Actualizado el jueves 6/OCT/22

Vivir católico

Miserias. 

Sabemos que Dios es Misericordioso. Y la Misericordia de Dios necesita miserias que quemar. Por eso no nos descorazonemos cuando caemos en pecados más o menos graves, sino alegrémonos porque entonces Dios tendrá el gran gozo de perdonarnos y destruir nuestros pecados con su infinita Misericordia.

Suele sucedernos que cuando cometemos un pecado, enseguida nos desalentamos y perturbamos. Pero en lugar de hacer esto, tenemos que ir corriendo a los brazos de Jesús y decirle que lo amamos, es decir, hacer un acto de amor, como por ejemplo pronunciar: “Jesús, María, os amo, salvad las almas”.

Porque debemos saber que el demonio, luego de incitarnos al pecado, quiere que perdamos la confianza en Dios, y trata de desalentarnos y desesperarnos, y en este estado de turbación nos convertimos en presas fáciles para él, que así puede llevarnos a nuevos pecados y al desánimo y la desesperanza.

Entonces tratemos de no pecar. Pero si pecamos, no nos quedemos lamentándonos de lo que hicimos, sino arrojémonos al Corazón de Jesús y digámosle que lo amamos con todo el corazón, y Él pasará su mano sobre nuestra alma y destruirá el pecado. Y si hemos pecado gravemente hagamos lo mismo, sólo que después vayamos al sacerdote y confesemos nuestro pecado para obtener el perdón completo del Señor.

Si hacemos así, el demonio quedará confundido y nosotros adelantaremos en virtud y en amor de Dios. Porque no hay nada más útil y bueno que amar a Dios con todo el ser, a pesar de nuestras imperfecciones y pecados.

No permitamos que entre en nosotros la duda, la turbación y la inquietud, sino siempre conservemos la paz, signo de Dios, aún después de las culpas.

La confianza en Dios es de capital importancia en nuestra vida cristiana. Sin esta confianza, seremos fáciles presas del Mal.

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"El que no vive como piensa, termina pensando como vive"

Jesús dijo a sus discípulos: No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el reino de los cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero ésta no se derrumbó, porque estaba construida sobre roca. Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: ésta se derrumbó, y su ruina fue grande. (Mt 7, 21. 24-27)

Se acercó un hombre a Jesús y le preguntó: “Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?”. Jesús le dijo: “¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos”. “¿Cuáles?”, preguntó el hombre. Jesús le respondió: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mt 19, 16-19)

Esta sección es creada el 26 de enero de 2010, memoria de los Santos Timoteo y Tito, a quienes se la encomendamos. En ella iremos viendo todo lo que necesitamos saber para un vivir católico, es decir, para vivir en gracia de Dios hasta la muerte y salvarnos e ir al Cielo y evitar el Infierno.