(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el martes 15/NOV/22

Obras de Misericordia

Corregir al pecador. 

Una de las cosas que más nos cuesta a veces es el corregir a quien peca, especialmente si la persona que peca es un pariente querido, o si es uno que nos puede dar trabajo o algún beneficio, porque tenemos temor de perder su favor, o si es un ser querido, tememos perder su cariño. Y sin embargo tenemos la obligación de corregir el pecado, de amonestar y advertir al pecador, sea quien fuere, porque el Señor nos pedirá cuentas de su destino eterno, si no corregimos a tiempo los desvíos.

Nos pasa a veces que odiamos el pecado, pero también odiamos al pecador, y esto está mal. Y otras veces amamos a los hermanos, y también justificamos y amamos su pecado, y eso también está mal.

Nos cuesta hablar claro, con las palabras que nos sugiere el Espíritu Santo, y queremos apaciguarlas y aminorarlas, y a veces nuestra corrección y admonición son tan suaves que pueden considerarse nulas.

Es una gracia que debemos pedir al Señor ésta de corregir al pecador, con amor, pero también con firmeza, pues despertamos su conciencia y le encaminamos a que él mismo elija, y nosotros nos sacamos el peso de encima, es decir, que después que hemos corregido con amor al pecador, ya el responsable de su destino será él mismo, y no nosotros.

Jesús, en Vos confío.


Dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

Recordemos que las obras de misericordia son las siguientes:

Espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos ajenos, orar a Dios por vivos y difuntos.

Corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los muertos.

Dijo también Jesús: "Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente".

La Misericordia divina es infinita, pero la podemos limitar con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta de misericordia con el prójimo.

¡Qué menos que un acto de misericordia hacia el prójimo cada día! Sea de obra, palabra o con la oración.

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