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Escuchar a María

 
 
 
 
 
 
 
 

Escuchar a María

Escuchar es oír con atención algo y ponerlo en práctica. Así nosotros debemos escuchar las palabras de la Santísima Virgen, que en muchas de sus apariciones nos ha dejado mensajes para que los escuchemos, es decir, que los conozcamos y que los llevemos a la práctica.

En primer lugar la Virgen nos ha dicho que necesitamos hacer oración y penitencia. Pero ¿quién ha tomado en serio éstas sus amorosas palabras? Muy pocos cristianos.

Tenemos que reconocer que la mayoría de los católicos estamos dormidos ante el mal, y no somos capaces de despertarnos. Ojalá despertemos a tiempo y escuchemos las palabras de María, para detener el avance del Mal y poner diques a los demonios.

Dios ha dado todo su Poder, Sabiduría y Amor a la Santísima Virgen, para que sea Ella quien guíe a los ejércitos de Dios contra las huestes del Maligno. Por eso es necesario que escuchemos las órdenes que nos da la Celestial Capitana a través de sus elegidos, los videntes, que son quienes han recibido mensajes suyos.

Es que María nos ama a semejanza de como nos ama el mismo Dios, y su amor de Madre la impulsa a hacer todo lo posible para librar a los hombres de la catástrofe. Si no hubiera sido por los ruegos de María, hace mucho tiempo ya que la humanidad habría sido aniquilada, porque la Justicia de Dios la habría cancelado, debido a sus innumerables y gravísimos pecados. Si todavía existimos, se lo debemos a María.

Es necesario que ahora, en este momento crucial que atraviesa el mundo, nos cobijemos bajo el Manto de Aquella que es llamada la Omnipotencia Suplicante, y que con nuestra oración nos unamos a su oración todopoderosa para aplacar la ira de Dios, y que renazca el bien en el mundo.

Si no escuchamos a María, entonces seremos aplastados, porque así como el Padre eterno ha dejado todo juicio al Hijo; así también el Hijo ha dejado le posibilidad de salvación del mundo en manos de María. Por lo tanto si despreciamos los mensajes amorosos que nos da nuestra Madre del Cielo, entonces el mundo no tendrá salvación.

Lo que causa realmente asombro es que a veces son los mismos Obispos, Sacerdotes y Religiosos quienes obstaculizan los mensajes de María, los niegan o los desvirtúan. En nombre de la prudencia se cometen innumerables imprudencias por no querer perder prestigio y comodidad. Pero esto no es de cristianos valerosos sino de cobardes.

Si queremos una Cristiandad hoy, tenemos que comenzar por escuchar a  María, y hacerla escuchar a todo el mundo. Esto no es cosa de poca importancia, sino que es algo capital, de lo que dependerá el destino del mundo y de innumerables almas, tal vez incluso la nuestra.

 

 

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