vuestra, gloriosamente presente en el Paraíso a la diestra del Padre. Realmente presente en Cuerpo, San­gre, Alma y Divinidad en el Misterio de la Fe y del Amor.

—¿Entonces anoche no estabas ensombrecido conmigo cuando ca­llabas a mis repetidas preguntas?

“No, hijo mío, te lo he dicho esta noche”.

—Jesús, quisiera preguntarte una cosa. Temo charlar demasiado en lo tocante al avecinarse  la hora tremenda de tu Justicia.

“No, hijo mío. Dilo, lo quiero,  lo quie­ro y también por mis  mensajes urge ha­cerlo pronto".

—Pero Jesús, ¡dirán que estoy loco!

“Cuántas veces no te he dicho que no te preocu­pes de nada por lo que pensarán los demás de ti. ¡Los enemigos míos cuántas veces me han acusado de estar loco! He­rodes me hizo vestir de loco y así maltratado me hizo caminar por las calles de Jerusalén.

¿No querían también llevar a Don Bosco al manicomio? Y todos los santos ¿no han sido considera­dos, quién más, quién menos, un poco locos?

—La comparación no vale. Hablas de Ti y de Don Bosco. Pero yo, Jesús...

“Tú eres "la pequeña gota de agua que cae hacia abajo". ¿No puedo Yo tomarla y hacer de ella lo que quiero? ¿No eres tú el que me dices que quieres ser un instrumento en mis manos disponible al cien por cien?

 

Hijo, Yo me sirvo escogiendo a quién, cuando y como creo. Me he ser­vido de Balaam. Me he servido de Jonás. "Seria mejor morirme antes que... ".  Era recalcitrante, pero se fue a Nínive.

Escogiéndote a ti, precisamente  por tu nulidad, será más fácil con­vencerte que soy Yo el que habla en el que se ha dado completamente a Mí para que Yo haga de él lo que quiera  ¿te has arrepentido de haberte dado a Mí?

— ¡No, no! No me he arrepentido, quiero lo que Tú quieras.

“Hijo, ahora te bendigo.  Conmigo te bendicen el Padre y el Espíritu Santo y con Nosotros te bendicen también mi Madre y San José.

Junto contigo bendecimos a todos aquellos por quienes rezas y de los que haces mención. Recuerda que esta bendición es resguardo de protección y escudo de defensa.

Ámame cada vez más.

 

20 de Octubre de 1975

 

SACERDOTES   SANTOS

 

Hijo mío, escribe.

Hay tres categorías de sacerdotes.

Hay sacerdotes santos. Sacerdotes buenos, verdadera­mente buenos que viven, en unión Conmigo, la Vida mía divina.

Están iluminados por la Sabiduría, guiados en sus fatigas pastorales por el Espirita Santo. Siguen mis ense­ñanzas comunicadas a ellos por mi Vicario en la tierra, el Papa.

Están animados y vivificados por el amor que es fue­go que purifica, que ilumina y calienta, que los transforma y los une a Mí como Yo estoy unido al Padre.

Cumplen con diligencia su ministerio sa­cerdotal, trayendo las almas a Mí con la oración, con el ofrecimiento y con el sufrimiento.

San queridos de mi Corazón misericordioso y de mi Madre y vuestra también; son objeto de mi predi­lección. La humildad que los anima ha atraído sobre ellas la mirada misericordiosa mía, Verbo de Dios, del Padre y del Espíritu Santo.

Por ellos, por su piedad, se les han evitado muchos padecimientos a los hombres; han asegurado mi protección. Les espera un lugar y una corona en el Paraíso.

 

Sacerdotes  desviados

 

La segunda categoría es la de los desviados, de los desorientados.

Son los que toman a pecho mucho más las cosas del mun­do, que no las  de Dios.  Y son tantos, hijo mío.

Tienen tiempo para todo, para sus afectos humanos; tienen tiempo para sus diversiones, para lecturas nocivas a su alma que acrecientan las sombras. Ningún tiempo para rezar, para meditar. Su vida no es vida de unión con Dios.

Están faltos del don de sabiduría, no ven, no entienden;  en fin, tienen oídos y no oyen, tienen ojos y no ven. Su formalismo asemeja una práctica de vida cristiana, vacía de un espíritu verdadero, sin vida de Gracia.

Entre esos las deserciones han sido muchas. Muchísimas serán las fugas, las apostasías verdaderas y propias en la no lejana hora de la Justicia. Muchos en esa hora revelarán ante el mundo su identidad de Judas. He dicho ante el mundo, porque Yo los conozco desde siempre.

 

El Padre los espera

 

Yo los amo igualmente, quiero su conversión, el Pa­dre los espera.

No tengo sino un deseo, decir a cada uno: "¡Ven hijo mío, todo está olvidado, todas las escorias de tu alma son abrasadas por mi Amor!"

Pero exactamen­te porque te amo, no puedo ocultarte qué tremenda responsa­bilidad  es resistir a Dios que te espera, a Dios que te ama hasta tal punto de haber derramado su Sangre preciosa por ti.

El enfermo que rechaza al médico y  las medicinas está destinado a perecer. He aquí  por qué he querido llegar hasta ti por todos los medios, no termino esta invitación a la conver­sión antes de que sea demasiado tarde.

El instrumento del que me he servido ha tenido la orden de gritar fuertemen­te a todos: "Convertíos, al Señor vuestro Dios antes que sea demasiado tarde".

Os lo repito, la hora de la misericordia está para ceder a la hora de la justicia. No protestéis contra mi insis­tencia, no digáis: es siempre la misma canción.

Soy vuestro Dios, vuestro Padre, soy vuestro Herma­no, soy vuestro Salvador. Sólo el amor inspira e impele a Dios a rogaros, a suplicaros: "Convertíos antes que sea demasiado tarde, de otro modo pereceréis".

"Deus non irridetur"[20]Es astucia de vuestro enemigo, Satanás, haceros creer muerta la Justicia divina. Misericordia y Justicia son en Mí una sola cosa. ¿Es po­sible tanta ceguera?

 

El veneno de Satanás

 

La tercera categoría, está formada por los sacerdotes que, íntimamente, se auto consideran buenos.

Viven como si fueran buenos pero un velo los envuel­ve, el velo de su presunción por la que no ven su realidad interior que, aunque frecuentemente pasa desapercibida pa­ra los hombres, pero no para Mí, Dios.

En otras palabras: les falta la verdadera y sincera humildad, esa humildad que debe hacer de cada uno de voso­tros un niño; les falta la simplicidad de la humildad y a ellos mi Padre no les revela nada.

Es difícil su conversión; su soberbia es refinada, re­vestida de humildad. Pero bajo aquella pseudo ‑ humildad está el veneno de Satanás, exactamente como ciertas joyas de apariencia preciosas, pero bajo el recubrimiento de oro está el metal vil.

No creen sino en sí mismos, desdeñan y no aguantan que algún otro vea un poco más lejos que ellos.

Satanás en muchos modos tiende sus lazos a mis sacerdotes. También por estos se necesita rezar y sufrir, porque es ardua su conversión.

Ahora basta hijo mío, veo que estás cansado. Te Bendigo y Conmigo te bendicen Mi Madre y San José.

 

23 de Octubre de 1975

 

¿QUIÉNES SON LOS OBISPOS?

 

Los Obispos son aquellos a quienes Yo, Sacerdote Eterno, he llamado para hacerlos partícipes de mi Eterno Sacerdocio. Los Obispos son los sucesores de mis Apóstoles. Los Obispos son los jefes de las Iglesias locales.

Los Obispos con el Papa mi Vicario en la tierra a la cabeza, forman el colegio apostólico.

Los Obispos, unidos al Papa, son los depositarios y los custodios, los que difunden y los defensores de mi Divina Palabra. "Id y predicad mi Evangelio a todas las gentes".

 

Los Obispos, con el Papa son los administradores de los frutos de la Redención; puesto que son partícipes de la plenitud de mi Sacerdocio, deberían todos poseer el don de la sabiduría.

He dicho: todos deberían poseerlo. Por desgracia no es así y quienes lo poseen lo poseen en diferentes grados, como la luz que no tiene siempre la misma intensidad. Una es la luz del sol en pleno medio día, otra es la claridad que proviene de la luna, otra la de la lámpara y otra la de la luciérnaga.

 

¿Quizá el Espíritu Santo ha sido imparcial? No, hi­jo mío. El grado de sabiduría está en relación con el grado de correspondencia a los impulsos de la gracia.

Aquellos que con atenta y vigilante sensibilidad han respondido generosamente y valerosamente, a veces heroicamente y con perseverancia a los impulsos de la gracia, no dejándolos caer en el vacío, están llenos de sabiduría.

Quien menos ha correspondido menos ha recibido. Quienes no la poseen del todo quiere decir que han cerrado el camino al Espíritu Santo con su presunción y soberbia, raíz de todos los males.

 

Simplismo presuntuoso

 

Hijo, mis Apóstoles, durante los tres años vividos junto a Mí, no hicieron grandes progresos en la vía de la perfección.

¿La razón? El simplismo presuntuoso del que estaba embebido su espíritu. Lo confirman sus necias preguntas dirigidas a Mí en varias ocasiones, excepción hecha del Apóstol predilecto, porque su espíritu puro, sim­ple y humilde lo hizo sumamente querido a Mí y al Espíritu Santo quien lo enriqueció con el don de la sabiduría, todavía antes de Pentecostés.

Después de mi Resurrección me aparecí a mi Madre, a la Magdalena, a Lázaro, a los discípulos de Emaús y a otros; en cambio no lo hice inmediatamente a mis Apóstoles quienes por ello fue­ron humillados, arrepentidos y también un poquitín resentidos.

Esta lección sirvió para hacerlos entrar en sí mismos; sirvió para inducirlos a reflexionar en la gravedad de su huida, en su comportamiento poco honorable en el tiempo de mí Pasión.

El simplismo presuntuoso del que estaba empapado su espíritu fue la causa del profundo sueño del que fueron presa. No estuvieron vigilantes, dando así el flanco a la emboscada del Ene­migo que los venció.

Durante los cuarenta días que precedieron a mi As­censión, Yo vacié su orgullo, los preparé a la separación de la Ascensión y sobre todo los preparé volver su ánimo dispo­nible a la acción del Espíritu de sabiduría.

Les conferí el poder sacerdotal culminado con la plenitud de mi sacerdocio del Pentecostés.

 

Una  cruzada  incesante

 

La presunción es como un muro insalvable que se erige entre Dios y el alma. Aquellos entre los Obispos que están contagiados de ella no admitirán jamás que Yo te haya escogido a ti, pequeña gota de agua, imantada y atraída hacia abajo, para la realización de este designio mío de Amor.

¿Porqué muchos pastores de mi grey no se preguntan la razón de la esterilidad de su febril actividad?

Ya he ha­blado de esto en mi precedente mensaje dirigido a ellos, pe­ro voluntariamente lo repito ya que es talmente importante y determi­nante para su alma y para las a ellos con­fiadas, que jamás será dicho suficiente.

En la edad media se convocaron las cruzadas entre los cristianos para liberar mi Sepulcro. Ciertamente mi Se­pulcro es sagrado porque hospedó Mi Cuerpo Santísimo.

Pero mi Sepulcro sin embargo no es más que una tumba, que no vale lo que un alma cuyo precio es infinito, cuyo precio es el Misterio de mi Redención.

Las cruzadas entran en el plano el Misterio de la salvación en marcha. Tienen su razón de símbolo, una razón figurativa; es­tán para indicar la necesidad de hacer una cruzada ince­sante contra el Príncipe de las tinieblas y sus tenebrosos ejércitos. Satanás es homicida en el sentido más verdadero de la palabra.

 

Único Fin

 

Mi Encarnación, mi Pasión y Muerte, tienen como único fin la liberación de las almas de la mortífera esclavi­tud de Satanás.

La participación de mi Sacerdocio a los obispos y a los sacerdotes tiene el único fin de hacerlos corredentores míos en la lucha contra el poder de las Tinieblas, en una cruzada sin interrupciones, conducida con sabiduría, inteligencia y constancia usando las armas indica­das por Mí con la palabra y sobre todo con el ejemplo.

No hay alternativas. Si en mi Iglesia se hubiera hecho buen uso de estas armas, bien otra sería hoy la situación en el mundo.  Satanás domina porque no ha sido obstaculizado en su avance.

Ser corredentores quiere decir (¡si lo entendieran bien obispos y sacerdotes!) seguirme en el camino seguro de la humildad, la pobreza, del sufrimiento, del amor, de la obediencia y de la paternidad firme y estable en defensa de la verdad de la que ellos con mi Vicario son depositarios y custodios, en defensa de la justicia tan conculcada y denigrada.       

No pueden los obispos ignorar ni siquiera por un ins­tante que se nace para morir y que se muere para iniciar la verdadera vida, la vida eterna. Es a ésta hacia donde hace falta dirigir  mente, corazón y energías; a esta vida eterna que el Padre ha preparado y pagado con la humi­llación de la Encarnación mía y de mi Inmolación en la Cruz.

No pueden los obispos ni mis sacerdotes ignorar u ol­vidar que el Enemigo del hombre no se da tregua, sino que día y noche lanza sus ataques para arrastrar  las almas a la perdición.

No con las obras exteriores, no con la herejía de la acción ni con otros medios inadecuados a la áspera lu­cha contra un Enemigo mucho más fuerte y potente que ellos...

 

No se debe subestimar

 

Yo he trazado el plan de defensa que ellos no han sabido llevar a cabo; mirándome y siguiéndo­me en la Cruz, podrían sacar fuerzas para hacer frente y vencer a su Adversario  que no se debe subestimar.

Hijo, las contradicciones que se dan en mi Iglesia, la anarquía imperante, el trastorno y perversión de la doctrina y de la moral, la desorientación en la que andan a tientas sacerdotes y fieles, no son sin cau­sa.

¿Quieres algún ejemplo? Observa las salas de cine. En la iglesia se habla un lenguaje, en el cine, considerada la estructura esencial, se habla otro opuesto.

En la iglesia se habla de Dios; en las salas parroquia­les se divulgan a menudo el materialismo, la sensualidad, la violencia.

En el mensaje precedente he dicho: mejor sin sacer­dotes antes que transformar el seminario en viveros de he­rejes.  ¿De quién es la responsabilidad de tanto mal? ¿De este caos? Una parte considerable recae sobre los que disponiendo de los poderes necesarios, no han actuado.

Esta insensatez es tremenda. Están inactivos, desar­mados frente a la fascinante avanzada de las fuerzas del Mal.

Sin embargo Yo he vencido al mundo. Mi Madre ha aplasta­do la cabeza de la Serpiente por su humildad. Solamente unidos a Mí en la humildad, pobreza, obedien­cia y sufrimiento, se puede vencer al Enemigo de vues­tras almas.

Pero, tranquilo vivir, respeto humano, intereses, temor a perder el favor de la gente, han vuelto ciegos a aquellos que debían ser guía y luz de las almas.

Lo que se dice del cine se puede por desgracia decir, de otras dolorosísimas situacio­nes, por ejemplo: la enseñanza religiosa en las escuelas confiada a sacerdotes herejes.

¡Sí! Cuántas semillas se han arrojado en el alma de muchachos y muchachas en la edad más crítica y no siem­pre por sacerdotes de vida ejemplar.

Mejor habría sido con­fiar esta delicadísima misión a buenos laicos (y de ello mucho bien hubiera venido) antes que a sacerdotes trocados en demonios, en lobos rapaces.

La rigidez que tantos pastores han usado para sofocar en el silencio muchas intervenciones mías y de mi Ma­dre en esta hora de tinieblas, en esta hora de Barrabás, podía haber sido usada con razón en bien diversas circunstancias con resultados mejores.

Errores e inmoralidad son divulgados por medios propagandísticos directa e in­directamente en las estructuras parroquiales ¿Los obispos no han comprendido este problema central de la Iglesia?

¿No se dan cuenta de que ellos mismos han abierto de par en par las puertas al Adversario del cual ahora demuestran no conocer sus astucias, sus insidias, sus trampas, su potencia y sus seducciones?

¿No se dan cuenta de las tremen­das contradicciones de las que está embebida su pastoral? El Enemigo ha desatado una gran batalla con el materialismo, que es como su encarnación; ha triunfado en sus ataques sin encontrar sino débiles contraataques.

 

Urge  poner  remedios

 

Hijo mío,  con gran amargura debo ha­cer esta llamada, porque urge poner remedios para preparar los ánimos con la oración y la penitencia.

La hora de la Misericordia está para ceder a la hora de la Justicia. Es necesario poner remedios preparando  las al­mas con el volverlas conscientes, de que la hora grave que está a punto de sonar, no de­be ser imputada a mi Padre, sino a su pecado y a su desarme contra las fuerzas del Mal.

Es necesario obrar sin vacilación para que muchas al­mas no sean arrastradas por la oscuridad de la noche que está por sobrevenir.

¡No temas! Grítalo fuerte, que los hombres tienen oídos para oír y no oyen, tienen ojos para ver y no ven. La luz se ha extinguido en sus corazones.

Pero ¡no prevalecerán las fuerzas del Mal! Mi Iglesia será purificada de las locuras de la soberbia humana y, al final, el amor de mi Madre y vuestra también triunfa­rá.

Te bendigo, hijo. Reza, reza y ofréceme tus sufrimien­tos.

 

26 de octubre de 1975

 

CONTRADICCIONES EN LA PASTORAL

 

Hijo, en el precedente mensaje a los obispos te he hablado de las contradicciones existentes actualmente en la pastoral de los obispos y de los sacerdotes.

Estas contradicciones, si lo quieren, no será difícil verificarlas. Más importante aún será buscar sus causas.

 Ninguno se deje vencer por la tentación de evadirse. Si con humildad me quieren, Yo estaré junto a ellos para infundir la luz y el valor.

He dicho que éste es tiempo de revisión, y de revisión urgente. Es tiempo de intervenir con firmeza, amor y prudencia. No se dejen intimidar por el Maligno, vuelto  fuerte y audaz por el letargo en que ha caído mi Iglesia.

La incoherencia ha sido superada con mucho por las contradicciones tan frecuentes, tan difundidas que se han transformado en costumbres de vida, por lo que ya ni se notan. Las consecuencias de estas contradicciones en acto en mi Cuerpo Místico son verdaderamente inconmensurables. Pero por desgracia no son éstas los únicos males.

No es el caso ahora hablar de muchos que se profesan ateos, sino de los que comúnmente son considerados "bue­nos cristianos".

La mañana del domingo van a la iglesia, quizá esperando al entrar en ella que se haya acabado el interminable comentario de mi Palabra. Se acercan a los Sacramentos, pocos con fervorosa fe, muchos por costumbre o tradición familiar.  Hay tan escasa convicción que por la tarde no tienen ningún escrúpulo en asistir  a películas pornográficas o, si no todas son  tales, a películas que son verdaderas escuelas de robo y violencia de todo tipo.

Al fin el veneno del materialismo entra en todos.  Entre adolescentes y jóvenes la corrupción ha entrado como ríos en crecida, y la inmoralidad se difunde.

Todas las puertas han estado abiertas, incluso las de los así llamados "buenos cristianos" que por la mañana van a confesarse, aun  sabiendo que en el resto del día pecarán gravemente.

 

Jueces de las conciencias

 

Eso lo saben ellos y lo saben también muchos confesores que continúan absolviendo todo y a todos. Por la ma­ñana Santa Comunión, que al fin no es santa, por la tarde se fre­cuentan bailes, lugares y encuentros en los que la exaltación de la sensualidad es ley.

Los adúlteros se confiesan ya con la seguridad de que no faltará el sacerdote siempre pronto a absolverles. Se han olvidado las palabras claras y precisas "Nolite po­nere margaritas ante porcos"[21]. Se ha olvidado que los Sacramentos son los frutos preciosos de mi Redención.

Se han olvidado las palabras con las que Yo, Salvador y Liberador, he conferido a mis Apóstoles y a su Sucesores el poder de perdonar o retener los pecados.

Se han olvidado muchos sacerdotes de que han sido constituidos jueces de las conciencias. Y es función del juez, en el ejercicio de su profesión, el indagar sobre los delitos, sobre la entidad de los delitos.

La facilonería con  que se absuelve siempre todo y a todos no responde al designio de mi Misericordia sino a un plan de Satanás. Transformar los medios de salvación en medios de condenación, y desacreditar el valor infinito de la Gracia y de los medios por Mí queridos para distribuirla.

Te he hablado de Misas sacrílegas, ahora te digo que a las Misas puedes añadir las Confesiones sacrílegas, a veces doblemente sacrílegas.  De las Comuniones sacrílegas he aquí, hijo, dónde están las raíces. Este laxismo que vuelve indiferenciable lo lícito de lo ilícito, el bien del mal, ¿dónde tiene sus raíces? He aquí por qué urge la revisión sin vacilaciones.

La anarquía ha entrado sin oposición, del externo también al foro interno por lo que algunos sa­cerdotes se hacen autores de nuevas doctrinas y de una nueva moral que todo admite y que todo aprueba.

Las consecuencias son por sí mismas comprensibles: para muchos sacerdotes el sexto y el noveno Mandamientos no tienen ya razón de ser. Esto es suma soberbia, esto es quererse sustituir a Dios, esto es no creer en Dios, esto es no creer en la Omnipotencia, Omnisciencia y Omnipre­sencia de Dios.

Satanás a continuación induce a sacerdotes a que repi­tan su pecado de soberbia y de desobediencia. Él ha encon­trado aliados fieles en mi Iglesia, induciéndoles a hacerse colaboradores suyos en la obra de desmantelamiento.

Pero Satanás y estos sus colaboradores ¿ignoran tal vez mis palabras que no cambian: "Yo estaré con vosotros hasta la consumación de los tiempos y las puertas del In­fierno no prevalecerán"?

¡Mi Iglesia será purificada, será liberada mi Iglesia!

Lo exige mi amor por ella, lo exige la justicia, lo exige mi Misericordia. De esto no se tiene la apropiada visión.

 

Yo soy el fuego

 

Hijo, cuántas veces en los precedentes mensajes no te he hablado de nubes que cubren mi Iglesia, en oscuridad profunda.  No lo hecho por casualidad.

En otras ocasiones te he dicho que el Amor se puede comparar con un brasero ardiente, capaz de transformar y de comunicar a otras cosas de naturaleza diversa (ver el hierro de por sí frío y oscuro), la propia natura­leza que desprende fulgor y calor. Un pedazo de hierro puesto en un brasero, abrasa como el fuego, resplandece como el fuego y produce los efectos del fuego.

Yo soy el fuego venido a la tierra para incen­diar  las almas con mi amor, para compenetrarlas con mi  vida divina. Sobre este fuego no es agua lo que se arroja para apagarlo sino toda la porquería, la inmundicia, y toda la oscuridad que hay en la mente de quien es tinieblas y pecado, que es odio y rebelión.

¿Qué queda del brasero ardiente sobre el que se arroja el agua? Pocos carbones negros y humeantes. La mona de Dios todo hace y todo realiza en oposición a Dios Creador, a Dios Redentor, a Dios Santificador.

He venido a la tierra para traer el fuego de mi Amor, para comunicar a las almas el calor y el esplendor de mi Amor divino y hacer de los hombres, esclavos, hijos de Dios, hermanos míos herederos Conmigo de la gloria del Pa­dre.

Satanás que nada ha perdido de la potencia con la que fue dotado ni de su libertad natural, continuamente esta inclinado a una obra de transformación de las almas en tizones negros y humeantes, herederos con él de las penas eternas del Infierno.

Hijo mío, no se quiere comprender que la presencia del hombre en la tierra está en orden a la vida eterna, que la tierra es exilio y campo de una lucha, no querida por Dios sino por el odio, por la envidia y la rivalidad de Satanás y de sus diabólicas legiones.

Su designio ahora se podría decir que lo ha logrado. Es el de convencer a los hombres de su no-existencia y  mantener en letargo a obispos y sacerdotes, tanto de no advertir las contradicciones en que están sumer­gidos.

Pero la última palabra la dirá la Madre mía y vuestra que aplastará de nuevo con su pié la cabeza de la mal­dita Serpiente.

Un despertar a la fe, a la visión realista y trágica de las contradicciones en las que se vive, un retorno a un sin­cero arrepentimiento, podrían detener el alud en marcha.  ¿No irán todavía la oscuridad, la presunción y el orgullo a vencer?...

 

Ninguno se engañe

 

Grítalo fuerte, hijo: ninguno se haga ilusiones, los días están contados. Ay de aquellos que se hagan sordos e insensibles a mis llamadas.  Demasiada resistencia han opuesto a mi Misericor­dia.

Es tiempo de revisión, es tiempo de poner la segur a la raíz, es tiempo de sacudirse el letargo, es tiempo de bajar al campo y presentar batalla contra el infer­nal Enemigo.

Yo he vencido a Satanás, Yo he vencido al mundo, Yo he vencido a la muerte.

Hijos míos, ¡valor!, La hora es grave, pero unidos a Mí, unidos entre vosotros, podéis salvaros.

Es la última posibilidad que se os ofrece. Los medios no os faltan y más que válidos para frenar, detener y delimitar el arrogante avance del Ene­migo.

Te bendigo. Ofréceme tus tribulaciones: me pagarán por la necia e insensata obstinación de tantas almas consa­gradas a Mí.

 

28 de Octubre de 1975

 

INSTRUMENTO DE PERDICIÓN

 

Yo te he dicho, hablando de la Confesión, que el modo en que se administra este Sacramento no responde del todo a un plan de mi Misericordia y de mi Amor si­no más bien a un perverso designio del Maligno.

El no ha dejado nada sin intentar por transformar este Sacramento, medio de resurrección y de vida, en un mortífero instrumento de perdición, oscureciendo él, Prínci­pe de las tinieblas, este precioso fruto de mi Redención.

Te he dicho en un reciente mensaje, que he constituido a mis sacerdotes en jueces de las conciencias. ¿Cómo?...  ¿No soy Yo el Eterno Sacerdote?...

Cuando vosotros, llamados por Mí, os habéis consagra­do a Mí, Yo os he participado a vosotros mi Sacerdocio, o sea, os he llamado a formar parte de mi Sacerdocio, como en su tanto participo a las almas (con  los otros Sa­cramentos) mi Vida sobrenatural.

Pero Yo soy el Ser infinitamente simple: no hay en Mí atributos o perfecciones distintas. Yo soy el Ser infinita­mente perfecto, y en Mí están todas las perfecciones.

Yo soy el Eterno Sacerdote, Yo soy el Eterno Juez. Soy el Eterno Amor y la Eterna Justicia, soy la Eterna Misericordia.

A Mí, Juez está reservado el juicio particular de todo hombre, juicio sin apelación, irrevocable que tendrá su con­clusión final con el juicio universal, y esto sea para la huma­nidad o sea para la naturaleza angélica.

Yo, el Juez infinitamente justo, juzgo a cada hombre con justicia. Ser juez quiere decir absolver o condenar con justicia las culpas de quien ha pecado.

 Todo sacerdote debe ser juez recto, justo e imparcial.  Este poder no es de ellos sino de Mí, Eterno Juez.

Muchísimos ejercitan este poder como si fuese de ellos; administran este poder sobrenatural con una facilonería e inconsciencia que hace estremecer a quien tiene un poquito de sensibilidad espiritual.

Se ayuda a los penitentes a encontrar todas las justi­ficaciones posibles a sus pecados, concluyendo que la misericordia de Dios es grande.

 

Confesiones sacrílegas

 

La Misericordia de Dios no es solo grande sino que es infini­ta, pero esto no autoriza a ninguno a abusar de ella en un modo tan vergonzoso.

Es importante, hijo, y por eso te repito esta cosa: "¡No os volváis de administradores de la justicia divina, en cómpli­ces del demonio, de instrumentos de salvación, en instru­mentos de perdición!".

De Dios no se puede uno reír impunemente. Las palabras con las que Yo he instituido este medio de salvación, son de una cla­ridad inequívoca: Perdonar o retener los pecados.

No puede haber Confesión válida sin arrepentimiento sincero, no puede haber arrepentimiento sincero sin un se­rio y eficaz propósito de no querer pecar más.

Muchas Confesiones son nulas. Muchas son dos ve­ces sacrílegas. Quien se confiesa sin tener las disposiciones requeridas y quien absuelve sin cerciorarse que las requeridas dispo­siciones existan, profana el sacramento y comete un sacrilegio.

Envilece este prodigioso medio de salvación, transmutándolo en medio de perdición, aquel sa­cerdote que se hace cómplice del malvado designio de Sa­tanás.  No busca a Dios ni el bien de las almas, sino se busca a sí mismo y es en verdad terrible anteponer a sí mismo a Dios.

—Entonces Señor...

Sí,  hijo mío, no estúpido rigor, sino rectitud y jus­ticia.

¿Porqué habría dicho a los Apóstoles y a sus suceso­res: "Andad, y a todos aquellos a quienes perdonareis los pecados les serán perdonados y a quienes se los retuviereis les serán retenidos?”  Es evidente que con estas palabras se les pide un serio y equilibrado juicio que no admi­te compromisos con ninguno, ni con la propia conciencia, ni con el penitente y mucho menos Conmigo.

 

Ya nada es pecado

 

Muchas cosas, hijo mío, voluntariamente las repito para imprimir mejor en el alma de mis sacerdotes este pun­to focal de la pastoral actual.  Sí, se absuelve todo y a todos sin ninguna discriminación.

Para muchos sacerdotes es además tan fácil absolver, porque ya nada es pecado...

La pureza ya no es una virtud;  la paternidad res­ponsable, que justamente entendida es cosa buena, se ha vuelto motivo de todas las licencias en las relaciones matrimoniales.

Bajo el pretexto de favorecer la cultura se autorizan las lecturas más perjudiciales en las que los gérmenes de la lujuria y de los errores filosóficos y teológicos se arrojan sin parsimonia.

Hoy todo está basado en el fraude, en el hurto; la justicia exige que el confesor se asegure del serio, eficaz propósito de restituir lo quitado.  Muchísimas veces, ni siquie­ra se advierte al penitente de este estricto deber.

En nombre del progreso, para convencer al penitente que el confesor es hombre moderno a la altura de los tiempos se cierran ambos los dos ojos.

Estas cosas se pasan por alto por quien tiene la responsabilidad de combatir el mal desde sus raíc­es, siempre, en todas partes y sin descanso para no ser superados (como en verdad lo seréis) en esta oscu­ra y tremenda hora que estáis a punto de vivir.

Te bendigo y Conmigo te bendicen la Madre y San José.

 

2 de Noviembre de 1975

 

DESESPERADA MALDAD

 

Hijo mío, no es nuevo el asunto del que te hablaré esta tarde. Te he hablado de él varias veces en precedentes Mensajes.  Se trata de la lucha que Satanás ha desatado con­tra el hombre.

Al no poder afrontar directamente a Dios, lo combate indirectamente descargando su desesperada maldad (hecha de odio, envidia y celos) sobre el hombre destinado a colmar los vacíos abiertos con su rebelión a Dios.

Satanás es llamado Príncipe de las tinieblas porque su fundamental intento es el de oscurecer y ensombrecer la luz de Dios en las almas.

Dios es Luz, Satanás es Tinieblas.

Dios es Amor, Satanás es Odio.

Dios es Humildad, Satanás es Soberbia.

La guerra declarada por Satanás al hombre en odio a Dios ha asumido proporciones tan vastas y grandiosas en su horrible realidad que no tiene comparación en la historia humana.

La guerra, en general, está formada por una cadena de batallas. Esta batalla, de una guerra que con­tinuará hasta el fin de los tiempos, es la más grande y pavo­rosa.  Su epílogo no está lejano, sucederá por la directa inter­vención de la Madre mía y vuestra.

Ella  aplastará de nue­vo la cabeza de la Serpiente. Ella, la humilde Sierva del Señor, por su humildad ha vencido la soberbia y el orgullo, y definitivamente lo vencerá al fin de los tiempos.

Satanás es tinieblas y por tanto no ve. Su desesperado orgullo se lo impide. Sin embargo teme la derrota de esta batalla, que para él será motivo de vergonzoso envilecimien­to, mientras para mi Iglesia purificada será motivo de un largo período de paz y así también lo será para los pueblos nuevamente sanados de los muchos males de los que hoy sufren.

Por esto Satanás ha empeñado todas sus posibilidades y las de sus legiones.

Todas las astucias, todas las insidias de su naturaleza corrompida pero rica en innumerables dones de potencia, de inteligencia y de volun­tad, son usadas en su loca tentativa, nacida y madurada en él a partir del momento de su rebelión a Dios.

Destruirme a Mí, el Cristo, el Verbo de Dios hecho Carne, y la Iglesia salida de mi Corazón abierto son la meta desesperadamente anhelada, y te­nazmente perseguida.

 

Cierran los ojos

 

Pero la loca ceguera le ha hecho cometer numerosos errores tácticos, típico aquel de descubrirse de­masiado.

Un general perspicaz nunca deja entrever sus planes a sus enemigos, sa­biendo bien que esto es una imperdonable imprudencia. En cambio Satanás ha descubierto muchas de sus cartas.

Por esto Mi Vicario en la tierra recientemente ha po­dido decir que hoy en la Iglesia se verifican hechos que humanamente no se pueden explicar: en ellos son evidentes las intervenciones directas del Príncipe de las tinieblas.

Sin embargo Obispos, Sacerdotes y la casi totalidad de los fieles no ven.  No ven porque cierran los ojos a la luz, porque tienen mente y corazón envueltos en la oscuridad.

Cuando Pablo VI dijo: "El humo del Infierno ha entrado en la Iglesia" ¿qué quería decir? El contagio de Satanás ha entrado en la Iglesia. El contagio de Satanás es la soberbia, el orgullo.

Repito: Satanás en su 'loca, desesperada ilusión se propone como objetivo principal borrar de la faz de la tie­rra a Mí, Verbo Eterno de Dios y naturalmente Con­migo a Mi Iglesia salida de mi Corazón abierto. Quisiera aniquilar el Misterio de la Encarnación, razón y causa de la liberación de la humanidad de su tiranía.

Con la caída de Adán y Eva pensaba haber derro­tado a Dios, haber asegurado para siempre un completo dominio sobre los hijos de la culpa; estaba con­vencido de haber arrebatado con el engaño y con la astucia a Dios Creador  sus criaturas sujetándolas a su indiscutible dominio, en el tiempo y en la eternidad.

Pero Dios es Amor y con unánime concurso de la divina Trinidad, fue  decretado el Misterio de la Salvación: de aquí el implacable odio de Satanás contra Dios y contra el hom­bre.

 

La victoria en sus manos

 

Actualmente Satanás, siendo tinieblas no tiene la jus­ta visión de las cosas, está convencido de que tiene la victoria en sus manos por lo que no sin dramáticas, horribles y pavorosas convulsiones dejará que se le escape su presa, que es la humanidad contagiada por su mal: la soberbia y a presunción.

Esta guerra tendrá su epílogo al fin de los tiempos, pero le guerra es una cadena de batallas como dije; y la batalla actualmente en acto es la más grande, después de la combatida por San Miguel y sus letones contra las po­tencias rebeldes.

Muchas batallas luego se han combatido en el trans­curso de los siglos pero ninguna de estas es equiparable a esta presente batalla en la que están incluidas naciones y pueblos de todo el mundo.

Los hijos de mi predilección serán, más que los otros puestos en la mira y hechos blanco de una feroz persecución pero de nada deben temer, en la hora de la prueba Yo estaré en ellos.

Yo que soy la Sabiduría, la Misericordia, el Amor y la Omnipotencia sabré plegar las oscuras maniobras y el loco orgullo de Satanás y de sus legiones para sacar de todo esto un triunfo; Mi Iglesia purificada.

¡Ay de aquellos, hijo mío, que se rehusan a ver! Bas­ta un acto de sincera humildad para permitir que la luz se filtre en sus almas.

Necios e insensatos si se obstinan en resistir al Amor que los quiere salvos. ¿No saben y no piensan a lo que están renunciando? No saben y no piensan en aquello a cuyo en­cuentro se dirigen?

Ves en esto hijo mío, cómo mucha os­curidad se ha hecho en Mi Iglesia...

La tierra es lugar de exilio, la Humanidad entera es­tá en marcha hacia la Eternidad.

 

El materialismo

 

El materialismo, encarnación de Satanás, negando y sustituyéndose a Dios pretende dar a los hombres un pa­raíso aquí en la tierra, una felicidad que ella no posee y por tanto no puede dar.

¡Trágica mentira, astuto engaño al que muchos cristianos, sacerdotes y aún Obispos se han aferrado en nombre del progreso, olvidando el fin de la Creación y el de la Redención!

He aquí porqué ya no se habla de los Novísimos, del verdadero enemigo del hombre, del pecado con el que la obra de Satanás se identifica. De esto son responsables no pocos Obispos, muchísimos Sacerdotes.

 

La casi totalidad de los cristianos se han dejado se­ducir desviándose de la recta vía. Mientras tanto cada hombre como individuo está en marcha hacia la Eternidad, o de gozo eterno o de condenación eterna.

El hombre, presa de Satanás, está al centro de una furiosa lucha de Satanás, desencadenada para arrebatarlo a Dios quien, con un designio providencial, ha enviado a la tierra su Verbo hecho Carne, para liberar al hombre y así devolverle la primitiva grandeza, dignidad y libertad.

¿A quién le toca guiar al hambre en su cami­no y peregrinación terrena?

A Mi Iglesia.

Pero en mi Iglesia el Príncipe de las tinieblas ha traído temiblemente su contagio: soberbia y orgullo, oscureciendo las mentes y endureciendo los corazones.

 

La iglesia es mía

 

Pero la Iglesia, hijo, ¡Es mía!

Ella ha salido de Mi Corazón Misericordioso y abierto.

Yo quiero a Mi Iglesia: una y santa, pura y resplan­deciente de mi Doctrina y no dividida por herejes en oposición perenne contraste entre ellos mis­mos. Y así será después de la purificación cercana.

Yo he triunfado como ya te dije, en el sufrimien­to y en el dolor y así será también para Mi Iglesia.

He conocido horas de tinieblas, he conocido violencias y hu­millaciones de todo género. Yo hasta he gritado: "Padre, Padre mío ¿porqué me has abandonado?" Este grito lo elevarán al Cielo muchos hijos míos en el colmo de su pasión.

Pero ¿puede Dios que es Amor, abandonar a sus hi­jos a quienes ha amado y ama desde toda la eternidad?

La mujer en el parto gime, pero des­pués se alegra porque ha dado a la luz un hijo.

Es tiempo de que el grano arrojado en el seno de la tierra se descomponga para luego dar mucho fruto.

Está próxima la hora en la cual mi Iglesia gemirá en la feroz e inaudita persecución para poder renacer Una, Pura, Santa e Inmaculada.

Será la madre de los pue­blos que se reunirán bajo sus alas y en la paz y en la justicia, será maestra y guía segura para todos los hombres de buena voluntad.

He aquí porqué te digo: urge hacerlo pronto. Quie­ro que Obispos y Sacerdotes se preparen en la humildad y en la penitencia, en la oración que debe ser unánime. No han de olvidar que a Mi Pasión siguió Mi Resurrección.

Te bendigo hijo mío.

Ofréceme tus sufrimientos, consuela Mi Corazón tras­pasado por la dureza e insensibilidad de mis redimidos, de mis ministros y de aquellos que Yo he llamado y  he amado como hermanos y amigos.

 

15 de Noviembre de 1975

 

SOY HOMBRE PECADOR

 

Te creo, oh Jesús mío, Uno, con el Padre y con el Espíritu Santo en la Unidad de naturaleza, esencia y de vo­luntad y en la Trinidad de personas.

Jesús, dame una correspondencia sensibilísima e in­mediata, generosa, valerosa y perseverante.

Jesús, tómame de la mano y arrástrame donde, como y cuando quieras Tú. Sé en mí fermento de transformación sobrenatural, de purificación, día y noche pero especialmente en la Santa Misa.

Jesús mío, ¡acéptame como soy para que volverme como Tu quisieras que yo fuera! Enséñame tus caminos y condúceme por ellos.

Jesús, sé Tú quien dirija mis pasos en la realización de tu Voluntad.

Revélame, oh Señor, tus pensamientos y tus deseos,  y ayúdame a ponerlos en práctica en la vida de cada día.

Sé Tú, oh Jesús, en mí en el creer y en esperar, en amar y confiar; se Tú en mí en el callar y aceptar, en el sufrir y ofrecer. Sé Tú en mí en el rezar y adorar, en el hablar,  en el vivir en mí.

Jesús mío, auméntame sin límites la fe, la esperan­za, la caridad; acrecienta ilimitadamente la sabiduría, la justicia y la fortaleza, la piedad, el temor de Dios y la tem­planza.

Jesús, dame sin medida la seguridad y la confianza, la humildad y el arrepentimiento, el abandono y el espirita de mortificación y  de obediencia, de pobreza y de pureza.

Revive en mí, o Jesús,  tu paciencia y mansedumbre, tu clemencia.

Jesús mío, ten piedad de mí: soy hombre peca­dor.

 

 

¡HIJOS MÍOS,ÁNIMO!

 

Confidencias de Jesús a un Sacerdote

 

Parte 2ª

 

15 de noviembre de 1975

 

AMARTE SIN LÍMITES

 

Señor soy menos que gusano, un puñado de polvo, Dios mío soy solamente pecado.

De Ti he recibido todo: de Ti la vida, la gracia y la luz. Tú solo eres Grande, eres el Santo, Tú el Omnipotente y el Omnisciente; Tú solo el Omnipresente.

Señor, si yo te amo es porque Tú me has dado el amor.

Si yo espero en Ti es porque me has dado la esperanza.

Señor, si yo creo en Ti es porque Tú me has dado la fe. Señor mío Tú eres el Todo, yo la nada;  Tú la Luz, yo las tinieblas; Tú La Vida, yo la muerte; Tú la Verdad, yo el error. Señor yo soy la necedad, Tú eres la Sabiduría.

