Actualizado el lunes 8/AGO/22

Revelaciones de Jesús a Sor María Natalia Magdolna

ENSEÑANZAS DE JESÚS A SOR NATALIA

Yo estoy en ellos 

A veces, cuando hablaba con las personas, decía: “Jesús está aquí, presente, a nuestro lado”. Pero Él me corregía: “No, hija mía pequeña, no. ¡Yo no estoy a tu lado, ni entre ustedes, sino dentro de ti, dentro de ustedes!” Entonces Él me demostró que Él está vivo en cada alma. Además, aprendí también, lentamente, que yo mientras oraba, no debía imaginarme a Dios en las nubes mientras oraba, sino que yo debía buscarlo en mí. Dios está mucho más cerca de  nosotros que lo que nosotros estamos de nosotros mismos. No hay obstáculo, pues, para hablarle en cualquier momento. Esto me dio alas.

Mientras decía mis oraciones diarias me sentí como en un vuelo encumbrado que nunca había experimentado antes. Antes me sentía impaciente cuando rezaba mis oraciones diarias y deseaba terminarlas rápidamente. A pesar de esto, sentía la dulzura de Jesús; pero cuando entendí esto, mi oración se volvió sin fin, una escucha amorosa. Por eso recomiendo esta clase de oración a todos mis hermanos, si quieren vivir una profunda vida de oración.

Jesús me dijo que si alguien viene a mí, yo lo reciba como su Madre Inmaculada lo recibió a Él. Un día le pregunté:

–Querido Jesús, ¿es un placer para ti si yo hago feliz a una persona que vive en pecado mortal?

Entonces Él me mostró un alma en pecado mortal. Para mi gran sorpresa Él no había salido de aquella alma, Él todavía vivía en ella. Pero, ¿cómo? Exactamente como yo lo había visto a Él muchas veces en el camino del Calvario: todo su cuerpo cubierto de heridas. Él estaba tan desfigurado que ni aún su bendita Madre podía reconocerlo a primera vista. Ella pudo reconocerlo solamente por sus ojos. Así es como Jesús se veía en esa alma. La sangre fluía de sus heridas. Él me miró con ojos llenos de dolor, pidiendo ayuda y exclamó: “¡Ayúdame! ¡Ora por esta alma! Sacrifícate por Mí, para que Yo salve a esta alma”.

Yo así aprendí que tenemos que rodear a los pecadores aún con más amor, porque Jesús sufre en ellos y de esta manera podemos ayudar a Jesús.

 

Una vez le pregunté a Jesús:

–¿Cómo puedo encontrarte en cada momento de mi vida?

–Mi pequeña hija –me respondió-, si tú tienes éxito al finalizar un trabajo, o te regocija en algo, di en seguida: “¡Bendito sea Dios! ¡Gracias!” Y cuando no tengas éxito, debes repetir lo mismo, porque también en este caso Yo merezco tu gratitud porque tú no sabes qué clase de tesoro te estoy preparando por aceptar de mi mano el fracaso o el sufrimiento.

–Si alguien me bendice en medio de problemas y sufrimientos, hizo todo lo que el hombre puede hacer. Yo no deseo más. Esto es más valioso que si se azotara a lo largo de todo un día o rompiera rocas de la mañana a la noche.

–Desde que tú eres mía, esto es suficiente para que tú seas feliz, ya sea que tú experimentes felicidad o tristeza. Tú debes servirme con alegría y hacer felices también a los demás. Hay muchas almas que están cerca de Mí, pero que todavía no pueden encontrarme en cada momento de su vida. Tanto la alegría como la tristeza pueden separarte de Mí si tú no aprendes a estar Conmigo todo el tiempo. Pero si, tú estás siempre Conmigo, entonces la alegría y la tristeza te serán indiferentes.

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