Actualizado el jueves 21/FEB/19

Vivir el Evangelio

Leer el Evangelio. 

Nunca viviremos el Evangelio si primero no lo leemos para saber lo que dice. Por eso es necesario que todos los días dediquemos unos minutos a leer un par de capítulos para irlos incorporando a nosotros y tenerlos siempre presentes a nuestra mente, porque el Evangelio no es letra muerta sino Palabra de Vida, y cada vez que lo leemos, le encontramos nuevos sentidos y aplicaciones para las cosas que nos suceden en la vida cotidiana.

En el Evangelio están todas las respuestas a las cuestiones más importantes de la vida. Sólo basta el saber encontrarlas y aplicarlas. Y para ello necesitamos de la ayuda del Espíritu Santo, que nos vaya guiando en su comprensión, y también la guía de la Iglesia Católica, que es la única que tiene la misión de interpretar correctamente el Evangelio.

Si cada día leemos un trozo del Santo Evangelio, con el tiempo lo iremos aprendiendo casi de memoria, y ante cada situación que nos encontremos en la vida, se nos ocurrirán respuestas evangélicas llenas de sabiduría. Porque en realidad no hacen falta muchos libros para ser sabios, sino que más bien con nuestra vida de todos los días y el Santo Evangelio, ya tenemos bastante para hacernos sabios según Dios.

Los cristianos a veces tenemos la tentación de buscar siempre cosas nuevas, cuando en realidad lo que debemos hacer es profundizar en las cosas que ya sabemos, pero que no hemos rumiado bien, entre estas cosas está el Evangelio, donde encontraremos una fuente inagotable de tesoros, que nos alegrarán la vida.

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Todos los males individuales, familiares, nacionales y mundiales, vienen de no practicar lo que dice el Santo Evangelio.

Ya lo dice Jesús mismo, que el hombre que escucha sus palabras pero no las practica, se parece a uno que edificó su casa sobre arena, y que al soplar los vientos, desbordarse los ríos y embestir contra la casa, ésta se desmorona y queda una gran ruina.

Pues así sucederá con aquel que oiga o lea el Evangelio, pero que no se esfuerce en practicarlo. Se encontrará que al final de su vida, su casa, es decir, su alma, estará en ruinas. Y ya sabemos para qué son buenas las ruinas, para demolerlas del todo porque no sirven para nada. Y así será para nuestra alma, que será desechada para siempre en el Infierno.

Obrar de acuerdo al Evangelio, es lo que nos hará felices en el Cielo y ya desde esta vida, porque no hay nadie que sea más feliz que aquél a quien su conciencia no le reprocha nada.

Y por otro lado, quien no actúe de acuerdo al Evangelio, será infeliz para siempre en el Infierno, y su infelicidad ya comenzará desde esta vida terrena.

Por eso en esta sección, creada el 11 de Septiembre de 2011, iremos exponiendo las enseñanzas del Evangelio y el modo de llevarlas a la práctica en nuestra vida cotidiana, para hacerlas carne en nosotros y así edificar la casa sobre roca.