Dios mío, has puesto desde la eternidad tu mirada misericordiosa en mí, que soy como un gusano que se arrastra en el polvo.

Ven, Oh Jesús mío, con el Padre y el Espíritu Santo, ven a tu "gotita de agua que cae hacia abajo", Ella te quiere amar sin limites y sin limitaciones pero no podrá si Tú no vienes a ella.

Sé por tanto Tú el alma de mi alma, dame tu Espíritu que es fuego que arde y que transforma, que ilumina y calienta, que purifica y vivifica.

Sé Tú el alma de mi corazón, de mi cuerpo, de toda mi vida. Sólo así, Jesús, puedo amarte verdaderamente sin límites.

Así quiero amarte por el tiempo que no te he amado, por aquellos que desde el principio no te han amado, por quien actualmente no te ama y por los que no te amarán basta la consumación de los siglos; te quiero amar por los condenados que te odiarán por la eternidad.

Corazón misericordioso de Jesús, ten piedad de mí. Soy un hombre pecador.

 

17 de noviembre de 1975

 

AMIGOS DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

 

“Hijo mío, escribe:

Yo, Jesús, quiero una institución que desarrolle de todas las maneras la fe, la devoción, el amor y el culto a Mí, realmente presente en el Misterio de fe y de amor por excelencia, la Eucaristía.

1.      A esta Pía Unión podrán adherirse todos, niños y niñas, muchachos y muchachas, hombres y mujeres sin discriminación de edad.

2.      Su finalidad es la de favorecer en si mismos y en los demás, en todas las formas aprobadas por la Iglesia, la fe y el amor a Mí, realmente presente en el Misterio Eucarístico.

3.      Su objeto es:

— La visita diaria a Mí en la Iglesia, o al menos una visita y comunión espiritual hecha en casa si no es posible ir a la iglesia.

— La Santa Comunión (al menos) semanal.

La hora de adoración al menos mensual.

La reunión una vez al mes.

Es bueno tener un pequeño registro con el nombre de los que se adhieren.

5.      Es función del  Párroco o quien haga las veces, la dirección del grupo y el desarrollo de las catequesis de la Eucaristía en las reuniones, y estimular, con el ejemplo y con la palabra, el amor a Mí en el Santísimo Sacramento.

Esta Pía Unión será llamada: "Amigos del Santísimo Sacramento".

Yo, Jesús, deseo vivamente esto; no se pierda tiempo”.

 

Algunos sacerdotes han acogido ya la invitación (3 diciembre 1975) y algunas asociaciones, en el silencio y el fervor, están ya germinando.

Se tenga presente que:

La Pía Unión será dirigida por un consejo formado por el Director, un secretario, un tesorero (para las ofrendas que puedan venir; no se moleste sin embargo ninguno en pedir) y por dos o tres consejeros, nombrados por la asamblea de los adherentes.

El tema de las reuniones será siempre y solamente eucarístico, además de las propuestas y discusiones sobre los medios más convenientes para hacer vivir la Pía Unión.

Satanás no quiere ciertamente esta Pía Unión y no faltará de crear obstáculos. Hace falta resistir y contraatacar, quemando etapas con la oración, especialmente con el Rosario.

Jesús (y con Él la Madre Celeste) mira con complacencia a todos aquellos que tomen seriamente a pecho Su Invitación. Esta Pía unión no es más que una actualización de las Confraternidades del Santísimo Sacramento.

 

 

 

17 de noviembre de 1975

 

EL AMOR DE LOS INOCENTES

 

“Escribe, hijo mío. Te había anunciado que volvería sobre este tema y heme aquí fiel.

En cada criatura humana hay tres fisonomías; dos de las cuales son sabidas.

La fisonomía del rostro que es visible a todos; vemos el rostro de todos, hecho sobre el mismo modelo, sin embargo, todos son diferentes uno de otro.

Vemos menos claramente la fisonomía interior del hombre, esto es, la del alma, del temperamento, del carácter, de la inteligencia, etc.

Luego está la fisonomía aún más interior del alma, es decir, la de su vida o muerte sobrenatural.

Esta tercera fisonomía es percibida por muy pocos.

El alma, penetrada de la Gracia Divina, revestida de su cándido vestido nupcial es maravillosa.

Este esplendor lo ve Dios porque forma parte de Él. Lo entrevén también algunas almas muy avanzadas en la vida de la Gracia, es decir, de la perfección.

Pero como las fisonomías corporales no son iguales, tampoco las fisonomías interiores son iguales, es decir, los caracteres de los hombres, ni tampoco son iguales las fisonomías sobrenaturales.

He aquí las tres fisonomías, la del Cuerpo, la del Alma, y la de la Gracia.

La Gracia es la vida divina de las almas. Pero Yo soy el Amor. La Gracia es por lo tanto el Amor de Dios participado a las almas.

 

Diverso esplendor

 

Cada alma en Gracia tiene en sí mi Amor, con diversa intensidad de esplendor porque diferente es en cada alma mi Amor.

Se puede amar poco, poco; Se puede amar bastante, se puede amar muchísimo, y se puede amar en formas diversas.

Quien no ama en cambio está en la muerte, no tiene en sí luz interior. Es la más tremenda desdicha, ya que para el alma que no encuentra el amor que fue infundido en ella en el Bautismo, es la muerte eterna, el Infierno.

¡Sí, di fuerte esta palabra: Infierno, en el que ya casi nadie cree! Se puede amar bastante, se puede amar mucho, pero siempre con el alma. También con los sentidos se puede amar, como en el amor nupcial, que es amor casto y santo si esta bien dirigido en la justa vía. Se puede amar muchísimo interior y exteriormente sin sensualidad.

Es el amor de los inocentes es el amor de los puros, es el amor de los ángeles, es el amor de los primeros padres antes del pecado. El niño que abraza afectuosamente a la mamá excluye en su amor puro toda viscosidad.

 

Necesidad de expansión

 

El alma pura y casta, abismada en el amor de Dios y del prójimo, y que del Mandamiento del Amor ha hecho la ley de su vida, no es capaz de contener el amor en su interior. Él estalla incluso en la materia que lo aprisiona y tiene necesidad de expandirse como naturalmente se expande luz y calor de la llama.

Este amor fuerte, puro, inocente, no es comprendido sino por pocas almas. Por eso las pocas afortunadas que lo poseen deben con frecuencia sofocarlo no raras veces porque podría ser motivo de escándalo. Son poquísimas las almas consagradas que alcanzan esta plenitud de amor.

Pero como el alma del amor es siempre el sufrimiento, he aquí que, a veces, sofocándolo por un justo motivo, lo alimenta en mayor medida, por que sale fortalecida el alma del amor que es precisamente el sufrimiento.

Quien ama así no siente los estímulos de los sentidos.

Es más puede ser un error querer detener el curso natural del amor sobrenatural por motivos de respeto humano no justificable; como entre los primeros cristianos que se saludaban con el beso aun entre personas de diferente sexo. Ningún inconveniente se derivaba de ahí, porque eran castos y puros.

 

Palabra que no cambia

 

— Pero Señor, en este mundo nuestro en el mundo de hoy donde vicio, corrupción, obscenidad e impureza reinan soberanos, ¿no consideras esta doctrina peligrosa?

— No, hijo mío.

Mi Palabra es la Palabra viva, es la Palabra que no cambia con el cambiar de los acontecimientos y costumbres de los hombres.

Mi Palabra es como un rayo de luz que toca el fango, lo ilumina, pero no queda contaminado por él.

Si hoy esto no se comprende, lo será mañana en mi Iglesia regenerada a nueva vida y esplendor.

Te bendigo como siempre. Recuerda cuanto has escrito hoy. Para Ti y para tantas almas es importante.

Ámame. No olvides lo que tan frecuentemente te pido.

 

 

 

19 de noviembre de 1975

 

TODAVÍA JUNTO A MÍ

 

Escribe hijo mío:

Ya te he hablado de mi Madre Corredentora. Ella lo fue en realidad desde el momento en que se consagró a Dios, ofreciéndose toda ella, su pureza, su voluntad.

Este ofrecimiento se hizo cada vez más vivo, más luminoso, más consciente. Crecía en Ella la Gracia con el crecer de la edad.

Se hizo luego oficialmente corredentora en el momento en que pronunció su Fiat[22], provocando en Ella la Virginal Concepción de Mí, Verbo de Dios. Intensificó su acción de corredentora cada día de su vida haciendo realidad práctica su ofrecimiento inicial.

Corredentora en sus siete dolores, lo fue en modo sublime cuando me acompañó a Mí en el Calvario y cuando, bajo la Cruz, renovó también su Fiat, aceptando ofrecerme a Mí y a sí misma, como víctima al Padre por la liberación de la humanidad caída bajo las garras de Satanás.

Corredentora es y continuará siéndolo por siempre.

 

Presencia de la Madre

 

El misterio de la Cruz se renueva y se perpetúa en el misterio de la Misa.

Por consiguiente es real la presencia de mi Madre en la Santa Misa, como fue real su presencia en el Calvario.

Cierto no presente en la Hostia sino junto a la Hostia consagrada, como estuvo junto a Mí bajo la Cruz.

En aquel momento, hijo, junto a mi Madre en el Calvario estuvo Juan, y la presencia de Juan se continúa en la Santa Misa con la presencia del sacerdote celebrante.

Única y real fue, es y será siempre la presencia de mi Madre en la Santa Misa. Real es y será la presencia del Sacerdote en la Santa Misa. Pero esta presencia del Sacerdote puede ser diversa, porque diversas son las disposiciones  con las que los sacerdotes celebran.

Hay sacerdotes (no muchos pero los hay) que están presentes como Juan con una santa, activa participación, con un claro ofrecimiento, generoso, valeroso de sí mismos a mi Padre en unión Conmigo.

¡Piensa, hijo mío, en estas Santas Misas! Qué unidad sublime, estupenda y maravillosa en el Amor y en el sufrimiento, que es la esencia del amor, en una trinidad sublime, maravillosa.

Unidad y trinidad de amor ofrecida a mi Padre que, satisfecho, se reconcilia con la humanidad, a través del Nuevo Adán, la Nueva Eva y el pueblo de Dios en la persona de Juan, esto es, del sacerdote.

 

Un daño inmenso

 

Te dije hijo, que en su casi totalidad mis ministros ignoran culpablemente este rango suyo en el más alto Misterio de la fe y de la religión.

De este modo se privan a sí mismos y al pueblo que representan de innumerables gracias, mutilando y mortificando, en cuanto está en ellos, el designio de amor infinito de la Trinidad Divina, mortificando de nuevo la unidad y trinidad de amor del Calvario, al ser su presencia puramente material. Viene prácticamente a faltar, aun estando materialmente presente, la participación del pueblo al que el sacerdote representa.

De aquí debes deducir la gravedad de la inconsciente presencia de muchos sacerdotes míos en el Santo Sacrificio de la Misa.

Debes comprender el daño inmenso causado al pueblo de Dios, defraudado de tantos dones a él destinados a través del sacerdote, mediador y depositario de la Redención.

El sacerdote, (y son tantos, ¡hijo!) de canal a través del que debe correr mi gracia, se convierte en dique que se levanta entre mi Corazón abierto y el pueblo que él representa.

Piensa todavía en la vergüenza y el sonrojo que pasarán algunos sacerdotes en el Juicio final, viendo su grandeza, la dignidad real y la potencia que nunca por su culpa quisieron comprender, y a la que abdicaron en favor de otras cosas sin importancia, y que ahora llenan su vida de humo más bien que de luz.

 

Estoy afligido

 

Hijo, grítalo fuerte, grítalo a todos aquellos sacerdotes, que están fuera del plano de la salvación, que no son instrumentos de redención sino fuegos fatuos.

¡Mis sacerdotes no encuentran cinco minutos para prepararse a la Santa Misa, no encuentran cinco minutos para un poco de agradecimiento!... Y es lógico que sea así ¿De qué cosa podrían agradecerme si de la Santa Misa no han sacado ningún fruto? Luego pasan toda su jornada y parte de la noche, en cosas infecundas, inútiles y no pocas veces pecaminosas.

De esta pavorosa realidad ¿cómo no se iba a aprovechar Satanás?

Dilo a todos, sin reticencias, que las consecuencias catastróficas se deben en gran parte a mis ministros. ¿Qué maravilla si mañana su sangre tiñe de rojo la tierra?...

Te lo he dicho: bien distinta sería la situación de mi Iglesia si mis sacerdotes hubieran cultivado en sí la vida interior de sus almas.

Estoy afligido.

No a Mí se deberán imputar los grandes sufrimientos de la hora que se avecina.

Te bendigo, y contigo bendigo a los que te son queridos.

 

20 de noviembre de 1975

 

INVITACIÓN A LA ORACION

 

Escribe hijo mío:

Muchas veces he lamentado la crisis de fe que contagia a mi Iglesia, del vértice a la base.

Mi Iglesia languidece, mi Iglesia sufre porque mis ministros están gravemente contagiados.

Cuando el cuerpo no se alimenta, las fuerzas disminuyen; el cuerpo debilitado no reacciona contra los enemigos que lo atacan y que, más o menos lentamente, lo matan.

La lámpara no alimentada se apaga.

También la lámpara, no alimentada, de la fe se apaga y en el alma entonces se hace la oscuridad, se hace la noche.

Hasta el más pequeño hilo de hierba, incluso la flor si no son alimentadas, mueren pronto.

¿Qué cosa es una hoja de hierba agostada?

¿En qué se convierte una flor fresca y perfumada dejada sin alimento?

Pocas hojitas marchitas y secas, un tallo sutil y frágil que se parte al contacto con otro cuerpo.

 

Ángel prisionero

 

¿Qué es el alma del cristiano sin fe?

¿Qué es el alma del sacerdote que no reza?

Es lo más frágil y vulnerable que existe.

Inmersa en la oscuridad se pierde y es arrollada inexorablemente por la concupiscencia del espíritu, o por la de los sentidos,  frecuentemente por una y por la otra.

Es el ángel encarcelado por Satanás en la podredumbre de los sentidos o en la impureza del espíritu, en el error y la herejía.

¿Qué cosa es el ama del sacerdote que está en crisis de fe por falta de vida interior?

 Es el hazmerreír y el juguete de Satanás, quien desfoga sobre ella su odio, sus celos, ensuciándola

con todas las porquerías, y de ella hace una esclava.

Es la revancha desesperada de Satanás que vomita toda su baba venenosa sobre esa pobre y desventurada alma, que no ha querido usar los medios eficacísimos de defensa que Yo he puesto a su disposición.

 

Oxígeno del alma

 

El primer medio de defensa es la oración.

— la oración que eleva el alma hasta Dios.

— la oración que es la respiración del alma.

— la oración que es el oxigeno del alma.

— la oración que une el alma a Dios de un modo íntimo y profundo.

Cuando un alma se aferra fuertemente a Mí ¿quién la podrá arrancar de Mí, de mi Corazón?

El alma que no reza es como un fruto agusanado: nadie advierte la creciente podredumbre en su interior. Pero al final el fruto caerá a tierra, y se sabe como terminan estos frutos: en el estercolero.

Yo, Jesús Hijo de Dios, he rezado día y noche aun no teniendo necesidad. He querido que a la enseñanza precediera el ejemplo; pero para muchísimos cristianos y sacerdotes mi ejemplo no ha servido para nada.

Si alguien se niega a comer no me puede imputar a Mí la disminución en él de la fuerza física; si alguien se niega a orar no se me puede imputar a Mí el que se apague en él toda energía espiritual. Quien no reza es como un náufrago entre las olas tempestuosas de un mundo que no es de Dios. Si no nada ¿cómo puede salvarse?

Un número impresionante de sacerdotes que han dejado caer en el vacío mis invitaciones a la oración ¿cómo podrán salvarse? ¿No advierten que su febril actividad es estéril, que no está bendecida por Dios? Muchas veces hasta es contraproducente.

Ya no creen en los Sacramentales, de los que ya casi no hacen uso, salvo siempre las excepciones; Viven fuera de la viva Realidad espiritual; están como hipnotizados por el Maligno.

 

¡Enciéndanse fuegos!

 

Hijo, creen sólo en sí mismos, creen en las revistas vacías y en los periódicos. De estas fuentes beben ávidamente.

Bastaría una mirada tranquila y retrospectiva a la vida de la Iglesia para darse cuenta que sin la oración ningún Santo se ha santificado. Ningún mártir (y son millones) ha dado testimonio con su sangre de su fidelidad a Mí, a la Fe, sin ser sostenido por la oración.

A esto no miran. Pero ¿de qué alimentan su alma?¡ La vida de la Gracia está apagada en muchos!

¡Cuánta ceguera! Qué noche tan profunda...

Es terrible, han rechazado y rechazan la luz y la vida los elegidos para llevar luz y vida a las almas.

Hijo mío, Yo soy el Amor que ellos rechazan, Yo soy la vida que ellos apagan. Yo soy el fuego. ¿Qué quiero si no que este fuego arda?

 Por esto quiero que se enciendan muchos fuegos en los pueblos y en las ciudades. ¡Ay de aquellos pastores que se opongan a esta mi voluntad!

Quiero, por ejemplo, los amigos de Mí Eucaristía como te he dicho.

Te he elegido para una gran cosa: ¡para llevar mi Palabra a los sucesores de los Apóstoles, a los sacerdotes, a mis fieles!

¡Es una última oportunidad de salvarse y de salvar a las almas!

No me han creído a Mí, no han creído a mi Madre. No creerán; muchos persistirán en su ceguera, pero Yo quiero que sepan que ¡la hora está cercana!

Te bendigo, hijo mío.

 

21 de noviembre de 1975

 

BATALLA IMPORTANTÍSIMA

 

Hijo mío escribe.

Está escrito: "Meditare Novissima tua et in aeternum non peccabis"[23].

Estas palabras salidas de los labios de la Sabiduría se dieron al pueblo de Dios como norma de vida.

Permanecen como fuente de luz para que el hombre caído en las tinieblas pudiera caminar seguro hacia la meta final de su existencia humana.

Ahora este precepto, tan importante y tan eficaz, ha sido dejado a un lado con otros en nombre de la evolución de los tiempos que exigen nuevas formas de vida y de costumbres.

Habría bastado un poco de discernimiento para ver, en este desenfrenado deseo de lo nuevo, un astuto engaño del Enemigo del hombre.

El precepto de meditar día y noche las grandes verdades de la fe viene de Dios; la ardiente sed de novedades viene del Maligno.

Si los consagrados, en modo particular, hubieran pedido luz, no se la hubiese negado; pero deslumbrados por el Enemigo, se han dejado convencer por él, con todas las consecuencias que tú mismo puedes ver.

Dios quiere guiar al hombre al logro de la salvación eterna de su alma, pero cuando el hombre niega la poca colaboración que puede dar, Dios lo abandona sí mismo.

Dios quiere al hombre salvado pero con su consentimiento.

Dios lo quiere salvado pero no contra su elección.

Buscar a Dios en el silencio

En un mensaje precedente te he dicho claramente que solamente en el silencio del alma Dios hace oír su voz.

¿Pero quién, hijo mío, busca a Dios en el silencio?

 Los hombres en general, y hasta mis ministros, se han aliado a Satanás en la obra de envilecimiento de la dignidad humana. No sólo en envilecerla, se ayudan en destruirla, tanto que ya no se la reconoce.

 El hombre ya no sabe quién es. A tanto ha llegado la obra nefasta del materialismo, engendro de Satanás.

Aquellos que debían empeñar todas las energías posibles para impedir una situación tan dramática, no sólo no lo han hecho, sino que han aceptado aliarse con las tenebrosas potencias del mal, agravando y acelerando el proceso de desintegración de todos los valores espirituales y sobrenaturales que hacían y hacen grande al hombre, criatura libre e inteligente, hecho a imagen y semejanza de Dios.

Hijo mío, ya te dije que la hora de las tinieblas está cerca y que la humanidad conocerá la más tremenda lucha desencadenada en el mundo por el Infierno, el cual hará todo lo que sea preciso para no perder esa victoria que está convencido que tiene en las manos.

 Te he dicho que esta batalla encontrará paralelo sólo en la inmensa lucha combatida en el Cielo entre los hijos de la luz y los de las tinieblas. ¿Vislumbras ahora la razón de esta afirmación mía?

Muchos, aún entre mis consagrados y entre los mismos sucesores de los Apóstoles, no saben que esta hora, ha sido deseada siempre por Satanás con sus legiones, desde la caída de Adán y Eva, la ha deseado ardientemente y buscado con todos los medios a su disposición. Piensa en esta batalla como una revancha segura sobre Dios, sobre Mí, Redentor, sobre la Iglesia, fruto de mi Redención, sobre Mí y mi Iglesia, porque Yo le he arrancado a él la humanidad hecha su esclava.

Que todos sepan

Quiero que todos conozcan los próximos acontecimientos, te lo repito otra vez, como los más graves en la historia del género humano.

Pero ¿por qué no se quieren convencer mientras son evidentes las señales y las advertencias que mi Madre ha dado?

Ahora, cerrando los ojos a la luz, se habla de la Misericordia, ¿Por qué no hablaron de ella antes cuando en Fátima, en Lourdes y en otros lugares esa Misericordia se ha manifestado prodigiosamente para llamar al arrepentimiento y a la oración?

Es presunción rechazar a Dios, y luego hablar de su Misericordia.

La Misericordia de Dios es como un imán; debe encontrar su punto de atracción y no de repulsión.

Yo no quiero la desdicha.

 Someteré la necedad y la maldad humana en una obra de purificación por el triunfo de la Misericordia y de la Justicia.

Quien ha renunciado a la luz para hacerse hijo de las tinieblas no puede tener palabras de verdad y de luz.

Meditare novissima tua et in aeternum non peccabis.

Pero ninguno medita ya, hecha excepción de pocos. Son ilusos, son como muchachos que corretean tras la multicolor mariposa y hecha prisionera, abriendo sus manos se dan cuenta que de la mariposa no ha quedado más que un gusano. Pobre humanidad que cada vez más desilusionada y extraviada no sabe encontrar la recta vía...

Reza hijo mío; te bendigo.

 

22 de noviembre de 1975

 

NO HAN ENTENDIDO MUCHO

 

Muchos sacerdotes y hasta algunos sucesores de mis Apóstoles no han entendido mucho de la historia de la humanidad.

Los cristianos poco o nada entienden, pero son menos responsables porque nadie ha provisto a iluminarlos.

¡Pocas son las almas de mis consagrados que poseen la visión exacta de la historia del mundo!

Toda esta historia se basa en la lucha entre Satanás y Dios. Dios es combatido por Satanás y sus legiones en sus criaturas.

Satanás sabe bien que no puede enfrentarse a Dios directamente, entonces, lo combate indirectamente en el género humano.

¿ Qué es, hijo mío, la historia del Misterio de la salvación, sobre la que los teólogos se exprimen el cerebro para encontrar, incluso en este campo, alguna novedad, y se afanan de todas las formas en complicar las verdades reveladas por Mí?

¿Qué han entendido de la simplicidad y profundidad de mi doctrina, es decir, de las Sagradas Escrituras, de mi Evangelio?

¿La historia de la Iglesia qué otra cosa es sino el áspero antagonismo entre el bien y el mal?

Te he dicho hijo, que la historia de la humanidad tiene dos puntos focales:

La creación del hombre con todos sus dones naturales, preternaturales y sobrenaturales. Es importante tener presente esto para entender la gravedad de la caída de los primeros padres. He aquí que Satanás finalmente ha encontrado el objeto sobre el cual desfogar su odio, su veneno, sus desenfrenadas y desesperadas pasiones:

—  el hombre rico hecho pobre

—  el hombre sabio hecho ignorante

—  el hombre fuerte vuelto débil

—  el hombre feliz vuelto infeliz

el hombre inmortal vuelto mortal

No pudiendo Satanás enfrentarse con Dios, ahora puede ensañarse desesperadamente sobre el hombre, sobre todo el género humano.

Cuando después vino a conocer la Encarnación de Mí, Verbo Eterno de Dios, concibió su loco plan de aniquilarme a Mí y a mi Iglesia, y de hacer nulos los frutos de la Redención.

 Necio y perverso plan de guerra. Guerra tejida de innumerables batallas, sirviéndose de todo y de todos los que se prestan a su acción devastadora, a servir a su desenfrenado orgullo.

El segundo punto focal de la historia humana es la Encarnación, Pasión y Muerte de Mí, Hijo de Dios hecho hombre. Es también la pasión, muerte y resurrección de Mi Cuerpo Místico, es decir, de mi Iglesia salida de mi Corazón Misericordioso.

 

Historia auténtica

 

Esta es la auténtica historia del género humano, que se desenvuelve progresivamente, y cuya última página será escrita al fin de los tiempos.

Por lo tanto, es historia en acción, que revela de manera clara la lucha sin tregua entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas, entre el amor y el odio, entre la fe y el ateísmo, entre el gozo y el dolor, entre la luz y las tinieblas.

Detrás del bien, de la luz, de la verdad, del amor está Dios; al contrario, detrás del mal está Satanás.

Ahora, hijo, con infinita amargura se ve cómo por parte de mi Iglesia, por culpa de muchos de mis pastores y sacerdotes, no se ha planeado como se debiera la defensa contra las incansables e insidiosas fuerzas del Infierno, la defensa de los valores de la Redención, y cómo no han sido preparados los medios de defensa contra los asaltos del Enemigo.

Esta es responsabilidad de los pastores y de los sacerdotes que hoy se debaten como si hubieran caído en arenas movedizas. Y aún, mientras la casa arde y el derrumbe está ocurriendo, se pierden en mil actividades improductivas, porque no encuadran la visión real de la situación.

Te confirmo que la guerra en curso desembocará en la más pavorosa batalla jamás combatida hasta ahora sobre la tierra, y que no tiene comparación sino en la batalla celeste de los Angeles rebeldes contra los Angeles de la luz.

Quiero que absolutamente todos sepan lo que no Yo sino los hombres, aliados con Satanás están locamente realizando.

¡No Yo! No a Mí por tanto debe imputarse esta próxima lucha. Yo, Justicia y Misericordia de la maldad de otros sabré sacar una Iglesia nueva y un mundo renovado.

Sabré dar a esta Iglesia y a este mundo un largo período de paz y de justicia.

Sabré salvar de las penas del Infierno a todos aquellos que con humildad y arrepentimiento acojan a tiempo estos mensajes, testimonio de mí amor.

Te bendigo hijo mío, y contigo bendigo a todos aquellos que creerán.

 

23 de noviembre de l975

 

LAS GRANDES VERDADES

 

De los labios de la Sabiduría ha salido el dicho: "Meditare novissima tua et in aetenum non peccabis".

El Espíritu Santo ha querido poner ante vuestras almas cuatro grandes realidades:

Muerte – Juicio – Infierno – Paraíso.

Por tanto se muere.

La muerte es una realidad concreta, una realidad de la que, indirectamente, hacéis experiencia todos los días: un día haréis también la experiencia personal.

Sin embargo hijo, podrá parecer no cierto pero en realidad nadie se ocupa de ella; se vive más o menos alegremente, como si no se debiera morir.

¿Quién es el que conduce a los hombres, a los cristianos, a los sacerdotes, a olvidar lo dicho por el Espíritu Santo, aquello de reflexionar sobre la muerte, la mordaza de la que ninguno podrá escapar?

¡Es Satanás! Siempre él, que cerca al alma humana con sus astucias y seducciones, con sus mentiras: Sicut leo rugiens quarens quem devoret.[24]

Se os ha puesto en guardia.

Se os ha dicho que ruge, pero no os puede morder si no en el caso de que vosotros os expongáis voluntariamente a sus pasadas.

Sobre este tema disponéis de mucha luz. Las Sagradas Escrituras, las vidas de los Santos y de los Mártires, y toda una historia de luchas tremendas entre el hombre y el Príncipe de las tinieblas. Recordad al Angel de Tobías que libera a Sara, y otros miles de episodios.

 

El Ángel custodio

 

En esta lucha, al lado del hombre, al que Yo no he querido solo, porque de otro modo la lucha habría sido desigual, he puesto un Angel mío, un Angel siempre preparado para intervenir en cualquier momento que es requerido.

Por desgracia la incredulidad hace, sí, que pocos recurran a él.

¡Cuántas veces mis Angeles, vuestros custodios están obligados a la pasividad casi absoluta por la incredulidad de los hombres! ¡Cuántas veces se ven obligados a retirarse para no asistir a la destrucción que el hombre hace de si mismo!

¡Pobre hombre que vas andando a tientas en las tinieblas, cuando Yo te he trazado un camino de luz!...

¿Medios de defensa? ¡Pero si son tantos!

Están los Sacramentos, los Sacramentales, la oración. Pero ningún medio es útil cuando el alma está en la oscuridad, y hoy muchísimas almas están en la más profunda oscuridad. La falta de fe lleva tinieblas a las almas.

 

Si no hacéis penitencia

 

La crisis de fe más grande, desde la creación del hombre hasta hoy, es la actual.

Una formalista costumbre de vida cristiana hace ilusionar a muchos de estar en el camino justo. Algunos sacerdotes creen estar en el camino justo como lo creían los sacerdotes, los escribas y los fariseos en los tiempos en los que Yo estuve en la tierra en mi visible Humanidad.

En todos los tiempos y en todos los lugares la lucha entre el bien y el mal lleva el mismo sello inmutable.

Si la humanidad atea de hoy no se pone en pie y no procura sacudirse el polvo y el humo que le nubla el alma perecerá en gran parte.

No serán los sarcasmos ni las ironías de los pseudo-teólogos y de los sacerdotes insensatos y soberbios, no serán las artes de los manipuladores de corrupción en todos los sectores de la vida privada y pública, lo que evite la ruina que el hombre neciamente esta provocando.

Di fuerte que el tiempo está contado, grítalo fuerte como Jonás: "Si no hacéis penitencia pereceréis".

Dilo fuerte que de Dios no se puede reír impunemente.

Grítalo fuerte que la hora de las tinieblas no es querida por Dios sino por los hombres mismos.

Grítalo fuerte que mi Madre ha hecho mucho para alejar del mundo la catástrofe.

Recuérdales a todos: Lourdes, Fátima y miles de intervenciones muchas veces sofocadas precisamente por obra de aquellos cuya tarea era la de juzgar con mayor objetividad y menor respeto humano. Han tenido miedo del juicio del mundo...

Aquí está su culpa: no la verdad, sino a sí mismos han puesto delante. Y ahora hablan sólo de la Misericordia de Dios y no de sus responsabilidades.

¿También al pronunciarse sobre estos mensajes otra vez más será rechazada la luz?...

Yo los quiero a todos salvos, pero ellos oponen resistencia. Aman la oscuridad. En las tinieblas perecerán.

Tú no temas; continúa siéndome fiel. Estás en Mi Corazón y aquí nadie te podrá tocar, ni siquiera rozar.

Te bendigo, hijo mío; ámame y camina derecho ante Mí. Soy el Camino que muchos se niegan a transitar.

 

24 de noviembre de 1975

 

LA VOLUNTAD DE DIOS

 

Hijo, escribe cómo quiero Yo a mis obispos, a mis sacerdotes y a mis fieles.

Si los de esta generación no aceptan la transformación de su vida que desde hace tiempo y con tanta insistencia he pedido, entonces me proveeré Yo a la necesaria reforma de vida.

 

A Mí los medios no me faltan; si no se proveen ellos a conformarse a la voluntad divina, proveeré Yo a fin de que el divino querer sea cumplido.

Os maravilláis, al leer en la Biblia de la dureza de corazón de los sacerdotes y de los doctos del pueblo de Israel; pero vosotros no lo sois menos que ellos. ¿Tardos y duros de corazón qué esperáis todavía? ¿No os han bastado los signos que os fueron dados?

Yo quiero a mi Iglesia hecha nueva, purificada de la suciedad de la que está actualmente invadida.

No os engañéis. Os repito que soy el Dios de la Misericordia, pero, de mi Misericordia ¿qué habéis hecho? ¿Por qué no queréis entender que en Mí, Misericordia y Justicia son la misma cosa?

No tenéis el poder de destruir mi Justicia, como tampoco el poder de destruir el Infierno del que ya no queréis oír hablar.

¿Acaso dejo Yo de ser la Misericordia cuando, por Justicia soy obligado a excluir de la Casa de mi Padre a los réprobos, a los impenitentes? ¿Y qué Juez sería Yo si diera el mismo veredicto a los buenos y a los malos?

Entonces, anulada la justicia, según vuestro pecaminoso modo de razonar, se debería anular también el Juicio, tanto particular como universal, y se debería también admitir que la vida terrena no es tierra de exilio, ni tiempo de prueba y las cosas deberían continuar así como están, No habría tampoco la separación del trigo bueno de la cizaña, ni de los réprobos de los justos. Mis enseñanzas estarían infectadas de errores...

 

La voluntad de Dios

 

No, hijo mío, Yo no puedo errar. Os habéis dado tal modelo de vida que contrasta con mi doctrina y con mis ejemplos.

Yo soy el Camino. El que quiera venir detrás de Mi, obispos, sacerdotes, fieles, deben seguirme.

En un anterior mensaje "El camino” se dice claramente: "Yo he iniciado con la humildad, con la pobreza, con la obediencia a mi Padre, usque ad mortem”[25]

"Yo me he adaptado a la divina voluntad del Padre, pero ¿quien trata hoy de cumplir la voluntad de Dios?

Ni siquiera se trata de conocerla.

¿Cómo pues deben ser mis pastores, mis sacerdotes y mis fieles? ¿Pero hay algo más limpio y más claro en mi Evangelio? Sin embargo no ven, oscurecidos por la soberbia o por una y la otra de las dos concupiscencias.

Vengo a la luz de esta vida terrena; mis Ángeles no van a comunicarlo a los poderosos y a los ricos      de la tierra, sino a los pastores, gente humilde y casta, gente justa y honesta.

Los pastores vienen a ofrecerme su saludo, a darme su amor.

Nacido en acto de infinita humildad, alrededor mío he querido a los simples, a los humildes y a los puros de corazón. Así quiero a mis obispos, a mis sacerdotes, a mis fieles, y así serán en la Iglesia purificada.

Mi Padre me ha dado a José como Padre legal, el hombre justo.

¿Qué quiere decir hombre justo? Hombre santo que practica la justicia, hombre humilde, hombre puro.

Pero si los obispos y mis sacerdotes quisieran reflexionar un poco, deberían entender claramente lo que Dios quiere de ellos.

 

Simplicidad y pureza

 

No hablo de mi Madre, Reina de todas las virtudes, de mi Madre que única entre todas las mujeres, y bendita entre todas, fue hecha partícipe (en el modo precisado en mensajes anteriores) de mi Sacerdocio. Ella es por tanto modelo de todas las virtudes para obispos y sacerdotes.

¡Como fue mi Madre, así deberían serían ser todos mis obispos y mis sacerdotes!

Bastaría meditar para aprender.

Entre mis Apóstoles hubo uno particularmente predilecto, Juan. Tuvo las confidencias de mi Corazón misericordioso. La humildad, la simplicidad y la pureza de Juan raptaron mi Corazón.

Entre mis apóstoles otro de corazón soberbio y de espíritu impuro, a pesar de mi Misericordia acabó desesperado en el Infierno. No quiso acoger los impulsos de mi amor y de mi misericordia sino que escuchó la voz insidiosa de las más torpes pasiones.

Y luego, ¿quiénes fueron los santos? Fueron mis verdaderos amigos.

Podría continuar citando mis enseñanzas con relación a esto, para traer a tu memoria hechos y ejemplos pero considero esto suficiente.

Te bendigo, hijo mío. Ofréceme tus sufrimientos para unirlos a los míos para que se haga luz en el espíritu de quien vive en las tinieblas.

 

25 de noviembre de 1975

 

LA FLOR MÁS BELLA

 

¿Cuál es la flor más bella del Paraíso y de la tierra?

¿Cuál es, hijo mío, la obra más bella de la Creación?

¿Cuál es, hijo mío, lo que mayormente es querido a la Trinidad Divina?

Es el Corazón Inmaculado de mi Madre y vuestra Madre, objeto del amor eterno de Dios, Uno y Trino.

Pues bien, de lo que le es más querido a su Corazón, Dios ha querido hacer don a vosotros.

Flor estupenda y fragante, tiene en sí los perfumes de todas las virtudes, flor que no tiene competencia ni en el Cielo ni en la tierra, tanto se separa por su belleza de los Ángeles y de todas las criaturas de la tierra.

Dios la ha mirado a Ella desde siempre, Dios la ha amado y la ha hecho objeto de sus complacencias desde siempre; Dios la ha querido junto a Él para la realización de su infinito proyecto de amor. La ha hecho Corredentora, Madre, Reina, la ha hecho poderosa.

Ante Ella se someten las jerarquías angélicas y las generaciones humanas la llaman Bienaventurada.

Dios ha amado a los hombres hasta el punto de dar por ellos a su Hijo y después del Hijo, la Madre. Pero los hombres no siempre han demostrado y demuestran haber entendido el don de Dios.

Flor hecha de candor inmaculado, de pureza, de amor, de generosidad. Flor única en el Cielo y en la tierra, nunca habrá otra igual. Ella es la verdadera obra maestra de Dios, comparada con la cual todo está descolorido y todo es poco.

Pues bien, esta Madre tiene una capacidad de amor que no tiene límites. Los que no admiten esto, porque dicen que no creen en las numerosas intervenciones de Mi Madre en favor de la Humanidad peregrinante en la tierra, no saben lo que es el amor; su corazón es árido, su mente está oscurecida hasta el punto de no ver.

 

No conocéis el Amor

 

Ya te dije que fe, esperanza y amor no pueden estar nunca separadas; son (un poco como las Personas de la Santísima Trinidad) distintas pero unidas por ser una en tres. ¿Cómo podría ser de otra manera? Son virtudes sobrenaturales participadas al alma de todo cristiano por Dios mismo, por lo que el cristiano se hace hijo de Dios, partícipe de Su naturaleza y por tanto semejante a Dios.

Pobres hijos míos, pobres sacerdotes qué mísera vida es la vuestra ¡no conocéis el amor! Qué triste vida es la vuestra; ¡no conocéis la causa motriz de la alegría, de la esperanza! No conocéis la fuerza que hace vencer las pruebas y las dificultades; ¡qué corrupta naturaleza es la vuestra!

Mundo y Demonio ponen continuamente obstáculos en vuestro camino; por eso estáis frecuentemente por los suelos. ¿Porqué estáis intranquilos y rebeldes? Porque donde no hay amor hay resentimiento que degenera, aún en ministros míos, no pocas veces en odio.

No hijos, no hay zonas neutrales o se está en el área del amor infinito de Dios o se está en el área del Enemigo de Dios y del hombre, es decir de Satanás.

Por lo tanto, no creer o incluso sólo dudar de las numerosas intervenciones mías y de mi Madre en favor de la Humanidad (intervenciones siempre realizadas según la necesidad de los tiempos) es como negar la esencia de Dios que es amor, y la realidad de la Flor más bella de la tierra y del cielo, que es el Corazón Inmaculado de mi Madre.

El amor tiende necesariamente al objeto amado, el amor se vuelca sobre el objeto amado. No entender esto es no entender la naturaleza del amor.

Ya he lamentado el comportamiento de la Jerarquía sobre este punto al que no se le ha dado la necesaria importancia. No se ha indagado suficiente ni objetivamente. Los juicios dados por muchos Obispos han estado condicionados por miedos, por temores personales, el miedo a comprometerse etc.. No se ha buscado la verdad, sólo la verdad, despojándola de todo elemento extraño. Siempre el terrible yo aflora en todas las acciones, el miedo a la responsabilidad; en fin, ellos mismos primero, los intereses de Dios y de las almas después...

¡Cuánto tiempo perdido, cuántas almas obstaculizadas, cuántas condenas injustas! ¡De cuánto bien han sido privadas tantas almas! Es tremenda la responsabilidad de los que tienen autoridad de indagar, de juzgar con verdad y justicia y no con cobardía e injusticia. Con mentira se comportan cuando anteponen su propia persona a los verdaderos intereses de Dios. Con injusticia se causa daño a las almas con injustas condenas.

 

Amor sin medida

 

Hijo, quisiera hacerte comprender con una comparación el grandioso plan de amor de tu Señor:

Imagina unos padres que tienen un único hijo al que aman locamente y forma el objeto, la finalidad de su vida. Pues bien, un día se les pide dar ese hijo para salvar de la muerte a otras muchas criaturas humanas.

Estos padres aun amando con un amor indescriptible al hijo, firman ellos mismos su muerte. El hijo, que a su vez ama desmesuradamente a sus padres, consiente sacrificarse por tantos hermanos suyos. Amor sin medida del padre y de la madre por el hijo, amor sin medida del padre y de la madre por los condenados a morir sin el sacrificio del hijo, amor sin medida del hijo por sus padres y por sus hermanos menores que salvar.

El Amor tiende a dar y a darse, Dios ama infinitamente al Hijo y lo da por la salvación de la Humanidad, el Hijo ama infinitamente al Padre y acepta morir por la humanidad.

El Padre celestial y la Virgen aman respectivamente a su Hijo y lo dan por la salvación de los hombres.

El amor del Hijo por el Padre celestial y por los hombres se encuentra en su Corazón misericordioso así como el amor de mi Madre y vuestra por Dios Uno y Trino y por vosotros se encuentra en su Corazón Inmaculado. Pero ¿qué saben de este misterio de amor mis incrédulos sacerdotes?

¡He aquí su aridez espiritual, he aquí porqué no quieren sufrir! El sufrimiento es el alma del amor...

Esto sí lo han entendido las almas víctimas. Pero los sacerdotes ¿qué saben de esto y qué cosa tienen para dar a las almas si están privados del amor?

