Actualizado el jueves 21/FEB/19

Signos de los tiempos

Los falsos profetas. 

La salvación está solo en Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador de la humanidad. Pero hoy abundan los falsos profetas que prometen salvación para todos, pero salvación sin Cristo y sin Dios. Ya nos lo dice el Apóstol en su carta que en los tiempos finales abundarán los falsos profetas, falsos maestros que predicarán doctrinas peregrinas y engañarán a muchísimos. Para no ser engañados es que debemos consagrarnos al Inmaculado Corazón de María, ya que la misma Virgen promete que quien se le consagre jamás será engañado. Hay que pensar que todos pueden caer en el error, incluso los buenos, también los maestros, porque los tiempos son muy difíciles y ya lo ha dicho el mismo Señor en su Evangelio: que si esos tiempos no se acortaran, ni siquiera los elegidos resistirían. Pero en atención a los elegidos, esos tiempos se acortarán. Es necesario entonces redoblar la oración, en especial del Santo Rosario, que es el arma de la batalla espiritual que estamos combatiendo y que irá recrudeciendo cada vez más hasta la aparición del Anticristo. No tengamos miedo pero tampoco seamos tontos, sino preparémonos concienzudamente a los tiempos difíciles que ya estamos viviendo y que vendrán, porque la batalla que se aproxima solo tiene su parangón en la batalla que se combatió entre San Miguel Arcángel y Lucifer, al principio de la historia.

¡Ven Señor Jesús!


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Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)