Actualizado el martes 26/FEB/19

Quince minutos con María

Siempre que sí. 

María, enséñame a decir siempre sí a Dios, como lo supiste decir tú en todas las ocasiones que el Eterno te lo pidió. Creo que en algunos momentos, especialmente en la Pasión de tu Hijo, no te debe haber sido nada fácil decir sí a Dios, y es por eso que te pido que me ayudes también a mí a dar el sí cuando me sobrevenga algún dolor o pena grande, para que en esos momentos no me revele y vaya decidido al encuentro de lo que Dios quiera de mí. Si Jesús, que debía redimirnos, te tuvo a ti como consoladora; entonces creo que yo con más razón te tendré como auxilio y consuelo en los momentos graves de mi existencia. Por algo Jesús te quiso dar como Madre a todos los hombres, y sé que tú estás a mi lado en todo momento, con tu cuerpo glorioso, y no me dejas ni por un instante, aunque a veces no te siento y creo que me has abandonado. Pero la fe me dice que tú estás siempre a mi lado y que estarás en los tiempos más difíciles de mi vida. ¡Te amo, Madre querida, ten misericordia de mí y dame tus consuelos!


Así como todos los días debemos tener por lo menos unos quince minutos de oración personal con Jesús, de ser posible frente al Santísimo Sacramento; así también es necesario que empleemos por lo menos quince minutos de nuestro día a tratar con nuestra dulcísima Madre la Virgen, de ser posible frente a una de sus imágenes benditas.

Es por eso que hoy, 25 de marzo de 2009, comienzo a publicar estos sencillos textos que tratarán de ser una ayuda en la conversación que mantendremos con Nuestra Señora durante esos quince minutos diarios.

Con esta práctica nos acostumbraremos a hablar con María y con el paso del tiempo nuestro hablar con Ella se hará ininterrumpido.

¡Ojalá estos textos den sus frutos y que cada vez amemos más a nuestra Madre del Cielo!

¡Ave María Purísima!

¡Sin pecado concebida! 

 

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