¿Qué cosa tienen para dar sino a sí mismos? He aquí porqué se buscan siempre a sí mismos, aunque hablan hipócritamente con palabras de amor. Sus palabras rebuscadas serán siempre frías y privadas de cualquier fuerza de penetración. Son unos mercenarios que no hacen nada sin contentarse a sí mismos, que no saben qué cosa quiere decir adecuarse a la voluntad divina, ya que esto exige amor.

Son egoístas. Por fuerza: son orgullo, por lo tanto egoísmo; son mercenarios que en un mañana próximo, cuando los lobos entren en medio de la grey para descuartizar a las ovejas, huirán a millares, dejando detrás de sí sólo ruinas.

Traicionarán a Dios y a los hermanos; no verán sino a sí mismos.

¿Cómo podrían amar si nunca han conocido el amor? Y esto es por culpa de ellos, hijo, por su culpa, porque han dejado caer en el vacío los impulsos de mi Gracia.

Qué tremenda visión, qué zona oscura son estos sacerdotes míos, hijos de mi Iglesia. ¡Cuánto frío y hielo en torno a ellos!

"Qui non diligit manet in morte"[26]. Están sí, en la muerte porque el alma sin amor esta muerta; están en la oscuridad tanto por no ver, como por no creer lo que las almas simples ven y creen; son peso muerto para mi Iglesia, son miembros gangrenados de mi Cuerpo Místico, son un sufrimiento y un daño incalculable para ellos y para las almas. Son sarmientos separados de la vid, son como la higuera maldita que producía sólo hojas y nunca frutos.

¡Pobres hijos! Orgullo y presunción los han hecho perder el camino firme, son incapaces de ascender hacia las conquistas del bien, no tienen la fuerza de subir a la cumbre de la Santa Montaña.

Es necesario despertarlos de ese sueño de muerte por el que están atenazados.

¿Cómo, oh Señor?

“Hijo mío, lo sabes: ¡humildad, oración, y sufrimiento!

Con la humildad se abate la soberbia, con el sufrimiento se enciende el fuego, con la oración se constriñe a Dios a la Piedad y a la Misericordia.

Hijo, he aquí porqué quiero que los Obispos intenten dar vida en las Parroquias a la institución de mis amigos, a la "Pía Unión Amigos de Jesús Eucaristía”. Deben comprender que ésta es una cuestión de fe y de amor. Es mucho más importante que tantas otras actividades encender el fuego del amor, encender los braseros de fe y de caridad.

En todas partes es posible, no importa el número de los que se adhieran, importa que en todas las parroquias, los amigos de Mí presente en el Misterio de la fe y del amor, se conviertan en mis aliados para salvar a las almas en peligro.

Es necesario para que en la hora de las tinieblas que se avecina, las almas de los fieles sepan dónde pueden templarse y alimentarse y tengan un punto seguro para no perderse en la oscuridad de la noche.

Cuesta poco, por eso háganlo mientras tienen tiempo. Ahora basta hijo, quien tenga oídos para oír que oiga.

Te bendigo, ofréceme tus sufrimientos, estáte Conmigo. Esta noche te has desvelado y me has consolado con tu amor.

 

26 de noviembre de 1975

 

EL ENEMIGO CON EL QUE HAY QUE ENFRENTARSE

 

Yo, Verbo Eterno de Dios, Palabra del Padre, he hablado a los hombres, he anunciado la verdad.

La verdad irradia luz y había necesidad de luz porque las sombras de la muerte habían bajado sobre la humanidad culpable, envolviéndola y aprisionándola como en una mordaza tremenda y venenosa.

La lucha ha tenido inicio pronto. Es la lucha entre luz y tinieblas entre verdad y mentira, entre vida y muerte. Los primeros padres culpables, corren a ocultarse entre la espesura de la vegetación, tienen miedo; sienten la necesidad de cubrirse, tienen vergüenza, advierten los primeros efectos de su culpa.

Pero Yo, Palabra de Dios, Luz del mundo, irradié verdad y luz sobre los progenitores envueltos en tinieblas de muerte, y obtenida su confesión, anuncié la victoria por medio de María: "Has insidiado a la mujer, la mujer te aplastará la cabeza, te arrastrarás sobre la tierra, morderás el polvo y serás maldita entre los animales que pueblan la tierra".

He aquí la guerra en el mundo, he aquí el inicio del duelo sin descanso ni tregua que tendrá su epílogo al final de los tiempos con el Juicio Universal. Aquel será el gran día que consagrará con el sello divino la gran victoria de Mí, Palabra de Dios y Luz del mundo, sobre la mentira.

Vosotros, hijos míos, desde la creación y caída del hombre hasta hoy, no habéis comprendido aún que toda la historia de la humanidad se centra en esta guerra. He dicho: toda la historia de la humanidad. Todos los esfuerzos de las tenebrosas potencias del mal consisten concretamente en esto: desviar del espíritu humano la real visión de esta lucha dramática lucha sin tregua entre Mí, Palabra de Dios hecha Carne, y Satanás con sus legiones.

Toda la historia del Misterio de la Salvación se emperna aquí. La historia del Cuerpo Místico se centra aquí. La historia de la humanidad tiene aquí su razón de ser. Pero ¡que todo esto no sea comprendido por muchos Obispos y por muchos, muchos sacerdotes es paradójico!

 He aquí porqué hemos llegado a esta catastrófica situación. Si los que debieran vigilar no conocen el peligro del que cuidarse ¿a qué cosa se reduce su vigilancia?

 Si los que deben guiar no conocen el camino justo ¿qué guías son?

 Si los que deben combatir no usan las armas adecuadas para vencer están destinados a la derrota.  Así fue al principio, Adán y Eva tenían fuerza y poder en abundancia para vencer la trampa del enemigo, pero eran inexpertos en el modo de defenderse contra el ardid de la mentira, que ellos no conocían.

 

No podéis ignorar

 

Mucho más grave es para vosotros que no podéis ignorar, después de siglos y siglos de esta lucha, de qué carácter es el enemigo al que debéis enfrentaros.

Adán y Eva buscaron una justificación a su culpa; la achacaron al tentador tratando después de haber pecado, de descargar la culpa sobre el adversario.

Así harán muchos obispos y muchos sacerdotes en su vana tentativa de alejar de ellos la responsabilidad. Han tenido y tienen miedo de tomar su responsabilidad. Motivos de prestigio personal les ha hecho ceder al Enemigo, y esto infinidad de veces; primero el prestigio personal, primero la dignidad...

Hechos globos suspendidos en el aire en nombre del prestigio han venido a menos en sus compromisos que debían tener el primer puesto.

Han cedido al respeto humano y a otras mezquindades indignas de un pastor de almas.

¡Han sido los primeros en no usar las armas apropiadas! Humildad, pobreza, sufrimiento, oración... ¿Cómo podrían usarlas los otros? Dirán que han rezado. Pero la oración debía tener el primer lugar y el mayor tiempo, en realidad ha sido relegada al último puesto.

He invitado a sacerdotes y obispos a una confrontación, háganlo antes de que sea demasiado tarde, una confrontación entre su vida y mi vida en la tierra, entre el camino recorrido por ellos y mi camino.      Ahí podrán ver sin peligro de engañarse, la realidad.

Si en verdad tuvieran el valor, debería salir de esta leal comparación todo el pus que tienen dentro.

¿No valen los ejemplos de los grandes obispos? ¿Y para los sacerdotes el Santo Cura de Ars no dice nada? Negado y despreciado pasaba horas y horas orando, pero la Gracia divina en él era tal que convertía hasta las piedras.

No debéis vosotros adaptaros a los tiempos, sino que los tiempos deben adaptarse a vosotros. ¡Qué responsabilidad el haber abdicado de la lucha! Si vosotros sois obispos y sacerdotes, lo sois en virtud de esta lucha. Sin esta lucha no tendríais razón de ser. Y muchos lo ignoran.

Hijo, te bendigo, no temas, mírame y ¡adelante en tu camino hasta el gran encuentro! Entonces las espinas se convertirán en rosas maravillosas desconocidas en la tierra del exilio.

 

27 de noviembre de l975

 

NO ESTAMOS LEJOS

 

Hijo, me has manifestado tu deseo de conocer y comunicarte con el santo Mártir Octavio, aquí está:

“Soy San Octavio, Mártir romano. Quiero sepas que en el Paraíso no se vive una vida de inercia sino una vida intensamente activa.

En el Paraíso se tiene la plenitud de la vida. Entra dentro de lo normal el deseo de comunicarse entre nosotros; el Cuerpo es único, una sola es la Cabeza; también las actividades, mientras los peregrinos en la tierra no se desvíen en cosas dañinas al cuerpo entero y lesivas de los derechos de todos los miembros, ante todo los de la Cabeza.

Hermano mío, no te ha faltado jamás, desde tu nacimiento y no te faltará hasta el fin de tus días terrenos, la asistencia y ayuda que se nos ha consentido.

Mucho más grande habría sido si más intenso hubiera sido tu deseo de recibirlas y más frecuente tu requerimiento. La Bondad Divina nos ha concedido el encuentro, entonces pongámonos de acuerdo para una colaboración recíproca más fecunda. Es alegría para la Bondad divina y gozo para nosotros, hermano mío, volver nuestras relaciones más íntimas, hacerlas más frecuentes, más confidenciales y sobre todo más fecundas de bien.

¡No estamos lejanos de vosotros, hermano¡ Es un error el pensarlo, somos miembros libres e inteligentes del mismo Cuerpo. La misma Vida divina nos alimenta a nosotros y a vosotros. Es sólo que nosotros os amamos mucho y vosotros nos amáis mucho menos, nos amáis tan poco que os olvidáis de nosotros.

 

La comunión de los santos

 

Pero tú sabes, hermano, que el amor tiende necesariamente a la unión, a la unión perfecta. ¿Cómo se puede volverla fácilmente realizable? No puede realizarse si el amor es unilateral.

¡Hermano mío, dilo a todos que el bien en la tierra podría ser inmenso, incalculable si vosotros, todavía peregrinos, vivierais como nosotros ardientemente deseamos vivir (y lo vivimos en la medida que vosotros lo consentís) el dogma de la Comunión de los Santos!

En el Paraíso no se puede uno entristecer por nada, de otra manera no sería felicidad perfecta, pero si algo nos pudiera entristecer sería ciertamente esto, el haber perdido inmensas posibilidades de bien y haber descuidado una fuente maravillosa de recursos Espirituales y también materiales para el bien personal y social de la Iglesia.

Por bondad divina nos sea concedido encontrarnos y comunicarnos con mayor frecuencia para honor y gloria de nuestro tres veces Santo Dios, Uno y Trino.

 

27 de noviembre de 1975

 

PEQUEÑAS Y GRANDES COSAS

 

Jesús, antes de darme su bendición como suele cada noche, me ha dicho:

Hijo, ámame, acuérdate que ante Mí nada es grande ni nada es pequeño. Acuérdate que es precisamente en las pequeñas cosas, en las cosas más diminutas donde se demuestra el amarme y amarme ardientemente.

...Aquella sonrisa dada a una persona que te molesta, aquel acto de humildad hecho en el momento justo, aquel acto prontamente retirado, aquella generosidad en responder a los impulsos de mi gracia, aquella puntualidad en el trato con terceros, ese saber escuchar (y podía continuar todavía), son pequeñas y grandes cosas que enriquecen la nobleza del espíritu.

Ellas me dan alegría y son testimonios de un auténtico amor.

Hijo mío, quiero que me ames así. Así harás feliz a tu Jesús.

Quien me es fiel en lo poco, me es y me será fiel en lo mucho.

                                                                                             

28 de noviembre de 1975

 

OBRA MAESTRA DE LA TRINIDAD

 

Hijo mío, escribe:

Te he dicho ya cómo quiero a mis sacerdotes aunque me he limitado a las cosas principales.

Ahora quisiera hacerte comprender cómo al sacerdote sensible y atento a las llamadas de la gracia, lo quiero plasmar, naturalmente no sin su consentimiento.

A veces me basta con que no ponga obstáculos a la obra de mi cincel, obra que no sólo enriquece al sacerdote de méritos y de virtudes, sino que lo hace una obra maestra de la divina Trinidad.

De él se deleita el Padre, de él se goza el Espíritu Santo, quien se servirá de sus labios para manifestar la sabiduría que irradiará luz en las almas.

De él está contento su Jesús, que hará de él una cascada de gracias que penetrará las almas con las que esté en contacto.

De él Jesús hará otro Sí mismo, que pasará por el mundo atrayendo hacia sí con la fuerza de la oración, con la potencia del sufrimiento. Como Yo, triunfará en las humillaciones y en las incomprensiones de aquellos que lo rodean.

Hijo, el sacerdote que Yo quiero debe estar atento a mis palabras. El sacerdote que Yo quiero debe estar atento hacia Mí en la donación de todo él mismo a Mí y a los hermanos, como Yo me he dado todo al Padre y todo a vosotros.

El sacerdote, según mi ejemplo, debe ser el hombre de la oración.

 

Árido desierto

 

Hijo mío ¡qué vuelco de situación en mi Iglesia! No se reza o se reza mal, es una oración material.

Por esto no hay más vocaciones. Cómo podría Yo suscitar vocaciones para hacer de ellos no sacerdotes, sino servidores de Satanás, porque ésta es la realidad; muchos sacerdotes en vez de ser mis ministros se han puesto al servicio del Demonio.

Mis verdaderos sacerdotes saben bien que a la oración se le debe dedicar un tiempo considerable; es solamente con la oración y con el sufrimiento, hoy aborrecido, con lo que el sacerdote se vuelve fuerte por la misma fortaleza mía.

El sacerdote que quiero Yo, vive de fe. Es imposible que un sacerdote no sea el hombre de la fe.

¿Pero crees tú que tuviesen fe los que me han abandonado para correr tras los fatuos placeres del mundo? ¿Crees tú que tienen una gran fe todos los que han quedado? No, por desgracia...

¡Qué horrorosa aflicción, qué árido desierto ha creado el Enemigo en mi Iglesia!

El sacerdote que Yo quiero, el sacerdote de la Iglesia purificada para una nueva vida, debe tener en sí, también el fuego del amor. ¿No he venido a la tierra para encender el fuego y qué quiero sino que el fuego arda y se inflame hasta crear un gran incendio? Sin embargo los corazones de algunos pastores y de muchos sacerdotes están hinchados de soberbia y por lo tanto de egoísmo.

El verdadero sacerdote me anhela día y noche a Mí, como el ciervo sediento anhela aguas frescas y limpias.

¿Crees tú que me buscan tantos sacerdotes de esta generación? No, hijo mío, desean el coche, sueñan con el matrimonio, aman los salones, los lugares públicos, algunos incluso los cafés, aman las películas hasta inmorales, se pegan a la televisión.

Algunos tienen corazón para todas las vanidades y comodidades, menos para su Dios. En vez de ¡Dios sobre todas las cosas! ¡Todas las cosas sobre Dios!...

 

No tienen el valor

 

¿Y los Obispos? Algunos de ellos duermen. Si saben, no tienen el valor de echar mano a la segur, y entonces buscan nuevos medios, nuevos caminos. Nuevos caminos no existen, como tampoco existen otros medios fuera de los indicados por Mí, frutos de mi Redención.

Los Obispos, en nombre de la prudencia, continúan cometiendo imprudencias. ¡Cuántas han cometido, con daño gravísimo para las almas y para la Iglesia a la que han sido llamados a presidir!

En nombre de la prudencia duermen porque, en muchos casos, son los miedosos que fingen un amor y un cuidado que no tienen, y una paternidad que, en no pocos casos, no es sincera.

Hay quien obra por cálculo; pero el amor no hace cálculos, el amor marcha en otra dirección,  el amor todo lo supera, todo lo vence y no se pierde en tonterías. El amor es fuego que arde, que quema, que no se detiene.

Lean bien a San Pablo sobre este punto y muchos de ellos deberán admitir que marchan por un camino opuesto, o casi, al indicado por el Apóstol.

Te he dicho, en mensajes anteriores, que Yo quiero a mis sacerdotes santos; ahora te he especificado mejor lo que el sacerdote debe y lo que no debe ser para llegar a ser santo.

Te bendigo, hijo mío. Reza y sufre por la conversión de los sacerdotes.

 

2 de diciembre de 1975

 

EL PROGRESO MODERNO ES PAGANISMO

 

Hijo mío, escribe:

El progreso moderno es arma mortífera con la que Satanás aleja almas y almas de las fuentes de agua viva, para llevarlas a un desierto y luego abandonarlas para que mueran de sed.

Quien debía poner en guardia a las almas de los bautizados de este grave peligro, se ha dejado deslumbrar también.

Sin oponer resistencia ni advertir a la grey del gravísimo peligro hacia el que iban al encuentro, ha seguido al Enemigo, que así ha podido alejar de la luz de la fe grey y pastores.

Demostrarte cuán cierto es esto, me parece superfluo; ¿quién no ve hoy profanada y desencuadernada la familia?

¿Quién no ve hoy la escuela, de santuario transformada en una fosa infernal, donde con el pretexto del progreso y de la evolución de los tiempos, los niños son iniciados oficialmente en el pecado?

¿Quién no ve cómo el cine y la televisión se han convertido en cátedras con millones y millones de alumnos que absorben ávidamente lecciones de violencia, crimen, adulterio?

Son cátedras en las que el veneno del ateísmo es inculcado a todas horas del día y de la noche con noticieros embusteros, con películas exaltando el divorcio y el aborto; con canciones insinuando el amor libre, la sensualidad. La inmodestia es exaltada y glorificada a través del nudismo, la inmoralidad de las costumbres. La difusión de errores de todo género es cotidianamente acogida como una conquista de libertad.

 

En nombre de la libertad

 

En nombre de la libertad se mata, en nombre de la libertad se corrompe, en nombre de la libertad se llevan a cabo las más perversas empresas.

No te hablo de lo que sucede en villas, en casas particulares, en lugares públicos; toda aberración, toda perversión e iniquidad es consumada. Aquí Satanás desfoga todo su odio contra la naturaleza humana, degradándola, destruyendo en ella todo pudor y sentido de dignidad, pisoteándola, humillándola en todas las formas consentidas por su astucia degradada.

¿Qué decir de la prensa, otra jactancia del progreso?

También ella es un medio de comunicación domesticado al servicio del mal.

La prensa buena tiene una acogida muy fría y mucho menos amplia que la prensa mala. Mira los diarios: están pasando en buena parte al servicio del ateísmo. Este seudo-progreso, (progreso material pero impresionante retroceso moral y espiritual) ha sido aceptado sin reacción, sin embargo es evidente en él la presencia soberbia del Maligno, que ha hecho de ello un arma para matar a Dios en las almas.

No sólo no se ha reaccionado, sino que no pocos lo han exaltado y muchos hombres que debían, unidos, poner un dique a esta invasión satánica la han seguido.

He aquí entonces que mis ejemplos y mis enseñanzas están en perfecto contraste con los principios y costumbres de esta civilización del pecado.

De aquí el celo desenfrenado, por conciliar lo irreconciliable, de muchos ministros y pastores míos que, quieren cambiar y reformar todo. He aquí la lluvia de innovaciones que, según ellos, deberían hacer posible servir a dos amos a la vez. Quisieran fundir juntos luz y tinieblas, volver lícito lo ilícito, aumentando los escándalos, heridas y divisiones en mi Iglesia.

Estos innovadores han olvidado lo verdaderamente importante: renovarse a sí mismos. Ellos, una vez renovados habrían podido proceder, con sabiduría, a una sensata actualización, a una útil reforma.

 

Para salvar a las almas

 

Los que hoy se aferran a mi misericordia, tendrían razón, si no olvidaran cosas de capital importancia:

— Vale el alma más que el cuerpo, ¿sí o no?.

— Si es sí, ¿sería misericordia, dejar que se perdieran las almas, por salvar los cuerpos?

Yo no soy el Dios de la venganza, sino que soy el Amor infinito y eterno, es decir desde la eternidad Yo os amo infinitamente a vosotros.

Yo no quiero la ruina de los hombres sino que, porque soy Amor, quiero su salvación, la salvación eterna. Vosotros me habéis abandonado, me habéis pospuesto a vuestra civilización pagana que habéis aceptado y con la que habéis pactado, rebajándoos a los más indignos compromisos.

Ahora comenzáis a vislumbrar confusamente el abismo que hay bajo vuestros pies y apeláis a mi misericordia. Será precisamente mi misericordia la que impedirá a la almas continuar perdiéndose, sometiendo la cercana hora de la justicia a la misericordia, por lo que mi Iglesia, nacida a vida nueva llevará a cabo los fines para los que Yo la he querido.

Estás cansado y no te sientes bien hijo mío; por esta noche basta. Te bendigo. Ámame.

 

3 de diciembre de 1975

 

SE HAN PASADO AL ENEMIGO

 

Escribe, hijo mío:

Yo, Jesús, Verbo de Dios hecho Carne, veo hoy a mi Iglesia en un modo muy diverso a aquel en el que Yo la he estructurado al principio.

¿Qué ha quedado de la estructura verdadera, genuina? Casi no la reconozco ya...

¿Son los Obispos de hoy los Apóstoles de ayer? ¿Están guiados por el mismo celo desinteresado de los primeros tiempos? ¿Es el mismo espíritu de humildad y de pobreza el que los guía? ¿Los sacerdotes de hoy son semejantes a los discípulos de ayer? No, hijo mío.

No quiero decir que también al inicio no hayan faltado los débiles y los desertores, pero el espíritu de los buenos era el espíritu de Dios. La fe que los animaba, la esperanza que los sostenía era de Dios, la caridad que los unía era caridad verdadera, tanto que los paganos observando el espíritu que los animaba decían: "mirad cómo se aman" y eran atraídos hacia ellos.

Hoy, hijo mío, las cosas son bien diversas. Siempre hecha la excepción de los pocos verdaderamente buenos y santos, ni siquiera los Obispos aman con la verdadera caridad de Cristo a sus sacerdotes, untuosos exteriormente, pero interiormente fríos, como el metal.

Luego entre los sacerdotes, el amor fraterno está hecho a menudo de palabras vacías; impera la malevolencia más que la fraternidad.

Siempre dispuestos a aliarse con cualquiera con tal de atacar a un hermano, siempre dispuestos a transformarse era abogados defensores de Dios contra otro Sacerdote. No hablemos luego de las envidias, celos y resentimiento que hierven a continuación en la olla del Demonio, con maledicencia y hasta con calumnias con las que Satanás riega la Iglesia de nuestros días.

Te recuerdo también las lesiones inferidas a mi Cuerpo Místico por los pecados contra el sexto y noveno Mandamiento.

Los sacrilegios son incontables, y se consuman con una indiferencia que tal vez ni Judas conoció. En un reciente mensaje aludía al pus que se ha acumulado en el interior de mi Cuerpo Místico.

Oh, si se pudiera sajar Mi Cuerpo Místico como se corta el cuerpo físico, el pus saldría fuera con gran violencia.

No puedo permitir, hijo, que las almas continúen precipitándose en el Infierno.

¡No puedo estar pasivo mientras es inútil para muchísimas almas mi Sufrimiento infinito, inútil Mi Sangre, inútil mi misma muerte!

La Misericordia infinita reclama la hora de la Justicia contra la injusticia perpetrada por Satanás, homicida y ladrón, con la libre alianza y colaboración de personas que voluntariamente obran para la perdición de las almas que desde la eternidad Yo amo.

 

Tremenda responsabilidad

 

Hijo mío, si Yo te hiciera ver la tremenda responsabilidad de los Consagrados en esta obra de ruina, de tormento y de laceración de las almas en combinación con las fuerzas del Infierno, tú no podrías sobrevivir ni un instante...

Quiero que se sepa por todos que, persistiendo el mal moral y espiritual en mi Iglesia, la hora de la purificación no podrá ser prorrogada ni siquiera por las súplicas de mi Madre y por los sufrimientos de las almas víctimas, aun siendo tan eficaces.

La salvación de las almas es cosa de tal manera grande que a ella ninguna otra cosa debe ser antepuesta. Dios ve lo que vosotros no podéis ver.

La misericordia de Dios, la paciencia de Dios, la longanimidad de Dios son mucho más grandes que toda vuestra imaginación, pero no pueden tolerar más allá el estrago de almas perpetrado día y noche por el pecado

Hijo mío, ¿hasta cuándo los hombres, tan lentos para comprender, se darán cuenta de la futilidad de todas las cosas en las que malgastan tiempo y energías?

Aquí no hablo de los alejados, sino de los que incluso se dicen mis seguidores pero en su gran mayoría colocan Dios y el alma en el último lugar. Por Dios y por su alma jamás harían los sacrificios que hacen diariamente por los caprichos de su cuerpo del que se han hecho un ídolo. Piensa tú de los otros qué puedo esperar...

Pero lo que me causa más dolor es que mis centinelas, es decir mis consagrados, en buen número se han pasado al Enemigo.

Vosotros, os lo repito, afortunadamente no veis lo que Yo veo.

Veo todo, también los pensamientos más escondidos. Vosotros nunca podréis comprender la infinita tristeza de mi Corazón misericordioso y la tristeza del Corazón Inmaculado de mi Madre.

Se continúa transitando los senderos tortuosos de la hipocresía, y no se quiere por los más, acometer la vía maestra de la Cruz y de la oración.

Por ahora basta. Te bendigo; ofréceme tus sufrimientos. Ahora son grandes, pero sólo ofreciéndolos con amor, es como das alegría a Mi Corazón.

                                                          

3 de diciembre de 1975

 

SED PERSEVERANTES

 

Pido la bendición particular sobre los Reverendos Párrocos y Sacerdotes y para los adheridos de la Pía Unión que mañana, 4 de diciembre de 1975, primer jueves de mes, inician la adoración a Jesús, como Él mismo ha deseado ardientemente.[27]

 

Escribe:

“Hijos, mis delicias, mi alegría es estar con vosotros.

Desde la Eternidad os he amado; desde siempre sois el objeto de mi Amor. Por esto os he querido aquí, os quiero aquí ahora y también en el futuro. Soy olvidado por muchos, por muchos soy ofendido, insultado, traicionado, traspasado...

Mi amor no encuentra correspondencia adecuada y Yo, Dios, la busco en vosotros que habéis respondido sí a mi invitación.

Si también vosotros me amáis como Yo os amo, se establecerán nuevas relaciones de amistad entre Mi y vosotros.

Mi amistad, que Yo os ofrezco, Yo Dios, vuestro Creador y vuestro Señor, vuestro Todo, Alfa y Omega, es lo más precioso y grande que os puedo dar.

Vosotros vendréis aquí, todos juntos, al menos una vez al mes para estar como se está entre amigos, vendréis aquí para rezar y reparar por aquellos que rechazan y repudian mi amistad.

Sed perseverantes; guardaos de las astucias del Enemigo que hará todo por obstaculizaros en vuestros propósitos de bien.

Venid con el corazón abierto y Yo lo llenaré de mis gracias y de mis dones.

Hijos, será hermoso el encontraros aquí con vuestro Jesús.

 

6 de diciembre de 1975

 

DA MIHI VIRTUTEM CONTRA HOSTES TUOS[28]

 

Hijo mío, estas son palabras que todo fiel mío, todo sacerdote mío no sólo debe pronunciar con los labios sino que debe pronunciarlas con el corazón y con la mente, en humildad de espíritu y simplicidad de fe.

No por nada estas palabras han sido puestas en los labios de los cristianos y en particular de mis sacerdotes. Además de ser una oración, son una advertencia de extraordinaria importancia, son una indicación de la misión específica del cristianismo como soldado de Cristo, en la incansable lucha contra las fuerzas tenebrosas del infierno, enemigas de Dios y de la salvación de las almas.

 

Amigos de Satanás

 

He hablado en anteriores mensajes de las múltiples contradicciones en mi Iglesia. He aquí una estridente: se reza, se pide fuerza, potencia contra un Enemigo en el que no se cree en absoluto, o poquísimo y al que luego se rechaza combatir en el modo más conforme.

Es como si soldados y oficiales pidieran las armas y obtenidas se negasen a usarlas. ¿No es ésta, hijo mío, una inexplicable e injustificable contradicción? Pero la contradicción asume aspectos todavía más absurdos ya que no sólo no se combate al más peligroso enemigo, sino que muy a menudo se le coadyuva, se le da ánimos en su acción devastadora en las almas. ¡Cuántos sacerdotes herejes, soberbios y rebeldes, cuántos cristianos infieles y blasfemos, amigos de Satanás más que de Dios!...

Yo he venido al mundo precisamente para recobrar, de las manos de Satanás y de sus legiones, lo que con el engaño y la mentira me habían sustraído. He combatido y vencido mi batalla con la humillación de la Encarnación, con la oración perseverante y con el infinito sufrimiento de mi Inmolación, las armas seguras para una infalible victoria sobre los enemigos de Dios y de las almas.

¿No he dicho claramente: “Quien quiera venir en pos de Mí, tome su cruz y sígame?”, en otras palabras ¿no he dicho claramente: “Quien quiera ser mi seguidor, haga lo que Yo he hecho primero?”

Ahora, hijo, te dejo a ti el juzgar si cristianos, sacerdotes y pastores hacen lo que Yo he hecho. No, hijo mío, son pocos, poquísimos hoy los dispuestos a seguirme en el camino del Calvario, llevando su corona de espinas.

Observa el enorme contraste entre mi vida y su vida, entre mi camino y su camino, entre mis obras y sus obras. Hasta se marcha en dirección opuesta.

Situación verdaderamente trágica y dramática, que no puede desembocar sino en la obra de la purificación. Increíble es la ceguera de los hombres y la dureza de sus corazones, inadmisible la conducta de mis cristianos, provocativo el tenor de vida de algunos de mis sacerdotes. No temen a Dios, no temen su justicia, perecerán y serán dispersados como polvo al viento. No Yo, sino su obstinación los perderá.

"Da mihi virtutem contra hostes tuos", a flor de labios, mientras en la realidad cotidiana de su vida favorecen, de hecho, los planes de devastación de las almas.

Se guardan bien estos sacerdotes míos de valerse del exorcismo, usando el poder a ellos conferido aún antes del Orden sagrado, sea porque no creen en ello, sea porque intuyen la inutilidad por el contraste de su vida con la del sacerdote fiel que hace del exorcismo un arma valiosísima para contener, limitar, neutralizar la jactanciosa arrogancia del Enemigo.

 

Oscuridad sobre el mundo

 

¡Oh, sí! Generación perversa e incrédula que todo problema lo reduce a un problema de bienestar material, desconociendo de hecho los valores espirituales de la vida humana, rebajando y anulando la dignidad del hombre, nivelándolo al rango de un animal cualquiera...

Hijo mío, qué oscuridad profunda se ha hecho en el mundo; ¡los hombres embrutecidos, mis ministros escarnio de los hombres y hazmerreír de las potencias del mal!

Lo que más entristece a mi Corazón misericordioso y al Corazón Inmaculado de mi Madre y vuestra, es que el amor sea repudiado, que la luz sea rechazada, que Dios sea combatido y se haga de todo para obstaculizar su plan de salvación.

Son mentiras en la boca de muchos las palabras: "Da mihi virtutem contra hostes tuos". Sí, es mentira que permite ver el abismo en el que se han precipitado, dejando caer en el vacío todas las llamadas (¡y han sido tantas!) para evitar a la humanidad la más tremenda desgracia de la historia. Pero los Enemigos no prevalecerán.

Mi Misericordia, jamás separada de mi Justicia, triunfará. Triunfará también mi Madre y vuestra, que hará huir las tinieblas que han descendido en el mundo, para devolver a la humanidad bien y justicia.

Bella será mi Iglesia purificada, regenerada a nueva vida. Tomará el lugar que le compete en el mundo, y que naciones y pueblos le reconocerán, de Maestra y de Guía de toda la gran familia de los hijos de Dios.

Te bendigo, te pido tu sufrimiento y tu amor.

 

7 de diciembre de 1975

 

ROSA MÍSTICA DEL CIELO

 

“Escribe hijo mío:

Hoy, 7 de diciembre, vigilia de la fiesta de la Inmaculada Concepción de mi Madre y vuestra Madre, fiesta grande en el Cielo y fiesta en la tierra, te quiero hablar de Ella, mística Rosa del cielo y de la tierra.

Te quiero hablar de Ella, la más bella flor de toda la creación, obra maestra de mi Sabiduría, de mi Potencia, de mi Amor.

Ya te he referido de esta flor, de su naturaleza, de su belleza única; no existe ni existirá otra en el tiempo ni en la eternidad.

Está hecha de candor inmaculado, está hecha de esplendor inigualable, está hecha de amor. Y por Mí, Dios Uno y Trino.

Yo soy el Lirio de los valles; ella ha raptado mi luz; Yo soy el Amor, ella ha raptado mi amor. María es candor, luz y amor, rosa mística.

En el centro de esta rosa mística está el amor. Como brasero ardiente irradia calor que se expande en el cielo y en la tierra, todo y a todos envuelve y compenetra de sí.

Ella es el gozo del Padre, su hija predilecta y más querida.

Ella es la Madre generosa que me da a Mí, Verbo, su humanidad, Ella es la esposa amada del Espíritu Santo que infunde en ella la abundancia infinita de sus dones.

Ella es la Rosa mística del Paraíso, de la tierra y del universo entero.

 

Está hecha de amor

 

Pero la rosa no tiene sólo la corola, la rosa tiene también su tallo, tiene sus hojitas que la adornan y completan su belleza, la rosa tiene sus colores estupendos.

La Rosa mística tiene en su centro los colores de las virtudes sobrenaturales, de la fe, de la esperanza y del amor; estos colores hacen gradación en matices hasta el amarillo oro de los bordes para significar que Ella no es sólo la mística rosa del Paraíso, sino también de la Iglesia sobre la tierra.

Las hojitas que la adornan son el símbolo de las virtudes cardinales y de las otras virtudes; el tallo robusto con agudas espinas simboliza la defensa contra cualquier tentativa de vejación por parte de sus Enemigos visibles e invisibles.

La Rosa mística tiene su perfume que envuelve a todas las almas que en Ella confían y que a Ella se abandonan.

El perfume, también él amigo, es protección segura contra los asaltos de las potencias del mal.

Mística Rosa, la flor más bella del cielo y de la tierra, nadie jamás te podrá desfigurar. Rosa mística, eres objeto de contante, inmutable amor de parte de Dios, y de la veneración de los Angeles y los Santos.

 

8 de diciembre de 1975

 

TODAVÍA HOY NO CREEN

 

Hijo mío, escribe:

Yo, Jesús, Unigénito Hijo de Dios, uno con el Padre y con el Espíritu Santo, en los tres años de mi vida pública muchas veces, con claridad y precisión, he manifestado a mis Apóstoles y Discípulos que era necesario que el grano de trigo fuese arrojado en tierra para pudrirse y poder dar frutos abundantes.

Pero ni los discípulos ni los Apóstoles quisieron comprender, a pesar de que mis palabras no se prestaban a equívocos. Nunca se convencieron de la razón de mi muerte ni de mi tremenda pasión; a pesar de las veces que les hablé de esto, sin velos.

Estaba realizando mi designio de amor por la salvación de los hombres (designio iniciado en la humillación y pobreza, en la obediencia y sufrimiento, en la oración continua) y ellos no entendieron porque no querían aceptar la hora tremenda de las tinieblas.

Era Yo el que preparaba el germinar de mi Iglesia en la persecución por parte de los grandes del pueblo, pero no conseguí la comprensión de mis predilectos. Era el Hombre-Dios y hacía milagros, pero no se me creía.

Se rebelaron en la hora oscura de mi Pasión y Muerte con obstinación ciega, con absurda testarudez.

Sólo una criatura estaba bien segura de la inevitable hora de las tinieblas que se cernía sobre el mundo: Mi Madre. Durante toda su vida tuvo traspasado su Corazón Inmaculado por la visión de mi Pasión y Muerte.

Hijo mío, hoy las cosas son las mismas de entonces, pero no se me debe imputar a Mí esta situación sino solamente a esta generación perversa que rechaza a Dios con el pecado de Satanás y que, impenitente, no cree en mis palabras.

¿No ha hablado Mi Madre con precisión, con claridad en Lourdes, en Fátima y en otros innumerables lugares? No han creído.

He hablado Yo y todavía no han creído. Hace dos mil años que el Grano debía morir para renacer como germen lozano y vital. La Cabeza de la naciente Iglesia debía inmolarse en la aniquilación para la Salvación común.

Allá fue la Cabeza se inmoló a Sí mismo para satisfacer la deuda impagable debida a la divina Justicia.

Hoy es el entero Cuerpo Místico que vuelto estéril, como la higuera maldita, por la infestación demoniaca del ateísmo, debe como el grano de trigo ser arrojado al seno de la tierra y morir para renacer a nueva y fecunda vida divina. Esto responde exactamente a exigencias irreversibles de mi Justicia y de mi Misericordia.

En verdad os digo que si no renacéis, no entraréis en el reino de los cielos. Acto de infinita misericordia y justicia es el misterio de mi Redención. Acto de misericordia y de justicia es la hora de la purificación.

 

La Redención está en curso

 

La Redención continúa, la Redención está en curso. Mi Misericordia exige vuestra salvación, Mi Justicia la satisfacción de las deudas contraídas por vosotros, mis miembros vivos, libres e inteligentes, capaces de querer o de rechazar el bien y el mal, por tanto, responsables de vuestras acciones.

No te turbes, hijo mío: la misericordia exige que todos sean advertidos, además de con llamadas interiores, también con las exteriores.

Quien quiera entender que entienda; pero el que obstinadamente, obcecado por la soberbia y el orgullo, quiera perecer como Satanás, que perezca.

¡Animo! Nada turbe tu espíritu, sea en un sentido o en otro. Yo premiaré tu docilidad y te protegeré, aunque no te ahorraré el sufrimiento.

¡Oh, ceguera y obstinación!

Oh, generación incrédula y perversa, ¿qué más podía hacer para sustraerte a la hora de la oscuridad, a la hora de muerte y de sangre que se avecina?

¿Qué más podía daros que lo que os he dado? ¡Os he dado mi Amor, mi Corazón abierto! ¡El amor de Mi Madre y vuestra!

Muchas veces Ella ha venido a la tierra para sacudiros de vuestro sopor, para haceros volver a las grandes realidades de la fe, para indicaros el camino maestro por recorrer.

 

Sanaré a mi Iglesia

 

Yo sanaré a los pueblos y a las naciones.

¡Yo sanaré a mi Iglesia!

No serán los teólogos muchos de los cuales, oscurecidos por la soberbia de Satanás, antes que luz se han vuelto tinieblas, acrecentando la confusión y la desorientación con sus aberrantes doctrinas.

Yo soy el Ser simplicísimo y todo lo que viene de Mí es simple mientras muchos de ellos son complicados.

Yo vuelvo simple lo que es complicado, ellos vuelven complicado lo que es simple.

No te maravilles si no aceptan estos mensajes, si desdeñosamente los rechazan. Jamás admitirán, como los doctores del templo, la verdad que no es la de ellos, porque ellos no son de la Verdad.

No te turbes.

Te bendigo. Dame a ti mismo, así como eres, con lo que tienes. Dame tus penas: las encerraré en mi Corazón misericordioso para devolvértelas en lluvia de gracias.

Ámame siempre.

 

12 de diciembre de 1975

 

LA VIRTUD DE LA PIEDAD

 

“Es decreto de la Divina Providencia el que los hombres peregrinantes sobre la tierra tengan que comunicarse con Dios Creador, Señor, Redentor y Santificador con signos y medios particulares.

 

Estos medios son variados pero todos responden al objeto. Dios en cambio puede comunicarse con vosotros también sin estos medios.

El uso de estos medios, que regulan vuestras relaciones con Dios Creador y Señor, se llama "piedad". La piedad es virtud de gran importancia porque sirve a las almas para elevarse a su Creador para alabarlo, darle gracias, glorificarlo, para expresarle a Él los propios sentimientos, para pedirle perdón de los pecados cometidos, para unirse a las voces de toda la Creación, para unirse al coro universal de todas la criaturas, animadas e inanimadas, en el himno de alabanza debido a Él, Alfa y Omega de todos y de todo.

Así pues la piedad debe ser virtud de todas las almas. Ay de aquellos que la destruyen en sí mismos; apagando en sí toda luz divina aislándose de Dios, permaneciendo como presa ansiada de Satanás.

Un hombre sin piedad es como un hombre privado de sus extremidades, que no puede dar y no puede recibir nada de nadie; el hombre sin piedad está mutilado en su libertad, condenado a ser esclavo de Satanás. En las manos de Satanás será instrumento de perdición.

 

Ya no rezan

 

De aquí brota la importancia de esta virtud fundamental que el ateísmo siempre ha tratado de destruir de todos modos y por todos los medios en millones y millones de almas.

Hoy el ateísmo puede jactarse con razón de haber destruido esta virtud en muchísimos cristianos, incluso en el alma de muchos sacerdotes, religiosos y religiosas que, deslumbrados por esta absurda civilización materialista, han apagado en sí mismos la fuente que alimentaba su vida interior, alma de toda actividad pastoral. Sin la piedad las almas se aridecen, transformando la Iglesia de jardín en desierto.

¡Cuántos son los sacerdotes que ya no rezan! ...

Nada de recitación del Oficio divino, nada de Rosario, "tabú bueno para otros tiempos", nada de meditación. En lugar de estas prácticas: radio, televisión, canciones, lecturas y todavía otras de las que es mejor callar.

Las luces de la fe, de la esperanza y del amor se han apagado y el proceso de desintegración de la vida divina está casi consumado.

Destronado Dios del espíritu, ha sustituido su puesto un mítico progreso social y una igualmente hipotética justicia social que jamás podrán realizar, pues está claro que ningún progreso y mucho menos ninguna justicia social es realizable sin la verdadera libertad, sin la ayuda de Dios.

 

Abrir los ojos

 

Hijo, mi Vicario en la tierra conoce y sigue la creciente fase de desintegración moral y espiritual de mi Cuerpo Místico y está afligido por ello. Sufre porque por muchos sacerdotes y hasta por algún obispo han quedado sin escuchar sus numerosas llamadas a la fe viva, a la verdadera piedad, única fuente de fecundidad espiritual.

No escuchando al Papa no se me escucha a Mí; ignorando al Papa se me ignora a Mí; no siguiendo al Papa no se me sigue a Mí.

¿Qué se espera todavía para sacudirse del letargo?

¿Qué se espera todavía para abrir los ojos a la realidad evidente?

¿Esperáis pasivamente ser sepultados bajo las ruinas?

Te he dicho, hijo, cómo quisiera en cada Comunidad Parroquial la Pía Unión de los Amigos del Santísimo Sacramento. Provee, sin perder tiempo, para hacer llegar a los Párrocos que conoces el estatuto que te he dado: será un encender de nuevo el fuego en muchas almas.

Reza, hijo mío, y haz rezar.

 

13 de diciembre de 1975

 

LA FORTALEZA INTERIOR

 

Escribe, hijo:

En un mensaje anterior te he hablado mucho de una virtud importante. Todas las virtudes son importantes, así como todos los miembros de un cuerpo, pero hay miembros de mayor importancia, otros de menor importancia.

La virtud de la que ahora tengo intención de hablarte es esa fortaleza interior de la que el cristiano tiene extrema necesidad, debiendo combatir durante toda su vida contra las fuerzas del Mal.

"Militia est vita hominis super terram"[29]. Es una verdad olvidada, tratada pálidamente al modo de todos los otros problemas eclesiales, mientras se debería hacer objeto particular de estudio y tomar medidas adecuadas para difundirla y protegerla de toda insidias del Enemigo.

A medida que el muchacho toma conciencia de las dificultades espirituales que encuentra para conservarse bueno y mantenerse fiel a Dios Creador, Redentor y Santificador, debe ser iluminado. Se le ayuda a entrenarse con la virtud de la fortaleza y a formarse una visión realista de la lucha como finalidad principal de su vida terrena para alcanzar la vida eterna.

Se le deben indicar las armas indispensables para la lucha, se le deben indicar los tiempos y los modos para el uso eficaz de estas armas.

Los hombres enseñan a los soldados de un modo mucho más estricto el uso de las armas; hacen efectuar maniobras y explican a los soldados cuándo, cómo y porqué se debe recurrir al uso de estas armas. Sólo en mi Iglesia, que no carece de las estructuras necesarias, no se ha comprendido la importancia de este problema central de la pastoral. Excepto esto, el resto es marginal, es marco, ¿para qué le sirve al hombre el resto si luego, al final perdiese su alma?

 

Depende la salvación

 

Toda la educación y formación de dar a los niños que, abriéndose a la vida encuentran las primeras dificultades, debe estar basada en estos puntos, de los que ya se ha hablado en los mensajes anteriores: Creación y caída del hombre; Encarnación - Pasión y Muerte de Mí, Verbo Eterno de Dios para la liberación de la humanidad; mi Redención, mi Cuerpo Místico salido de Mi Corazón abierto.

¿Por qué insisto tanto en estos puntos que forman la espina dorsal de la historia del género humano? Porque a estas realidades históricas está ligada la vida de todos los hombres.

Los hombres no pueden sustraerse a esta lucha, de cuya suerte depende o la salvación o la condenación eterna.

Ningún hombre en el mundo puede presumir de poder enfrentarse a un enemigo superior por naturaleza y por potencia, sin una ayuda adecuada que Yo he provisto dársela, al precio que bien conocéis.

Para esto he querido la Iglesia en el mundo. Su objeto no es sólo la de engendrar los hijos de Dios sino de todos los modos y con los medios que posee, Ella debe hacerlos crecer, nutrirlos y defenderlos.

Dado que la Iglesia no está formada sólo por la Jerarquía sino por todos los bautizados, he aquí que padres, educadores y sacerdotes tienen el gravísimo deber de comprometerse a fondo de esta pastoral, dirigida a hacer comprender a los hombres que es su deber combatir a Satanás que encarna el mal, en todo momento de su vida, usando las armas adecuadas y en el momento preciso.

Esta lucha debe tener para el cristiano la precedencia sobre todas las otras cosas; del resto está claro que todas las otras cosas valen sólo en la medida en que sirven al logro del fin de nuestra vida.

No debe nunca ser olvidado que Yo he hecho del cristiano un soldado, un combatiente. Fuertes en la fe, fuertes en la esperanza, fuertes en el amor, bien armados y equipados, podrán enfrentarse al Enemigo con la certeza de la victoria, como David que combatió y venció a Goliat.

 

Formación equivocada

 

Hijo, dime si el enfoque dado por parte de los que se dicen padres cristianos, a la formación y educación de sus hijos ¡te parece a ti la justa!

De los hijos han hecho primero unos muñecos, luego unos ídolos, al final unos tiranos prepotentes.

Nada se niega a los hijos. Desde la primerísima infancia, todo capricho es satisfecho, todo deseo es contentado. Crecen así día a día las exigencias; pueden decir de todo, pueden hacer de todo, pueden experimentar de todo y he aquí que ya tenéis ya en las escuelas primarias niños drogadictos.

No se les ha pedido jamás una renuncia suya, un sacrificio; ¿es de extrañar que el vicio los domine ya aún antes de que estos capullos se abran a la vida?

Muchos padres de estos hijos se consideran buenos cristianos; se confiesan de vez en cuando, mis sacerdotes los absuelven con afable benevolencia y los obispos continúan su sueño.

Hemos llegado a este punto de perversión; se ha perdido de vista el problema principal. Se discuten infinidad de cosas, pero no se nos reúne alrededor del Pastor para estudiar una estrategia común respecto al más grande problema de toda la Pastoral.

No se curan enfermedades mentales con blandas medicinas genéricas, no se cura un tumor con una pastilla cualquiera. Aunque una intervención quirúrgica no sea grata, no se titubea en practicarla cuando está de por medio la vida. Pero ¡cuánto miedo, cuántos temores vanos cuando se trata del bien supremo del alma! Se duda, se teme y se aplaza la solución justa hasta un tiempo que jamás vendrá.

La debilidad y las incertidumbres de obispos y sacerdotes son una de las causas principales de los muchos males de los que hoy sufre la Iglesia.

Intervenciones ponderadas sí, pero rápidas, realizadas en el momento justo, habrían evitado muchos ayes. ¡Qué daño incalculable a las almas!

Reza, hijo mío, reza y ofréceme tus pequeños sufrimientos para mitigar la infinita tristeza de Mi Corazón misericordioso.

Te bendigo: no te preocupes de lo que será de ti. Te basta mi amor, Te basta saber que estás en Mi Corazón.

 

14 de diciembre de 1975

 

ENCENDER DE NUEVO EL FUEGO

 

Escribe, hijo mío:

Más veces te he hablado del Amor; con insistencia he vuelto sobre este razonamiento. Esto responde a la lógica; éste es argumento inagotable, porque inagotable soy Yo, el Amor.

He dado a los hombres un mandamiento nuevo, síntesis de toda la ley. He dado a la humanidad la clave de la felicidad; en efecto, si los hombres pusieran en práctica mi mandamiento, la tierra estaría transformada en la antecámara del Paraíso. En el Paraíso está el triunfo del amor.

Yo Soy el Amor y de Mí viven todas las almas. La perfección de la vida sobre la tierra está dada por el grado de intensidad con el que las almas me aman a Mí y Conmigo aman a los hermanos. Tanto más perfecto y santo se es, cuanto más se ama. En el amor verdadero, esto es, en mi amor está la verdadera razón de la vida, la auténtica alegría de la vida.

 

El don de la libertad

 

¡Esfuérzate, hijo, en imaginar la vida del hombre sin una brizna de amor! Qué sería sino una vida sombría y desesperada, árida e infecunda, sin una sonrisa jamás (la sonrisa es el inicio de un acto de amor), sin un rayo de luz.

Es la vida de los demonios, es la vida de los condenados. Es la vida de los que se dejan envolver por los espíritus malignos que son orgullo, odio y desesperación, envidia, celos y sed inextinguible de mal.

Estos espíritus condenados, corroídos por la ardiente necesidad de obrar el mal, son autores de iniquidad, son fomentadores de violencias, de blasfemias, de odios y de divisiones, de herejías, de obscenidades y de cuanto todavía hay de mal en el universo.

Al contrario, el amor es ardor de bien, es autor de bien, es arrebato irresistible del alma, que está invadida de él hacia Dios y hacia los hermanos.

El amor es un sentimiento misterioso que tiene su fuente en Dios y, como flecha disparada por el arco, se dirige hacia las almas que son el objeto del amor. Las almas son de naturaleza diversa de la materia a la que, en la tierra, están unidas.

El alma es el soplo divino de vida que informa la materia, el alma por tanto se asemeja a Dios. Libre e inteligente, puede aceptar el amor o rechazar el amor, lo puede aceptar en medida y grados diversos.

Hijo, el sol extiende sus rayos, su luz y su calor sobre los cuerpos que están en su órbita y los cuerpos, desde los más nobles a los más viles, reciben las irradiaciones solares sin rechazo y sin contaminar ni luz ni calor. Pero para las almas no es así.

Las almas pueden abdicar al amor y optar por el odio, pueden abdicar a la luz y optar por las tinieblas, pueden abdicar del bien y optar por el mal. ¡Si los hombres comprendieran el don de la libertad!...

Si los hombres comprendieran lo que encierra en sí este don: escoger una felicidad eterna que ninguna lengua puede describir y que sólo el Padre puede dar, o bien una infelicidad no comprensible por parte del hombre peregrino en la tierra.

 

Rechazan el amor

 

En la humanidad viandante no hay todavía amor perfecto: este amor perfecto consiste en amar a Dios, Uno y Trino y en amar a los hermanos más que cualquier otra cosa en el mundo; es el mandamiento nuevo libremente aceptado y vivido en el grado más alto de intensidad.

Esta perfección del amor se alcanza y se completa en el Paraíso. El grado de gloria corresponde a este grado de amor: cuanto más intenso es el amor alcanzado, más alto es el grado de gloria.

¿Por qué rechazan los hombres el amor? ¿Por qué no saben los hombres valorar el bien mayor para el que fueron creados? También en esto pesan graves responsabilidades sobre la conciencia de mis sacerdotes y pastores.

Si aquellos que están encargados de alimentar los altos hornos de las acerías dejan de alimentar el fuego, todo se detiene; cesa el fuego de los hornos, cesa toda la actividad en la factoría. Así podéis decir para las grandes centrales térmicas.

El amor puede ser asemejado al fuego, de cualquier naturaleza que este sea, que alimenta a la acería o a la gran central: si cesa el fuego, deja de latir la vida.

En mi Iglesia muchos hornos se han apagado. Cada Obispo y cada sacerdote debe ser un horno incandescente que desprende calor, energía espiritual con la santidad de la vida, con la potencia de la Gracia divina, con la divina Palabra.

Pero si estos hornos no son alimentados, en ellos y en sus comunidades se apaga poco a poco la vida. Por esta triste realidad la Iglesia sufre.

 

El verdadero problema

 

¡Qué estupendo milagro se produciría, qué prodigios vería el mundo si los Obispos llamaran en torno a ellos a sus sacerdotes y con humildad verdadera, verdadera, verdadera, (como Yo les he enseñado) y sin la cual no hay genuina vitalidad interior, conviniesen juntos de mutuo acuerdo en encender de nuevo en sí mismos el fuego del amor para comunicarlo a sus hijos y hermanos!.

Oh, si poniendo aparte todas esas cosas que de bien poco sirven para la salvación de las almas, se dedicaran intensamente al verdadero problema de la Iglesia, el de contener y rebatir la ofensiva desencadenada por las fuerzas del Infierno, usando y afilando las armas puestas en desuso de la oración, de la mortificación, de la penitencia interior y exterior, caminando delante de Mi en la obediencia a mi Vicario y a la Jerarquía en la pobreza evangélica.

El mundo todavía podría ser salvado del derrumbamiento en acto que lo amenaza...

Pero no se puede rezar, no se puede mortificarse, no se puede aceptar el sufrimiento si no se cree y si no se ama.

Hijo mío, he aquí que otra vez hemos llegado al quid de la cuestión: hay crisis de fe. Y necesariamente hay crisis de amor.

Muchos hablan de amor, pero en realidad en pocas almas arde de veras. La crisis de fe ha apagado muchos hornos en la Iglesia misma.

Hace falta encenderlos nuevamente, sin perder tiempo, para que la Vida divina fluya otra vez en las almas.

Hijo, reza y haz rezar a las almas buenas. Ofrecerse con generosidad a mi Corazón misericordioso y al Corazón Inmaculado de mi Madre y vuestra quiere decir encender de nuevo el fuego en donde hay frío y hielo de muerte.

Te bendigo.

 

21 de diciembre de 1975

 

VIVEN EN LA SUPERFICIE

 

Hijo, escribe:

"¡En Él somos, en Él vivimos, en Él nos movemos!" Cuántos prejuicios en vuestras almas en relación a mi presencia real en todas las cosas. He dicho: en todas las cosas.

Soy Infinito: dondequiera que tú llegues, no digo con tu cuerpo, sino con tu alma, Yo estoy allí.

Por esto he dicho: "Camina en mi presencia y serás perfecto”.

¿Se puede uno sustraer a la presencia de Dios? Lo creyeron neciamente Adán y Eva que se escondieron después de haber consumado su pecado; lo piensan muchos hombres, muchos cristianos en el acto de consumar su pecado. Lo piensa incluso alguno de mis sacerdotes.

¡Cuánta necedad y ceguera! Nadie puede escapar de la mirada de Dios. "En Él somos, en Él vivimos, en Él nos movemos". ¿No sientes hijo mío, la presencia de Mí, Verbo de Dios, Uno y Trino, en tu alma?

 

Todo de Dios

 

Si los hombres usaran mejor las facultades de su alma, penetrando con la reflexión esta estupenda realidad divina, cuánto bien sacarían de ella. Pero los hombres hoy no piensan; pocos son los que meditan. Viven en la superficie.

Recordad: No sólo "en Él somos, en Él nos movemos, en Él vivimos" sino que todo lo que tenemos lo tenemos de Él.

No de nosotros nos hemos dado la vida, no nos hemos dado la fe, no nos hemos dado la vida sobrenatural de la Gracia, no nos hemos dado la Iglesia: ¡todo de Dios, todo de Dios!

Pero muchos cristianos y sacerdotes usan y abusan de los dones de Dios como si se tratara de cosas suyas, de su propiedad y es así que subvierten el orden natural, moral y espiritual establecido por Dios.

Sólo el hombre, criatura inteligente, creado con acto de amor infinito, para ser los fieles intérpretes del universo y rendir alabanza y dar gracias a Dios, se transforma en un elemento de desorden.

Piensa, hijo, si los astros un día cualquiera se salieran de su órbita y se pusieran a caminar por su cuenta, ¡qué cataclismo habría en el espacio!

A los hombres se les ha dado inteligencia, voluntad, libertad, no para crear el caos (como lo han creado y mucho más grande que el de Babel). Desorden en su vida física, desorden moral y espiritual, desorden personal y familiar, desorden social, desorden mundial...

Hijo, hasta los ciegos pueden constatar ésta realidad producida, con diabólica tenacidad, por los hombres de esta generación perversa. ¡Desorden hasta en mi Iglesia, desorden en la vida de muchos de mis sacerdotes!...

Los hombres de este siglo, en lugar de seguir el lógico curso de la naturaleza, de la razón y de la fe, en lugar de mirar hacia la estrella luminosa puesta por Dios para disipar las tinieblas de este mundo y volver más fácil y más seguro el camino hacia el logro de su fin, han invertido el orden y la armonía establecidos por Dios.

¿Cuál será, hijo mío, la consecuencia de este desorden de proporciones inauditas y que no tiene comparación con todos los males de los siglos pasados?

El cataclismo será a la medida de las causas que lo han provocado.

 

No hacerse ilusiones

 

Que no hagan ilusiones los hombres. Abandonando a Dios, bondad infinita, se han dejado desviar por las potencias del Infierno, por los espíritus pervertidos, corriendo hacia su ruina, creando desorden y caos como nunca fue, destruyendo el orden preestablecido por Dios.

Dios es el orden, y en su orden el hombre encuentra la paz en la tierra, preludio y germen de su felicidad eterna.

Los hombres de buena voluntad deben colaborar. Deben colaborar Conmigo los obispos, los sacerdotes y los buenos cristianos para restablecer el orden moral semidestruido por el pecado, y unidos en el amor y en la penitencia, llevar a Dios las almas a Él arrancadas.

Los medios para esta colaboración, que Yo pido a todos mis hijos, son como siempre:

Fe, Esperanza y Caridad; prudencia y justicia, fortaleza y templanza. Son la oración, los sacramentos y la penitencia exterior e interior.

¡Usad los medios seguros, probados por todos los Santos!

Creed, amad, esperad sin medida y seréis prodigiosamente fecundos.

Hijo mío, te bendigo, ámame. No dudes nunca. Yo soy fiel a mis promesas.

 

27 de diciembre de 1975

 

NUESTRA GRANDEZA

 

“Hijo mío, sé que vosotros deseáis un mensaje de X. Ella me ha amado mucho, por esto ha sufrido mucho.

La medida de su amor ha sido su gran sufrimiento.

En el Reino de la luz y del amor, donde se encuentra bienaventurada, os sigue y, como madre amorosa ruega e intercede por vosotros”.

“Hijos míos, la muerte no ha truncado nuestras relaciones espirituales y el recíproco y santo amor; es más, la muerte ha servido para volverlas más estrechas, para volver más intenso y más operante nuestro amor.

Don O., dices verdad cuando afirmas que no he sido extraña a los acontecimientos de tu vida en estos últimos años, como lo soy siempre, como no soy extraña en la vida y en las cosas de mi R. y de la hermana M.

Mucho he hecho por vosotros; mucho me queda por hacer.

Pero, hijitos, vosotros que sois Sacerdotes, no perdáis jamás de vista vuestra grandeza, ¡la dignidad sacerdotal! No olvidéis, ni siquiera por un instante, la finalidad de vuestra vocación: arrancar a Satanás las almas con todos los medios que la divina Misericordia ha puesto a vuestra disposición.

No olvidéis que todo el universo no vale lo que vale un alma.

Hijos míos, para arrancar almas al infierno es necesario rezar mucho, sufrir mucho, luchar mucho contra las fuerzas tenebrosas del mal con una lucha sin tregua y perseverante hasta el final.

Arrancar almas al mal, llevar estas almas a los Corazones de Jesús y de María Santísima; ¡ésta es vuestra inigualable misión!

 

Las cosas son nada...

 

Las cosas son nada, nada son todos los bienes terrenos. Servíos de ellos sólo para lo indispensable. No se aficionen vuestros corazones a los bienes que, tarde o temprano, se disolverán en la nada, sino aferraos al Bien Supremo. Vuestro amor a Dios y vuestro amor a los hermanos (dando testimonio de este amor, predicando a todos) ésta es la verdadera finalidad de la vida.

Confirmad este amor con el sello de la plena, perseverante adhesión a la Voluntad divina, la cual os hará santos y os abrirá los tesoros de Gracia y de gracias, encerrados en el Corazón Misericordioso de Jesús.

Yo estoy inmersa en la luz y en el amor de Dios.

Sería vano tratar de deciros mi felicidad.

¡No ochenta años de vida sino todo el tiempo, desde la creación hasta su fin sería insuficiente para ganar tanta felicidad!

Ninguna fatiga, ningún sufrimiento, ninguna pena que se os pida os parezca inútil a vosotros: son muy preciosas para las almas.

Ninguna cosa en el mundo os puede separar del amor de Cristo, con tal de que queráis estar unidos a Él con Fe. La Esperanza irradiará vuestro espíritu en la oscuridad que se está haciendo sobre el mundo y sobre la Iglesia.

           

¡Ánimo, hijitos míos!

 

¡Hijitos míos, valor! La vida terrena vista desde aquí es un relámpago que fluctúa en el espacio y se apaga. Yo os aseguro mi permanente intercesión cerca de Aquel y Aquella que todo lo pueden.

No os dejéis desviar y mucho menos intimidar por el Maligno: combatidlo de todos los modos, con todos los medios. Tened confianza, sed levadura, sed fermento de vida. Pavorosa es la ceguera de los hombres, de los cristianos; terrorífica la perversión de muchos sacerdotes y el número de almas que van al Infierno con las señales indestructibles de su consagración a Dios.

Rezad y haced rezar, invitad a la penitencia, no os cuidéis de lo que la necedad humana podrá suscitar contra vosotros.

Don X., hijo mío, nuestro pacto continúa; iniciado en el tiempo continúa en la eternidad.

 

30 de diciembre de 1975

 

ALBA DE RESURRECCION

 

Te he hablado de fuerzas tenebrosas, de nubes que envuelven mi Iglesia.

Estas expresiones ¿son sólo formas de decir, o una realidad en la que es necesario creer?

Hijo, quiero aclararte bien esto, por eso traigo a tu mente al Profeta Isaías: "Levántate, revístete de luz porque viene tu Luz. La Gloria del Señor brilla sobre ti, porque he aquí que las tinieblas recubren la tierra, tupida niebla envuelve a las naciones pero sobre ti resplandece el Señor".

Yo vine al mundo en una noche oscura.

La noche de los tiempos había caído sobre la humanidad.

Yo nací en el corazón de la noche para indicar las tinieblas que envolvían a toda la humanidad, provocadas por Satanás con la insidia tendida a los primeros padres.

La luz de la Gracia, fue suplantada en Adán y Eva y sus descendientes por la noche del pecado, de la ignorancia, del mal, de todo el mal.

No por nada fue anunciado mi Nacimiento por la aparición de una estrella en el cielo, y un resplandor prodigioso aclaró las tinieblas del establo en que Yo nací.

Yo, Luz del mundo, vine para hacer huir las tinieblas en las que la humanidad estaba envuelta.

Oscuridad intensa se hizo también en el Calvario. Era pleno mediodía cuando fui alzado de la tierra, pero desde aquel momento la luz del día se hizo cada vez mas tenue; a ella sucedieron las profundas tinieblas cuando exhalé mi espíritu.

Tinieblas exteriores para indicar las tinieblas interiores de sacerdotes y escribas, fariseos y doctores y de todo el pueblo que, con malvado sadismo, habían querido asistir a mi Pasión y Muerte.

 

El pecado de soberbia

 

El pecado, hijo, lleva siempre oscuridad; de modo especial el pecado de Satanás. El pecado de soberbia espesa las tinieblas y las transforma en oscuridad total por lo que el alma contagiada no ve nada más.

No valieron los milagros realizados por Mí durante mi Pasión, como no valieron los milagros realizados durante mi vida pública. Ni siquiera la resurrección de Lázaro, a la que asistieron no pocos sacerdotes y doctores de la ley, sirvió para disipar la oscuridad en el espíritu de los presuntuosos sacerdotes del templo.

Así, hijo, tantas almas, tantos sacerdotes no ven ahora los milagros que Yo realizo a continuación en mi Iglesia. Mi Muerte fue acompañada por hechos preternaturales:

— Un violento terremoto hizo tambalearse la tierra.

— El templo de Jerusalén fue sacudido desde sus cimientos.

— El velo del templo se rasgó y algunos muertos resucitaron.

Ellos, los soberbios del Templo, nada vieron y nada entendieron, pero el Centurión, pagano, golpeándose el pecho dijo: "Verdaderamente éste era el Hijo de Dios”.

Oscuridad produjo entonces y oscuridad produce hoy el rechazo de Dios.

He aquí porqué te repito que muchos no aceptarán estos mensajes.

¿Por qué, hijo mío, he querido decirte esto?

Hay una gran analogía entre los tiempos actuales y aquellos de mi vida terrena, porque la Pasión sufrida por Mí está por renovarse en mi Cuerpo Místico.

¿Por qué te he dicho esto?

Porque escribas, sacerdotes y fariseos no faltan hoy tampoco y no son menos hipócritas que los de entonces.

Tú, no ves sino muy poco de la realidad en mi Iglesia: formalismo, mucho formalismo... ¡Y cuánta oscuridad!

¡Sí! No tardará la hora de las tinieblas.

¡No tardará el Viernes Santo para Mi Iglesia!

Pero Yo a él lo haré seguir una radiante, luminosísima alba de Resurrección.

Te bendigo, hijo mío.

 

31 de diciembre de 1975

 

FIAT VOLUNTAS TUA [30]

 

Deseo hablarte de un artículo de la Oración que he enseñado a Mis Apóstoles: mi Voluntad.

Hay una Voluntad divina conocida por todos; nadie puede ignorarla, incluso los no cristianos la conocen.

Esta Voluntad la conocen los buenos y la conocen los impíos, aunque pocos hombres se adhieren a ella.

Esta Voluntad mía es genérica. Todos saben que Dios quiere sólo el bien y este bien lo exige de todos. Todos saben que Dios no quiere el mal, jamás, por ninguna razón. El mal no tiene ni puede tener ninguna justificación; no hay fin ni razón que pueda justificar el mal; jamás, absolutamente nunca.

Hay luego una Voluntad mía, menos genérica pero sin embargo conocida siempre por todos: Yo quiero la observancia de los diez mandamientos.

Todos saben que Yo quiero el respeto a la vida de todos, que quiero el respeto al Santo Nombre de Dios y la santificación de las Fiestas, aunque hoy una gran mayoría profana las Fiestas de modo escandaloso.

Todos saben que quiero el amor recíproco de los cónyuges, el respeto a los padres y a los hijos, la obediencia a la autoridad constituida, etc.

Esta Voluntad mía es pisoteada por la mayoría.

Hay luego una Voluntad divina menos conocida, pero no por esto menos vinculante: es aquella por la que Dios quiere que los hombres estén colocados en el puesto justo en la Familia, en la Iglesia, en la sociedad civil: esta Voluntad puede ser conocida por vosotros por medio de la oración.

Mi Padre concede luces y ayudas particulares para que cada criatura recta se coloque en el puesto justo, es decir, siga su vocación.

 

La voluntad permisiva

 

Finalmente hay una Voluntad permisiva, que también debe ser aceptada, confiando en mi Bondad, en mi Amor, en mi Sabiduría.

Yo no quiero las calamidades y las desgracias que afligen a los hombres. Vosotros, hombres, las provocáis con vuestra perversión, con vuestra rebelión a las leyes divinas y naturales.

Yo permito estas desgracias para la realización de un designio mío de misericordia y de justicia, a fin de sacar un bien espiritual para las almas.

No raramente los hombres, probados por el sufrimiento y por las desventuras, se lanzan contra Dios acusándolo de insensibilidad, de sordera. La ceguera les hace hablar así, olvidando que por sus pecados suceden las cosas adversas e ignorando el bien, mucho más grande que todos sus sufrimientos, que de ellos Yo sé sacar.

Si la ignorancia culpable de la Voluntad divina es desdicha para todos, ¿qué se podrá decir cuando este rechazo de la luz respecto a un problema esencial para la salvación del hombre es provocado por almas consagradas?

Abdicar al bien por el mal es culpa grave contra la divina Voluntad.

El querer sustituirse a Dios y pretender imponer a otros la propia voluntad es mal sin medida.

El rechazo a los impulsos de la Gracia, pecado tan frecuente, es contra la Voluntad divina.

Oponerse a la Voluntad divina, al oponerse a la propia vocación o la de otros, es pecado que provoca la indignación de Dios.

Para vivir una vida ordenada en la Familia, en la Iglesia, en la Sociedad civil, para alcanzar el fin de cada una de estas sociedades, he dado mandamientos y preceptos, he enseñado a los hombres qué deben pedir diariamente a Dios Creador, Redentor y Santificador.

 

Síntesis maravillosa

 

En la oración del Padre Nuestro está todo en una síntesis maravillosa y simple, accesible a todos y que ninguna magistratura en el mundo podría imitar.

A pesar de esto mira, hijo, cuál es la situación. Ni siquiera en los tiempos de Babel hubo una confusión similar.

Las tinieblas cubren la tierra; los hombres ya no se comprenden.

La soberbia, la necedad y la presunción humana no tienen límites y hoy han llegado a un nivel jamás conocido en los siglos pasados.

Los hombres de esta generación, en su ridículo y pueril orgullo, han perdido el sentido del bien y del mal, están legalizando el crimen: divorcio, aborto, matrimonios anormales, poligamia de hecho, etc.

Buscan el justificar toda clase de mal. El hombre ignora su dignidad de hijo de Dios, ignora y reniega de sí mismo. A esto ha llevado el ateísmo, sea teórico o práctico, difundido en todo el mundo.

El hombre está trabajando activamente para su destrucción. Su soberbia, el orgullo, el rechazo de Dios ha provocado el desmoronamiento que lo arrollará.

Hijo mío, dilo a todos: deben conocer que la hora se acerca.

Te bendigo, ámame.

 

1 de enero de 1976

 

¿QUE HARÁS, SEÑOR?

 

Con acción devastadora, Satanás despedaza con rabia a la humanidad, y en particular a la Iglesia.

En efecto hoy en la Iglesia suceden cosas que no se pueden explicar humanamente si no con el uso loco por parte de Satanás y de todas las potencias del Infierno insidiando, instigando y atormentando almas.

Basta ser un poco objetivos para darse cuenta de los sacrilegios realizados en varias naciones a través de prensa, televisión, películas. Satanás no perdona a nadie; ha entrado por todas partes, manda en la base de la Iglesia y no ha perdonado al vértice.

El Papa, Mi Vicario sobre la tierra, debe moverse en medio de mil dificultades.

No desciendo a los detalles de esta poderosa ofensiva del Infierno contra mi Iglesia, contra los hijos de Dios. Es más que suficiente lo que podéis ver con vuestros propios ojos, aunque refleja sólo en parte aquello que vosotros no podéis ver.

— ¿Qué harás Tú, Señor, para no permitir que la Iglesia tenga que sucumbir?

Te repito que, si las aguas podridas continúan subiendo, no se debe sólo a la venenosa acción del Infierno.

Pesan responsabilidades también en el alma de los pastores, sacerdotes y religiosos que no han reaccionado como se debe a las insidias del Enemigo, que no han contenido el mal. No raras veces han secundado los planes del demonio, otras veces se han convertido en los ejecutores. Dolorosísima realidad que ha aumentado la osadía de las fuerzas del mal y debilitado enormemente las fuerzas del bien.

¿Qué cosa he hecho y hago Yo?

Yo soy la Vida, y la vida es movimiento que tiende al bien de las almas a las que amo y quiero salvar. He suscitado grandes santos; he mandado a mi Madre que se ha manifestado en tantos lugares y a tantas personas.

Ya he dicho que no pocas intervenciones de Mi Madre, han sido atacadas y negadas como auténticas por temores injustificados, por respeto humano. Para evitar molestias se busca la paz, pero así no se podrá tener la paz verdadera.

— He escogido para mi Iglesia Pontífices santos.

— He suscitado movimientos para la santificación del clero.

— He querido y promovido el Concilio.

Si todo lo que he promovido en mi Iglesia hubiera sido acogido con una inteligente y eficaz respuesta, con una adecuada movilización de todos los consagrados, como por lo demás Pío XII, con una afligida llamada pidió a toda la Iglesia, las aguas turbias no habrían alcanzado su nivel actual.

Tú me preguntas, hijo, que qué hago por salvar a mi Iglesia. Continúo vertiendo mi Sangre, aun si es profanada sacrílegamente.

 

Los verdaderos carismáticos

 

He mandado mi Espíritu que es amor. Es fuego que arde, que transforma, que ilumina y calienta, que purifica y vivifica y alienta en muchas almas que vosotros llamáis carismáticas.

Las he suscitado en toda la Iglesia; pero también entre éstas Satanás se ha insinuado sembrando ambiciones, rivalidades, divisiones. Estas almas deben permanecer unidas espiritualmente y poner los dones recibidos al servicio de la Comunidad eclesial.

Los verdaderos carismáticos son escogidos por el Espíritu Santo en la Iglesia, para la Iglesia. No son Iglesia.

La Iglesia fundada por Mí es la jerárquica.

El carisma está destinado al bien de la comunidad.

Los carismáticos se completan y se integran en la unidad espiritual entre ellos (también en la distinción de sus misiones particulares) y con la Jerarquía.

El carismático es un instrumento del Espíritu Santo y, como tal, debe ser dúctil y disponible para la realización de un plan que ni siquiera él conoce en su amplitud, pero que es conocido por la Providencia divina que ha dispuesto este plan.

El carismático es el administrador de un tesoro para el bien de todos; no puede apoderarse de él para sí ni por un instante; ay si se deja disuadir de este fin. Quien tiene un tesoro a su custodia, vigila para frustrar cualquier tentativa del enemigo de arrebatárselo.

Vosotros, peregrinos sobre la tierra, de señales, llamadas y prodigios ¡cuántas habéis tenido de mi Madre, de mis Santos, cuántas!... Pero las tinieblas de la soberbia han vuelto ciegos a fieles, sacerdotes y hasta a algunos pastores. Se ha rechazado la luz, se han rechazado las intensas llamadas interiores y exteriores por lo que os habéis alejado cada vez más de Dios.

— ¿Qué sucederá Señor? ¿Qué sucederá, Jesús mío?

“Ya sabes lo que sucederá.

Misericordia y Justicia divina no pueden tolerar que se continúe, con monstruosa ingratitud poblando el Infierno. Dios no puede tolerar más allá que el orden establecido (orden moral, social, internacional, mundial), sea tan descaradamente trastornado por el Enemigo. No puede tolerar que el Rebelde y sus legiones tengan que gobernar todavía en la humanidad por Mí redimida.

Te lo repito, y se lo metan bien en la cabeza Obispos y Sacerdotes, que el inimicus hominis[31] ha entrado en la viña y también porque aquellos a los que estaba confiada no han vigilado, no la han cercado y defendido con los medios a su disposición. Hagan un severo examen de conciencia sobre esto.

¡No se desarma frente a un enemigo aguerrido y siempre al acecho! Debilidades, necedades y ambiciones han sido las puertas abiertas al Enemigo. Relajamiento de religiosos y religiosas, de consagrados en general, que se han adaptado mansamente a las astucias del Enemigo a través de un neopaganismo, fueron otras tantas barreras caídas.

La proliferación de teorías infectas de algunos teólogos sedientos, más que de verdad, de sí mismos, ha aumentado el caos en mi Iglesia. El daño acarreado a las almas no es evaluable por la mente humana.

Sólo Yo, eterno Juez, veo la gravedad de ello, la amplitud de su medida, valoro la responsabilidad y las consecuencias.

Estos teólogos han pisoteado a Dios, han traspasado mi Cuerpo Místico, han profanado mi Sangre, han encaminado muchas almas por el camino de la perdición. Siervos y colaboradores de Satanás han levantado la cabeza soberbiamente contra mi Vicario para repetir el diabólico grito: "Non Serviam"[32].

Si estas serpientes no se convierten, perecerán entre las llamas del Infierno, de ese Infierno en el que se han negado a creer.

Yo soy Juez de infinita Misericordia pero también de tremenda Justicia.

 

Abundan los tibios

 

Irás, hijo mío, a llevar los mensajes a Obispos y Sacerdotes. Mediten en las responsabilidades que pesan sobre su conciencia.

Te dije que no faltan obispos santos y excelentes sacerdotes, pero desgraciadamente abundan los tibios, los indiferentes, los presuntuosos; no faltan los herejes y los descreídos.

¿No parece esto absurdo y anacrónico? Sin embargo es la realidad.

¡Reza, hijo mío! No te canses, ofréceme tus sufrimientos. Quiero hacer de ti una lámpara encendida, instrumento en mis manos para la salvación de tantos hermanos tuyos.

No te preocupes de las opiniones de los hombres.

No separes tu mirada de Mí que te amo.

Te bendigo, juntamente con los que colaboran contigo para la difusión de mis mensajes.

 

3 de enero de 1976

 

LA REDENCIÓN CONTINÚA

 

Hijo mío escribe:

( ...) Es bien sabido que en Dios no hay ni puede haber contradicciones, que Dios es inmutable; Yo, Dios Uno y Trino, soy infinitamente sencillo.

En Mí no hay atributos más perfectos, otros menos. Yo soy la verdad, la sabiduría y la potencia, la justicia y la misericordia, la luz y la vida.

El Infierno creado para los réprobos, no va contra la misericordia y es conforme a la justicia. Yo, verdadero Dios y verdadero Hombre, habiéndome cargado todas las culpas de la humanidad, con mi tremenda Pasión y Muerte, he satisfecho a la justicia y a la misericordia. Acto de infinita Misericordia el Misterio de la Encarnación, acto de infinita Justicia el Misterio de la Pasión y Muerte.

 

            "Justitia et Misericordia oscultatae sunt".[33]

 

Vuestra pasión

 

Yo soy la Cabeza de mi Iglesia, vosotros sois los miembros vivos, libres y responsables. Yo Cabeza me he adherido a la voluntad del Padre con acto de misericordia. Vosotros formáis Conmigo un solo cuerpo.

El Misterio de la Redención está en acto, continúa. Para nada se opone a la Misericordia divina el hecho de que los miembros deberán, como la Cabeza, sufrir su pasión.

Hay luego una cosa de gran importancia. Mi Madre y vuestra, que es Madre de misericordia y espejo de justicia, ya ha advertido repetidamente a la humanidad que, en caso de que no se verificasen las condiciones pedidas de arrepentimiento y de conversión, se abatiría un castigo tremendo sobre las Naciones.

Mi Madre os ha advertido que son numerosísimas las almas que van al Infierno. ¿Puedo entonces Yo, el Amor infinito, permitir que las almas rescatadas por Mí con un precio de sufrimiento infinito, tengan que condenarse en número pavorosamente creciente?

Si no ha podido nada sobre ellos la misericordia y el amor, ¿puedo Yo impedir que la aflicción debida a sus pecados, y el caos provocado por ellos mismos, tengan que ser convertidos por Mí en instrumentos de salvación de una humanidad en ruina? No, hijos míos.

Por desgracia la hora tremenda de la purificación está ya en curso, pero la ceguera de los hombres les impide ver; el ateísmo es ceguera profunda. La hora se aproxima; resulta inevitable sólo por la obstinación de esta generación incrédula que ama el error, que rechaza la justicia en todas partes dañada y ofendida.

Yo quiero una Iglesia regenerada donde justicia, paz y amor resplandezcan con luz nunca vista. Yo quiero poner término a la hemorragia de almas que se están perdiendo, Yo quiero restablecer el orden perturbado.

Yo quiero que mi pueblo vuelva a ser el pueblo de Dios, y todo esto lo obtendré valiéndome de la necedad y de la iniquidad de los hombres.

Mostraré a las generaciones lo bueno y misericordioso que es su Dios.

 

7 de enero de 1976

 

REGINA APOSTOLORUM[34]

 

Jesús: "Es Mi Madre y tuya la que te habla. Escúchala con humildad y amor, con fe viva".

“Hijo, escogida para ser la Bendita entre todas las mujeres, ab aeterno[35] en el corazón de Dios soy el objeto de su Amor infinito. Agradé a Dios por mi filial candor, pero agradé todavía más a Dios por la humildad.

Mi Hijo, antes de subir al Cielo, me dijo que yo no lo podría seguir inmediatamente a la Casa del Padre, sino que debería permanecer en la tierra para ser Madre de la Iglesia naciente, y continuar engendrando a la Iglesia en el Amor.

Con Jesús la engendré en el dolor atroz, sin límites. Como Madre y Corredentora debía engendrar su Cuerpo Místico en el Amor.

Mi Jesús y vuestro, en la realización del Misterio de Salvación, me quiso cercana a Él. El Hijo de Dios, pero también verdadero hijo mío según la Carne, me quiso Corredentora y Madre de su Cuerpo Místico.

 

Verdadera Sacerdotisa

 

Me corresponde verdaderamente el título de Madre de la Iglesia. Pero no basta. Si te acuerdas, oh hijo, en un mensaje se te ha revelado que Yo, María, Madre de Dios, soy la única y sola mujer en la Iglesia que es verdadera Sacerdotisa.

Jesús, Sacerdote Eterno, me ha comunicado a Mí su Vida divina. Y Jesús es Dios inmutable, simplicísimo.

Yo, como se ha indicado otras veces, le di a Él la vida humana y El me dio a mí la Vida Divina; ahora bien, de la Vida Divina es también el Sacerdocio. Entonces se podría pensar que el Sacerdocio a Mí comunicado sería como el dado a cada bautizado; como naturaleza sí, como medida no.

A Mí me fue comunicada la plenitud sacerdotal, en forma diversa y a la vez superior a la comunicada a los Apóstoles de los cuales soy verdaderamente Reina. ¡Justamente se me invoca como Regina Apostolorum!

Yo fui profundamente respetuosa de la Jerarquía, querida e instituida por Jesús Redentor.

Cabeza visible de esta Jerarquía por Voluntad divina fue Pedro. Yo era la Reina de los Apóstoles, y me reconocieron y me honraron como Madre de la Iglesia y como su Madre y Reina, los mismos Apóstoles.

También Pedro, en los años que permaneció en Jerusalén, venía a Mí por confortación y me llamaba madre, venía a Mí por consejo y por ayuda y me honraba como Reina.

 

Si me estimaran verdaderamente

 

Si mis Pastores y mis Sacerdotes tuvieran plena conciencia de los vínculos espirituales que nos unen, si realmente me estimaran como Madre y Reina suya, Yo los cubriría de gracias, como soy generosa en ayuda para todos los hijos que me aman y que difunden la devoción a mi Corazón Inmaculado.

Presente en el Cenáculo, en el día de Pentecostés, me preparé con los Apóstoles y los preparé para recibir el Espíritu Santo. Sobre Mí descendió en mayor medida: Yo, la Esposa del Espíritu Santo fui llena de Él.

No se nos olvida la propia madre terrena porque se sabe que la ternura de su amor no disminuye jamás. Pero hijo mío, ¡el amor con el que os ama vuestra Madre Celeste es inmensamente superior a cualquier amor humano!

Yo os amo a todos, y a todos os quiero salvos.

No resistáis a la voz de Dios que os llama a una verdadera, sincera conversión.

¡Temed al Señor que pasa!...

Leed con humildad los mensajes que la Bondad divina os ha enviado.

Es misericordia, gran misericordia la de advertiros de la hora de la purificación ya cercana.

Te bendigo, hijito.

 

10 de enero de 1976

 

REFLEXIONES SOBRE ALGUNOS MENSAJES

 

Nuestra participación, como ministros de Dios en el Misterio de la Encarnación, de la Cruz y de la Eucaristía tiene puntos de gran semejanza con la participación de la Virgen Santísima en estos tres grandes Misterios.

Como la Santa Virgen, así el sacerdote es llamado por vocación a estar activamente presente en el Sacrificio de la Santa Misa, perpetuación del Santo Sacrificio de la Cruz.

Está presente en unión con Cristo en el ofrecimiento de sí mismo; está listo para aceptar, sufrir y ofrecer dificultades e incomprensiones, insultos y ofensas, el sufrimiento en general como Jesús ha hecho. Sin este ofrecimiento, la participación del Sacerdote resulta tan sólo exterior, material y por lo tanto infecunda.

El sacerdote, con las palabras de la Consagración, renueva el prodigio de la Encarnación: provoca, como la Virgen con su Fiat[36], la real Encarnación del Verbo en sus manos.

Amándolo, como María lo ha amado en su seno, recibiéndolo en la Santa Comunión con la pureza de alma y de cuerpo con la que la Virgen lo concibió, con el ofrecimiento hecho en unión con Jesús al Padre, el Sacerdote se vuelve, como la Virgen, verdaderamente corredentor.

Si el sacerdote celebrante no está animado por esta fe y por estos sentimientos y propósitos, su Misa es estéril para él; no ha sido más que un protagonista material del más grande Misterio.

 

¡No esperéis!

 

Si nosotros sacerdotes celebrásemos la Santa Misa como la debiéramos celebrar, el mundo no seria lo que es; Satanás no tendría la fuerza que tiene, y muchas más almas se salvarían.

El tormento del Sacerdote que se condena será muy diferente del tormento de los otros condenados; solo hallará comparación con la desesperación de Judas que habría podido ser, uniendo y fundiendo sus dones naturales con los sobrenaturales, un grandísimo apóstol.

... Sacerdotes que celebráis la Santa Misa sacrílegamente, coméis y bebéis diariamente vuestra condenación.

No aplacéis de hoy para mañana vuestra conversión. No esperéis... Mañana podría ser demasiado tarde.

Un gran acto de humildad, lo que Judas siempre se negó a hacer, una ardiente invocación a la Virgen Santísima, refugio de los pecadores, transformará vuestra existencia y cambiará vuestro destino eterno.

Hermanos en el Sacerdocio, ¿no habéis meditado jamás el sueño, la visión de San Juan Bosco "las dos columnas"? Leedla, os daréis cuenta que nosotros estamos viviendo de lleno la profecía; la última parte de la visión predice los tiempos que seguirán a los actuales acontecimientos.

Estos tiempos se acercan; debemos prepararnos en la oración y en la penitencia.

No seamos escépticos e incrédulos; ¡creamos y nos será dado ver y entender! ¡No dejéis caer en el vacío los impulsos de la gracia que llaman la puerta de vuestro corazón!

El Corazón Misericordioso de Jesús, el Corazón Inmaculado de María nos salven y nos bendigan.

 

12 de enero de 1976

 

LOS PECADOS SOCIALES

 

Hijo mío, escribe.

He aquí los tres grandes pecados sociales de la humanidad:

— La humanidad ha pecado en Adán y Eva.

— La humanidad ha pecado, con el deicidio, en el pueblo elegido, el pueblo de Dios.

— La humanidad peca, hoy, con el rechazo de Dios.

1) El pecado de la humanidad en Adán y Eva desbarata enteramente el estupendo plan de Dios; le cambia el resultado.

Al orden sucede el más desconcertante desorden. A la felicidad del Paraíso terrenal sigue la infelicidad, a la luz siguieron las tinieblas de la ignorancia.

Al amor, el odio; al bien —para el que el hombre fue creado— el mal con toda la gama de sus manifestaciones; a la paz siguen las guerras y violencias.

A la vida eterna —finalidad de la creación— se puede preferir la muerte eterna, en la profunda desesperación del Infierno.

Esto es el pecado original. Esta ha sido la respuesta dada al Amor de Dios por la humanidad entera en Adán y Eva.

Una monstruosa ingratitud consumada por el primer hombre y la primera mujer a los que no les faltó la gracia, no solo necesaria, sino sobreabundante en la medida de su inmensa responsabilidad.

Dios, por un acto suyo de amor sin límites, ha cosechado un tremendo insulto.

 

La justicia genera misericordia

 

2) Pecado social es la decadencia consumada por el Pueblo elegido.

A la rebelión de la humanidad en Adán y Eva, Dios responde no con la maldad sino con la justicia y la misericordia.

Con la justicia castiga el pecado en la humanidad entera. Desde su origen hasta el fin, el hombre comerá el pan con el sudor de su frente. La Justicia pesará sobre la humanidad hasta el fin de los tiempos.

Pronto sin embargo estalla también la infinita misericordia. Obtenida la confesión y el arrepentimiento por parte de los primeros padres, Dios hace seguir el perdón con la promesa de la Redención.

Para preparar el gran acontecimiento de la liberación de la humanidad de la esclavitud del Infierno, Dios se escoge un pueblo, el pueblo preferido, que Dios quiere santo, pero que no se vuelve nunca santo a pesar de la lluvia de gracias y de milagros.

Hecho objeto de su amor, este pueblo responde con la ingratitud a la predilección.

Dios hace surgir profetas que con voz fuerte llaman al pueblo a la misión a la que estaba predestinado.

Los profetas, que son los altavoces de Dios, anuncian favores, gracias y liberaciones. Ante la ciega obstinación, también amenazan y anuncian castigos que el pueblo conocerá en el dolor.

Se recordarán de los padres en el sufrimiento, y entonces estallará de nuevo la misericordia. La justicia divina engendra siempre la misericordia aunque los hombres, oscurecidos por su egoísmo, no quieran comprender esta realidad.

Madurando los tiempos despunta el alba radiante del nacimiento del Salvador.

Las hostilidades contra el Verbo hecho Carne son promovidas y fomentadas por Satanás que se empeña en una tremenda lucha, que nunca había cesado, pero que llega renovada con furor. Y he aquí que el Niño divino toma el camino del exilio para escapar del cruel y corrupto Herodes.

Más tarde Satanás instigará a los sacerdotes del Templo y a los grandes del pueblo hebreo que tramarán y consumarán el deicidio.

Dios ha amado a su pueblo hasta lo inverosímil, y su pueblo Lo pone en la cruz.

 

La destrucción de la Iglesia

 

3) La humanidad peca hoy con la repulsa de Dios.

De su Corazón abierto, suspendido en la Cruz, Jesús entrega su Iglesia a la humanidad.

Desde este momento, nuevo plan de Satanás y de sus legiones contra el Cuerpo Místico de Jesús.

Satanás quiere su destrucción. Ya se ha hecho ilusiones de haber matado a la Cabeza, ahora trama la destrucción del Cuerpo. He aquí la guerra agotadora, que se combate sin tregua desde hace casi dos mil años.

La Iglesia no siempre responde como debiera a esta lucha. De ella ha conocido, en veinte siglos, heridas dolorosas...

Hoy por tanto Satanás marca muchos puntos a su favor.

La batalla, la gran batalla está en acción.

La visión parcial e irresponsable de la realidad por parte de no pocos pastores y sacerdotes, ha alentado al Enemigo en sus tenaces esfuerzos por destruir a la Iglesia y a su divino Fundador.

La batalla en curso, que solamente los inconscientes no advierten, deflagrará cada vez más furiosa y se apuntará muchísimas víctimas entre el clero y los fieles. El mundo, pero especialmente Europa, se abrasará con ella en una hora sin precedentes.

Hora de justicia y también hora de misericordia será la llegada de una nueva primavera de paz y de justicia, para la humanidad y para la Iglesia.

La Madre mía y vuestra aplastará de nuevo, por segunda vez, la cabeza de Satanás. Desaparecerá el ateísmo del mundo (...).

 

14 de enero de 1976

 

LE APLASTARA LA CABEZA

 

¿Por qué, hijo mío, pido con insistencia a las almas que viven de Fe: “¡Reparación, reparación, reparación!”?

1º -  Porque al Amor Infinito de Dios, Amor que obra la creación del hombre, el hombre responde con un acto de soberbia y de desobediencia.

2º -  Porque al Misterio de la Redención prometido inmediatamente después de la caída de los primeros padres y cumplido en la plenitud de los tiempos, la humanidad en el Pueblo hebreo reacciona cometiendo el Deicidio.

3º -  El Verbo, hecho Carne, responde al Deicidio con el don de Sí mismo en el Misterio de la Eucaristía y de la Iglesia. Y la humanidad, bajo el impulso de las potencias del mal, va ahora paganizándose con la casi total repulsa de Dios.

 

Un alba radiante

 

Vendrá la hora de la purificación y la Virgen Corredentora, aplastará por segunda vez la cabeza de la Serpiente infernal.

La Iglesia y la Humanidad, hechas nuevas, verán un alba radiante, jamás conocida hasta ahora. Un período de paz y de justicia será la respuesta a todas las provocaciones del Infierno contra una pobre Humanidad que se había hecho colaboradora de las fuerzas del Mal.

Después se llegará a la última fase de esta lucha entre Luz y Tinieblas, entre Amor y Odio, entre Bien y Mal, entre Vida y Muerte.

Sólo al final de los tiempos vendrá la tercera y decisiva intervención de la Virgen Santa que aplastará de nuevo, por tercera vez la cabeza de Satanás.

Seguirá el Juicio, la separación definitiva del Paraíso y del Infierno, es decir de los Salvados y de los Condenados.

 

20 de enero de 1976

 

NO ESTAIS SOLOS

 

“Escribe hijo mío:

El Movimiento Mariano entra a formar parte del designio de la Providencia, como fuerza de choque, al lado mío y de mi Madre en la gran batalla en curso, contra Satanás y contra los aliados del Infierno que en el mundo, y desgraciadamente también en Mi Iglesia, son tantos.

El Cielo os mira a vosotros, Sacerdotes benditos, que tenéis la suerte de formar parte de él. Sois más que nunca, en estos tiempos de emergencia, soldados escogidos, guiados y dirigidos por la Reina de las Victorias para la defensa de Mi Vicario y de Mi Iglesia.

El Infierno os odia y os combate, pero nada habéis de temer. Vuestros sufrimientos físicos, morales y espirituales son fermentados por el Espíritu Santo y transformados en Luz, Amor y Gracia para muchas almas de vuestros hermanos que, sin vuestra coparticipación en mi Pasión y en la de mi Madre y vuestra, irían a su perdición eterna.

Sacerdotes, amados de Mi Corazón Misericordioso y del Corazón Inmaculado de la Reina del Universo, os miran admirados los Ángeles; todos los Santos del Paraíso piden por vosotros e interceden por vosotros.

Vosotros sois bálsamo para mi Corazón tan brutalmente ultrajado y vilipendiado; sois una sonrisa de amor al Corazón traspasado de mi Madre.

 

¡No temáis!

 

¡Adelante, hijos míos! Un lugar de honor y de gloria está preparado para vosotros ab aeterno[37] en la Casa del Padre. ¡No temáis, no temáis! Mi mirada y la de la Madre está siempre sobre vosotros.

Os bendigo a todos, hijos. Os bendigo Yo, Jesús, con el Padre y el Espíritu Santo. Conmigo os bendice la Madre.

Con vosotros bendecimos a los buenos seglares que están a vuestro lado con la fe, con el amor y con la eficaz aportación de sus sufrimientos.

Por consiguiente no estáis solos. Estáis en medio de la refriega, pero con vosotros está el Paraíso, con vosotros están las almas Purgantes, con vosotros están los santos de la Iglesia militante".

 

20 de enero de 1976

 

INSTRUMENTOS DOCILES

 

Cuántos son los así llamados buenos que dicen: "Señor, Señor", pero ¡qué pocos son los dispuestos a hacer verdaderamente la voluntad divina!

Son numerosísimos los que se consideran instrumentos de Dios; lo afirman casi con convicción. Pero la verdad es otra: son instrumentos de sí mismos, esto es de su propio orgullo, lo que quiere decir instrumentos de Satanás. Hijo, no hay alternativas o sois de Dios o sois siervos de Satanás.

Un instrumento no maneja nunca nada. Un instrumento se deja manejar.

Si obispos y sacerdotes se dejaran manejar verdaderamente como instrumentos disponibles en las manos de Dios, la Iglesia sería, para el Cielo y para la tierra, espectáculo asombroso de santidad y de amor. Mis Ángeles quedarían admirados y los hombres de la tierra fascinados.

En cambio ¡qué triste visión! Visión de horrorizar, de desórdenes morales, visión de pasiones deshonestas, visión de luchas, de odios, de males de toda especie...

 

No de palabra

 

Hijo, mis palabras no cambian jamás. Serán salvos no los que me pertenecen de palabra, sino los que me pertenecen con la plena adhesión a la voluntad del Padre Celeste.

Si muchos de mis obispos no se ven obedecidos, si deben constatar que sus iglesias están sacudidas desde los cimientos, antes de buscar la causa en el exterior, busquen esas causas en el interior de su vida. Es fácil hablar de instrumentos de la Providencia, pero no ha sido igualmente fácil para muchos volverse instrumentos de la Providencia divina.

Sí, hijo, es la historia del primer pecado que se repite siempre en el tiempo, pero cuya lección no se aprende nunca.

Satanás provoca la caída del hombre. El hombre, rompe el estupendo orden preestablecido, la maravillosa armonía de la naturaleza y de la gracia.

El pecado es desorden gravísimo, que provoca y genera otro desorden en cadena, en el mundo del espíritu, de la gracia, y de la naturaleza.

Pecan los primeros padres, sigue la inmediata rebelión de los sentidos, la rebelión de la naturaleza: "deberás arrancar de la tierra el pan con el sudor de tu frente; tú, mujer, parirás con dolor".

No podréis comprender jamás lo que habéis perdido: la admirable, gozosa armonía de la gracia y de la naturaleza. Paraíso terrenal fue llamada la primera morada del hombre; ¡terrestre pero paraíso!

 

Males en cadena

 

Obispos y sacerdotes deberían estar bien instruidos acerca de las terribles consecuencias del primer pecado.

Como deberían saber que estas consecuencias son regeneradas por la consumación de cada pecado y en modo extraordinario por el pecado de soberbia.

Un pecado de soberbia, de orgullo y de presunción, hecho por un obispo o por un sacerdote, provoca en su Iglesia local consecuencias de males en cadena. Muchos desordenes tienen aquí su origen.

He aquí, hijo mío, el porqué de mi insistencia, casi exasperada en lo que a ti respecta, con la que te repito que se ha comprendido muy poco de un problema fundamental para mi Cuerpo Místico.

Es doloroso deberlo constatar, pero bastantes obispos y sacerdotes son como el necio que al edificar su casa se ocupa en cosas de poca importancia, como ciertos motivos ornamentales, y descuida los cimientos y las estructuras de sustentación, por lo que el resultado será una bella casa destinada a un seguro derrumbamiento. ¿No es esto necedad?

¡Pues bien, esta necedad impera en la Iglesia!

Te lo debería repetir quién sabe cuántas veces, a fin de que cada uno se decida finalmente a tomar en la debida consideración el grave problema.

Hijo, has podido darte cuenta también esta mañana en la reunión con X. No se quiere creer en una realidad tan evidente. Pero esta ceguera, estas mentirosas convicciones que el Enemigo ha logrado con astucia maligna arraigar en las almas, no podrán ni evitar, ni retrasar un solo momento la purificación requerida por el Amor, que no puede tolerar más allá el descarado dominio de Satanás en el mundo y sobre las almas que, numerosísimas, se están perdiendo.

¡Se considera inútil, incluso ridículo un mandato mío a los apóstoles de echar los demonios, a los que hoy en cambio se les han abierto de par en par todas las puertas!

 

¡Soy persona viva!

 

Hijo, dilo a todos, no te preocupes en lo más mínimo de las reacciones cualesquiera que sean. Soy Yo Jesús, que lo quiero, te lo ordeno.

Dilo fuerte que basta con aquella seudo-prudencia por la que se ha llegado al temor de hacer saber a todos que Yo, Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre, soy Persona viva, real como vosotros, más que vosotros, con todo derecho y deber de hacer oír mi voz a quien, como y cuando quiero, o en el modo en que quiero Yo.

Dilo, hijo, que tengo el derecho y el poder de llamar a quien quiero, cuando y como quiero, para cualquier tarea que se deba llevar a cabo en Mi Iglesia.

Estén ellos persuadidos de que Yo los he elegido para ser sacerdotes, a algunos de ellos para ser obispos y, como los he llamado, puedo de nuevo, y tengo el poder, de elegir entre mis sacerdotes a aquellos a los que confiar tareas especiales que llevar a cabo en el modo y en el tiempo establecidos por Mí.

No te canses de rezar y de ofrecerte. Mira, los otros no se cansan de ofenderme. Tus sufrimientos han aumentado, pero sabes que son la medida de tu amor por Mí.

Te bendigo, hijo, y contigo bendigo a todos aquellos que, con espíritu de verdadera humildad, sepan acoger la urgente invitación del Hombre-Dios que quiere a todos salvos.

 

21 de enero de 1976

 

SANTAMENTE ORGULLOSOS

 

Escribe:

“El mundo no es Dios, por esto no está en la luz. Oscuridad profunda lo envuelve.

Los hijos de la Luz (que no son del mundo, sino de mi Reino) no pueden hablar, y no deben juzgar como los del mundo.

El papá y la mamá de R.[38] son juzgados por el mundo como infelices y desafortunados, pero por los hijos de la Luz, ¡no!

Los hijos de la Luz pueden intuir que R. es un don, un gran don.

Quien verdaderamente vive de fe comprende qué inestimable misión ha sido confiada a R., amigo predilecto de Mi Corazón Misericordioso, hijo amado y admirado de mi Madre, objeto de las complacencias divinas, R. irradia potencia y gracia en la vida interior de mi Cuerpo Místico, y cuanto más oscura es su misión en la tierra, tanto más grande y resplandeciente es su vida de gloria en el Cielo.

La necedad está en el corazón de quien no ve en la luz de Dios, y la sabiduría está en el corazón de quien ve.

 

Reconocimiento de Dios

 

Hijo ¿deben entonces considerarse afortunados los padres de R.?

¡Sí, deben estar santamente orgullosos de ello!

No amargura, no desencantos, no lamentos, sino gratitud y reconocimiento se debe a Dios que pone su mirada sobre R., y por reflejo sobre sus padres y familiares.

Mi bendición y la de la Madre está sobre vosotros y sobre vosotros permanezca.

 

21 de enero de 1976

 

SIGNO DE PREDILECCION

 

Hijo mío, escribe:

Dirás a.. que son signo de la predilección Divina los sufrimientos aceptados con humilde resignación. Ellos son transformados por el Espíritu Santo en fermento de luz, de fe, de gracia para las almas que así son apacentadas y nutridas por el buen pastor que las ama, las custodia, las protege de las garras rapaces del Enemigo, que no ahorra esfuerzos y astucias para insinuarse entre el rebaño para dispersarlo y perderlo.

Hijo, dirás a.. que tanto a Mí, como a Mi Madre nos son conocidas las fatigas y los sufrimientos ofrecidos para tutelar y salvaguardar su rebaño.

... bien conoce la visión de Don Bosco de las dos columnas: Mi Madre Santísima y la Eucaristía. Yo, Jesús, Verbo Eterno de Dios realmente presente y vibrante de vida y de ardor en el Misterio de la fe y la Inmaculada, salvaremos a la Iglesia en la hora de la purificación que será hora de gran misericordia.

Hay mucho que hacer y mucho puede hacer... llevando a su rebaño, cada vez más unido, a los pies del Tabernáculo y a los pies de la Inmaculada.

Designe para esta grande y fecunda misión a alguno de sus mejores sacerdotes.

Satanás no lo querrá, por esto suscitará obstáculos.

Pero Yo lo quiero, y estaré cercano al buen pastor, y a cuantos colaboren para la realización de la Voluntad de mi Padre y Padre celeste.

Con Mi Madre y Vuestra, bendigo al pastor bueno que ama a sus ovejas, y que Yo y la Madre amamos con tierno afecto.

 

22 de enero de 1976.

 

EL SABOR DE LO DIVINO

 

Muchas veces he hablado de la actual crisis de fe de la que está infestada Mi Iglesia; es un mal del que está contagiada toda la humanidad entera.

La tierra se está transformando cada vez más en un árido desierto, en el que no faltan, aquí y allá, oasis sosegados que mantienen circulante en mi Cuerpo Místico la vida divina de la Gracia.

Sí, hijo mío, Si en un cuerpo todos los miembros estuvieran muertos, no tendríamos un cuerpo vivo, sino un cadáver en putrefacción. La Iglesia no podrá nunca morir ni volverse árida totalmente. Esto está garantizado por mis palabras explícitas; nadie puede dudarlo.

Está garantizado todavía por la presencia del Espíritu Santo; también hoy, entre la suciedad de los cadáveres que la recubren, no faltan las almas buenas, verdaderamente santas, a las que va el reconocimiento de contribuir a la circulación de la vida divina.

Hace algunos días te he hablado de los sacerdotes del Movimiento Mariano, milicia elegida, querida por mi Corazón Misericordioso y por el Corazón Inmaculado de mi Madre, para sostén y defensa de mi Iglesia, de mi Vicario en la tierra, hecho blanco de tantos dardos. Es milicia querida, bendecida y guiada por Mi Madre para preparar, con la lucha a la descarada y desvergonzada tiranía de Satanás, la hora grande de la liberación, la hora grande de la Reina de las Victorias.

 

La nueva primavera

 

Entre estos sacerdotes, está X. Me es querido por su deseo de perfección, y también por su amor por aquella Obra maravillosa que el mundo ignora, que los soberbios rechazan y que los humildes aman: el “Poema del Hombre-Dios”.

Es obra querida por la Sabiduría y Providencia divinas para los tiempos nuevos; es fuente de agua viva y pura.

Soy Yo, la Palabra viviente y eterna, que me he dado nuevamente en alimento a las almas que amo. Yo soy Luz, y la luz no se confunde y mucho menos se funde con las tinieblas. Donde Yo entro, las tinieblas se disuelven para dar lugar a la luz.

Donde no hay vida hay muerte, y la muerte es podredumbre. Hay una podredumbre espiritual no menos nauseabunda que la putrefacción orgánica de los cuerpos en descomposición. Yo, verdad y vida, agua viva y luz del mundo, ¿cómo podría morar en almas corrompidas por las concupiscencias de la carne y del espíritu?

También esto, hijo, prueba que quien no ha sentido en el "Poema" el sabor de lo divino, el perfume de lo sobrenatural, tiene el alma obstruida y oscurecida.

Hay obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas que una vez más todavía alegan esa prudencia, para ellos causa de tantas imprudencias. Se refugian dentro, y no saben que están dentro del fortín del demonio. La prudencia es virtud, y la virtud no tiene náusea de lo Divino.

Hijo mío, ¡qué bajo hemos llegado! Que sepa Don X.. que cada vez que ha releído el "Poema del Hombre-Dios" me ha dado alegría por todos aquellos que me han negado esa alegría.

Que no tema nada, si hay quien se niega a comprenderlo.

Sed conscientes de que el bien nuestro es muy diferente de el del mundo. El amor que nosotros llevamos a las almas está siempre unido al sufrimiento: es ley.

El sufrimiento es el medio no sólo útil sino necesario para la transformación, para la purificación y divinización del alma.

Hijo, ¡cuánto se necesita rezar, mortificarse y reparar por uno mismo y por los hermanos!

Si la hora de la purificación ha sonado, también los retoños vigorosos que anuncian la nueva primavera ya han despuntado.

¡Animo, Yo y mi Madre estamos con vosotros!

 

5 de febrero de 1976

 

SE REZA MAL

 

Hijo mío, escribe:

"Yo Soy el Señor Dios tuyo; ¡no tendrás otro Dios fuera de Mí!".

También escribe:

"Ama al Señor Dios tuyo con todo el corazón, con toda tu alma, con toda tu mente".

Os habéis habituado a escuchar estos Mandamientos como se escucha el sonido de las campanas que cada día hacen oír su repique. Todos las oyen pero casi ninguno las hace caso; así también los Mandamientos han quedado como letra muerta, mientras que deberían estar vivos en vuestros corazones.

He querido poner esta premisa para hacerte comprender mejor cómo se reza mal, incluso por los pocos que rezan. poquísimos son los que rezan bien, ya que no es posible rezar si se ignora el primer Mandamiento; peor todavía si, conociéndolo, se olvida.

Ponerse en la presencia de Dios quiere decir cumplir una serie de acciones espirituales, esenciales para una oración buena y eficaz.

Es necesario hacer un acto de fe que eleve nuestra alma hasta Él. Lo que quiere decir tomar contacto espiritual con Dios Uno y Trino.

A este acto de fe tienen que seguir, necesariamente, actos de humildad, de confianza y de amor que sirven para intensificar el contacto con Dios. Estos actos son indispensables para una buena oración, porque impiden un ejercicio puramente mecánico que repugna a Dios. Yo alejo de Mí a los que me honran solo con los labios y no con el corazón.

Desgraciadamente son muchos, entre los pocos que rezan, los que rezan solo materialmente, engañándose a sí mismos de haber cumplido un deber que en realidad no se ha cumplido.

 

En el plano justo

 

Por lo que vengo exponiendo, ves qué graves deficiencias hay en la vida espiritual de los cristianos; por el momento me limito a ésta, pero ¡cuántas otras hay que señalar!

"Ama al Señor, tu Dios, con todo el corazón..."

Para quien ama verdaderamente a Dios, poniéndolo en el vértice de toda su vida, no hay peligro de elevar a Él oraciones que sean la expresión del orgullo y del egoísmo, como el pedir sólo el éxito de las cosas materiales, la salud, riqueza y honores.

Si se piden solamente estas cosas, no se puede establecer ningún contacto con Dios.

Dios no entra en almas llenas de preocupaciones materiales, sedientas sólo de bienes terrenos; estas almas están envueltas por la oscuridad.

Quien ama a Dios verdaderamente, se pone en el plano justo delante de Dios buscando la gloria y el amor de Él.

Quien ama verdaderamente a Dios, busca, como primera cosa en su oración, el Reino de Dios en las almas, para su mayor Gloria; “Quaerite primum Regnum Dei et haec omnia adiicentur vobis”[39]

Dios no sería Dios si no fuera fiel a sus promesas. "Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá...".

Quien reza y queda decepcionado, lo debe al hecho de ponerse fuera del Primer Mandamiento "Yo soy el Señor Dios tuyo, no tendrás otro Dios fuera de Mí". Y porque no observa el Mandamiento fundamental: "¡Ama a Dios con todo el corazón!", su oración no es escuchada.

Se ha olvidado que Yo he enseñado a los Apóstoles y a vosotros cómo se debe rezar: "Padre nuestro que estás en el Cielo...”

Ponerse en la presencia de Dios es un elemento de primer orden en la oración. El orante se olvida de sí mismo para subir con su alma a Dios Padre que es el único Grande, el único Santo, el único Bueno.

Algunas reflexiones

Aquí entra el Mandamiento del amor como parte esencial de la oración a Dios Padre. La Paternidad divina equivale también al amor del prójimo. Decimos "Padre Nuestro" para recordarnos el amor hacia los hermanos como nosotros hijos de Dios, del mismo único Padre, del Cual ha brotado por creación nuestra vida y hacia el Cual nos dirigimos.

En Él debemos fijar nuestra mirada con confianza como el náufrago mira con confianza y esperanza a la estrella polar.

"Santificado sea tu Nombre": Debemos santificar, esto es, glorificar el santo Nombre de Dios, uniéndonos al coro de todas las voces (nihil sine voce[40]) y satisfaciendo así la finalidad de la Creación que es la glorificación de Dios.

"Venga Tu Reino": Quien verdaderamente ama se olvida de sí mismo, porque su pensamiento corre hacia la persona amada para la que quiere la felicidad.

"Hágase tu Voluntad” el buscar la realización de nuestros deseos y quereres, es anteponernos a los demás y esto es egoísmo. El anteponer a nuestra voluntad la Voluntad Divina, esto es amor.

Si el que reza, reza con estos sentimientos, y se pone en la presencia de Dios, preocupado sólo de su gloria, del advenimiento de su Reino, de la realización de su Voluntad, ve que su oración produce efectos inesperados y maravillosos. Todo le será dado y en medida sobreabundante.

¿Puede tal vez Dios, Padre infinitamente bueno, dejarse superar por sus hijos? ¡No, esto no! Por esto Él dejará caer sobre el orante una lluvia de gracias y de dones celestes. Dios nos pide a nosotros que lo amemos.

No tolera que nosotros lo pospongamos a nuestras mezquindades humanas, porque sería ofensa e ingratitud.

 

Maestros de oración

 

“Mis ministros ¿no deberían ser maestros incansables para enseñar a los fieles a rezar? Una buena mamá no se cansa jamás de enseñar a sus niños, a medida que crecen, las cosas necesarias para la vida. Y mis ministros ¿no son ellos los que engendran, mediante el Bautismo, la vida divina en las almas? ¿No vivís vosotros una auténtica paternidad espiritual sobre los fieles confiados a vuestro cuidado? ¿Qué cosa es la que os hace descuidar deberes tan importantes?

Los efectos desastrosos de esta paternidad tan mal ejercida sobre vuestros hijos espirituales los podéis constatar, si tenéis el valor de observarlos.

A Dios, justo Juez, nada escapa de lo que debéis dar. Está en juego la salvación de tantas almas cuyo precio es infinito.

Hijos míos, es verdad, que las causas de la crisis de Fe, que está encaminándose a su epílogo, son diversas y algunas de ellas están fuera de vuestra voluntad; pero también es cierto que algunas de estas causas se os deben imputar ¿Qué será de vosotros, si no os arrepentís y no hacéis penitencia?

¿Qué será de vosotros, si continuáis sirviéndoos a vosotros mismos en vez de servir a Dios?

Hijos y sacerdotes míos, el tiempo que os queda no es mucho. No Yo, sino vosotros estáis determinando vuestra eternidad.

Hijo, no me canso de pedirte oraciones y reparación”.

 

13 de febrero de 1976

 

LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS

 

(...) “El Paraíso es una cosa tan grande que vosotros peregrinos en la tierra no podéis comprender.

En el Paraíso no hay posibilidad ni de crecimiento, ni de disminución de la propia felicidad que no consiste, como vosotros estáis tentados de pensar, en una, aunque feliz, pero inmóvil situación de contemplación de Dios y de todas las bellezas del Universo que en él se reflejan.

En el Paraíso la vida no es inmovilidad estancada, aunque sobrenaturalmente maravillosa.

En el Paraíso la felicidad se renueva en aquel instante sin pasado y sin futuro, que se llama eternidad y que es siempre infinitamente nuevo (...)”.

En humildad de espíritu alabad y glorificad a Dios, Uno y Trino, por haber sido escogidos, aunque en medida diversa, pero todos para el mismo fin, como obreros cualificados para trabajar en la viña del Señor, para contener el irrumpir de las aguas del Infierno por medio de las cuales se trata de derribar la Iglesia de la que Jesús es Cabeza tres veces Santo. De Él, Cabeza, se quiere destruir la identidad divina y humana; se quiere destruir a la Virgen Santísima, la Madre que ha engendrado a la Iglesia en el dolor y en el amor sin límites.

Sois hijos predilectos llamados para colaborar, con la oración y el sufrimiento, para que la Iglesia no sea destruida como el Infierno y sus aliados quisieran.

 

Realmente unidos

 

Acordaos de la Comunión de los Santos: estáis realmente unidos a nosotros.

Es un poco tibia vuestra fe en este gran Misterio. Somos hijos del mismo Padre celeste, tenemos en común la misma santa Madre, circula en nosotros la misma linfa vital. Tenemos los mismos intereses: la gloria de Dios para propugnar en todas partes, la realización de la voluntad divina.

No olvides nunca que la muerte corporal os separa solo físicamente, pero no espiritualmente.

Este grande y misterioso dogma, no basta con creerlo vagamente. Debe ser vivido en su realidad humana y sobrenatural. El hilo de la vida no se rompe enteramente sino sólo parcialmente.

Os repito: ¡vivid este Misterio día y noche!

 

19 de febrero de 1976

 

NO TENDRAS OTRO DIOS

 

Te he hablado, hijo, de la necesidad que quien reza se ponga en mi presencia, subiendo hasta Mí con un acto de Fe, de Esperanza y de Caridad.

El hombre debe ponerse ante Mí, no para ponerme ante sí mismo y a su egoísmo, preocupado siempre en pedir cosas materiales, sino que debe recogerse ante Mí, adorando y orando por la glorificación del Nombre de mi Padre, para pedir el advenimiento de mi Reino y para la realización de mi Voluntad.

Al hombre de fe, que hará esto, le será dado todo lo demás.

El primer mandamiento "Yo soy el Señor tu Dios, no tendrás otro Dios fuera de Mí" significa que el hombre, criatura libre e inteligente, debe colocarse en la tierra en el plano justo ante Mí, si quiere encontrar en su peregrinaje terreno, (porque tal es la vida humana, un camino hacia la eternidad) el equilibrio entre las exigencias materiales y las exigencias espirituales de su persona.

La necesidad de lo sobrenatural es tan fuerte en el hombre que, si le faltan estas realidades trascendentes, no tiene felicidad, no tiene paz; el tormento se hace tan grande que lo lleva no raras veces a la desesperación.

 

Retornar a Dios

 

El hombre es obra de Dios, y Dios conoce aquello de lo que tiene necesidad. Por eso le ha dado el primer mandamiento que lo pone en el camino donde colocarse a sí mismo en el puesto justo de la economía del Orden universal.

El hombre, salido de las manos de Dios, recorriendo su lógico y natural circuito, retorna a Dios.

Es ésta la lógica de la fe y de la razón que así lo quieren, que así lo exigen.

¿Tú me preguntas cómo? Es simple, hijo mío: haciendo de Dios la primera y suprema finalidad de la propia existencia.

"Conocer, amar, servir a Dios en esta Vida para luego ir a gozarlo en la otra en el Paraíso".

Esto es auténtico, genuino catecismo que la perversión de las mentes y de los corazones, fruto natural de una concepción naturalista de la vida, ha apagado en los cristianos e incluso en no pocos de mis ministros.

¿Quieres un ejemplo práctico de esto?

No muy lejos de tu ciudad, un religioso, que tú conoces, alma consagrada que debería tender hacia la perfección y conocer este catecismo sobre el origen y sobre la finalidad de la vida, sabes que en la confesión absuelve, sin exigir arrepentimiento, todas las impurezas, incluso el adulterio.

Ha borrado de su vida, y de la vida de muchos fieles que se agolpan en su confesionario, no sólo el sexto y el noveno mandamiento, sino todos los mandamientos.

¡Y no es solo aquel desventurado religioso en pensar de este modo!

Pero los obispos ¿no se dan cuenta de lo que está pasando en sus Diócesis? Y, si lo saben, ¿Por qué no tienen el valor de quitar a esos la facultad de confesar? ¿Por qué toleran centros de verdadera corrupción?

 

Sus intereses

 

¡Qué lejos están de perseguir la verdadera finalidad de la vida, hoy, cristianos y sacerdotes siempre ocupados, como si ellos fueran los regidores del mundo! Están agobiados en buscarse a sí mismos, a su propio yo.

En apariencia tú los ves llenos de celo y activos, todos atrapados en sus iniciativas. Date cuenta de que he dicho de "sus" iniciativas, no de las mías que son mucho más simples, seguras y luminosas: buscar a Dios con todos los medios disponibles, amar a Dios sobre todas las cosas, antes de vuestros intereses o de los otros.

Los intereses de Dios son:

1. La Gloria de Dios.

2. El Reino de Dios.

3. La Voluntad de Dios.

Servir a Dios excluye el servirse a sí mismo.

Hijo ¿cuántos son los sacerdotes que sirven fielmente a Dios? ¡Los podrías conocer aún tú!

Si a las plantas se les juzga por sus frutos es fácil comprender quiénes sirven a Dios, y quiénes al contrario se sirven a sí mismos esto es, al Demonio. Verás cuántas peras agusanadas caerán todavía, traicionando, apostatando y renegando. Lo veréis con vuestros propios ojos...

Hijo, debo decirte que la necedad humana es verdaderamente ilimitada. Sin embargo sabéis que nadie puede escapar de la muerte "Statutum est hominibus semel morí"[41] y todos sabéis que la muerte no es el fin total del hombre, sino sólo la momentánea separación del alma del cuerpo.

Pero Jesús mío, ¿y los ateos?

“De palabra son muchos, un número ilimitado. En realidad son mucho menos; de cualquier modo no hay ninguno que frente a la muerte no tenga dudas o perplejidad. Pero Yo te estaba hablando de aquellos sacerdotes que están lejos de poseer aquella sabiduría que hasta los paganos tuvieron. Cicerón decía: "Mors, quam bonum est judicium tuum"[42].

El pensamiento de la muerte, considerado sabio por los mismos paganos, está alejado del ánimo de esta generación incrédula como algo nefasto y triste. Nadie, salvo pocas excepciones, piensa en la muerte como punto de llegada y como punto de partida.

¡El número de los necios es verdaderamente grande más allá de lo que se puede decir!

Reza y repara. No te alarmes; ofrecerás tu sufrimiento: él Me es agradable. Como incienso perfumado sube hasta mi Trono para luego descender en una lluvia de gracias.

Te bendigo, hijo, y contigo bendigo a los que te son cercanos, que te aman, que colaboran contigo para que sea conocida mi palabra, que es palabra de vida.

 

20 de febrero de 1976

 

NO MATARÁS

 

Mi Ley es sobrenatural y eterna. Vosotros la llamáis ley natural porque es conforme a todas las exigencias de vuestra naturaleza humana, a fin de que podáis conseguir aquel feliz equilibrio del que sentís necesidad.

Quien infringe esta ley, sea o no cristiano, perjudica la semilla de donde brota el justo equilibrio sin el que no puede haber en el hombre serenidad y paz, por tanto felicidad; y va a romper el orden establecido por Dios con consecuencias incalculables.

Esto es evidente: pero la maldad humana, amasijo de soberbia, de rebelión y de división, infringe voluntariamente la ley y destruye este germen divino llevando al hombre fuera del sendero del bien, haciéndolo perderse en un laberinto a menudo sin camino de salida.

He aquí, hijo mío, que con satánica insistencia, contra todo elemental derecho a la vida, contra todo derecho de la naturaleza, se quiere una inicua ley humana que legalice lo que Dios ha condenado desde siempre: el homicidio.

Esta ley: "No matarás", redactada y sancionada por el Padre, constituye una columna que sustenta el derecho natural. Quien la infringe no solo se pone en una actitud soberbia de desafío a Dios Creador, sino que violenta la misma naturaleza, realizando un crimen que grita venganza a los ojos del Cielo y de la tierra.

 

Matanza salvaje

 

Tú me has entendido, hijo: quiero hablarte del aborto, abominable parto de mentes congeladas por Satanás en el odio contra Dios y contra el hombre.

A los propugnadores de esta ley, cuya crueldad no es inferior a aquella de Herodes, no les importa la inhumana matanza de millones de criaturas inocentes e indefensas, no les importa romper la armonía de la Creación. Una cosa les importa: dar desahogo al odio inextinguible contra Dios y contra los depositarios de la ley de Dios.

Es impresionante que los inventores de esta conjura, hecha contra Dios (porque éste es el móvil principal de quienes luchan por la legalización del aborto), hayan encontrado tantos aliados. Se han convertido en una multitud separada de Dios y encaminada por la vía del crimen.

En medio de estos, tú ves no sin espanto a algunos de mis sacerdotes, incluso algún pastor que, disimulado, se hace pequeño para no ser descubierto. En vano, porque un día, aquel día grande de amargo llanto, Yo los acusaré frente a toda la humanidad por haberse prestado a la realización de un inicuo plan del Infierno.

 

Culpa gravísima

 

El aborto procurado es culpa gravísima, cuyo origen es de Satanás, porque es transgresión de la ley de mi Padre, que es ley de amor tendiente a conservar, defender y proteger el don impagable de la vida.

¿Qué hombre tiene el derecho de suprimir la vida de otro hombre?

¿Qué Estado puede arrogarse el derecho de romper el equilibrio de la naturaleza humana?

¿Qué Estado puede exaltar el derecho de abrogar una Ley divina? El pretender hacerlo es un crimen de tal gravedad que Dios no puede dejar impune.

El aborto es abominación y perversión fruto de una sociedad corrompida y anticristiana.

¡Ay de aquellos sobre cuya conciencia pesará tan tremenda responsabilidad!

No solo Yo seré inexorable Juez, sino que serán los seres humanos, víctimas del aborto los que se dirigirán directamente a mi Padre, Dador de la vida para pedir justicia sobre sus verdugos materiales y morales.

Hijo, la legalización del aborto es un producto de la barbarie materialista; pero cuántos otros hay: la violencia, los crímenes, la droga, la pornografía, la corrupción organizada, secretamente querida y financiada, aunque públicamente deplorada.

Si te hiciera ver el verdadero rostro de esta sociedad incrédula, te repito que de ello te morirías.

Esta humanidad ha rechazado la salvación ofrecida por mi misericordia; la salvaré con mi justicia.

Hijo, reza, reza; ¡no te canses!

Hoy no ves sino lo que ha podido la perversidad del Maligno; mañana verás cuánto ha podido la oración y el sufrimiento de los buenos.

Te bendigo, hijo mío; ámame.

 

25 de febrero de 1976

 

SIEMPRE HE HABLADO

 

“Ahora no puedes desear más para creer en lo que te he dicho en relación con la crisis de Fe que envuelve a mi Cuerpo Místico.

¿Has visto cuánta fatiga es precisa, incluso de los así llamados buenos, para creer en Mí, Verbo de Dios hecho Carne, realmente presente en mi Iglesia, en el Misterio de la Fe y del Amor? ¡Cuánta fatiga deben pasar los así llamados buenos para otorgar el derecho de ciudadanía al Hijo de Dios!

Así, se logra todavía con mayor dificultad admitir que la palabra de Dios se puede manifestar a alguno, como y cuando Dios cree.

¡Yo quisiera hablar con todas las almas! Esta es una exigencia de mi Amor infinito. Hablar quiere decir comunicarse con las almas, y comunicarse quiere decir dar algo.

En mi caso comunicar quiere decir dar luz a las almas; pero son poquísimas las dispuestas a recibir y dispuestas a aceptar el diálogo Conmigo. Para la mayoría faltan las previas disposiciones de fe, de humildad y de amor.

Las almas que carecen de estas virtudes no admiten que otras las puedan tener.

 

Si verdaderamente creyeran

 

La Cristiandad vive en las contradicciones. Se dice creer en Mí, Verbo hecho Carne, por tanto verdadero Dios y verdadero Hombre, pero de hecho se me niega, negándome el derecho de hablar. Si verdaderamente creyeran en Mí, entonces creerían en lo que Yo, Dios, he hecho desde los orígenes de la humanidad.

He hablado siempre a los hombres.

He hablado directamente a Adán y a Eva. He hablado a Caín.

He hablado a los Patriarcas, he hablado por medio de los profetas. He hablado por medio de mis Santos.

Yo, hoy, ¿¡no puedo y no debo hablar!?... y ¿sabes por qué? Porque para los materialistas Yo no existo.

El hablar, decía, es comunicar; comunicar quiere decir algo: una idea, una verdad o también una mentira como hacen tantas veces los hombres con su espíritu torcido, dirigido al mal.

Lo que siempre y en todas partes ha sido una necesidad elemental de la naturaleza humana, se le quiere negar al Autor de la misma naturaleza.

 

¿Qué saben ellos?

 

Algunos por ejemplo, no creerán, que Yo haya hablado por medio de ti, mi pequeña pluma despuntada. ¿Por qué? ¿No me he servido Yo de San Pablo? Y ¿quién era Pablo antes de la conversión? ¿No me he servido de San Agustín? Y ¿quién era Agustín antes de la conversión? Por medio de cuántos Agustines no he hablado a los hombres en los siglos... ¿Qué saben ellos de lo que ocurre entre Mí y tu alma?

Es paradójico decir "Creo que Jesús es la Palabra viviente, es el Hijo de Dios" y luego negar que Jesús pueda hablar a una alma. La primera afirmación es destruida por la segunda.

¡Cuántas otras cosas son hoy paradójicas en mi Iglesia! Como el comportamiento de algunos sacerdotes que dicen creer en mi Presencia real, cuando la realidad de su vida es un mentís a lo que dicen con los labios. Si creyeran en mi Presencia en el Misterio del Amor, deberían creer también en la razón que me ha inducido a la institución del Prodigio Eucarístico.

¡Oh, hijo, si se quisiera analizar a fondo la vida y la fe de mis ministros, se llegaría a conclusiones amargas...

Reza, hijo, no te canses.

Te bendigo.

 

28 de febrero de 1976

 

LAS COSAS CAMBIARÁN

 

No pienses que el mundo esté muy cambiado de lo que era hace casi dos mil años. Para cambiar radicalmente, deberían cambiar las causas de los males que están precisamente en las raíces de la naturaleza humana.

El hombre puede progresar o retroceder pero no puede cambiar substancialmente; quedará siempre como un ser mortalmente herido en su naturaleza debilitada por el pecado original, por lo que estará siempre inclinado al mal al que podrá, queriéndolo, superar con la ayuda que le viene de lo Alto.

He aquí porqué, después de dos mil años de Cristianismo, el hombre no ha cambiado mucho. Hoy, como hace dos mil años, y con la misma crueldad ciega, se renueva mi Pasión. Con la misma absurda tenacidad el hombre de este siglo materialista y descreído prefiere a Barrabás y grita: "¡Sea crucificado el Cristo!".

En la raíz encuentras siempre la misma causa: el odio de Satanás contra el Verbo de Dios, hecho Carne para la salvación de la humanidad, el odio de Satanás contra Mí, Salvador y contra el hombre al que quiere arrastrar en su misma perdición.

Esta es la verdadera razón por la que, después de dos mil años, en las logias masónicas, en los parlamentos, en las aulas universitarias, en las revistas, en la radio y en la televisión, en las sedes de los partidos, en los periódicos, se continúa gritando el "Crucifigatur". ¡Sea crucificado el Cristo y viva en cambio Barrabas!

 

La venganza del Diablo

 

Satanás, congelado en su odio contra Dios desde el momento en el que se rebeló y cayó, concibió su venganza. De este odio vive, de este odio se nutre y de este odio ha hecho la finalidad de su existencia.

Siendo superior a la naturaleza humana, puede mucho sobre ella, y se vale de esta superioridad para azuzar al hombre al mal.

He aquí, porqué hoy, como hace dos mil años, tú ves en el hombre los mismos instintos brutales de su naturaleza herida, las mismas manifestaciones de odio en lo que a Mí respecta.

Jesús mío, entonces ¿qué culpa tiene el hombre si un ser más fuerte que él lo empuja inexorablemente al mal?

“Hijo, no olvides que Yo he venido precisamente para esto: para restablecer en la naturaleza humana el orden tan terriblemente turbado por el pecado original.

No olvides cómo Yo he unido a la Naturaleza divina la naturaleza humana para tener la debida satisfacción y reparación por parte de la humanidad. El devolver a la naturaleza humana, envilecida con el pecado, su primitiva dignidad, ha exacerbado terriblemente en Satanás la sed de odio, de envidia y de celos hacia vosotros.

Con todo esto no se puede justificar el mal que los hombres hacen, incluso bajo el impulso de Satanás, porque el hombre es libre y la Redención ha restablecido el orden y el equilibrio turbados. Precisamente por medio de la Redención le son proporcionados al hombre los medios necesarios para afrontar y superar las tentaciones.

Si luego el hombre, complaciente, presta oídos a la voz del mal, lo hace no sin su responsabilidad. Si voluntariamente rechaza los frutos de la Redención, se pone en una pendiente peligrosa por la que fácilmente resbalará, de precipicio en precipicio, hasta el fondo del abismo.

 

“¡Viva Barrabás!”

 

Hijo, he aquí porqué hoy al Amor, esto es al Hijo de Dios que se hizo Redentor de los hombres, se le grita con rabia el "Crucifigatur". He aquí porque se repite el "¡Viva Barrabás, muerte al Nazareno!".

— ¡Viva Barrabás!

Viva el crimen, viva la violencia hasta la exaltación de uno y de la otra.

Viva el odio, viva la prostitución y la pornografía.

Viva la prensa perversa, viva la inmoralidad exaltada a través del cine y de la televisión.

Viva Barrabás: Viva el mal y muerte a Cristo, el Salvador.

— ¡Muerte al Amor! venido a salvar a la humanidad perdida, envilecida y esclava; venido para devolver a la humanidad libertad y dignidad; venido para entreabrir a la humanidad horizontes de esperanza, horizontes nuevos e infinitos de salvación.

Pues bien, frente a este drama ¿cuál es el comportamiento de muchos de mis sacerdotes?

Para no pocos de ellos es de neta indiferencia, para otros es de simpatía y colaboración con mis enemigos. Son los sacerdotes marxistas, vergonzosamente suscritos a diarios ateos y materialistas. Son mucho más numerosos de los actualmente conocidos: lo veréis en la hora de la prueba.

Luego está la postura de los sacerdotes de oficio, que no han sabido ver en el sacerdocio, el Misterio de la Iglesia, del que son parte esencial; en efecto ¿cómo se podría pensar en la Iglesia sin el sacerdocio, que es su espina dorsal?

¡Precisamente como en El Calvario! Muchos eran los indiferentes y los curiosos. Estaban los escribas y los fariseos, aliados e instigados por los sacerdotes; pocos, poquísimos los buenos: la Madre, San Juan, la piadosas Mujeres, algunos discípulos y entre estos los pastores.

El mundo, hijo, ha cambiado muy poco porque la matriz del mal es siempre la misma. Es a esta matriz del mal a la que se necesita apuntar para limitar su potencia ofensiva, para prevenir sus movimientos y neutralizar su acción. Esto no se ha hecho por todos, y no se ha hecho en la justa medida.

           

Fermento de vida

 

A pesar de todo, las cosas cambiarán: mi Pasión y Muerte han traído al mundo tal fermento de vida por lo cual las fuerzas del Mal no prevalecerán.

Mi Pasión continúa en mi Cuerpo Místico. Los sufrimientos de los buenos, de los santos, de las almas víctimas han dado y darán sus frutos.

La Tierra será bañada por la sangre de nuevos mártires que anticiparán el alba radiante de una Iglesia renacida a nueva vida, de una Iglesia que tomará el puesto de maestra y de guía de los pueblos de todo el mundo.

Las fuerzas del Mal serán aplastadas bajo el talón de Aquella que, como ejército formado para la batalla, marcará otra espléndida victoria para la Cruz y para la Iglesia. La humanidad será devuelta al Padre que la ha querido bienaventurada por la eternidad.

Hijo mío, reza. Ofréceme, como siempre, todo lo que tienes, todo lo que eres.

Te bendigo, ámame.

 

6 de abril de 1976

 

ESTARÉ A TU LADO

 

Angel mío querido, que has sido puesto por Jesús a mi lado para asistirme y defenderme, yo pobre Sacerdote me reconozco culpable ante Ti de tantísimas culpas.

Habría debido amarte más, buscarte más, especialmente en los momentos difíciles de mi vida. Sin embargo mis muchas miserias, las necias preocupaciones humanas y la infidelidad han arrebatado a mi alma la luz indispensable para hacer el bien, han quitado a mi voluntad esa agilidad y firmeza para hacer frente a las astucias y a las insidias de la Serpiente, siempre al acecho y dispuesta a golpear con su veneno, y me han privado de tu ayuda.

Angel mío querido, perdona mi negligencia, mi culpable necedad.

Provee tú, vigilante custodio y centinela, a defenderme y a protegerme contra el asalto del infernal enemigo y de sus legiones.

Angel custodio mío, hazme sentir tu real y benéfica presencia, házmela sentir en la vida y en modo especial en la hora de la muerte.

Ahora, oh amigo de mi alma, si me quieres hablar, háblame. Con la Gracia Divina me dispongo a prestarte toda mi atención.

 

Amistad intensificada

 

“¡Si, hermano mío! No te asombre si te llamo de este modo.

Somos hijos del mismo Padre; somos miembros del mismo Cuerpo; vivimos de la misma linfa divina; somos objeto del Amor y estamos vivificados para los mismos fines: ¡la Gloria de Dios Omnipotente, su Reino, su soberana, divina Voluntad!.

Hermano, en un mensaje anterior me he presentado a ti, pero el lazo que nos une debe siempre aumentar, acrecentando así nuestra relación. Nuestra amistad puede y debe ser intensificada con nuestra voluntad recíproca.

Mira, si entras en una casa oscura, en ti es instintivo buscar la fuente de la luz, encendiendo un fósforo, accionando un interruptor.

¡Cuánta oscuridad tenéis en torno a vosotros hermano mío! ¿y entonces?

Tú búscame. Yo soy como el interruptor que, saltando, te haré inundar de luz divina.

De hecho, aun siendo tú Ministro de Dios, no conoces todos los medios de santificación.

Hermano mío, ¡eres Ministro del Omnipotente! Y Él, el Omnipotente te ha hecho participante de su divina Soberanía.

Si tú y los demás Sacerdotes fuerais conscientes de esta realidad, podríais verdaderamente dar la vuelta a la situación.

El atrevimiento de las fuerzas tenebrosas del mal disminuye en la medida en que crecéis en el proceso de vuestra santificación.

Cuanto más subáis vosotros sacerdotes en la luz de Dios, tanto más las fuerzas del mal descenderán y se hundirán en la oscuridad del Infierno.

Hermano, se necesita intensificar nuestras relaciones, se necesita una comunión no ficticia sino real. Lo exige la Voluntad divina a la que debemos reconocer humildemente y actuar. La prueba para ti, hermano, está en acción.

El Amor de Dios me ha puesto a tu lado para ayudarte a superarla. Estaré junto a ti para defenderte; la lucha tendrá momentos de dura aspereza.

¡Adelante sin temor, Jesús te llevará a la victoria!

Llámame y yo estaré junto a ti. Juntos recibamos la bendición de Él, Uno con el Padre y el Espíritu Santo.

 

7 de abril de 1976

 

HIJOS MIOS ¡VALOR!

 

Hijo mío, escribe: Soy Yo, la Madre, la que completo la serie de los mensajes de estos días.

Son voces que vienen del Cielo. Son voces que atentamente debéis acoger y meditar con fe.

Son Gracias que Él y Yo, Madre suya y vuestra, hemos predispuesto para que podáis proceder con serenidad y solicitud a adaptaros a la Voluntad divina siguiendo los impulsos y las sugerencias tan claramente dadas.

Hijos míos, no debéis, no podéis dudar más. La duda en vosotros, se vuelve ingratitud culpable. No os detengáis en una lectura simple, superficial, sino reflexionad atentamente, rezad fervorosamente, ofreced generosamente. Buscad el intensificar vuestra unión con Él y Conmigo que soy para vosotros realmente madre.

Hijos míos, ya no es tiempo de ligerezas. Mis lágrimas son lágrimas de dolor y de amor. Los hijos verdaderamente buenos funden las lágrimas de la madre que los ama tiernamente, con las suyas. Quiero decir que los hijos verdaderamente buenos no se contentan con saber o deplorar que la Madre llore, sino que lloran con la Madre, porque el dolor de la Madre es su dolor.

Hijos míos, ¡animo! Estáis en mi Corazón Inmaculado, estáis en el Corazón Misericordioso del mío y vuestro Jesús. Las nubes precursoras de tormenta se amontonan cada vez más en el cielo. Recemos y reparemos, a fin de que el temporal no estalle antes del tiempo.

Las iniquidades se multiplican, los sacrilegios van en aumento, los pecados y las provocaciones son más numerosos que las arenas del mar. Si no se contrapone penitencia, oración y reparación, la hora de las tinieblas puede ser anticipada.

 

Reaccionar contra el mal

 

La humanidad, puesta en la balanza, se ha encontrado pavorosamente en deuda con la Justicia divina.

Vosotros, hijos míos, podéis y debéis reaccionar contra el mal ofreciendo vuestra efectiva colaboración a las fuerzas del bien. No prevalecerán, porque Yo intervendré una vez más, como ejército formado para la batalla.

Bajo el impulso y la influencia de Satanás y de sus formaciones, la humanidad pecadora se ha organizado. También las fuerzas del bien, superando todas las dificultades, se deben unir para rechazar el ataque del Enemigo.

¡Todos sois hijos de Dios! Esto debe bastar y ser más que suficiente para unirnos en defensa de la verdad y de la Iglesia, que es y será siempre una Madre amorosa para vosotros.

¡Estemos unidos con Jesús, nuestra Cabeza, nuestro Rey Divino!

Os bendigo, hijitos míos, os bendigo. Con vosotros bendigo a los que os son queridos.

 

TEN PIEDAD DE MÍ

 

Señor, yo creo en Ti, Uno y Trino.

Creo en Ti, te amo, te adoro y te doy gracias, Padre que me has creado.

Creo en Ti, te amo, te adoro y te doy gracias, oh Verbo Eterno de Dios hecho Carne, Redentor de la humanidad.

Creo en Ti, te amo, te adoro y te doy gracias, oh Espíritu Santo, alma de la Iglesia y alma de mi alma.

Te pido perdón, oh Dios mío, por esa multitud de culpas, más numerosas que las arenas del mar, que he cometido en el curso de mi vida.

Pecando te he ofendido a Ti que eres el Alfa y la Omega, el Amor eterno e infinito, que eres el único, máximo Bienhechor de todos y de todo. Señor, conviérteme radicalmente a Ti, en la entrega de mí mismo, en la realización de tu Voluntad.

Quiero vivir en un amor creciente por Ti, Uno con el Padre y el Espíritu Santo. Quiero vivir para tu Madre y mía, para San José, para la Iglesia triunfante, purgante y militante.

¡Señor, ten piedad de mí! Soy un hombre pecador...

 

 

LÍBRANOS DEL MALIGNO

 

Confidencias de Jesús a un Sacerdote

 

Parte 3ª

24 de Mayo de 1976

 

LA GRAN BATALLA

 

Hay una guerra que no terminará hasta el fin de los tiempos.

La más grande batalla de proporciones apocalípticas se combate en el Cielo entre los Ángeles fieles a Dios y los Ángeles rebeldes a Dios, los primeros encabezados por el Arcángel San Miguel y los segundos por Lucifer, el terrible dragón del Apocalipsis.

"Entonces se entabló una guerra en el Cielo: Miguel y sus Angeles combatieron con el Dragón que fue precipitado". Es Satanás, la antigua Serpiente que insidió a los primeros padres induciéndolos por el orgullo a la desobediencia.

Esta es la terrible realidad de la que el mundo se ríe estúpidamente mientras sufre su acción mortífera hecha de tiranía, oscuridad y sufrimientos. El reino de Satanás es el reino de las tinieblas, es el reino del mal, de todos los males, porque los males de cualquier naturaleza manan de él como de fuente de toda iniquidad.

La batalla que se combatió en el Cielo en la presencia de Dios fue una inmensa batalla de Inteligencias, que determinó para la eternidad el futuro destino de los ángeles y de los hombres. Fue un hecho histórico de primera importancia que abarcaría cielo y tierra.
¡La historia de la humanidad está ligada y condicionada a este suceso, digan lo que digan o piensen los hombres!

Las Santas Escrituras, las afirmaciones de los Padres y de los Doctores de la Iglesia dan claro testimonio de ello.

 

Escépticos e incrédulos

 

Los particulares momentos que vivís y el inmediato futuro que os espera os harán creer en la intervención de las milicias celestes, bien sea por una peculiar presencia de la Providencia divina que gobierna al mundo, o bien, por la gravedad de los acontecimientos que pondrán de manifiesto la presencia del perturbador del orden establecido por Dios, como el Papa Pablo VI con valor os ha dicho: "el racionalismo primero, el materialismo ahora han hecho de todo para poner en descrédito el hecho más importante del cielo y de la tierra sin el cual ninguna explicación es aceptable".

La presencia no sólo Mía, sino también de Satanás en la historia y en la Iglesia, con los hechos que lo comprueban, choca terriblemente con la pueril tentativa de los enemigos de Ella para minimizar e incluso negar la límpida realidad.
Con tristeza y con dolor se debe constatar hoy que no sólo los tradicionales enemigos míos y de mi Iglesia niegan la presencia junto a los hombres de seres de naturaleza diversa de la humana, pero hasta cristianos y ministros de Dios son escépticos e incrédulos, con grave daño para ellos en lo personal y gravísimo daño social.

El Enemigo del hombre ha conseguido narcotizar muchas almas y muchos corazones, así queda menos contrastado su radio de acción. Por desgracia en la Iglesia, aún a los que afirman creer les falta luego la más elemental coherencia con la Fe que afirman poseer.

 

Indiferencia culpable

 

¿Se puede permanecer pasivos, o casi, frente a la acción de un enemigo furiosamente activo que no carece ni de inteligencia ni de potencia para combatir a las almas a las que odia y quiere atropellar y perder?

Razonablemente se diría que no. Pero por desgracia la realidad es bien diferente: indiferencia y escepticismo se encuentran incluso en aquellos que, por razón de su estado, por el fin primordial de su vocación y por coherencia con la fe deben, no sólo sostenerla, sino defenderla y difundirla, y en cambio permanecen inertes.

Se han atrofiado en acciones secundarias y ciertamente no aptas para confinar y limitar la tremenda obra devastadora de Satanás y de su Iglesia.

¿Cómo se explican ciertas lagunas, que han abierto pavorosas brechas al enemigo? Así por ejemplo, de improviso se anulan cada día medio millón de exorcismos que un gran Pontífice había establecido con intuición profética para este vuestro siglo, para combatir a Satanás y a sus legiones...

Me refiero a la oración a mi Madre y vuestra, y a San Miguel que se recitaban al final de la Santa Misa.

¿Con qué cosa se ha pensado sustituir tan importantísima disposición tomada por un Vicario mío y confirmada por tantos santos Sucesores suyos? ¡Con ninguna medida!

¿Es sabiduría destruir lo que se había construido con sabiduría e inteligencia, sin proveer después a sustituirlo? Esto es un ejemplo: pero ¡cuántos más se podrían traer!

¿No es caso de reflexionar, haciendo un serio examen de conciencia?

Te bendigo, hijo mío.

 

25 de Mayo de 1976

 

FORTALEZA DESGUARNECIDA

 

El comunismo ateo y la transformación de la sociedad, mediante el proceso industrial en curso en la civilización de consumo, han sido inmejorables armas en manos del Enemigo del hombre para volver materialista y atea a la humanidad entera; han sido los medios mejores para alejar al hombre de Dios.

El Enemigo, que desde la creación del hombre no ha descuidado nada para arrancarlo de Dios y dirigirlo al camino de la perdición, ha orquestado con su inteligencia, superior a la humana, una guerra que conduce con tenacidad y perfidia.
Es justo decir que no han faltado las tentativas de reacción. Pero es increíble que, a medida que crecía la acción pervertidora del Enemigo, se debilitase en mi Iglesia la contraofensiva con medios adecuados. Ha habido, sí en la Iglesia, una reacción externa bastante viva (Movimiento católico de Obreros, Estudiantes, Profesionales...) pero, por el contrario, se ha ido enfriando la acción interna de resistencia y de contraataque.

Os llamo aún la atención otra vez, y no por casualidad, León XIII, que vislumbró este gran peligro y no dejó de componer un Exorcismo que pudiera ser utilizado por todos, Sacerdotes y simples fieles, para detener el avance enemigo. Fueron poquísimos los que sacaron provecho de él; la mayoría no comprendieron.

El Enemigo, como hábil estratega, asaltaba la Iglesia no sólo desde afuera (Racionalismo, Revolución francesa, Positivismo, Masonería, Socialismo, Marxismo, etc.) sino que trabajaba hábilmente en su interior.

 

Hendidura interior

 

Los últimos Papas, - recordad, por ejemplo, Pío IX, León XIII, Pío X, Pío XII- han sido grandes luchadores contra los varios movimientos de ofensiva que, como columnas que el Enemigo hacia avanzar en varias direcciones, apuntaban a la Iglesia para denigrarla y resquebrajarla. Satanás buscaba destruirla y la acción más solapada la realizaba en el interior mismo de la Iglesia (ve el Modernismo, Horizontalismo, Permisivismo.). Mientras el asedio externo se hacía cada vez más estrecho y directo, él buscaba abatir las estructuras capaces de resistencia.

Cayeron así las cofradías, cayeron otras pías uniones y asociaciones que habían nacido y crecido para alimentar la vida de la Fe y la vida de Gracia.

Los Pastores de almas no advirtieron el desequilibrio que se estaba verificando en la Iglesia. No se las ingeniaron, salvas siempre excepciones, para remediar con otros medios más adecuados a la evolución de los tiempos. Mi Iglesia quedó como una fortaleza desguarnecida y desarmada. El grito de alarma lanzado por los Papas no siempre encontró aquella pronta y diligente colaboración que habría frenado e incluso detenido la acción del enemigo.

 

Correr a los refugios

 

No habríais llegado al estado actual; no tendría Yo hoy cristianos que no saben ni siquiera que están enrolados en un gran ejército, cuyo objeto es desbaratar al temible enemigo de vuestras almas, que no deja nada con tal de desviaros al camino de la perdición eterna.
Vosotros, vuestros hijos, vuestras familias, vuestra sociedad, os habéis encontrado hechos prisioneros sin ni siquiera daros cuenta, os habéis encontrado transformados en enemigos de vosotros mismos y del Sumo Bien, del cual, por el cual y para el cual habéis sido creados. ¡Este es el gran drama de la Iglesia!

Para libertar a mi Iglesia y a mis hijos de la tiranía cada vez más descarada del enemigo, ¡es necesario sublevarse y correr a los refugios sin demora! Para aliviar tantos sufrimientos causados por el dominio de Satanás sobre las almas, es necesario organizarse sin perder tiempo, actuar con humildad y con una fe tenaz.

¡Yo, Jesús, os daré las indicaciones a seguir!

Mientras tanto, para encontraros a vosotros mismos, extraviados y perdidos en medio de la anarquía imperante hoy, usad las indicaciones que la Virgen, Madre mía y vuestra, os ha dado en Fátima, en Lourdes y en tantísimos otros lugares: ¡Oración y Penitencia! Se necesita más oración y penitencia consciente.

Organizaos para este fin bien preciso: para que mi Corazón Misericordioso y el Corazón Inmaculado de mi Madre y vuestra apresuren el triunfo final de esta inmensa lucha, de esta gigantesca batalla en la que Vida y muerte, Luz y tinieblas, Verdad y error están frente a frente en una batalla decisiva.

Te bendigo, hijo mío.

 

25 de Mayo de 1976

 

CIVILIZACION DE CONSUMO

 

Cuando Yo he instituido los sacramentos, conocía la necesidad que los cristianos tendrían de ellos.

Esta necesidad no ha disminuido jamás, es más, se puede decir que hoy ha aumentado para vosotros en proporción a la rápida transformación de la sociedad patriarcal, agrícola y ganadera en sociedad industrial.

La industrialización ha traído mayor riqueza a los pueblos y a las familias. He dicho mayor riqueza y no mayor bienestar; os ha traído mayores comodidades materiales, pero no mayor felicidad.

Ha traído mayores y asombrosos medios de comunicación, pero no mayor unidad de corazones; es más, a través de estos medios mal usados, un contagio impresionante de males espirituales y morales aflige a la humanidad moderna.

Vosotros, nacidos y crecidos en esta sociedad en continua evolución, sois arrollados por su ritmo inexorable, muchas veces inhumano. Os habéis contagiado de su fiebre, a veces tan abrasadora, que produce un malestar espiritual tal que os hace perder de vista lo que siempre deberíais tener presente de modo vivísimo en vuestra mente: la finalidad principal de vuestra fugaz vida terrena. Así distraídos y atraídos al mismo tiempo por los frutos de la civilización de consumo, entra en vosotros el Enemigo, que con sus artes asedia las almas, oscureciéndolas, debilitándolas y privándolas del alimento necesario.

 

Trágica pendiente

 

La vida moderna no tiene tiempo para la vida interior, debilitando y a menudo matando la semilla de la Gracia, y al mismo tiempo deslumbrando a las almas con la cegadora fascinación que ejercen sobre los corazones los productos de la actual civilización.
El engaño y la mentira concurren para hacer materialista la vida y para haceros olvidar que la peregrinación terrena no se debe considerar como un fin en sí misma, sino única y exclusivamente en orden a la eternidad para la que fuisteis creados.
Con este terrible juego preparado y realizado con fina astucia, el Enemigo de Dios y del hombre ha logrado encaminar a toda la sociedad hacia una trágica pendiente, apartando a pueblos enteros de la vía del bien e implicando en este juego a la misma Iglesia.

 

La Santa Confirmación

 

En Mí, Verbo Eterno de Dios, no hay pasado ni futuro, Yo Soy el Instante en el que todo está presente. He dado a los hombres todos los medios necesarios para salvarse y defenderse de todos los males, que tienen como origen a Satanás, el Príncipe de las tinieblas que todo quiere oscurecer.

Los Sacramentos, frutos preciosos del misterio de mi Redención, los he querido y ligado al misterio de la Iglesia para vuestra salvación.

Entre estos Sacramentos he querido la santa Confirmación para hacer de cada bautizado un auténtico soldado con las armas adecuadas, con un sello y divisa indestructible llamado carácter. Esta divisa caracteriza al confirmado como soldado y lo distingue de quien no ha recibido este Sacramento.

Ahora, la crisis de fe, que ha descendido sobre la Iglesia por obra del Maligno, ha desarreglado el exterminado ejército de mis soldados.
Considerad, hijos, las consecuencias que se derivan en un ejército que ya no cree en sus oficiales y comandantes, que ya no cree en las razones por las que ha sido movilizado, que ya no cree en la eficacia de las armas con que ha sido dotado...
Imaginad el estado de ánimo de la tropa: inferiores y superiores que descuidan sus deberes; oficiales que no castigan las indisciplinas porque también ellos dudan aún de su propia razón de ser.

Medid qué potente fuerza erosiva disgrega a este ejército y considerad también la arrogancia y potencia del enemigo que conoce muy bien la situación de sus adversarios que ahora ya siente tener en sus manos.

 

La Iglesia, hoy

 

Esta es la situación de la Iglesia hoy. Todos pueden constatar la tremenda realidad. A Mí no me son imputables los males actuales, como por el Enemigo se querría hacer creer, sino a los que Yo había escogido con un acto de amor, para guiar y pastorear a mi rebaño.

Es inútil, como habían hecho los primeros padres y como tiende a hacer siempre el hombre culpable, intentar sacudirse de encima las propias culpas.

Sois responsables de esta falta de perspicacia, de esta falta de eficiencia en el ejército de los Confirmados, entre los cuales muchos ni siquiera recuerdan ser tales.

Lo que se necesita es humildad para saber reconocer las propias faltas y responsabilidades.

Te bendigo, hijo mío.

 

26 de Mayo de 1976

 

LA HOSTILIDAD DE SATANÁS

 

Escribe, hijo mío.

Yo, Jesús, nazco en Belén en un establo.

Para Mí no hay sitio en la posada donde los demás encuentran albergue. Esa hospitalidad no fue negada a María y a José sólo por la maternidad ya próxima en Ella, sino por una inconsciente hostilidad surgida en el corazón del posadero contra aquellos jóvenes esposos tan diversos de los demás. Satanás puede haber hecho del posadero un ignorante y dócil instrumento para obstaculizar a aquella pareja, que él teme y odia por la resistencia opuesta a todas sus insidias.

La hostilidad de Satanás se hará cada vez más fuerte. No puede rozar las almas de José y María: cada una de sus tentativas es rechazada con una decisión que lo aterra. Por esto rodea la situación actuando sobre las personas que me pueden dañar a Mí, Jesús, y a mi Madre. Pero ignora que, mientras realiza esta acción saturada de odio, sirve maravillosamente a los planes del Señor Dios, para que se acrecienten los méritos de aquellos dos jóvenes Esposos, a fin de que encuentre su pleno cumplimiento todo lo que de Ellos fue escrito por los profetas.

Satanás encontrará buen terreno en el espíritu corrupto de Herodes. Este hombre consumido por las concupiscencias del espíritu y de la carne, responderá dócilmente a todas las invitaciones de Satanás y ordenará la matanza de los inocentes. Dios Omnipotente salvará y sustraerá de las artimañas de Satanás y de su cómplice a Mí, su divino Hijo, con mi Madre y mi Padre putativo.
Así será en todas las demás tentativas directas e indirectas, llevadas a cabo contra mi santa Familia.

Nada, absolutamente nada, pudo el Demonio, no sólo sobre Mí, verdadero Dios y verdadero Hombre, sino tampoco sobre Mi Madre y vuestra, ni sobre José.

 

Combate directo

 

El descaro sin recato de Satanás llegará a enfrentarme en el desierto. Directamente, sin intermediarios, quiso cerciorarse de mi identidad. Y he aquí el ataque frontal a Mí que todo lo sé, para quien todo es presente, y que en la oración y en la mortificación me quise preparar para darle la respuesta merecida.

Durante mi vida pública son evidentes los tenaces esfuerzos de Satanás para molestarme de cualquier modo sirviéndose, sobre todo, del Apóstol infiel. También Judas, como Herodes, fue dominado por las concupiscencias del espíritu y de la carne, de la soberbia y de la sensualidad, y fue motivo de muchos sufrimientos para Mí.

Yo, que conocía perfectamente la obra demoledora de Satanás en Judas, opuse a ella oración y penitencia, aunque nunca encontré en él ni siquiera un mínimo de correspondencia.

¿Oponen los pastores de almas oración y penitencia por los sacerdotes confiados a su cuidado que están necesitados de ser rescatados del yugo del Maligno?

Y no solamente de Judas se sirvió Satanás, sino también de los otros Apóstoles, que no fueron inmunes a las tentaciones de presunción, de envidia, de celos. Se sirvió de los Sacerdotes del Templo, que llegaron a odiarme hasta el punto urdir contra Mí inicuas conjuras muchas veces. Se sirvió de los escribas, de los fariseos. Yo les resistí a todos, derrotándolos con la oración y con la penitencia, las armas esenciales para vencer las fuerzas del mal. Pero como hoy se rehusa usar estas armas, y se hace irrisión de la existencia del Demonio, os toca sufrir su acción despiadada, origen no sólo de sufrimientos morales y espirituales, sino también físicos.

 

Insensibilidad absurda

 

El porcentaje de los que sufren, hoy, en la Iglesia y en el mundo por el descarado poder de Satanás, es tan elevado que debería haceros verdadera impresión.  Frente a este problema, ¿no encontráis absurda la insensibilidad e incluso la incredulidad de no pocos obispos?

Lo demuestra el hecho de afanarse por hacer otras cosas secundarias, pero de esto poco o nada se hace.
A veces se llega a obstaculizar a aquellos que, con genuina intuición sacerdotal, han tratado hacer alguna cosa para restringir la acción maléfica de Satanás y de sus aliados.

Esta es la trágica realidad, ante la cual no pocos, por escasez de fe y de humildad, se rebelarán. Criticarán a quien ha osado hacer tales afirmaciones, ignorando que quien las ha hecho no es un hombre, sino que soy Yo, Jesús, que me he servido de un hombre, el Sacerdote más pobre y desprovisto.

Te bendigo, hijo; reza y repara. Ámame.

 

26 de Mayo de 1976

 

YO LO PERMITO

 

Escribe, hijo.

Yo, Jesús, Verbo Eterno de Dios, he sufrido por un tiempo la malvada acción de Satanás, saturado de odio y de envidia, a través de Judas, enteramente dominado por mi irreductible Enemigo; hoy la sufro a través de tantos Judas que celebran el Sacrificio de la Santa Misa en pecado mortal, y en pecado administran mis Sacramentos.

Satanás, por lo tanto, obra junto a Mí y ninguno se asombre si Yo permito que así sea.

Los motivos son bastantes. No quiero coartar su libertad; Satanás ha escogido libremente el mal, y en él está congelado. He querido así quitarle la razón que ciertamente habría usado para justificar su última derrota en el día del Juicio Final.
Lo que hoy se realiza en el alma de muchos Sacerdotes míos, instigados e insidiados por el Demonio, es tan grave como la sacrílega traición de Judas. Es más, es una traición continua y cínica.

La acción supersacrílega de Satanás no es creída ni valorada en sus nefastas consecuencias.

No se cree en el que es la primera causa de vuestros gravísimos males, no se cree en Satanás, cuyo atrevimiento no tiene medida. Yo, Verbo Eterno de Dios hecho Carne, respondo a la acción de Satanás con un acto de humildad, primero lavando los pies de mis Apóstoles y luego instituyendo el Sacramento de la Eucaristía.

A la desmedida soberbia de Satanás he dado una respuesta de infinita humildad y la sigo dando todavía a los nuevos Judas que se suceden a través de los siglos.

 

Vigilad y orad

 

Di a mis Apóstoles otra preciosa enseñanza para no caer en las insidias y trampas de Satanás: "Vigílate et orate ut non intretis in tentationem" .

Con su comunión sacrílega, Judas concretó en sí las palabras: "Quien come mi Carne y bebe mi Sangre indignamente, come y bebe su propia condenación". Tremendas palabras que tienen su cumplimiento en el alma de aquellos sacerdotes que concluyen mal su prueba en la tierra.

Satanás tentó a los Apóstoles, que estaban junto a Mí, y los doblegó a su querer, porque no hicieron un tesoro de mis palabras: "Vigilate et orate", que les dirigí para advertirlos y prepararlos contra la tentación del Enemigo. ¿Cómo pueden salvarse de la ruina espiritual aquellos Sacerdotes que rezan tan poco y los que ya no rezan? ¡Cuánta verdad en las palabras de San Alfonso: "El que reza se salva, el que no reza se condena!”

El demonio hizo buen juego con los Apóstoles que en Getsemaní huyeron vilmente; entre los doce, uno me traicionó y otro renegó de mí jurando que nunca me había conocido.

Satanás hizo buen juego con los Sacerdotes hebreos, hipócritas, egoístas e impuros. No rezaban sino en publico. No por convicción, sino por ostentación: su fe no era verdadera sino sólo formalismo exterior. Este género de Sacerdotes no se ha extinguido, sino que continúa pululando en mi Iglesia. Mi Iglesia será limpiada de estas víboras que intoxican con su veneno a los que se les acercan.

Satanás obró con éxito sobre Pilato, sobre los soldados del templo, y sobre los soldados romanos, hecha alguna excepción.
Satanás trató de obrar en los dos ladrones que fueron crucificados Conmigo: pero uno supo creer, me imploró y se salvó; el otro no creyó y murió blasfemándome.

 

No perdona a ninguno

 

Satanás no perdonó a ninguno, ni siquiera a mi Madre, cuyo ánimo insidió con la duda sobre mi Resurrección; pero no pudo hacer ni el más pequeño rasguño al Alma Inmaculada de María, Templo resplandeciente del Espíritu Santo.

Pocos son los que, aun siendo tentados quedan inmunes a la acción corrosiva del Demonio.

Recordad: aun los buenos discípulos de Emaús y tantos otros amigos míos tampoco fueron excluidos de la tentación y cedieron al descorazonamiento.
La nefasta obra de Satanás desde la caída del hombre no ha sufrido mengua y no la tendrá hasta la consumación de los tiempos, cuando también él será juzgado por segunda vez con todas sus legiones.

Entonces deberá admitir desesperadamente el haber perdido la guerra provocada y combatida por él, a pesar de la libertad de acción que le fue concedida.

En aquel día tremendo, en el que resplandecerá la Justicia divina, se le quitará la posibilidad de dañar. Entonces deberá admitir vergonzosamente que Él, Lucifer, la criatura más bella del universo, la criatura más inteligente y potente, ha sido derrotado por una débil criatura humana, muy inferior a él por naturaleza, pero inmensamente superior a él por Gracia.

Este será su humillante tormento por toda la eternidad. No menor tormento sufrirán las almas condenadas, de modo particular los Consagrados traidores, por los cuales te invito a rezar y a ofrecerte, para que se conviertan y vivan.

Contigo, hijo, bendigo a todos mis Sacerdotes.

 

27 de Mayo de 1976

 

ARBOL ENVENENADO

 

Hijo, escribe:

¿Cuántos son los libros, las revistas que tratan los problemas de la Iglesia? Son tantos que al numerarlos resultaría una lista interminable.
¿Pero cuántos son los libros que han centrado el verdadero problema de la Pastoral? ¡No los hay! Esta afirmación podrá parecer presuntuosa y arbitraria, pero la verdad no debe nunca preocuparse de los juicios de los hombres, ni de las consecuencias que estos juicios producen.

En los mensajes precedentes, he dicho claramente: la historia de la Iglesia y de la humanidad está constituida esencialmente por la creación y caída de los Ángeles, por la creación y caída de toda la humanidad en Adán y Eva, por el Misterio de la Redención y por el Misterio de la Iglesia salida del Corazón abierto de Mí, Verbo Eterno.

Si queréis podéis imaginar a la humanidad como un gran árbol en el cual el tronco y las ramas principales están formados por los hechos arriba descritos, las ramitas y las hojas son los acontecimientos de los pueblos, de épocas y de civilizaciones que se suceden en el tiempo, como retoños naturales de este árbol gigantesco.  El árbol de la vida, que tiene sus raíces en Dios, ha sido envenenado por Satanás.

Dios es la única, grande y omnipotente Realidad que domina la vida, la muerte, el tiempo y el espacio, el cielo y la tierra.

Satanás, aún estando distanciado de Dios por un abismo insalvable, por lo que jamás podrá nada contra Dios, desfoga su poder, grande pero limitado y lleno de oscuridad, contra la humanidad entera de la que logró adueñarse en Adán y Eva, y que Yo volví a arrancar desde el primer día con el anuncio hecho a los primeros padres, después de su confesión, del Misterio de mi Encarnación.

 

Verdades olvidadas

 

Estas realidades los hombres las han olvidado. En mi Iglesia no se ven éstas con la claridad necesaria para el planteamiento sobre bases sólidas, de una pastoral eficaz para bien de las almas.

Trabajan en vacío todos aquellos Obispos y Sacerdotes que no tienen ideas claras ni convicciones sólidas de esta realidad de la que las Sagradas Escrituras, antiguas y nuevas, hablan continuamente. No creer esto firmemente quiere decir desviar tesoros irrecuperables de tiempo, de fatigas, de energías, de estudios, de sobrenatural, hacia un terreno infecundo donde todo se pudre.

Imaginad, hijos, las consecuencias que se derivan de desviar un río de su cauce natural, sobre un terreno formado por alturas y depresiones: se forman estancamientos en los que las aguas se corrompen, se saturan de miasmas, y se hacen portadoras de infecciones y enfermedades.

Así es ahora la Iglesia. Esta crisis de fe que tiene sus raíces en la soberbia y la presunción, ha oscurecido las grandes realidades, claras aguas de manantial, haciendo desviarse el río de luz y de verdad de las Escrituras y de la Tradición de su cauce natural a riachuelos de aguas pútridas. Cómo se ha llegado a esto, que es el no va más de lo absurdo, es complejo de decir, pero ciertamente es también obra de la pérfida voluntad de Satanás, impotente enemigo de Dios, pero ultrapotente enemigo del hombre.
Disimulado, insidioso, tenaz en el mal, tiene buena ventaja sobre la debilitada naturaleza humana. Le resulta fácil obrar sobre una naturaleza inferior a la suya y, por añadidura, ya mortalmente herida por él.

Dios es obrador de bien, de luz, de verdad, de justicia y de paz, Satanás es obrador del mal. He aquí el origen de la historia que abarca cielo y tierra, que abarca a la humanidad.

¿Qué piensan de ello los Pastores de almas?. Si suprimís esta realidad de la mente y de los corazones de los hombres, ¿qué va a ser de los hombres? ¿Se puede pensar en anular esta realidad sin contradecir y minar desde su base la esencia de la historia humana?
Piensen los pastores de almas y mediten en serio, porque es desde aquí, desde la raíz, desde donde se debe curar el mal.

Te bendigo, hijo; ámame.

 

27 de Mayo de 1976

 

UNA LARVA DE VIDA

 

Escribe, hijo:

Como Satanás ha desgarrado mi Cuerpo físico, en el modo que os es bien conocido, con torturas atroces, así ahora dirige sus furibundos ataques contra mi Cuerpo Místico, la Iglesia. Como se valió de Judas para ponerme a Mí, Cristo Jesús, en manos de mis enemigos, así se vale ahora y se servirá mañana de los mismos sacerdotes, para entregar la Iglesia en las manos de sus enemigos. Por medio de la cruz volvió a entrar la Vida al mundo. Por medio de la cruz será renovada mi Iglesia. Sea bien notorio para todos que no existen otros caminos intermedios. A Satanás se le derrota oponiéndole los actos opuestos a los que él practica. Por soberbia se separó a sí mismo de Dios, y a innumerables legiones de Ángeles, que se convirtieron en sus secuaces. Con humildad infinita, le arranqué Yo innumerables legiones de almas. Satanás está presente en la Iglesia con la soberbia. Ésta es la tremenda pasión que, como cáncer maligno, devora almas que ocupan puestos claves en el Cuerpo místico, y se sabe que la soberbia "est radix omnium malorum" .

Satanás maniobró de forma que provocase, a través de los sacerdotes del templo, de los escribas y fariseos, mi condena a muerte. Hoy la estrategia con la que actúa es la misma: prepara en la sombra conjuras y complots que llevarán a mi Cuerpo místico al desgarramiento, como sucedió con mi Cuerpo físico. Habrá de nuevo derramamiento de sangre.

Satanás, aún siendo una criatura con una gran inteligencia natural y de gran potencia, es no obstante siempre limitado. No podrá cambiar sus artes, por lo que seguirá usando las mismas del principio. Por esto no es difícil, para quien tiene fe y espíritu de observación, reconocer sus trucos, sus mentiras y sus maneras de acechar a las almas. En los milenios de su actividad demoledora nada ha cambiado sustancialmente y nada podrá cambiar.

 

Soberbia y oscuridad

 

Estando así las cosas, debería ser fácil determinar su obra de erosión del Cuerpo místico. ¿Cómo es que en cambio lo perciben sólo unos pocos, mientras que muchos ni siquiera os creen?

La crisis de fe produce oscuridad, y en la oscuridad no se ven los objetos que nos rodean. La crisis de fe y la falta de vida interior son una sola cosa. Sin vida interior, no hay capacidad de obrar. La falta de vida interior es falta de vida de gracia: quién no vive, no puede hacer nada. Si la fe es tenue, la vida interior se vuelve una larva. Una larva de vida no desprende ni luz para ver, ni fuerza para actuar: he aquí la verdadera causa de la crisis sacerdotal.

Imaginad el triste espectáculo de una gran clínica moderna en donde falten médicos y enfermeras o, si hubiera alguno, no estuviera a la altura de su deber. Pues bien, la Iglesia es como una gran clínica en la que demasiados enfermos no encuentran la asistencia debida para sus enfermedades y, si hay un mínimo de asistencia, queda siempre inadecuada a la necesidad.

Es necesario preguntar: ¿se cree o no se cree en las palabras del divino Maestro? ¿Se cree en su Divinidad?  ¿Se cree, o no se cree en sus palabras que, precisamente porque son suyas, no pueden cambiar, por lo que son tan válidas hoy como ayer?

 

Señales de la fe

 

Releed mi Evangelio según Marcos: "Jesús se apareció a los once y les dijo: “Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda la creación, el que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean les: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, tomarán serpientes en sus manos, y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien”. Con esto el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban".

¿Por qué los Pastores de almas no obran de en conformidad con estas palabras? ¿Tal vez temen que la virtud de esta Palabra después de tantos siglos se haya hecho estéril? ¿O bien, creen que su acción pastoral no tenga necesidad de ser confirmada por el Cielo? ¿O bien porque piensan que los milagros sobre los enfermos, sobre los muertos, sobre los endemoniados, etc., han sido un lujo del tiempo de mi vida terrena y que el mundo actual no tiene ya necesidad de auténticos prodigios que iluminen su noche y lo sacudan de su sopor? ¡Todo prodigio, hijo mío, como la liberación de un endemoniado, no le cuesta a la omnipotencia de vuestro Dios, sino a la debilidad de vuestra fe!

Te bendigo, hijo, ámame.

 

28 de Mayo de 1976

 

NO TENGO A NADIE

 

Meditad, hijos míos, el Evangelio de San Juan: "Se celebraba una fiesta de los judíos y subió Jesús a Jerusalén. Hay en Jerusalén junto a la puerta de las Ovejas una piscina que se llama en hebreo Betesda con cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, cojos, ciegos, paralíticos esperando la agitación del agua. Un Ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua; y el primero que se metía después de la agitación del agua quedaba curado de cualquier mal que tuviera.
Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús viéndolo tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo le dijo: “¿Quieres curarte?” Le respondió el paralítico: “Señor, no tengo a nadie que cuando se agita el agua me meta en la piscina y mientras yo voy, baja otro antes que yo”. Jesús le dijo": “Levántate, toma tu camilla y anda”.

Y el paralítico así hizo, con gran escándalo de los Judíos.

Os ofrezco este episodio para muchas consideraciones. En el paralítico ved representados a tantos y tantos enfermos de sufrimientos físicos o espirituales. Hace años que sufren, hace años que esperan que manos piadosas se posen sobre ellos para curarlos. Hace años que Pastores y Ministros de Dios pasan junto a ellos sin darse cuenta de su enfermedad espiritual y a menudo también física. Naturalmente, al no darse cuenta de nada, nada hacen para ayudarlos.

Para ser más preciso diré, aún sabiendo que esta afirmación hará torcer la nariz a alguno, que entre ellos son muchísimos los que sufren por culpa del Demonio, y no sólo sufren espiritualmente, sino también físicamente. Una vez más será bueno recordar que Satanás tiene superioridad sobre la naturaleza humana; por el singular y grandísimo poder de que dispone, puede mucho sobre esta pobre naturaleza.  Deberíais recordar aquí los numerosos casos de endemoniados liberados por Mí, deberíais recordar también las numerosísimas curaciones obradas por Mí en persona y por medio de mis Apóstoles a los que había conferido el poder de curar y de liberar a las personas atormentadas por los demonios.

 

El exorcismo

 

¡Leed el Evangelio y leedlo bien! Meditad los pasajes que tratan esta delicada materia. De mi Evangelio no pocos descartan lo que no les es cómodo creer. Los Sacerdotes no deberían ignorar que con un orden especial, así llamado menor, recibieron el poder de exorcizar y de bendecir.

Se escandalizaron los Sacerdotes hebreos por la curación realizada por Jesús en día de sábado: pero muchos de mis sacerdotes se escandalizan hoy sólo de oír hablar de exorcismos. Dicen que es cosa de otros tiempos, si acaso hoy día reservada a los Obispos. Cierto, para realizarlos en público y con solemnidad, el Sacerdote exorcista debe ser autorizado por su Obispo. Pero, en privado, ¿quién le puede prohibir valerse de un poder que le ha sido reglamentariamente conferido?

Satanás, rabiosamente activo, usa su maléfico influjo para hacer sufrir almas y cuerpos sin encontrar la mínima resistencia. Falta entonces la visión justa de un problema de primera importancia. Es ejercicio de la verdadera paternidad pastoral el bendecir y exorcizar a quien tiene necesidad. Es deber primario del Sacerdote contener y contraatacar la nefasta acción del demonio, en cualquier forma y con todos los medios de que puede disponer.

Pero, ¿lo saben mis Sacerdotes de qué grandes poderes han sido investidos? ¿Saben quiénes son? ¿Saben que los Ángeles, superiores a ellos por naturaleza, son inferiores a los Sacerdotes en poder?

Pero ¿de qué vale vuestro poder, si no lo usáis para la finalidad para la que os ha sido dado?

Cualquier máquina, cualquier motor, aún teniendo potencialmente capacidad de desarrollar una gran energía, no sirve para nada si no se le pone en movimiento. Vosotros, sacerdotes, sois motores parados, no desarrolláis ninguna energía, dejáis libre al Enemigo para que haga lo que le plazca. En la viña del Señor no os ocupáis más que en mínima parte de detener su maldita acción.

Basta por ahora, hijo mío.

Te bendigo y ámame.

 

29 de Mayo de 1976

 

PROFESIONALISMO SACERDOTAL

 

Siempre salvas las debidas excepciones, el planteamiento actual de la acción pastoral no es el querido por Mí.
La pastoral actual está terriblemente contagiada de graves males, de los cuales uno es el profesionalismo. Ella es considerada del mismo modo que cualquier otra profesión.  No podía ser de otra manera, porque está carente de la Fe, que da el sello a la acción. La Fe es a la acción como el motor del automóvil es a la carrocería. Hay motores de diferente potencia y carrocerías de diferente capacidad. Si el motor es ineficaz, la carrocería es inútil y permanece parada.

¡Mirad a los Sacerdotes de esta generación, miradlos en sus comportamientos! ¿Qué diferencia notáis entre su forma de vestir, entre el modo de comportarse y de hablar y el modo común de vivir del pueblo?

¡Cuántos motores apagados, sobrenaturalmente hablando! Podríamos llamarlos motores inútiles, es más, nocivos para el Cuerpo Místico del que son parte tan importante.

Hay una diferencia entre el profesionalismo del Sacerdote no santo y el profesionalismo común de los laicos: el del Sacerdote se cubre con un manto de hipocresía, cosa que generalmente no sucede en el profesionalismo de los laicos.

Fe, esperanza y amor, las tres virtudes infusas, en los sacerdotes deberían brillar con un fulgor muy especial, estando tan íntimamente unidas para formar una sola cosa, lo que se llama: vida de Gracia. En cambio... Como consecuencia, si el Sacerdote carece de fe, carece también de esperanza, es decir, la médula esencial para poder superar las innumerables dificultades que implica la vida pastoral, he aquí el porqué de caídas, escándalos y miserias, depresiones morales y espirituales hasta la apostasía.
¡Cuántos han apostatado! ¡Cuántos que, aunque no han apostatado, se han quedado, desgraciadamente, como ramas secas del Cuerpo Místico, tumores contagiosos para tantas almas, causa, no de salvación, sino de perdición! ¡Qué cadenas tan terribles tienen sujetos a estos desventurados sacerdotes al enemigo del Sacerdocio!

 

Sin amor

 

Profesionalismo frío, infecundo e hipócrita el del sacerdote sin fe, sin esperanza y sin amor. Ante los sufrimientos de aquellas almas, de las que es padre, no tiene sino palabras vacías de conveniencia y privadas de cualquier eficacia, palabras sin alma.

Las palabras que salen del sacerdote en comunión con el Eterno Sacerdote, son palabras de vida. Impregnadas de la unción y eficacia que tienen las palabras del Sacerdote santo, se convierten en bálsamo capaz de aligerar los sufrimientos de tantas personas.

El Sacerdote profesional no está en situación de hacer un diagnóstico de las almas que sufren por culpa del Maligno, en el que, entre otras cosas, no cree. Su espíritu está árido, y la aridez es impotente contra los males del espíritu, cuando ésta es culpable, como en muchos sacerdotes de esta generación incrédula.

¿Cuál es el comportamiento que se debe tener con estos sacerdotes? Son los más desventurados entre los hombres y, a pesar de todas las apariencias contrarias, merecen ser ayudados, sea con la oración o con el ofrecimiento a Dios de los propios sufrimientos, sea con lenguaje respetuoso y prudente, sincero y realista. Hace falta hacer sentir, hacer llegar a sus corazones sentimientos de verdadera amistad y fraternidad.

Ya no saben, tal vez nunca lo han sabido, que son criaturas humanas y divinas juntamente, hechos participes de la Vida, del Sacerdocio, de mi poder, Cristo Jesús.  No saben que son el Hombre de Dios, escogido por Dios para la salvación eterna de las almas que han sido redimidas con el sacrificio del Hijo Unigénito. No saben que son el Hombre del que tienen necesidad las almas para ser lavadas, purificadas, santificadas en Mi Sangre. No saben que son el objeto disputado por infinito Amor y por ilimitado odio.

Reza hijo, repara y bendice, para ayudarlos a romper las cadenas que los tienen atados a la más horrible esclavitud.

Te bendigo; ámame.

 

4 de Junio de 1976

 

NO TIENEN VALOR

 

Escribe, hijo mío:

No tengas miedo: soy Yo, Jesús, que te hablo, soy Yo que te he escogido para ser mi pluma.

No temas: ya te había advertido claramente cómo serías juzgado.

Esto, hijo, debe ser para ti motivo de consuelo, en el sufrimiento. Esto debería ser motivo de reflexión para los que te juzgan. Pero ellos no saben distinguir, porque no ven lo que es justo y lo que es injusto según Dios.

Mira: ellos callan, y quien calla muchas veces otorga. Callan, o poco o nada osan decir a sacerdotes marxistas y herejes, que no son pocos. Para ellos tienen sonrisas, halagos. Sin embargo deberían saber qué mal tan enorme es esparcir cizaña entre el buen grano.

¡Cuántos sembradores de cizaña hay hoy en la Iglesia, y precisamente entre aquellos que deberían cultivar y hacer madurar, con su diligente fatiga, la mies! En cambio se oponen de lleno a las directrices de Pedro, continúan esparciendo cizaña, es decir, confusión y desorientación en las almas.

¿Qué hacen aquellos a quienes les ha sido confiada la viña? Nada, o casi nada, que es como si no se hiciera nada. No se tiene el valor de llamarlos herejes, no se tienen el valor de arrinconar los productos de la he­rejía: revistas, diarios,  libros...

¿Cuántos Obispos han tenido el valor de condenar explícitamente revistas y diarios pseudo católicos que difun­den errores contra las directrices de Pedro? No muchos, hijo mío.

 

Pseudo prudencia

 

Pero sí se ha tenido el valor de relegar a un pobre sacerdote a una perdida parroquia de montaña porque creía en la existencia del demonio, fuente de sufrimiento es­piritual y físico, y en la eficacia de las bendiciones con las que aliviaba a quienes sufren, cada vez más numerosos en la Iglesia de vuestro tiempo.

¡Cuántos ejemplos te podría citar, hijo mío! No se procede contra la difusión del error aduciendo el motivo de la prudencia. La pruden­cia, gran virtud, tiene el riesgo de ser invertida en culpa gravísima.

Los herejes, los sembradores de cizaña, deben ser desenmascarados y sus doctrinas señaladas a los fieles como un peligro para sus almas. Pero no se osa hacerlo con el falso pre­texto de la prudencia. Pero los Pastores bien saben que la verdadera razón es otra: ¡es por razón de comodidad!

Te darás cuenta en cambio de que la prudencia, tan fre­cuentemente aducida, se muda en celo cuando se trata de combatir escritos o palabras que nada tienen de peligroso en sí, pero que al contrario tienen como única finalidad la afirmación de la verdad.

La verdad a menudo abrasa y las quemaduras hacen daño. Así es, hijo mío: se alza la voz cuando convendría el silencio, y se calla cuando mejor sería levantar la voz como signo de alarma.

 

Leal  paternidad

 

Muchos obispos deberán también convencerse que su pastoral no es siempre la del Evangelio. Abrirán los ojos cuando sea demasiado tarde.

Se necesita rezar y hacer rezar porque el Inimicus hominis[43] está dentro de la viña y sin ser molestado, es más, ayudado por bastantes, realiza su obra nefasta.

Basta con instrumentalizar  también el nombre de las virtudes para las propias comodidades personales.

¡Es tiempo de reflexión, es tiempo de meditación!

Es tiempo de remontar el camino de los siglos para llegar a las fuentes y hacer una comparación con mi lenguaje sincero, abierto, leal, el único que se ajusta a una leal paterni­dad.

Es tiempo de salir del equívoco. La política de la astucia no tiene nada que ver con la simplicidad de la paloma ni con la sagacidad de la serpiente. Astucia no quiere decir doblez ni mentira. He dicho muchas veces que mis caminos no son los caminos del mundo.

Los Pastores de almas, mis sacerdotes, deben conocer mis caminos y por ellos deben caminar y no por los del mundo.

Hijo, no temas, reza y repara. Haz todo el bien puedas. Te bendigo.

 

5 de Junio de 1976

 

LA JUSTICIA

 

Escribe, hijo mío: En la tierra, en la sociedad humana, subsisten vicios y pasiones, dificultades e imperfecciones de todo género. Se encuentran omisiones de todo tipo.

También sub­sisten las virtudes, que se practican con di­ferentes grados de intensidad. Entre éstas está la justicia.

La justicia es una virtud de la que todos hablan, de la que todos se hacen defensores, que todos afirman favorecer. La realidad, hijo, es otra, bien diversa de la que clamorosamente se proclama.

Yo te lo digo, hijo mío: si hay una virtud que sea maltratada y conculcada es precisamente la virtud de la justicia. Esto sucede también en mi Iglesia y no sólo por parte de los fieles, sino frecuentemente por parte de mis sacerdotes y no raramente por parte de los Pastores.

Hecho extraño: el mundo tiene su particular estima de esta virtud, pero la quebranta y pisotea a cada instante. Pero si esto fuera sólo en el mundo, cuyo príncipe es el Maligno: desgraciadamente también en la Iglesia, mi Cuerpo místico, esta virtud es ofendida. ¿Cómo es posible? Porque, para practicarla, a menudo se tiene necesidad esencial de otras virtudes: humildad y amor. Sin estas dos virtudes no puede subsistir la justicia en el espíritu humano. Cuando ves la justicia gravemente herida y la injusticia triunfar, y esto sucede con frecuencia, puedes considerar que la causa primera es la falta de hu­mildad y de amor.

 

Hábito de vida

 

En "Tu sabes que yo te amo" he dicho que en la Iglesia, mi Cuerpo místico, la virtud de la justicia está herida, a veces muy gravemente, no sólo en la base sino también en el vértice.

¡Cuántas son las almas que su­fren por esta situación en la Iglesia! ¿Citas de hechos y casos particulares? No, hijo, porque son tan frecuentes que con razón se puede de­cir: la transgresión de la justicia se ha convertido en hábito de vida.

Pero hay una injusticia que clama venganza ante Dios: es la traición realizada continuamente por la incoherencia de los que tienen responsabilidades fundamentales y personales en la Iglesia.

No podrán sustraerse al especial y per­sonal juicio de Dios. No les servirá para justificar su propia acción el decir que han seguido a la mayoría. En este siglo han convertido en hábito de vida ambiciones, presunciones y errores de toda clase. No se han dado cuenta de que están en un camino equivocado.

En el primer volumen "Tú sabes que Yo te amo" está dicho claramente que una comparación entre mi vida y la suya resultaría un contraste inconfundible.

La mayoría no se atreve a hacer esta comparación. ¿Se tiene miedo? ¡Pero si no se hace ahora, por vuestra propia iniciativa, esta comparación se hará en el juicio cuando no haya ninguna po­sibilidad de enmienda!...

 

Bajo tierra

 

Yo, Jesús, he dicho que hasta los cabellos de vuestra cabeza me son conocidos; he dicho que premiaré aún un vaso de agua dado a un pobre por amor mío, pero también he dicho que pediré cuentas aún de una sola palabra ociosa.

Para Mí todo está a la vista, a Mí nada escapa. No sería Misericordia Infinita ni Justicia infinita si no fuera así.

Pero ¿quién piensa en esto, hijo mío?

¡Los Santos, sólo los santos! El que no es santo no tiene tiempo para pensar en las cosas fundamentales de la vida. El que no tiende a la santidad es como el que construye su casa sobre arena.

El que busca la san­tidad se apresura sin embargo a construir el edificio de la pro­pia santificación sobre sólida roca.

Hijo, ¿no tengo pues razón en insistir en que oréis y reparéis? ¡Cuántos motivos de oración y repara­ción hay en mi Iglesia!

Te bendigo. Conozco la amargura de la que está lleno tu ánimo; un día esta amargura será transformada en gozo; tú ahora debes estar bajo tierra a morir. ¿No eres comprendido, hijo? ¿No fue Conmigo, tu Jesús, lo mismo?

Te bendigo.

 

6 de Junio de 1976

 

RESPETO HUMANO

 

Escribe, hijo mío: No te preocupes si aún no tienes la menor idea de lo que voy a decirte: esto demuestra que no eres tú el que piensas y meditas, sino que soy Yo el que te hablo.

En mensajes anteriores te he hablado extensamente de las contradicciones de la pastoral moderna. Estas contradicciones son tan evidentes que no escapan a nadie, ni siquiera a las almas menos sensibles a los pro­blemas de la vida cristiana.

Pero ¿ningún pastor tiene el valor de romper esta barrera de miedo, de res­peto humano? Miedo, respeto humano, temores se unen formando juntos una pared casi insuperable.

Para poder escalar este muro se necesitaría, en unidad de espíritu y en ardor de fe, meditar el Evangelio, asimilar su contenido y desear eficazmente su aplicación antes que nada en vuestro propio interior. De ello derivaría como consecuencia la espontánea voluntad de una aplicación exterior al Cuerpo místico. Si no se realiza primero la asimilación interior, no se puede, como consecuencia, realizar la exterior.

Por analogía pasaría en el alma lo que normalmente sucede en el cuerpo: para un real y sin embargo siempre misterioso proceso de la digestión, el alimento ingerido es transformado y asimilado primero, después estas sustancias se distribuyen a todos los demás miembros que forman el cuerpo.

 

Contra la justicia

 

Pecan contra la justicia todos los que han de­jado contagiar de errores y herejías a su grey, que no han tenido el valor de tomar una posición firme contra los lobos que han hecho estragos en las almas del rebaño, especialmente en los seminarios y en las escuelas.

Pecan contra la justicia, Pastores y Sacerdotes que permiten la propagación del materialismo en los am­bientes nacidos para alegrar a las almas, en un clima de serena alegría, que se han convertido a veces en lugares de contagio espiritual.

Pecan contra la justicia aquellos Pastores y aquellos Sacerdo­tes que, por tener la mente oscurecida por la presunción, no son casi nunca objetivos en sus juicios. Frente a terceros, toman posiciones equivocadas: no indagan directa­mente y a fondo, creyendo que poseen en exclusiva la asis­tencia del Espíritu Santo. Con una sorprendente seguridad, cometen errores cuyas consecuencias son lágrimas y sufri­mientos para quien es la víctima de ellos.

Un padre no quiere el sufrimiento del hijo, quiere su corrección y por eso sabe unir la corrección, si se necesita, al amor y no vincula nunca su obrar al juicio exterior de los demás.

 

Pastoral contradictoria

 

A ti, hijo mío, te parece duro afirmar esta verdad, porque tú no ves lo que Yo veo. Yo escruto los corazones humanos en su profundidad, insondable para voso­tros, pero no para Dios que los ha creado.

¿Cómo explicar el comportamiento de algunos Pas­tores, Superiores religiosos y Ministros míos rígidos e in­flexibles hacia sacerdotes animados de buen espíritu y con buenas iniciativas?

Por el contrario veras sonreír a los que osan rebelarse y se burlan, aún sabiendo muy bien que hacen mucho daño a la grey a ellos confiada.

Una pastoral contradictoria no podrá nunca ser fecunda. No se dan cuenta que están sembrando en un desierto pedregoso, donde la semilla muere en cuanto es arrojada y ni siquiera tiene tiempo de germinar.

El no querer profundizar en la investigación de los males que sufre hoy la Iglesia es también una contradicción.

Se excusarán diciendo que esto no es cierto, porque se han he­cho muchísimos estudios. Sí, hasta demasiados, pero siem­pre en superficie, jamás con profundidad. La causa pri­mera permanece siempre en el fondo de un mar tremen­damente agitado, que anuncia tormenta.

La causa primera, el gran mal que aflige a la Iglesia hoy, es la ambición y la soberbia en lo alto y en lo bajo. La oscuridad se supera sólo con la humildad. Volvemos así a la comparación que algunos Pastores y Sacerdotes rehusan hacer entre su vida y la mía, cuyo trazado está siempre marcado por la humildad, la pobreza y la obediencia.

Quién no tiene el valor de rehacer el camino de la propia vida sacerdotal desde Belén hasta el Calvario, se hace corresponsable de aquello por lo cual mi Iglesia sufre hoy, y más aún, se hace corresponsable de la hecatombe que se avecina pavorosamente y que arrollará juntos a corderos, ovejas y pastores, no sólo en la sangre sino, muchos, tam­bién en la perdición eterna.

Yo no he muerto en la cruz por capricho: he muerto en la cruz para arrancar las almas a Satanás y a sus le­giones. No puedo tolerar que las almas se pierdan por la ineficacia de aquellos que, siguiendo mi ejemplo, deberían subir diaria­mente Conmigo al Calvario en la humildad, en la pobreza y en la obediencia.

Hijo, no creen, no quieren creer. Por esto insiste en el ofrecimiento y en la oración.

Te bendigo.

 

7 de Junio de 1976

 

EL ASUNTO Y EL MARCO

 

Escribe, hijo mío: Leyendo los Mensajes que habéis publicado en el pri­mero y en el segundo volumen, puede suceder que alguno se asombre de que los temas tratados sean, más o menos, casi siempre los mismos.

No se habla de las estructuras de la vida pastoral o, si se habla a veces, es para resaltar defectos y lagunas.

La vida pastoral, como se ha venido delineando a través de los siglos, es compleja, por tanto, el razonamiento sobre ella debería ser también complejo.

La vida pastoral es ahora compleja porque vosotros la habéis vuelto así, pero en realidad, en el centro de la pastoral permanece el Misterio de la Encar­nación, de la Pasión y Muerte mía, Verbo de Dios hecho carne. Este es el verdadero hecho con el que Dios ha obrado la liberación del yugo de Satanás.

 

Colaboración

 

El punto focal es este. Yo, Jesús, sí he liberado al hombre del yugo de Satanás y, con la gracia superabundante de la Redención, he dado al hombre todos los medios para mantenerse libre de los asaltos del Maligno; pero no he librado al hombre del deber de hacer su aportación a su liberación, con el creer y el esperar, con el amar, el sufrir y el ofrecer.

En otras palabras, Yo no salvo al hombre sin la co­laboración del hombre, por lo que, el problema central es: Dios salva al hombre, pero quiere su colaboración en la lucha contra las fuerzas del mal. Ellas existen en vosotros por el pecado original, causado por el demonio, quien se ensaña contra todo hombre y contra el cristiano en medida especial.

En esta lucha contra la humanidad, Satanás tiene también por aliado al mundo, porque a él le pertenece.

El cuadro de la Pastoral es esto; todo lo demás es marco. El mal de hoy es hacer resaltar el marco y resaltar poco el cuadro por él enmarcado.

Vuelvo por eso a invitaros a empezar de nuevo (y esto lo hará la Iglesia purificada) a introducir en el alma de los niños una catequesis adecuada con relación a Mí que salvo y redimo, pero no sin la colaboración de todo bautizado en la lucha contra las fuerzas del mal.

Todo lo demás se adaptará a esta realidad de la que depende la salvación. Por lo tanto, prensa, cine y todos los medios de la pedagogía deberán tomar como centro esta idea, que es el pilar doctrinal de la Biblia.

 

 

Pilar fundamental

 

Hoy los católicos están rellenos  de materialismo. El fracaso de los católicos de hoy es por haber creado estructuras de una pastoral separada del pilar central. Por ejemplo: ¿Para qué sirve un cine parroquial donde se pro­yectan películas anticristianas?

¿Para qué sirven escuelas y centros de reunión donde, por temor a chocar con la sensibilidad antirreligiosa, se imparte sólo una educación religiosa "al agua de rosas". ¿Para qué sirven otras mil iniciativas, si no tienen un sólido enganche con el pilar central de la pastoral: Cristo Redentor, Liberador y Salvador, que condiciona Su acción divina a la colaboración del hombre, obrada a través de la Iglesia?. Pero Satanás está hoy en la Iglesia y obra intensamente hasta empujar las estructuras de Ella lejos del pilar fundamental.

Si hoy, algunos Obispos y Sacerdotes no logran percibir esta situación, es otro signo terrible de cómo van las cosas.

¡En cambio esto bien lo ve mi Vicario! Encíclicas y lla­madas, señales y alarmas no han faltado nunca, pe­ro demasiadas veces han quedado en letra muerta y el mal se ha agigantado.

He aquí, hijo, porqué vendrá la hora de la purificación, que será deplorada por los ciegos como la hora de la Justi­cia divina. No sabrán ver en ella antes que nada la Miseri­cordia, jamás separada de la Justicia, porque Dios quiere la salvación de las almas y no su perdición.

 

7 de Junio de 1976

 

SE NECESITA CAMINAR

 

Escribe, hijo mío: es Padre Pío quien te quiere hablar.

Te había dicho que me volverías a escuchar, y heme aquí fiel. Hijito, no debes abatirte ni parar el rit­mo de tu vida interior. Hay quien hace de todo para para­lizar tu voluntad, pero recuerda que hay una virtud im­portante: la perseverancia en el bien.

¡Ay de poner la mano en el arado y después volverse atrás! Es necesario caminar, aunque el caminar a ve­ces se haga pesado y traiga fatigas. Esta maña de desanimar es el arte del que siempre está al acecho para descubrir el mo­mento oportuno a su acción demoledora.

Yo, Padre Pío, he perseverado por toda la vida y no cedí nunca ni a los halagos, ni a las insidias, ni a sus ame­nazas. Y no fueron sólo amenazas, sino verdaderos sufri­mientos que el Maligno me procuró en los años de mi vida y que se convirtieron en arma formidable para capturar almas, para arrancarle almas y devolvérselas a Cristo.

 

El director espiritual

 

Hijo mío, relee atentamente los mensajes que te he dado. ¡El dogma de la comunión de los Santos es una rea­lidad! Se te ha dicho muchas veces que vivas y hagas vivir este maravilloso dogma a las almas de tu mundo.

Hazte paladín de esta maravillosa realidad espiritual que tantas veces ha sido olvidada: son pocos los que os creen y que la viven.

Escucha, hijo, otra cosa de extrema importancia.

En los mensajes, que se te han dado por mí y por otros, encontrarás comunicaciones que te afectan directamente a ti: todas estas comunicaciones son válidas.

Aquí, en el Paraíso, vivimos de la Vida divina de un modo perfecto, diferente del modo en el que vosotros vivís la vida de la Gracia, que también es ya Vida divina. Por consiguiente, aquí no se puede decir mentiras, no se pueden decir cosas que no responden a la verdad, por ninguna razón del mundo. Por eso todo lo que se te ha dicho responde a la verdad.

Es justo que te atengas, en todo y para todo, a las directrices de tu Director espiritual.

"Padre, ¿cómo hago yo para distinguir si lo que se me dice es de vosotros, o bien de aquel del Fuego, o bien fruto de mi fantasía?"

Pruebas, hijo mío, no te han faltado, señales las has tenido y otras tendrás. Pero para ti debe bastar el veredicto del Director Espiritual.

Nos escucharemos todavía y te confirmo que tam­bién nos volveremos a ver: ten confianza y mira con más atención los Mensajes precedentes.

Te bendigo: soy Padre Pío.

 

8 de Junio de 1976

 

EL DOBLE JUEGO

 

Escribe, hijo mío:

Hay estructuras no esenciales, hay dispersión de ri­quezas robadas a los pobres. Esto causa la parálisis que inmoviliza un colosal conjunto de obras que no sirven ya, al menos así como hoy están estructuradas.

 

Hijo, no tengas temor. Siempre te he dicho que la verdad forma parte esencial de la caridad y no es por el gusto de poner en evidencia miserias de toda clase por lo que te digo la razón del fracaso de las estructuras de la pastoral actual.

En todo esto no se sabe ver el doble juego de Satanás, que obra sin problemas desde el exterior y desde el interior de la Iglesia.

- Desde el exterior: quien no ve sus instrumentos está ciego: El comunismo, encarnación de Satanás, y el capitalismo masónico. En efecto, también la burguesía está resquebrajada espantosamente por el radicalismo masónico, fuerte por sus vínculos internacionales. Son armas con las que Satanás sin tregua busca desmoronar la Iglesia, y no se puede negar que, a través de tal aparato, en parte lo haya conseguido.

- Desde el interior: Satanás está provocando una tre­menda y nunca tan universalizada crisis de fe en el clero. Las consecuencias son evidentísimas. Se sirve del progreso, de la tecnología moderna, toda o casi toda al servicio de Satanás, del mundo su aliado y de vuestras pasiones. La concupiscencia del espíritu, es decir la sober­bia, gravísimo pecado de la Iglesia de vuestro tiempo, y la concupiscencia de la carne han separado del Cuerpo de Cristo a muchos miembros destinados al servicio del bien común, Sacerdotes y almas consagradas.

Estas maniobras son dignas de quien fue el más bello y el más potente de todos, después de Dios, y que todavía es potente. Lo demuestra por la gigantesca mole de mal que obra en el seno de la Iglesia y en la comunidad humana entera.

 

Pecado de pereza

 

Frente a este formidable enemigo Yo, vuestro Dios, para liberaros de él, con humildad infinita me he hecho hombre, inmolándome a Mí mismo en la Cruz. Pero ahora con­diciono vuestra salvación a vuestra adhesión y cooperación al Misterio de la Redención.

Yo quiero una libre y activa participación por parte de todos los bautizados, no un consenso pasivo, como sin embargo hoy erróneamente se concibe el Cristianismo por par­te de tantos cristianos. Aquí hay un vacío espantoso, causado por la abulia anémica de tantos cristia­nos, tan gravemente enfermos de hacer temer por su curación.

Esta inapetencia de las cosas divinas, esta atrofia de la vida sobrenatural es pecado de pereza. Los Cristianos, que deberían estar vibrantes de vida, sedientos de luz y de verdad, se han reducido a tal estado que parecen agonizantes seres perdidos. Están sin fuerza y sin energía, sea por su culpa, sea por culpa de otros.

El príncipe de las tinieblas, mientras ha intoxicado a la Igle­sia, despojándola en muchos de sus miembros de la vitalidad sobrenatural, mantiene bien vivas sus fuerzas, provistas de un odio tal que, cuando explote, se verán cosas jamás conocidas por la humanidad en gravedad y en ex­tensión.

 

Malgastan el tiempo

 

¿A quién se imputa tal estado de cosas? A aquellos que han abierto de par en par las puertas al enemigo, a aquellos que ni siquiera creen en el enemigo, a aquellos que le han permitido una in­filtración agotadora: se imputa a los que todavía hoy malgastan tiempo y energías propias y ajenas, que no podrán nunca mejorar una situación que es necesario tener el valor de denunciar como gravísima.

Esta situación hay que imputarla en fin a aquellos que, a pesar de todo el aparato burocrático y todos los arreos, todavía no encuentran el camino justo, el único camino para dar de nuevo oxígeno a mi Iglesia que agoniza.

Sí, hijo mío, admitir esta agonía induciría a hacer una marcha atrás tan enérgica como para impresionar saluda­blemente a cualquiera.

¡He aquí cómo han permitido a las fuerzas del mal reducir a mi Cuerpo Místico!

 

La iglesia no perecerá

 

Mi Iglesia debería estar formada por un inmenso ejército de valerosos hijos de Dios, de audaces y valientes soldados míos, vigilantes y activos. Todos llenos de entusiasmo, todos y no sólo una pequeña elite, armados espiritualmente y acorazados serían invencibles, porque Yo, a fin de que sean tales, les he dado todo lo necesario.

¡Mi Iglesia no perecerá! Yo la regeneraré en el dolor, como en el dolor, en la humillación y en la sangre Yo he obrado el Misterio de la Salvación.

Mi Cuerpo Místico derramará su sangre; Yo, su Ca­beza, he derramado la mía, y la Iglesia, después del dos mil, regenerada y hecha nueva, remontará el camino, Madre y no madrastra de los pueblos.

Reza, hijo mío, y no te preocupes del juicio negativo que brotará de la presunción. Tal juicio durará lo que una pompa de jabón.

Te bendigo, hijo.

 

8 de Junio de 1976

 

RÍO CENAGOSO

           

Escribe, hijo:

Es mi intención afrontar la problemática de la pastoral presente poniendo primero en evidencia las la­gunas.

A quien objeta que no es positivo hacer esto, responde que no es sabio no buscar las causas que dan lugar a las enfermedades del cuerpo; un cuidadoso diagnóstico siempre es la primera tarea de un médico consciente.

Es sabiduría, por analogía, que pastores y sacerdotes, ya que a ellos está confiado el cuidado de mi Iglesia, ha­gan un diagnóstico objetivo y valeroso de los males que afligen a mi Cuerpo Místico. Si no vale esta razón para conven­cerlos, no valdrá ninguna otra.

¿Por qué se han acumulado tantos males en mi Igle­sia?

Las razones son varias, y veremos algunas de ellas a conti­nuación, pero queda la razón central, la falta de toma de una posición contra Satanás, como ya he dicho en otros mensajes. Él es la primera causa del mal y el río cenagoso de toda la corrupción que, desde la caída del hombre, se vierte sobre la humanidad.

Esta martilleante afirmación quiero que tú la repitas todavía pa­ra que los sordos finalmente entiendan, si lo quieren entender. Así pues, no es repetición casual, sino repetición querida.

En mi Evangelio está dicho que los hijos de las ti­nieblas son mucho más audaces que los hijos de la luz. Todo el Evangelio es verdad.

¡Fíjate cómo los hijos de las tinieblas se identifican con sus tenebrosos problemas! Los viven día y noche. Sus propósitos de mal los tienen ocupados sin interrupción de tiempo; para estos problemas viven, obran, en ellos esperan

Mira con qué coraje actúan: no tienen miedo ni vergüenza de nada: afrontan incluso incomodidades y sacrificios, en suma no sufren de esa anemia de la que están afligidos demasiados cristianos.

Ellos son una sola cosa con sus programas, tesis no cierta­mente para la conquista de lo verdadero, de la libertad y de la justicia, aunque hay entre ellos quien lo cree de buena fe.

 

Consecuencias ilógicas

 

La diferencia con aquellos que se consideran cristianos es grandísima. Estos últimos muy a menudo separan su vida de los problemas religiosos y aun sociales que la existencia humana conlleva. Yo veo a mis cristianos que, planteada su vida sobre convicciones erróneas (no siempre por culpa de ellos, a menudo por defecto de formación, sea familiar o eclesial) se encaminan a las más ilógicas y graves consecuencias.

"La religión es una cosa, los negocios otra". En base en este principio equivocado, el hurto y el fraude se convierten en costumbre de vida, por lo que no se hace escrúpulo de robar continuamente, de engañar y de explotar al prójimo de todos modos. Las ganancias ilícitas ni siquiera se confiesan, porque tal concepción ha llegado a ofuscar aun las almas de sacerdotes que no se proponen semejantes "escrúpulos".

Tú no sabes, hijo mío, cuántos consagrados deberán pagar después de la vida terrena, o con el Infierno o con un tiempo tremendamente largo de Purgatorio, los pecados por apropiación indebida por falta o por injusta retribución a dependientes, por verdadero y propio fraude y por otras cosas más frecuentes de lo que se cree en mi Iglesia.

Escindir los problemas y los deberes religiosos y so­ciales de los demás deberes personales es simplemente ab­surdo. Así también es absurdo el dicho "se vive una sola vez", entendido en modo de volver en la ocasión licito lo ilícito.

Los hijos de las tinieblas no son tan ilógicos: hijos de la luz sí.

 

Hacer la elección

 

Así, las almas son separadas de Dios, se encallecen en una moral amoral, volviéndose como crustáceos, difíciles de convertirse.

¿Cómo se puede (¡he aquí el error!) pretender formar co­laboradores con cadáveres, o con anémicos crónicos, talmente graves que no se pueden mover de ningún modo?

Se debe hacer comprender a los bautizados desde la primera infancia que no hay otra alternativa, como he dicho claramente en mi Evangelio. No se puede servir simultáneamente a dos amos que tienen intereses y objetivos opuestos.

O Dios, o Satanás. El espíritu humano, no digo cada día, sino a cada momento, está en condición de hacer su elección. O se piensa en una cosa buena, o bien se piensa en una mala. O se hace una acción buena, o bien se hace una acción mala.

El problema de la pastoral es problema de fondo, antes que de estructura: ¡Dios, o Satanás, o el bien, o el mal!

Te bendigo, hijo mío.

 

9 de Junio de 1976

 

EL CUERPO MÍSTICO

 

Hijo, Yo considero pastoral la acción de mi Iglesia tendida hacia los hombres todos, para que todos puedan ad­herirse espontánea y firmemente a los principios cristia­nos.

Promover y guiar esta acción es propio de la Jerar­quía, que no excluye la colaboración justa y debida de buenos laicos "vocati ad hoc"[44].

Yo he dado las indicaciones para la eficacia de la acción pastoral, por eso he dicho: seréis la luz del mundo, seréis la sal de la tierra. También he dicho: resplandezcan vuestras buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos. He dicho: seréis la levadura que fermenta la masa.

Un sacerdote, si no resplandece de luz sobrenatural, si la luz de la gracia no hace transparente su alma de modo que todos puedan ver dentro claramente (y esto implica lealtad, sencillez y no doblez) uno se dará cuenta que su ac­ción es infecunda.

Yo, Cristo, potencialmente he vencido al mundo. A Mí todo me ha sido dado, para Mí todo ha sido hecho; pero mi victoria total se realizará en la consumación de los tiempos, con el juicio final. Yo, Cristo, manifestaré ante todos, ante el Cielo y la tierra, mi completa victo­ria. Yo, Dios hecho hombre, he realizado y realizaré Mi Cuerpo Místico, o sea mi Iglesia, con la cual Yo soy una sola cosa.

Esta es la verdadera razón de mi retardado triunfo total: he querido partícipe de este triunfo a mi Cuerpo Místico. Cabeza y cuerpo son una sola cosa. Aquellos que se ma­ravillan de que mi triunfo total no se haya verificado con mi Resurrección y Ascensión al Cielo, han comprendido poco del Misterio de la Encarnación.

 

En el Calvario

 

Yo, Jesús, me he unido íntimamente a la naturaleza humana por cuya liberación y victoria me he inmolado. He asociado la naturaleza humana a todos los acontecimientos divinos y humanos de mi vida temporal y eterna, por esto la Iglesia, mi verdadero Cuerpo, si bien místico, deberá seguirme en el Calvario para poder seguirme en la gloria.

"Quien quiera venir en pos de Mí, tome su cruz y sígame" ¿A dónde, con la cruz, sino al Calvario?

La gran batalla, que Yo he abierto con el misterio de mi Encarnación, Pasión y Muerte, continúa y continuará has­ta el fin de los tiempos con intensidad y gradaciones diversas. Serán momentos de tal inaudita violencia como para no creerlo, como será en esta próxima ofensiva enemiga, por cierto ya en marcha.

¿Se ha dado a los bautizados esta visión realista de una Iglesia en perenne lucha contra sus enemigos aguerridos: Satanás, el mundo y las pasiones?

La Pastoral debe llevar a las almas a adherirse a los principios cristianos, a aceptar espontáneamente a Dios, su ley, su verdad, sus misterios.

La Pastoral hecha solamente con estructuras no sirve para nada, si faltan los presupuestos fundamentales. Los hechos lo están demostrando.

 

Lucha y peregrinación

 

Vuestras capillas están desiertas y vuestras salas cinematográficas son instrumentos de veneno, en vuestros centros de reunión no raramente se blasfema y se habla un lenguaje que no es cristiano.

Muchas instituciones se han derrumbado; la llamada pastoral institucional está en un estado de quiebra. Es in­útil querer hacerse ilusiones, las concepciones materialistas de la vida no pueden más que poner sólidas raíces en cristianos profundamente enfermos de anemia espiritual.

Grupos promiscuos de jóvenes y muchachas, que por libertad excesiva, por la moda indecente y por las influen­cias deletéreas de lecturas y de películas eróticas no pueden resistir, de cristianismo tienen sólo la etiqueta, pero sustancialmente son paganos.

Estos son vicios de una pastoral institucional que no puede sostenerse, porque está carente de la visión fundamental de la vida.

La vida cristiana debe ser concebida como milicia, es decir, como lucha incesante contra Satanás y sus aliados; debe ser concebida como peregrinación.

Las instituciones para una Pastoral eficiente eran vá­lidas cuando los cristianos eran buenos, pero hoy que ellos son paganos, las instituciones tradicionales frecuentemente son ocasión de mal.

Te bendigo, hijo mío.

 

10 de Junio de 1976

 

QUIÉN ES SATANÁS

 

Escribe, hijo, y no temas nada. Un día compren­derás por qué ahora quiero de ti esta dura experiencia, y todavía te digo que no te preocupes de la incredulidad de quien, más que tú o como tú, debería creer, pero no cree. Cuando quieran creer no tendrán el tiempo de ello. Duras palabras éstas; pero tú sabes que mis palabras son verda­deras y que no cambian.

Ahora, quiero profundizar todavía más en lo que ya te he ex­puesto en Mensajes precedentes.

¿Quién es Satanás, en el que muchos no creen y otros creen confusa o vagamente?

Después de Dios era la criatura más bella, la más rica en dones y en potencia.

Es persona espiritual, viva, real y potente, convertida de Ángel en el monstruo más horrible por fealdad y por perfidia, por su sed inextinguible de mal y de odio. Es el Mal, porque se identifica con el mal. Ha rechazado a Dios por soberbia, para ser el dominador y señor del Reino de las tinieblas.

Satanás es aquel que ha determinado, con un acto de su voluntad, su personal perdición eterna y la de las legiones que han creído en él y le han seguido. Él determinó también, con la astucia y la mentira la perdición de la humanidad, insi­diando a los primeros padres, induciéndolos con el engaño a la rebelión a Dios, a repetir su pecado.

Está confirmado en su pecado, por eso sabe que no puede haber, ni ahora ni nunca, posibilidad de cambiar su suerte de odio desesperado.

Satanás es el Mal en continuo movimiento, sin pausa ni siquiera por un instante; Satanás es mentira, es oscuridad; Satanás, en cuanto lo puede ser una pequeña criatura en relación con el Infinito, es lo opuesto de Dios.

Dios es Luz, Amor, Justicia y Verdad; Satanás es lo opuesto a todo esto. Satanás es el enemigo jurado de Dios, en particular del Verbo hecho Carne y de Su Iglesia, del Uno y de la Otra quiere la destrucción. Está bloqueado en este loco y malvado propósito, por lo que no desiste un solo instante en perseguirlo con sus fuerzas.

Este conocimiento del Maligno, hijo, es presupuesto sustancial de cualquier pastoral.

Es absolutamente incon­cebible una pastoral eficaz sin una visión viva y precisa de esta realidad de base.

 

Implacable enemigo

 

Satanás es también el Enemigo por excelencia de la Virgen Santísima.

¿Qué pastoral pueden hacer tantos Sacerdotes que no tienen una fuerte e iluminada devoción a mi Madre y suya, o que no creen en estas realidades, o bien las creen de modo confuso?

Toda acción pastoral de cualquier naturaleza es in­fecunda si no se apoya en los sólidos fundamentos de la Fe en Dios, Creador, Salvador y Redentor, y en la existencia del implacable e irreductible enemigo del bien, Satanás. A esta fe va unida la firme convicción de que es necesario subir al Calvario con Cristo: "quien quiera venir en pos de Mí tome su cruz..."

Las disquisiciones teológicas son inútiles si no tie­nen como base esta realidad. Actualmente se construye so­bre la arena.

La crisis de Fe ha desviado la acción pastoral por muchos cauces tortuosos que no llevan a las almas a Dios. También aquí, hijo, debo lamentar pérdida de tiempo en demasiadas reuniones. De por sí serían muy útiles, si en estas juntas se volviera a encontrar el coraje de ir a las raíces, es decir, de afrontar el problema en su punto crucial. Esto es consecuencia de la crisis de Fe que Satanás, con perseverante tenacidad, ha logrado traer a la Iglesia y al mundo.

 

Meditación seria

 

¡Oh hijo mío, cuánto se han alejado del camino maes­tro, recto y seguro! Si se leyera el Evangelio, o mejor aún, si el Evangelio fuera objeto de seria meditación e imita­ción, se encontraría la luz necesaria para volver a llevar a mis Obispos, a mis Sacerdotes al Camino en el que no se pierden.

Parábolas, hechos y enseñanzas sobre este punto tan importante son tan numerosas que la duda por tanto no de­bería rozar el ánimo de nadie; en cambio tú mismo ves cómo van las cosas.

Hijo, reza y repara. No te avergüences de rogar a almas buenas la limosna de oraciones y reparaciones.

Déjales decir; ¡no ven, no comprenden! El amor que me traigas sea tan grande que cualquier otra cosa o jui­cio en relación tuya se disuelva en la nada.

Observa los juicios humanos como pompas de jabón. ¿Qué puede hacerte una pompa de jabón? ¿Y qué te pueden hacer los juicios de los que no creen?

Te bendigo, hijo.

 

11 de Junio de 1976

 

ARROJAD LOS DEMONIOS

 

Escribe, hijo, sin ningún temor.

Dilo, ¡que Jesús no está contento! No puedo es­tar contento ante la grosera ceguera de los Pastores y de los Sa­cerdotes con relación al problema sustancial de la Pas­toral.

Ya te he dicho algo de Satanás y sus le­giones; no te he dicho todo sobre él, sólo lo que necesitas conocer. Él puede mucho más sobre la naturaleza huma­na de lo que el hombre puede sobre la naturaleza ani­mal, y tú ves cuánto puede el hombre sobre la naturaleza animal.

Él sabe induciros a un radical cambio en el modo de vivir.

El hombre puede dominar a un animal, pero Satanás puede dominar a un hombre mucho más, mucho más.

Te he hablado poco antes de ceguera grosera. Sí, hijo, y he aquí las consecuencias de la culpable inactivi­dad de muchos Pastores y Sacerdotes frente a la febril, incesante acción demoledora del Enemigo.

Yo, Jesús, durante mi vida pública, no me he limita­do a anunciar la verdad; he curado enfer­mos, he liberado endemoniados y consideraba también esto una parte esencial de mi pastoral. Hoy no se hace (porque los Pastores no quieren ocuparse personalmente de ella y sólo raras veces la delegan en otros) esta parte de la pastoral.

Yo la delegué en mis Apóstoles para que los Apóstoles y sus sucesores la realizaran. Si lo he hecho Yo, Jesús, también los Pastores de hoy deberían bendecir y exorcizar.

No son hoy menos los que sufren por culpa de Satanás, al contrario, son más que en aquel tiempo.

 

Inmovilismo interior

 

El comportamiento que tienen hoy los Obispos, salvo siempre las debidas excepciones, no es ciertamente el deseado por Mí, no es el que Yo quisiera.

Que el padre no esté presente, pudiéndolo, donde es­tán los hijos que sufren está verdaderamente contra la na­turaleza de las cosas. Sin embargo, esto es lo que sucede ha­bitualmente. Que un padre delegue en otro para que lo represente ante el hijo que sufre, no es menos amargo que lo que se ha dicho antes.

Que luego un padre no crea ni siquiera en el sufrimiento de tantos hijos suyos, que también evidentemente sufren, se considera imposible. Sin embargo, es lo que habitualmente sucede.

Pero hay más, hijo mío, no temas y escribe: que luego un padre llegue a obstaculizar a aquel que por un sentimiento de piedad debida (he dicho piedad, y no justicia) se tome el cuidado de sus hijitos que sufren, esto está hasta fuera de toda lógica y contra todo sentimiento de amor paterno.

Hijo, dilo fuerte, esto continuamente se verifica en mi Iglesia. Estos Pastores se mueven en la periferia de sus almas y de sus corazones pero están inmóviles en el centro.

¿Qué quiero decir con estas palabras? Exteriormente son activísimos, a veces hasta demasiado; quedando inmóviles, o casi, interiormente.

Muchos de ellos son víctimas del frenesí de la ac­ción. ¡Mucho mejor si fueran víctimas mías! Mis vícti­mas, al contrario, son casi inmóviles externamente, movilísimas y activísimas interiormente ¡Son ellas las que salvan a las almas! Son las víctimas voluntarias las que han frenado hasta ahora la justicia divina. Son mis víctimas la verda­dera levadura, el fermento de la Iglesia. A ellas Yo no les puedo negar nada, no al activismo exterior de tantos Pastores.

 

La iglesia languidece

 

Dada la necesidad de que Obispos y Sacerdotes tomen en consideración el problema de tantas almas que sufren, fórmese en cada diócesis, al menos inicialmente, un comité de fervientes Sacerdo­tes y laicos que den lugar a una cadena de almas dis­puestas a ofrecer cada día, con sus sufrimientos, al me­nos una hora o una media hora de oración por los que su­fren por culpa de los Espíritus malignos, y que puedan bendecir a quienes sufren en determinados días, en una determinada Iglesia.

Ninguna razón detenga a los Pastores y a los Sacerdotes voluntariosos para cumplir este deber: es un problema de ac­tualidad.

¿No os habéis dado cuenta de nada?  ¿No os habéis dado cuenta de que la Iglesia languidece y agoniza por culpa del Maligno? ¿No os dais cuenta de que algo tremendo está madurando? ¿Qué hacen, qué piensan algunos? Despójense de la presunción que les quita la gracia y el consuelo de la luz.

Te bendigo. Ámame.

 

12 de Junio de 1976

 

EL HUMO DEL INFIERNO

 

Escribe hijo:

Llamo una vez más la atención sobre las palabras de mi vicario en la tierra: "El humo del Infierno ha entrado en la Iglesia". Nadie, o casi nadie ha dado la debida im­portancia a esta expresión del Papa.

Pocos han sabido dar a estas palabras un sentido prác­tico. El humo, habíamos dicho, mancha y oscurece. Satanás ha oscurecido la mente de muchos que estaban en la cabeza de las estructuras que deberían servir para una pastoral de salvación.

Congregaciones, órdenes religiosas, seminarios, con­ventos, colegios, escuelas, casas parroquiales, iglesias... ¡el humo del Infierno ha entrado por todas partes! Por otra parte, el humo es como el agua: lo ves llegar y quizá no sabes ni de dónde. Se insinúa, penetra, mancha, sin dar impresión de ello. Ésta ha sido y ésta es la acción de Satanás.

 

Infección difundida

 

Ya te he hablado de grosera ceguera: ahora te confirmo que esta expresión responde a una dolorosa realidad.

Hijo, no desciendo a detalles porque los detalles ya no existen. Se trata de un mal social pa­vorosamente difundido en la Iglesia.

¿Seminarios infectados? ¡Cuántos! ¿Órdenes religiosas infectadas? ¡Cuantas! Es el humo del Infierno que se ha insinuado por todas partes, no perdonando siquiera el Vaticano

¿Y parroquias infectadas? ¡Cuántas! Suceden hoy en mi Iglesia cosas que no se pueden explicar humanamente, sin una intervención personal del Demonio.

Detalles lamentables siempre los ha habido. Comen­zaron en el Colegio Apostólico con la traición de Judas y con la huida de los Apóstoles. Luego las herejías y los escándalos se han sucedido en los siglos.

Donde está el hombre ahí también está su acérrimo enemigo, Satanás, que no ahorra nada para inducir al hombre al mal.

Por esto os he enseñado Yo a pedir diariamente la liberación del maligno.

 

El Santo Padre ¿Qué ha querido decir con las palabras: “Suceden hoy en la Iglesia cosas que sólo se pueden ex­plicar con la intervención personal del Demonio”?

Mi Vicario, antes que nada, ha querido reafirmar una verdad de fe porque ella resulta clara y repetidamente de la Revelación. En segundo lugar ha querido reafirmar que Satanás es persona viva y real, pavorosamente activa y ferozmente malvada, en perenne movimiento para difundir veneno espiritual mu­cho más peligroso que el más potente veneno ma­terial.

Son las cosas que él lleva a cabo en perjuicio de la Iglesia, a las que alude el Papa cuando señala su interven­ción personal en la Iglesia hoy.

Su acción es universal y los actos criminales, que urde a la sombra de congregaciones y de sectas, son innumerables.

Mi Vicario, por la posición preeminente que ocupa en la Iglesia y en el mundo y por la gracia de su estado, conoce bien los males que Satanás perpetra en la Igle­sia.

Mi Vicario conoce los males que Satanás lleva a cabo en la Iglesia valiéndose de traidores, de corruptos de toda ralea, de Sacerdotes apóstatas y renegados, para los que debéis querer y pedir la salvación.

 

Oración y ayuno

 

Pero aquí debo recordar mis palabras dichas a los apóstoles: que hay demonios que no todos pueden arrojar. Para arrojarlos se necesita mucha oración y mucha penitencia.

Se verá a qué tremendos excesos llegará la acción del Maligno; muchos de los que hoy no ven, o ven confusamente, cambiarán de opinión, si tienen tiempo de ello.

En mi Iglesia renacida será éste el gran tema en el que se basará la catequesis: formar a los cristianos como verdaderos y conscientes combatientes contra las fuerzas del mal. Si el Enemigo no desiste de sus ataques, tampoco deben cansarse los combatientes en la defensa.

Hijo, te bendigo y contigo bendigo a los que verdaderamente van a querer emplearse, en todos los modos y con todos los medios, en la defensa de las almas de las fuerzas del Mal.

 

13 de Junio de 1976

 

EL GRAN DESAFÍO

 

Escribe hijo mío:

Ahora te digo lo que los demonios pueden hacer con innumerables medios. Pero en primer lugar ¿Por qué pueden hacer tanto?

Es porque Yo los he creado libres y no les he quitado los dones naturales. Obran sin pausa, desde la caída del hombre, induciéndolo con el engaño a desobedecerme a Mí, inculcando en el hombre su mismo tremendo vicio: la soberbia. Obrando contra el hombre, su falsedad y maldad se funden conjuntamente en una mezcla espiritual que abrasa y explota.

Ningún medio se desaprovecha, lisonjas, seduccio­nes, sensualidad, moda provocativa, pornografía, fraude, hurto, violencia, terror y todo cuanto su agudísima inteli­gencia les permite inventar.

Su grande y loco sueño es emular a Dios; ¡cómo Dios, quiere poseer un reino! Con la insidia tendida a los primeros padres, lo logró en cierto modo. Con la caída de Adán y Eva, la humanidad le pertenece; sería suya en el tiempo y en la eternidad si no hubiera intervenido Yo.

Nació así el río de aguas impuras con todos los males; nació el sufrimiento, nació la vergüenza, nació la concupiscencia, se desbocaron todas las pasiones. Por aquel pecado ha entrado la muerte en el mundo, ha entrado el trabajo con sudor: es el mal que ha nacido de Satanás y que se vuelca sobre la humanidad.

 

No juzguéis

 

El desafío fue lanzado, pero el desafío lanzado a Dios le costará caro, en el tiempo y en la eternidad. Los hom­bres que no han aceptado la soberanía de este terrible tira­no, los que verdaderamente creen en Dios, se preguntan asombrados: ¿Pero por qué todavía puede tanto? ¿Por qué Dios, que es infinitamente más grande y más potente, no le impide actuar? ¿Por qué no lo encierra en su Infierno?

A esta pregunta ya se ha respondido: no os toca a vosotros juzgar el obrar de Dios. ¿Quiénes sois vosotros para presumir de poderlo hacer?

De todos modos Yo mismo os he iluminado, y vosotros sabéis las razones principales al menos. Dios no priva nunca a sus criaturas de los dones dados gratuitamente. Son las criaturas las que pueden perderlos, como el don de la Gracia, destruido, sea en los ángeles, sea en los hombres, no por parte de Dios sino por libre elección de los ángeles y de los hombres.

Los dones naturales permanecen también con el pecado. Pero Dios por un misterioso designio de su Provi­dencia, somete el mal al bien. También Satanás un día deberá reconocer haber servido siempre a Dios.

Las tentaciones que el Demonio despliega sobre el hombre sirven frecuentemente para hacer al hombre más prudente, mas asiduo a la oración, esto es, sirven para empujarlo hacia Dios.

La tentación no rechaza­da, sino acogida y consumada en el pecado, sirve para humillar al hombre y castigarlo por su presunción. Es difícil para vosotros penetrar en los misteriosos designios de Dios, todos de amor, de misericordia y de justicia.

En esta última palabra quiero detener de nuevo vuestra aten­ción. Dios da a todos la gracia suficiente para salvarse. Quien la rechaza comete una injusticia con relación a Dios. La justicia divina restablece el equilibrio roto por culpa de la criatura ingrata y rebelde a los dones de Dios.

 

Justicia perfecta

 

Para vosotros cristianos bastaría saber que Dios es amor infinito. Por eso esto debería bastar para confiar ciegamente a Él sin la presunción de querer criticar su obrar.

De todos modos, Satanás, el genio maléfico del mal, incapaz de bien, en el día del juicio final, con vergüenza desesperada, deberá admitir haber prestado una grandísima contribución a la santificación y por tanto a la glorificación de una multitud de santos, de mártires, de vírgenes, de bienaventurados comprensores del Paraíso.

¡Designio maravilloso, misericordioso, designio misterioso de la omnisciencia y omnipotencia divina! Confusión grande aquel día de llanto y de amargura, pero también día de justicia perfecta.

Yo, el Verbo de Dios hecho carne, en presencia del Cielo y de la tierra, de todos los vivientes de mundo invisible y visible, en el fulgor de mi gloria y majestad divina, mostraré mi potencia infinita.

Yo, la Resurrección y la Vida pronunciaré la sentencia sin apelación sobre quien ha ahogado la Vida divina y humana en la muerte. Aquellos que hayan creído en Mí vivirán eternamente. Aquellos que no hayan creído en Mí tendrán muerte eterna, en aquel lugar de tormento sin fin y sin esperanza.

¡Hijo mío, se necesita ser verdaderamente insensatos y ciegos para no ver!

Reza y repara. No te canses, ofréceme tus sufrimientos. Ellos me son gozosos porque con ellos puedes traerme almas.

Te bendigo.

 

13 de Junio de 1976

 

VERDAD DE FE

 

Remacha, hijo, esta verdad: de toda la Revelación y especialmente del Evangelio resulta  claramente la existencia de Satanás y de sus legiones. Por esto es verdad de Fe.

El negar esta verdad es comportamiento herético. El negarse a enseñar esta verdad es igualmente herético. Herejes por tanto son los que de mala fe niegan esta realidad.

Negar la existencia del Demonio significa también negar la caí­da del hombre; es negar el pecado original y por tanto la Redención y, por consiguiente, la Iglesia.

Negar la existencia del Demonio quiere decir demoler el cristianismo, al negar de él el origen y la finalidad.

Negar la existencia del Demonio es negar no sólo una verdad revelada, sino quiere decir negar la evidencia, ya que no habría ninguna explicación aceptable para aquellas cosas que han sucedido, que suceden y que sucederán, y que hu­manamente no se puede explicar sin la interven­ción directa de Satanás.

¿Es concebible que un sacerdote pueda llegar a tanta incredulidad, sin la maléfica influencia de Satanás? Satanás nunca es ajeno a estos horribles pecados de im­piedad.

 

La mona de Dios

 

Alguien, hijo, te objetará que, ¡con todo lo que se ha escrito en estos Mensajes, Satanás ha sido elevado en su prestigio de Príncipe de este mundo, si no glorificado!

Ciertamente no se puede negar que Satanás, por la superioridad de naturaleza, está en condiciones de poder conseguir ventaja, con una cierta facilidad, sobre vuestras personas, sobre familias y sobre todas las estructuras reli­giosas y civiles, económicas y políticas.

Él, no condicionado por el tiempo ni por el espacio, puede obrar en todas partes. Él, la mona de Dios, se esfuerza en obrar como Dios, pero en modo opuesto. Esto, naturalmente es loca soberbia, porque en­tre él y Dios hay una distancia infinita.

De su acción no salen sino rencores, envidias y ce­los, pleitos y fraudes, hurtos y blasfemias, obscenidades y violencias: es la cloaca de todos los males.

Colosal error de la pastoral moderna, es precisamente, el no haber centrado el problema de la Iglesia, de la vida cristiana: Dios Sumo Bien. Al lado opuesto: Sata­nás, el Maligno. Entre los dos, el hombre es el objeto de la lucha permanentemente en ejecución.

Dios, Amor infinito, inmola incesantemente a su Hijo unigénito para la salvación del hombre. Dios tiende hacia el hombre para proporcionarle los medios nece­sarios de defensa y protección contra la obra de perdición del Maligno. Él, el Maligno, tiende hacia el hombre para arrancarlo del Amor de Cristo y dirigirlo hacia el camino de la ruina eterna.

En el centro de este duelo, el hombre, libre e inteli­gente, puede decir sí, a su Salvador como puede decir también no, y hacer tender su alma hacia el Seductor, hacia su condenación eterna.

 

Dramática alternativa

 

¡Trágica y dramática responsabilidad la de este hombre que, durante su peregrinación terrena, se encuentra siem­pre en la alternativa de escoger¡ ¡Ésta es vuestra prueba!

La lucha interior que debéis necesariamente sostener es la razón de vuestra presencia en la tierra. Sobre los orígenes, las causas, las finalidades de esta dramática lucha, vosotros, Cristianos, no habéis sido formados e instruidos más que superficialmente. De aquí mi dis­gusto y mi dolor.

Mi Padre ha amado tanto a los hombres como para darme a Mí, su Hijo Unigénito, para salvación de ellos, y los hombres, también por insuficiente conocimiento del único verdaderamente grande problema de su vida, y por el maléfico influjo de Satanás, hoy en gran número se pierden.

¿Cómo pueden los verdaderos padres de las almas concederse paz? ¿Cómo pueden dormir sueños tranquilos? ¿Cómo puede un Sacerdote mío no sufrir por la terrible rea­lidad de la que él es parte?

Hijo, las cosas no habrían llegado a este punto si hubiera habido más Fe. Y hubiera habido más Fe si este in­comparable don me hubiera sido pedido con perseverancia, si se hubiera desconfiado más de sí mismo y confiado mayormente en la Misericordia y Providencia de Dios.

Hijo, ánimo, aunque las consecuencias serán gravísimas. La purificación remediará la responsabilidad culpable de muchos en mi Iglesia.

Te bendigo, y contigo bendigo a aquellos que se ponen a disposición de mi Providencia que tiende a aliviar  tantos sufrimientos que hay por culpa del Ma­ligno.

 

13 de Junio de 1976

 

FALTA DE CAUTELA

 

Hijo mío, escribe lo que L. te va a decir:

 

- Don O., esperaba este momento. ¿Recuerdas lo que te dije en mi último mensaje? Dije que en el Paraí­so ninguna cosa puede hacernos... enfadar.

La visión de Dios, la participación activa en su Vida es algo tan grande que no es explicable en términos humanos. Aquí la felicidad es plena y perfecta; nada puede cambiarla, por esto no hay lugar para lo que vosotros llamaríais enfados.

Pero te repito, Don O., si hubiera lu­gar para enojarse no habrían faltado motivos y estos motivos son precisamente causados por vosotros.

Todo lo que se os ha dicho antes, durante y después del viaje, no ha servido para mucho. Vosotros continuáis vivien­do vuestro tran-tran de vida, sin hacer ningún esfuerzo por penetrar el contenido de los mensajes.

De nada han servido las advertencias para poneros en guardia contra quien, siguiéndoos por todas partes, desviaba vuestra atención hacia intereses y objetivos diferentes a los fijados por la Providencia.

Ha logrado, por esa falta de cautela necesaria, descu­brir lo que no debía haber conocido nunca de vuestra parte. Así le ha sido fácil desviar vuestros planes, confundir vuestras ideas, generando dudas y deteniendo toda activi­dad dirigida a realizar el plan del Señor.

           

Sólo un velo

 

Don O., ¡cuántas cosas lamentables han sucedido!

Aún no tenéis la convicción clara de haber sido ele­gidos para ser instrumentos de la Voluntad divina.

¡No ha habido continuidad ni de fe, ni de correspondencia a los designios de Dios!

- L. ¿Qué sucederá ahora?

- Dios es grande e infinitamente bueno, os toca a vosotros reconocer humildemente las lagunas de vuestra fe.

Don O., aún estando nosotros todavía tan cercanos, vosotros no estáis todavía convencidos. Una vez más os repito que sólo un misterioso velo nos divide. Nuestra vida es muy diferente de la vuestra, pero está muy cercana.

Vosotros estáis en la refriega, nosotros estamos en la infinita paz de Dios, que nada puede turbar ni alterar.

Don O., os repito: sed más solícitos de las cosas del Cielo y no para las de la tierra. ¿Qué valen las cosas de la tierra? ¡Nada! ¡Nada!, ¡Nada! ¡De ellas ni siquiera quedará el recuerdo!

Si hubiera habido esta solicitud por las cosas de Dios, no se habrían realizado esas deficiencias y fugas.

 

Espiritualmente preparados

 

Don O., atención a no frustrar los planes del Se­ñor y nuestro ardiente deseo de ayudaros.

¡Tened confianza en nosotros, que os seguimos paso a paso!

Como vosotros, nosotros también conocimos dudas, indecisiones, intrigas suscitadas por el común Ene­migo.

           

Don O., dirás a mi madre que no le ha faltado toda mi protección y mi amor de hija, amor que la muerte física no corta sino perfecciona.

No le faltará ni siquiera en el futuro, cuando tendrá mayor necesidad de ella. Dirás a mi madre que están en mi corazón también la hermana P., los sobrinos y los demás que me fueron y me son igualmente queridos.

Por todos pido, intercedo y vigilo.

Dirás también a mi madre que es necesario estar espiritualmente pre­venidos y preparados para la oscuridad que va haciéndose más densa inexorablemente.

 

14 de Junio de 1976

 

LAS RAZONES DEL ODIO

 

Escribe, hijo mío:

Satanás odia a la naturaleza humana en cuanto tal, por esto odia a todos los hombres, en modo particular a los cristianos.

Antes de su rebelión, la obra maestra de la Creación era él. Después de Dios no había nada más grande, más perfecto, más resplandeciente.

Esta grandeza suya le hizo calcular ser semejante a Dios.

— de aquí el rechazo de reconocer al Señor Dios, Alfa y Omega de todo y de todos.

— de aquí su grito de rebelión "non serviam tibi"[45]

— de aquí el desafío de San Miguel que se puso a la cabeza de las legiones fieles al grito de "¿Quien como Dios?".

Hubo así en el Cielo la más terrible batalla que la historia de la Creación recuerde. Las legiones Angélicas se dividieron y para los rebeldes hubo el Infierno.

Satanás tiene una segunda razón para odiar a la naturaleza humana. De la naturaleza humana brotó el Retoño de Jesé.

Para la naturaleza humana el Verbo se hizo Carne, asociando a Su Naturaleza Divina la humana, en la persona de Cristo. La naturaleza humana mortalmente herida, caída bajo la tiranía de Satanás, fue liberada y sublimada. Le fue restituida la primitiva dignidad, brutalmente pisoteada y destruida con el engaño: “Si coméis de este fruto, os haréis semejantes a Dios”.

 

La flor más bella

 

Pero Satanás tiene todavía otra razón para odiar a la naturale­za humana, una razón de envidia y celos.

De la natura­leza humana surgiría una criatura, la más bella flor del Cielo y de la tierra, "Humilde y alta más que criatura", ningún ser la podrá igualar. Objeto de las complacencias divinas, Ella no conoció nunca, ni siquiera por un solo instante, la esclavitud de Satanás.

Satanás no puede mirarla, no puede pensar en Ella sin ser por ello turbado desesperadamente, sin sufrir como a ninguno de vosotros os es dado poder comprender.

Satanás odia a MARIA, la Hija de Dios, la Madre de Dios, la Esposa de Dios, el objeto de las complacencias divinas, la flor más bella del cielo y de la tierra, la Obra Maestra de la poten­cia, de la omnisciencia, de la omnipresencia divina.

De estos dones divinos la "llena de Gracia" vive, en una comunión perfecta con el Padre, su Creador, con el Hijo, su Redentor, con el Esposo su Santificador.

Ante Ella se inclinan las legiones angélicas, todos los Santos del Paraíso.

María pone en fuga las potencias tenebrosas y con su pié aplasta, cada vez que quiere, la cabeza de la serpiente venenosa, Satanás.

 

Desesperada ilusión

 

Por María, Satanás ha sido destronado; por Ella ha perdido desde el comienzo su obstinada guerra contra la hu­manidad.

La oscuridad le impide ahora conocer toda la ver­dad. Él, de nombre Lucifer, es decir, emisor de luz, es ahora tiniebla y genera oscuridad. No conoce, sino en modo confuso, el Misterio de la Encarnación del Verbo, por lo que nutre y cultiva en sí mismo la desesperada ilusión de poderlo vencer, destruyendo con Él a la Iglesia, brotada de su Corazón herido.

Satanás odia sin límites a Cristo, a Su Madre y a la Iglesia con la ilusión de poder destruir a quien le impide a él el dominio sobre la humanidad, a la que él considera aún su presa.

La loca ilusión es originada por su desmedido orgullo, puesto que la soberbia es, por sí misma, oscuridad espiritual. El soberbio no podrá nunca poseer límpida la verdad, que es hija de la humildad.

He aquí, hijo mío, en síntesis, cuanto necesita saber quien debe luchar en el mundo para alcanzar la gran meta de la salvación del alma. Ahora, hijo, intenta proceder con solicitud para  que se dé principio a un librito de mensajes para hacerlos llegar a las almas que tienen necesidad de ellos y están esperando. Te bendigo, hijo. Extiendo mi bendición a todos aquellos que colaboran contigo en la realización de mi plan de amor. Reza y ámame.

 

14 de Junio de 1976

 

UNA MUJER TE APLASTARÁ

 

Escribe, hijo mío:

¿Cuántos son los espíritus del mal? ¡Un número grande! Son millones de millones y pululan por todas partes. Todos están congelados en la voluntad del mal. No todos son igualmente culpables y por tanto no son igualmente castigados, pero todos viven en el terror. In­funden miedo, pero ellos viven también en el miedo que jamás tendrá fin.

Su caudillo, que puede desencadenar desórdenes perso­nales y sociales, familiares, nacionales y mundiales, que puede suscitar monstruos de tiranía y ferocidad, y sabe infundir terror sobre naciones enteras, él también, Satanás, vive en el miedo. Vive en el terror de una Mujer que ha destruido su sueño de supremacía infernal sobre la humanidad.

He aquí porqué las almas, que verdaderamente viven de fe, no le te­men, es más, lo pueden hacer huir, si lo quieren.

Después de la caída, Dios habló a los primeros padres, les impuso la penitencia y les prometió la redención. Di­rigiéndose luego al autor de tanto mal, lo maldijo y le pro­metió la dura derrota: "Una mujer te aplastará la cabeza".

Estas palabras de Dios fueron para Satanás, y lo serán eter­namente, el castigo más grande. La sombra de la Virgen Santísima le sigue por doquier; es para él un terror desesperado; para él no hay reposo, quemado y requemado por la voluntad de mal, sin embargo consciente de que la victoria final será de la Mujer y de Su Hijo.

 

Sufrimiento eterno

 

Ilimitada la catástrofe fríamente querida y obrada por él, pero sin dimensiones  también el castigo impuesto infligido a él.

El alma humana es incapaz de abarcar, en todo su dramatismo, la inmensa tragedia provocada por el Maligno. Sus secuaces son como otros tantos príncipes de las tinieblas y son obra­dores del mal, como ya os he dicho antes, en la medida de su responsabilidad. Como será para los hom­bres, arrollados por ellos en la perdición eterna pero en grados diversos, así es el eterno sufrimiento de los demonios. Este mundo tenebroso e invisible, tan poco y mal conocido por los hombres y hasta por los cristianos, pesa como una capa de plomo sobre la humanidad.

Es incomprensible la casi indiferencia de los pastores de almas ante este problema que les toca tan de cerca. Es incomprensible la indiferencia de los cristianos ante este misterioso pero real mundo del Más allá, al que está también ligada vuestra existencia terrena y tal vez vuestra felicidad o infelicidad eterna.

¿Por qué vosotros, hombres capaces de penetrar y entender las cosas con los dones naturales de inteligencia y voluntad, no os esforzáis luego en usar estos dones para el problema más importante de vuestra vida: vuestra salvación eterna?

 

No duerme

 

Es tiempo de quitar los velos con los que Satanás ha ofuscado en vosotros la verdad. Debéis admitirlo: le habéis deja­do a él la facultad de oscurecer vuestras men­tes y de narcotizar vuestra voluntad. ¡Necesidad de despertaros!

El Enemigo no duerme. Él os sigue a todas partes, pero nada podrá contra vosotros si permanecéis unidos a Mí, Jesús. Debéis estar conscientemente convencidos de que con la gracia divina podréis siempre derrotar a Satanás.

Dios, que es Amor, es vuestra ayuda, vuestra sal­vación. David, en el nombre de Dios, con una honda venció al gigante Goliat, vosotros también, en el nombre de Dios y de Su Madre Santísima, cada vez que lo necesitéis, podréis vencer al Gigante del reino de las tinieblas.

 

15 de Junio de 1976

 

¿QUIÉN SE PREOCUPA?

 

Hijo no es una pregunta superflua, sino co­herente con todos los precedentes mensajes.

La respuesta a esta pregunta es verdaderamente triste.

No es mi intención nivelar a todos bajo el mismo plano, al contrario, es necesario excluir a aquellos que, animados por una ardiente fe, obran en conformidad contra las fuerzas del mal, para alivio y consuelo de tantas almas que sufren.

Pero debo considerar deplorable el comportamiento de no pocos Pastores y de muchísimos sacerdotes que, por falta de conocimiento del problema, se mantienen indiferentes, como si esto no fuera de su incumbencia.

Son extraños, como si fuera un negocio de otros y no de ellos, permanecen insen­sibles, por lo que ni siquiera se preguntan por qué las almas debieran sufrir por culpa de los demonios. Muchos no creen, o creen de un modo confuso y ambiguo, por lo que se man­tienen afuera de cualquier concreto interesarse.

 

Indiferencia

 

La actitud  de indiferencia de los sacerdotes es antipastoral. Es precisamente la actitud absurda de los que voluntariamente toman un camino opuesto a la meta que tienen intención de alcanzar.

Esta es otra impresionante con­tradicción actualmente existente en la Iglesia.

Se acepta el sacerdocio, se acepta el convertirse en corredentores con Jesús para la salvación de las almas y luego se rechaza el seguir a Jesús en la lucha que Él ha realizado y continua realizando para arrancar las almas a Satanás y al Infierno.

¿Por qué nunca me he me he dado a conocer como Aquel que se opone a Satanás? El Misterio de la Encarnación es en primer lugar un Misterio de infinita humildad, como el pecado de Satanás es misterio de ilimitada soberbia.

Haced el paralelo. Satanás, infinitamente inferior a Su Creador, sueña con equipararse a Dios. Dios en cambio se hace hombre, abajándose a Sí mismo hasta hacerse Car­ne en el seno de María.

Satanás sueña con un trono y quiere un reino. Yo, Ver­bo de Dios hecho Carne, nazco en un establo, pobre entre todos los pobres.

Satanás rechaza la obediencia y Yo, Jesús, que soy el Dios Creador y Señor de todas las cosas, lavo los pies a mis Apóstoles.

Satanás arrastra a la humanidad a la muerte, al caos, al desorden de toda clase. Yo muero en la Cruz. En la Cruz tiene inicio mi victoria y mi triunfo, "Cum exaltatus fuero ecc..."[46]

Yo vengo al mundo, vivo, obro y muero en antítesis a Satanás.

El Sacerdote iluminado, que vive de fe, no puede escoger sino el camino pisado por Mí, indicado como el único a seguir. Yo Soy el camino, Yo soy la vida.

Satanás ha traído la muerte al mundo, Yo he traído la vida. "Ego sum resurrectio et vita"[47].

 

¿A cuantos he curado?

 

He empezado primero a hacer, luego a enseñar. Si tomáis en la mano el Evangelio podréis constatar có­mo Yo he obrado verdaderamente. Mi principal ocupación y preocupación ha sido la de conocer y acercarme a los que sufren, aliviar las penas, curar las enferme­dades, perdonarles los pecados y liberar a los poseídos de los espíritus del mal. ¡A cuántos he curado!

¿Qué hace pensar a Obispos y Sacerdotes que no deban imitarme en esta importante obra de apostolado? ¿No es éste un medio para llegar a las almas y acercarlas a Dios? ¿No es, ésta, buena y eficaz pastoral? ¿Tal vez se duda de no poderlo hacer? Entonces Yo, Divino Maestro, habría impartido a mis Apóstoles una orden no ejecutable ¿qué Maestro habría sido?

¿Por qué los Santos con tanta eficacia bendecían y sanaban? Aún en estos años Obispos y Car­denales Santos ¡cuántas veces no lo han hecho! Sin embargo han sido Pastores de este siglo, de esta generación.

La causa de la ineficacia de tantos pastores, ¿no se debe buscar más bien en la falta de fe y de peni­tencia?

Hagan mis Obispos un examen de conciencia sobre estos dos puntos y verán las razones por las que se han alejado de una sólida pastoral.

Es inútil huir la cuestión, tachando de locura a quién os la propone.

Recordad, Pastores de almas, que quien os propone estas impelentes interrogaciones, no es un pobre Sacerdote, sino soy Yo, Jesús.

Hijo, te bendigo. Ámame y no te preocupes de los juicios humanos.

 

15 de Junio de 1976

 

LA HORA DE LA REVISIÓN

 

Hijo, escribe:

Ahora sabes por qué Satanás y sus legiones Me odian, odian a mi Madre y vuestra y odian a la humanidad entera.

Ahora sabes hijo mío que este odio se concreta en una acción incesante, sin jamás un solo instante de descanso.

Toda su actividad está terriblemente organizada, toda dirigida a la ruina material y espiritual de los hombres, hacia el loco designio de poder luchar con Dios de igual a igual. De esto están convencidos los demonios.

Después que San Miguel se alzó al grito: "¿Quién como Dios?", sabes que Satanás y sus legiones, han quedado congelados en esta loca convicción, por lo que no abandonan la esperanza de poder salir vencedores.

Por esto, hijo mío, no querrán soltar lo que con­sideran su presa sin violentísimas reacciones, que serán cau­sa de tanto sufrimiento y que Yo, Dios como el Padre y el Espíritu Santo, someteré a la purificación de mi Iglesia.

Ahora conoces el estado de án